Tras una fuerte explosión, despierto a las 1:30. Salgo afuera de la choza chapa y me siento junto a una pareja de guiris, que son los únicos que están alrededor de la fogata semi apagada. Me quedo un ratito viendo el espectáculo, pero entre el frío que hacía y la hoguera que no daba para más, me metí a echar otro ratito de sueño, entre los ronquidos de mis gráciles compañeras de cuarto (y que no roncan las mujeres!).
A las 3:45, ya estoy dispuesto junto a un pequeño grupo de valientes a subir hasta la cima. Son casi dos horas de subida, las más duras de toda la subida a ese volcán. Cada paso que das, te vas hundiendo en la arena gravosa, no ves apenas nada, solo siguiendo el frontal del guía y cada vez hace más frío.
Encima, a pelo!! Ni desayuno, ni café ni nada, menos mal que he tirado de un sobre de Nescafé instantáneo, que siempre me acompañan en todos los viajes por si acaso.. aviso que esa parte de la subida es muy dura, pero cuando llegas arriba....buffffff, increíble ese amanecer con el volcán erupcionando sobre el mar de nubes.



Este fue uno de mis errores del viaje, aunque no tenía mucha elección. Cuando preparé el viaje, dejé esta excursión en fin de semana, y en esa bajada había más gente que en la Romería de la Virgen de la Cabeza. Todos los grupos se juntaron al mismo tiempo para la bajada, era domingo, y eso era una locura aparte de peligroso, gracias a Dios, no tuvimos ninguna caída.

Agarramos las mochilas del hostal y para San Juan de La Laguna en shuttle (no me gusta ir en shutlle pero era la mejor opción ese día). Ese transporte fueron 150 Q por persona.
A las 17:30 llegamos al lago Atitlán, considerado uno de los lagos más bellos del mundo. Está rodeado de varios pueblos muy autóctonos, con su propia lengua incluso. Las mujeres visten con el vestido típico y ellos van con sus botas, su sombrero y su machete.


Como hacía bastante aire y estaba la cosa fresquita, pillamos unos postres en una panadería que no molaron nada, paseamos un ratito y a dormir, que después de la mala noche anterior, estábamos muertos.