Sábado temprano nos levantamos y pusimos rumbo a Pedasí, un pueblo a unas 5 horas de Ciudad de Panamá, en la costa, con buenas posibilidades de ver ballenas jorobadas en esta época del año.
No me extenderé mucho en esta etapa, porque fuimos a visitar a otro amigo, y lo hicimos en vehículo propio, por lo que no hay ni precios de transportes ni precios de hoteles.
Llegamos a las 14h, tras 6 horas en la carretera. Comentar que había bastantes controles de velocidad, y nos pusieron una multa. Recomendable ir con Waze. Dejamos las cosas en casa y fuimos a comer al Andromeda Beach Club, un restaurante en una urbanización privada con vistas al mar. Pese a ser privado, si se va a comer al restaurante creo que dejan pasar.
La comida para 4 personas, platos de pasta y algún pescado, sin entrantes ni postre nos costó 73€. Un poco elevado, pero el hecho de estar frente al mar y poder ver nuestras primeras ballenas jorobadas en la distancia compensaba el precio.
Por la tarde nos dirigimos hacia playa Venao. Habíamos contratado en Isla Cañas, pasando unos Km playa Venao, una excursión para ver el desove de las tortugas, que empezaba a las seis de la tarde. Hicimos tiempo tomando unas cervezas y cafés en playa Venao (17€) y nos fuimos al punto de encuentro.
Nos recogieron en un barco para llegar a la isla, donde atravesamos una zona de manglar. El paisaje sin más, no era feo pero tampoco idílico. Una vez en la isla, llegó nuestro guía y una pick up que nos llevó a las playa. Se trata de una línea de costa de 17km, donde 1km es reserva protegida. Los huevos que ponen aquí las tortugas no se pueden recolectar por los nativos de la isla. Los que se ponen fuera de la reserva, si que se pueden. Ellos lo consideran un manjar, y esta muy definida la cantidad que pueden consumir por persona. La docena se vende a 1$. Como su tráfico fuera de la isla está prohibido, los venden como huevos de codorniz, y se llega a pagar 1$ por huevo en la capital. Los locales están entendiendo que proteger a las tortugas les reporta más beneficios que el tráfico de huevos, por lo que muchos de los huevos se trasladan a la zona protegida, donde se colocan en recintos cerrados para evitar que los depredadores como zorros, serpientes... los devoren.
Comenzamos a caminar por la arena de la playa, viendo la tormenta que se aproximaba por el mar. Íbamos completamente a oscuras, salvo los relámpagos que iluminaban momentáneamente la arena. Comentar que es mejor hacer la actividad con marea alta, ya que las tortugas tienen que desplazarse menos por la arena y salen más que cuando está la marea baja.
A los 30 minutos aproximadamente de estar andando, el guía nos detuvo y nos dijo que había una tortuga desovando.
Lo saben porque dejan unas enormes marcas al arrastrarse en la arena. Si hay una marca solo significa que está poniendo huevos. Si hay dos, significa que los ha puesto y ha vuelto ya al agua. Mientras hace el agujero no hay que acercarse ni poner luz, pues se puede asustar y regresar al agua. Una vez lo ha terminado y está poniendo los primeros huevos, el guía hace una apertura en la parte de atrás para poder observar la puesta.
Íbamos los 4 con otros dos turistas, y no vimos a nadie más en todo el rato que estuvimos. Es una actividad muy poco publicitada y conocida.

Estuvimos aproximadamente unos 40' viendo el proceso de puesta, donde al acabar, con las aletas rellena el agujero y da vueltas por encima para eliminar las marcas y hacer nuevas para desorientar a los depredadores. Lo hizo tan bien que ni el guía ni el guardia de la protectora, el cual iba a recoger los huevos para llevarlos al recinto protegido, fueron capaces de encontrar la ubicación exacta y nos fuimos sin que los encontrasen (el guardia siguió buscandolos).
En nuestra vuelta al pueblo, vimos 3 tortugas más poniendo, pero no nos paramos por ser el mismo proceso que ya habíamos visto y estar la tormenta aproximándose.
En ciertas noches del año, nos dijo que llegan unas 5000 tortugas a la playa. Tiene que ser espectacular, pero no es predecible pues no depende de ningún factor concreto, o al menos eso dijo. Yo creo que tendrá que ver con algo de las fases de la luna y mareas vivas, pero tampoco me he informado más.
Por otro lado, la actividad nos costó 55$ por cabeza. La encuentro nuevamente cara, como todo lo turístico en Panamá.
Volvimos al puerto ya con la tormenta encima, y cenamos diluviando en playa Venao.
El domingo no madrugamos. Íbamos a ir a isla Iguana. La idea inicial era ver ballenas jorobadas, ya que agosto es la temporada alta.
El problema fue que era día 16, los panameños cobran dos veces al mes, el día 15 una de ellas, por lo que había mucho local viajando ese fin de semana. Normalmente isla Iguana apenas lo visitan un puñado de turistas al día. Pero ese domingo, habían llegado buses de la capital con más de 400 panameños para visitarla. Eso quiere decir que hubo un trajín constante de barcos a la isla, y si bien a primerísima hora habían visto ballenas, a mitad mañana se habían ido ya asustaas. Como además estaba el mar movido ese día, decidimos ir a visitar la isla y si había suerte ver alguna ballena en el trayecto, pero no pagar el tour de las ballenas, el cual hinchaban de precio, ya que posiblemente no fuésemos a ver nada.
Para llegar hay que pasar con el control de inmigración (absurdo) y pagar una tasa de 10$ a los extranjeros, por lo que hay que llevar la documentación.
La isla en sí no vale nada. Se supone que tiene aguas turquesas pero no vimos ni media. No sé si por el mar movido o porque no las hay.
Hay iguanas negras y verdes en la isla, y una colonia de Rabihorcados magníficos, también llamados fragatas, las cuales fuimos a ver. Quería ver si sacaban el buche rojo que sacan cuando están en las colonias, pero no lo vi. Supongo que lo sacarán solo en época reproductora.


Estuvimos un rato en la isla, nos bañamos y volvimos. Nos metieron 100$ por el paseo en lancha (en total, no por persona). A la vuelta, vimos un par de barcos que se habían desviado de la ruta habitual. Eso quería decir que habían visto ballenas. Fuimos tras ellos, pero tras dar vueltas y no ver nada, nos volvimos al puerto (más bien a la playa porque paran en la arena).
Comimos en el hotel Punta Franca, en la zona de acantilados. Nos costó 75€ los 4. Estaba bien, y nuevamente con vistas al mar, y nuevamente vimos a lo lejos las ballenas jorobadas.
Siempre las veíamos menos en el barco.
Tras esto, nos comimos 7 horas de coche para hacer 326km. De ellas, estuvimos 3 horas en un atasco para hacer 50km, poco antes de llegar a Panamá. Como había dicho, el hecho de que hubieran cobrado el día de antes y haber tanta gente de viaje magnificó un tráfico ya de por si deficiente.