En la vida había escuchado ese nombre de ciudad...por lo visto, antes era la antigua capital de Guatemala, pero uno de los volcanes que la rodean, el volcán de Agua, petó después de unas intentísimas lluvias, que hicieron que se llenara de agua y reventó, de ahí su nombre. Los otros volcanes que rodean la ciudad son el volcán de Fuego, el volcán Acatenango y el volcán Pacaya, joder como funcionan en el tema de volcanes...
Me despierto bien temprano y me subo a la azotea a ver si veo algo del volcán de Fuego. Si que se ven las explosiones de humo a pesar de que estamos bien lejos, menudo espectáculo (aún no sabía lo que me esperaba ver). Llamo al Mario ( que mal despertar tiene este muchacho) y como es muy temprano y aún no tenemos el desayuno, que es el único hospedaje en el que lo tenemos incluido, nos vamos a dar un paseo por la ciudad y visitar el famoso mirador Cerro de la Cruz, en el que como no podía ser de otra forma, había una enorme cruz. Desde allí, hay unas vistas estupendas del volcán de Agua y de la ciudad.

El cambio no está mal, pero no tan bueno como el de la Revolut. Recomiendo cambiar en ese banco, aunque no te dejan cambiar más de 300 euros por cabeza y día.
Siguiente destino, pillar una tarjeta sim para el teléfono. Nosotros es que somos unos clásicos y no tenemos eso de la esim. La puedes pillar a un muy buen precio en el supermercado La Bodegona, 50 Quetzales el chip y 15 días de internet que no lo acabas y funciona de pm. Tenéis Tigo y Claro, elegimos la segunda que es la que más cobertura tiene en Guatemala.

Nos vamos a dar un paseo por el mercadillo (por si no tuviera bastantes por mi trabajo) y acabamos en la terminal de chicken buses, allí llamados parrilleras. Nos tomamos nuestras primeras chelas, primero una de marca Ice, pero unos albañiles que están al lado en esa taberna, dicen que esas solo las beben el que no tiene, se me quedó grabada esa frase, y ya la siguiente, me pedí una Gallo de litro (que es la cerveza que bebe todo el mundo allí, menos el que no tiene..)
Ya calentitos con unas buenas chelas, decidimos darnos nuestro primer paseo en esos míticos buses y nos vamos para el pueblo de al lado , Jocatenango, por 5 Quetzales.
La verdad es que son las hostia esos buses, los llevan super maqueados, con su música a toda castaña y por supuesto, lo que no puede faltar, en el interior, pegatinas por todos lados, haciendo referencia a Dios y a Jesús bendito.

En unos minutos estamos en Jonatenango que tiene una iglesia bastante chula.
Caminamos y llegamos a un mercado de abastos donde comemos por 2 euros cada uno, eso sí, la abuela nos llena el plato con las manos, aquí en Guatemala hemos venido a jugar fuerte.
Rodeados de perros mercadilleros, terminamos tales manjares y nos vamos a una peluquería a raparse el Mario. Yo mientras, charlando con el jefe de la pelu que es muy salao y por lo que llevamos viendo, los españoles les caemos bien a los guatemaltecos.

Ya en Antigua, vemos la catedral de San José (en la que hay un Cristo bien negro), la iglesia de La Merced (guapísima), el famoso Arco de Santa Catalina y la plaza del Mercado Central, que es donde se reúne la vida local cuando va cayendo la tarde.

No me pudo llevar a una cantina más auténtica!! Madre mía! Bien oscura con un montón de mesas,.llenas de Gallo de un litro vacías y llenas, con su maquina de discos de esas que le echas un Quetzal. Había como me imaginaba solo hombres, pero se vez en cuando pasaba una mujer enfadada y sacaba al marido de turno. No puedo describir con palabras la cara de uno y otra mientras salían del local.
Pues resulta que el chaval que nos indicó, se quedó allí con nosotros prendado de los ojos verdes de Mario. Yo pensaba invitarle a tomar algún vaso de la primera litrona, pero después de esa, vino otra y otra y otra, que pago él. Después ya vino otro muchacho más mayor, que tenía varios negocios y que también era del rollo, a pesar de estar casado y todo. El tío insistiendome que me fuese a ver una de sus joyerías con él . Ya eran muchas cervezas las que nos habían invitado y Mario y yo solo pagamos dos. Así que cuando ya vi que la cosa se estaba calentando de más, puse de excusa que teníamos que pagar a la del hospedaje a cierta hora, y con bastante sufrimiento,. conseguimos escapar de nuestros galanes.

Ya un poco piripis, pero poquito, paramos en un restaurante muy chulo con música guatemalteca en vivo. Una cena fantástica como broche de oro a un primer día fantástico.