En el planning inicial del viaje no estaba incluida la visita a las islas Shetland del Sur, pero finalmente íbamos a visitarlas. No me había enterado hasta estar allí y significó una grata sorpresa. Se trata de una zona bastante rica en fauna, donde el paisaje es muy diferente del de la Península Antártica.
Comenzamos el día con un recorrido en zódiac bordeando la costa de la isla Livingston, para acabar desembarcando en un punto llamado Elephant Point, llamado así por ser lugar de reunión de elefantes marinos. No pensaron mucho a la hora de ponerle el nombre, no.
Primeramente, nos acercamos a una zona donde había un extenso frente glaciar. Era muy peculiar por sus vetas negras, que nos dijeron que eran bandas de ceniza fruto de la actividad volcánica de la zona. No sé si se llega a apreciar en la foto lo espectacular que es.

Glaciar en la isla Livingston
Seguimos costeando la isla por una zona rocosa y escarpada -no quedaba el mas mínimo resto de nieve- donde pudimos ver muchos pingüinos Papúa y cormoranes.

Otra parada fue frente a una playa, donde al fondo parecía haber unas grandes rocas que resultaron ser elefantes marinos. Estábamos deseando poder verlos de cerca, así que en cuanto nos avisaron por el walkie de que era nuestro turno, el guía puso rumbo a Elephant Point.

Nada más bajarnos de la lancha, había un gran grupo de elefantes marinos justo a mano derecha. La mayoría de ellos estaban durmiendo profundamente. Son mucho más grandes de lo que había imaginado. Se diferencian claramente los machos de las hembras tanto por el peso, como porque los machos tienen un hocico similar a una trompa corta. Pueden llegar a pesar cuatro toneladas y medir seis metros. Las hembras no superan los tres metros y los novecientos kilos, que ya es decir.



Elefantes marinos en Elephant point
Me hubiese quedado ahí horas y horas, pero la jefa de expedición había comentado al llegar que en el otro extremo de la ruta que nos habían señalado, podríamos ver un grupo aún mayor. Así que pusimos rumbo a esa otra zona.
El camino estuvo muy entretenido y pudimos ver un montón de animales.
Lobos marinos, algunos durmiendo plácidamente sobre la hierba; otro pequeñín, que me enamoró completamente, se había escapado del grupo y ahí andaba solito.


Lobos marinos
Nos cruzamos también con petreles gigantes blancos y skúas subantárticos.

Petrel gigante blanco

Skúa subantártico
Y pingüinos por todas partes, ya que la colonia de esta isla fue la más extensa que vimos. Aquí la mayoría estaba en fase de muda y había muchas zonas que estaban completamente cubiertas de plumas.

Pingüinos sobre un manto de plumas
Ya al final del sendero -tal como nos habían indicado- había un grupo muy numeroso y activo de elefantes marinos.
Vimos algún macho desplazándose, arrastrando todo el cuerpo de una manera muy torpe, como si fuese un enorme saco de grasa rebotando sobre el suelo; en el mar en cambio son increíblemente ágiles y alcanzan gran velocidad y profundidad; otros jugaban o se peleaban.
Presenciamos todas estas escenas entre estruendos y bramidos. Impresionaba.





Fijáos en el pingüino de la izquierda
Había algunos pingüinos bañándose al lado, os tenéis que fijar bien en las fotos porque se ven tan pequeños al lado de los elefantes que pasan desapercibidos.
Con el ansia de que la aventura iba llegando a su fin, nos costaba cada vez más abandonar los lugares y en esta ocasión incluso acompañamos a los guías hasta el final, ayudándoles a recoger las balizas rojas.
Y es que a saber cuándo íbamos a volver a ver un elefante marino…

¡No queremos que esto acabe!
Paramos para almorzar y trasladarnos a la Isla Deception, aprovechando para hacer el recap diario.
Lo más destacado fue comunicarnos que, como bien sabíamos, esta noche emprenderíamos el camino de vuelta.
Ahora que nos sentíamos auténticos lobos de mar, hablando en nudos, sin confundir la popa y la proa, y que éramos capaces de vestirnos para los desembarcos en cinco minutos sin errores, nos recordaban que esta noche de nuevo volveríamos a enfrentarnos al Drake. Todo un drama…
Hubo que parar de lamentarse y centrarse en disfrutar de la siguiente parada.
Deception island es una peculiar isla que mide quince kilómetros de diámetro y tiene forma de anillo o herradura. Es la caldera inundada de un volcán activo a cuyo interior íbamos a acceder con el buque, donde fondearíamos para luego desembarcar con las lanchas en Whalers Bay.
El nombre se debe a que desde el exterior la isla “engaña” y parece una isla normal completamente cerrada, sin que nadie imagine que haya una bahía en su interior.
Fuente: Wikipedia
Una vez más, subí al puente de mando, para presenciar la entrada a la caldera a través del estrecho canal conocido como Neptune’s Bellows.

Rumbo a Deception island
Ya en la bahía, fuimos a inspeccionar en lancha la parte exterior de la isla antes de desembarcar, pasando de nuevo por Neptune´s Bellows. Los puntos más destacados, además de salir y entrar a la caldera, fueron una playa llena de leones marinos bajo un cortado al que luego subiríamos una vez en tierra, y algunas zonas repletas de pingüinos barbijo. El agua era cristalina y de color azul intenso en el exterior.




Para acabar el día, nuestra última actividad fuera del barco iba a consistir en desembarco y caminata.
Nos bajamos en una playa de arena, y nos indicaron los dos senderos posibles, uno a la derecha, hacia el cortado que habíamos visto desde el mar y tras eso, podríamos volver al punto de inicio e ir hacia la izquierda, donde se podían ver los restos oxidados de una estación ballenera.
El primero de ellos comenzaba andando por la playa, donde pudimos ver lobos de mar, pingüinos y focas. En esa zona el paisaje era totalmente árido y había niebla de fondo, a ratos era inquietante y el hecho de que hubiese dos skúas subantárticos al lado de un pingüino, tampoco ayudaba a relajarse; anticipo que a la vuelta casi no quedaba pingüino…

Isla Decepción

¡Pobre pingu!

Hora del baño

Huellas de pingüino Papúa
La subida hacia el cortado mereció la pena, desde arriba, a un lado, se tenía una bonita vista del mar y hacia el otro una panorámica de toda la bahía.



Una vez abajo, quien quiso tuvo oportunidad de bañarse. Yo que para el agua fría no soy muy valiente, me limité a meter mis piecitos. Habían dicho que debido a la actividad geotérmica el agua podía estar incluso caliente depende del lugar, doy fe de que eso no ocurrió.
Mientras se bañaban algunos, me acerqué a las ruinas de la ballenera, abandonada al ser dañada por varias erupciones volcánicas a finales de los años 60.


Ballenera abandonada en isla Deception
Me dio tiempo a ir un poco más lejos donde había un grupo de leones marinos y pingüinos. Como despedida presencié algunas escenas muy simpáticas, como esta con muchos de ellos en fila por la orilla.

Cuando vi que iba quedando poca gente en tierra, volví a donde estaban las lanchas para regresar al barco. Íbamos todos bastante callados a diferencia de otras veces, nadie quería que esta aventura se acabara.

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