


Ese autobús venía directamente de Helsinki. Ohhh my God!!! En la vida había subido a un bus más frío. Estaba más frío que el corazón de mi exnovia.
Mario y yo acurrucados uno contra el otro, en plan supervivencia extrema, intentando dormir metidos en un iglú en pelotas.
A las 8:00 de la mañana, ya llegamos a Guatemala City, vivos, sin nada que tengan que amputarnos.
Le pregunto a un cachondo para ir a comer algo local,y me dice que si ya tengo el estómago acostumbrado a los bichitos de la comida guatemalteca, vaya a la calle.
Pero el Mario está en plan fino, y desayunamos en una cafetería, como los que tienen. Que vergüenza me hace pasar este muchacho....
Queremos hacer el traspaso a El Salvador como van los locales, no en plan turistas. Así que nos vamos hasta una terminal caótica de Guatemala City, en la zona 9, al lado de un gran mercado. Allí tú dices donde quieres ir y te llevan en volandas hasta el chicken bus en cuestión. Muy barato y auténtico pero no para todo el mundo. De nuevo, los únicos q no son de allí,.pero genial, pues ahí es donde aprendes sobre el día a día de la gente normal.
Primero nos llevan en el chicken hasta un pueblo que se llama Jutiapa. Allí, en mitad de la carretera, te traspasan a una furgoneta de 12 personas en la que íbamos 25 ,más toda la mercancía de los lugareños. De ahí, hasta la frontera de las Chinamas, donde unos kms antes, nos cambian a otra fogoneta más petada que la anterior. No me preguntéis sobre costos, pero muy barato. Tú le pagas al primero, al del chicken bus, creo que fueron 70 Q, y el se encarga ya de darle su parte a los de las furgonetas, hasta la misma frontera con El Salvador.


