Una vez en Arnedo, fuimos directamente a nuestro alojamiento en el Hotel Virrey, muy bien situado en el Paseo de la Constitución, casi enfrente de la Oficina de Turismo, donde teníamos reservada una visita a las cuatro y media de la tarde. El hotel, de cuatro estrellas, es un clásico del lugar. Quizás ha conocido tiempos mejores, pero resultó cómodo y nos sirvió perfectamente para una noche. Su precio, 75,26 euros.


Arnedo es la tercera ciudad más poblada de la Rioja, con algo más de 15.000 habitantes. Se encuentra en la comarca de la Rioja Baja, en el valle medio del río Cidacos, afluente del Ebro, a una altitud de 525 metros sobre el nivel del mar. Una sus principales fuentes de ingresos ha sido la confección de calzado, cuyas fábricas continuán existiendo en la actualidad en polígonos próximos que divisamos bien desde el castillo.


Visita guiada a la Cueva de los Cien Pilares.
Llegamos con el tiempo justo para dirigirnos a la Oficina de Turismo, donde comenzaba la visita guiada que teníamos reservada a la Cueva de los Cien Pilares. Aunque no sabía muy bien qué esperar, me habían comentado que no hay que perdérsela, así que la contraté online. Costaba 7 euros, si bien a los “seniors” se nos quedó en 5. Llegamos unos minutos antes y el amabilísimo joven de la recepción nos sugirió que aprovechásemos para echar un vistazo al Museo Etnológico y al Museo de Ciencias Naturales, que se encuentran en el mismo edificio y son gratuitos. Me parecieron muy interesantes y me quedé con ganas de dedicarles más tiempo, pero no me cuadró el horario ni entonces ni más tarde. Procuraré volver en otra ocasión.

Puntualmente, se presentó la guía, una chica muy simpática que nos hizo la visita amena y didáctica. Se trataba de ver y comprender la importancia de las cuevas en la historia de Arnedo, sus tipos y sus usos. En primer lugar, mientras caminábamos por el Paseo de la Constitución, nos mostró varios edificios destacados y la huellas de personajes conocidos, sobre todo actores y deportistas, situadas en el pavimento a modo de “paseo de la fama”. Después entramos en la Iglesia de Santo Tomás Apóstol, un templo troglodita en parte y que presenta la curiosidad de que el púlpito se halla en el centro, con los bancos alrededor.



A continuación nos trasladamos a la zona alta por la Calle Peñuelas, la Calle de San Miguel y la Calle Bodegas, subiendo tranquilamente las cuestas mientras contemplábamos unas panorámicas cada vez más espectaculares de Arnedo. El sol poniente ponía un contrapunto dorado a las casas y a las rocas horadadas que modelan el paisaje.


Al coronar el cerro, llegamos a las casas cuevas, que estuvieron habitadas hasta no hace mucho tiempo y que visitamos detenidamente. Voy a poner unas cuantas fotos, pero sin seguir un orden ni extenderme demasiado contando detalles (que mereció mucho la pena conocer en boca de la guía) para no estropear las sorpresas que nos fuimos encontrando al recorrer los pasadizos, convertidos a veces en laberintos.



En el curso del recorrido, fue oscureciendo hasta que se hizo completamente de noche, lo cual es un plus, pues las variaciones de luz convierten las perspectivas interiores y exteriores en vistas panorámicas tan curiosas como sorprendentes. Sin duda, tal como nos habían comentado, la franja horaria que empieza de día y termina de noche es la mejor.



En resumen, una visita de lo más recomendable en Arnedo, al menos en mi opinión. Dura algo más de dos horas y conviene reservarla previamente para no quedarse sin plazas.


Recorrido nocturno por Arnedo.
Acabada la visita, me entretuve caminando por las calles del casco antiguo hasta la Casa Consistorial, si bien no llegué a mis principales objetivos, la Iglesia de Santa Eulalia y el Mirador de Arnedo, próximo al castillo. Aunque el navegador me señalaba que estaba apenas a siete minutos caminando, lo que me desanimó no fue la empinadísima cuesta por la solitaria calle Mayor, sino la oscuridad (eran las siete y media de la tarde pero parecían las doce de la noche) y el deterioro de algunos edificios, que me hicieron recelar un poco, seguramente sin motivo; pero las percepciones de cada cual en ciertos momentos son lo que son. De modo que regresé a los alrededores del Paseo de la Constitución, donde se movían el tráfico y las personas.

Más tarde, para cenar, no encontramos demasiada oferta gastronómica en una noche de diario y muy fría; así que entramos en un bar a tomar unas raciones. A estas alturas no recuerdo qué fueron ni dónde.
Arnedo de día.
Después de desayunar en el hotel, no quisimos marcharnos de Arnedo sin subir a contemplar las vistas desde el Mirador del Castillo, situado en una pared tan escarpada que impresiona. Pese a lo alto que parecía estar, tardamos poco en llegar arriba y merece mucho la pena, pues pasear por las imponentes ruinas proporciona una imagen espectacular de todo el entorno, donde destacan las cuevas y la estampa de la Iglesia de Santa Eulalia. Cerca del castillo hay un aparcamiento al que subimos en el coche; para llegar a los miradores, hay que continuar a pie por un camino acondicionado con escalones y barandillas.



El castillo fue construido por los musulmanes en torno al siglo IX en mampostería y su arquitectura se adapta al terreno, de forma que los cimientos de los muros se apoyaron directamente sobre la roca que lo soporta. Cristianos y musulmanes se alternaron en su dominio varias veces hasta 1029, cuando cayó en manos de la familia de los Fortunones. Más tarde, durante los siglos XII y XIII, fue objeto de disputa entre los reyes de Castilla, Navarra y Aragón.

Creo que se puede hacer una visita guiada que sale de la Oficina de Turismo, pero nosotros lo recorrimos entero por nuestra cuenta y de modo gratuito. Hay carteles explicativos a lo largo de todo el recinto. Merece la pena dedicarle un ratito aunque solo sea por ver las panorámicas, más impresionantes en vivo que en las fotos poco luminosas que tomé muy temprano, esa mañana.


