Despierto bien temprano. Quiero ver tranquilamente San Juan de la Laguna antes de pillar un chicken bus que me lleve al siguiente destino, Xela.

Yo preferí hacer tres horas más hacia el oeste, para hacer los volcanes de Xela.
Joder! En Guatemala no son nada de madrugar! A las 7:30 iba yo solito por todas las calles, es que no estaba ni el lechero. Por supuesto, ningún establecimiento abierto para desayunar o comprar algo.
Por cierto, un dato que está bien saber pero que se olvidará enseguida, el idioma indígena que hablan en los pueblos del Atitlán se llama el tzutuhil.
Recorrí el precioso pueblo en todas las direcciones, admirando sus magníficos murales y a las 8:30, que ya parecía había algo de color, me fui a despertar a Mario, para recoger la ropa de la lavandería (también cerrada) y a pillar el bus.
Al final, comí dos .... diría empanadas de carne que iban liadas en unas hojas verdes bien grandes, de un puesto callejero.
Con una hora de retraso, llegó el chicken bus. Ese si!! Ese era lo que yo había leído. Iba a toda hostia, en las curvas de la salida del lago, más tiempo por la izquierda que por la derecha. Los demás vehículos o se apartaban, o paraban o pasaba por encima de ellos. Tres horas de viaje que le suben la adrenalina a un muerto. Hostia, si quieres emociones fuertes, ve en una parrillera, y sobre todo, en ese trayecto.
Eso sí, mucho Dios me guía, mucho Dios está conmigo y Dios me ve, pero que siempre intentan sacarte unos quetzales de más. Yo soy perro viejo, y siempre pregunto a los locales antes de subirme, el precio de los viajes. Y eso es lo máximo que pago.

Le pido al que cobra (siempre van dos) que es el que va voceando los destinos también, que me deje en un sitio concreto y sin problema. Andando, llegamos a nuestro próximo hostal .
La verdad, que está retirado, más allá del campo de fútbol, que está a tope de puestos de banderas y camisetas, ya que al siguiente, juegan el Xela y el Monterrey mexicano, lo que sería aquí, un partido de champions. Y allí juegan fatal, pero viven el fútbol con casi tanta pasión como la religión.
Su lema es: si ganamos, tomamos, si empatamos, tomamos y si perdemos, tomamos.
Pero ni tan mal, el hostal está cerca de las terminales de buses, así que dejamos las mochilas y nos vamos a gitanear el transporte que nos lleve a Guatemala City para después ir a El Salvador. Allí existen tres grandes empresas, la mas recomendable, Xelabus. Por poco más de 100 Quetzales, te llevan de madrugada a la capital. Salen a las 4:00 am todos los días.

Ya con el estómago lleno y la mente brillante, pedimos un Uber que nos lleve a visitar un pueblo que tiene una iglesia muy peculiar, San Andrés de Xecul.

Está haciendo fresquito y ya está atardeciendo, pero nos vamos a recorrer el pueblo. Pueblo muy pueblo. Llegamos a una especie de altares en una plazoleta, en las que se ve que han hecho fuego por temas religiosos y quedan aún las brasas. Y llega el paisano que tiene que recoger las cenizas y nos cuenta sobre la vida del pueblo. Nos quedamos a cuadros.

Si ha cometido un delito mayor , como tocar a una niña o atacar una familia, directamente, los queman.
Por lo visto la policía, mira para otro lado, y todos tan contentos.
Pensábamos que estaba exagerando, pero todo el.mundo a lo largo del viaje, nos comentó que en los pueblos, las cosas son así. Existe una cosa que se llama la comunidad, con su líder y todo. Todos van a una y la comunidad es lo más importante. Algun conductor de Uber, nos explicó, que también por eso no se desarrollan ni avanzan, todos son agricultores o ganaderos que viven para sus familias y la comunidad.

Regresamos a Xela, nos duchamos y salimos a cenar. En un restaurante local, conocimos a una pareja de guatemaltecos, chico y chica, que les caímos simpáticos y nos llevaron en su BMW a conocer la ciudad nocturna. Estuvo muy bueno y lo pasamos muy bien.
Ya pasada la medianoche, nos dejaron en nuestro hostal.