Hoy por la mañana toca la levada do Caldeirao Verde (PR 9), para lo cual debemos desplazarnos dirección al aeropuerto igual que el día anterior, desviarnos en Machico y pasar cerca de las casas de Santana que vimos el día anterior, y un poco más adelante se llega al punto de salida de esta levada. Los tickets los compré el día anterior por medio de la app.
Allí están las instalaciones del Parque Florestal das Queimadas, punto de comienzo y donde chequean el ticket de acceso. Hay un aparcamiento grande, de pago, de los de siempre, ticket con barrera, al volver validas el ticket, en nuestro caso fueron 9,50€, algo más de 4 horas.
La ruta son 6,5 km. de ida (mi gps marcó más de 8), y otros tantos de vuelta por el mismo sitio, el tramo desde Caldeirao Verde hasta Caldeirao do inferno estaba cerrado.
Allí están las instalaciones del Parque Florestal das Queimadas, punto de comienzo y donde chequean el ticket de acceso. Hay un aparcamiento grande, de pago, de los de siempre, ticket con barrera, al volver validas el ticket, en nuestro caso fueron 9,50€, algo más de 4 horas.
La ruta son 6,5 km. de ida (mi gps marcó más de 8), y otros tantos de vuelta por el mismo sitio, el tramo desde Caldeirao Verde hasta Caldeirao do inferno estaba cerrado.

Comienzo de la ruta


Es una levada durante todo el trayecto, con lo que apenas tiene desnivel, siempre se va junto al canal de agua. Al principio se trata de una pista de unos 3 m. de anchura, luego el sendero ya se estrecha a tramos. A la ida el canal va a nuestra izquierda mientras que a nuestra derecha está la vegetación que impide ver bien el desnivel que hay detrás, en cualquier caso a esta hora de momento no se ve nada por la niebla, al estar pegados a la falda de la montaña apenas llueve algún rato.



Se pasa junto a algunas cascadas, en el trayecto de ida nos cruzamos con poca gente de vuelta, al contrario de lo que nos ocurrirá al volver, algunas veces al cruzarnos hay que apartarse o esperar en un sitio de mayor anchura para poder hacerlo. Hay veces que se va por sitios estrechos donde sólo cabe una persona, y hay una barandilla, por llamarlo así, que separa de la caída exterior, no son sitios apropiados para vértigos, por lo demás peligro no hay ninguno, es totalmente seguro.
A veces la vegetación echa agua, y hay alguna que otra caída de agua sobre el camino, el chubasquero es imprescindible.
A veces la vegetación echa agua, y hay alguna que otra caída de agua sobre el camino, el chubasquero es imprescindible.




Según avanza el día desaparece la niebla y se van viendo los paisajes.

Llegamos a la zona de los túneles, hay un total de 4, imprescindible linterna o frontal, mejor este último para dejar las manos libres, o en el peor de los casos, la linterna del móvil que fue lo que usamos nosotros porque el frontal se nos quedó en el coche en la mochila que decidimos no coger.
Hay uno de los túneles que es bastante largo, otro muy corto, y dos intermedios, al pasar también el canal por el interior suele haber agua en el suelo, a veces hay que agacharse porque es muy bajo, otras veces es más alto y se puede circular por encima del murete lateral de la levada, útil si hay mucha agua en el suelo. Es quizás el momento de mayor estrés de la ruta, no tanto por el túnel en sí, sino por el posible cruce en su interior con otras personas.
Hay uno de los túneles que es bastante largo, otro muy corto, y dos intermedios, al pasar también el canal por el interior suele haber agua en el suelo, a veces hay que agacharse porque es muy bajo, otras veces es más alto y se puede circular por encima del murete lateral de la levada, útil si hay mucha agua en el suelo. Es quizás el momento de mayor estrés de la ruta, no tanto por el túnel en sí, sino por el posible cruce en su interior con otras personas.




Al final llegas a Caldeirao Verde, una cascada de más de 100 m. de altura.

A la vuelta ya no te paras tanto porque has visto todo y además había más gente.
Al terminar nos dirigimos a Santana, y junto a las casas típicas está el restaurante “A Espiga”, allí nos paramos a comer, un “bolo do caco” (pan), una costeleta de vaca, una ventresca de atún, 3 cervezas, un postre y un café por 70€, muy buena atención aunque a la carne le daríamos un aprobado.
Al terminar nos dirigimos a Santana, y junto a las casas típicas está el restaurante “A Espiga”, allí nos paramos a comer, un “bolo do caco” (pan), una costeleta de vaca, una ventresca de atún, 3 cervezas, un postre y un café por 70€, muy buena atención aunque a la carne le daríamos un aprobado.

Decidimos continuar por el norte a partir del punto donde lo dejamos el día anterior, y primeramente vamos al miradouro do Véu da Noiva, situado justo antes de llegar a Seixal, población que se ve desde el mirador. En Seixal está una de las playas más nombradas de la isla, pero nosotros no bajamos a verla.


El siguiente punto es el miradouro da Eira da Achada, situada sobre el pueblo de Ribeira da Janela, desde donde se sube.



Bajamos junto al pueblo, junto a la desembocadura del río y la playa de Ribeira da Janela hay 3 islotes sobre los que en ese momento rompen buenas olas (Ilheus da Janela, Ilheus da Rib e Ilheuzinho).

Estamos cerca de Porto Moniz, localidad situada en el punto más al norte de la isla y que tiene las piscinas naturales que más destacan en Madeira, junto con las de Seixal. Junto a ellas estamos un buen rato disfrutando el oleaje, aunque no tarda mucho en empezar a anochecer y a llover, momento en el que decidimos volver a Funchal, la manera más rápida según el gps es volviendo a Sao Vicente y tomando de nuevo el túnel al igual que el día anterior.

