Martes 18:
Nos despertamos sin madrugar en exceso, no teníamos prisa hoy. Habíamos reservado en el hotel Chilero y Café, que estaba a unos 10 minutos andando de la plaza central. Nos costó 46€ por noche para dos personas con desayuno incluido y estaba aceptable.
Habíamos contratado un freetour para conocer Antigua pero empezaba sobre las 10, por lo que desayunamos con calma, volvimos a la habitación a ducharnos y nos dirigimos al punto de encuentro. Llegaron dos chicas más españolas y empezamos el tour, puntuales. Duró un par de horas, donde dimos una vuelta por la plaza, la catedral (o lo que queda de ella), la universidad, el hospital de San Pedro, un convento y la Iglesia de la Merced. Nos gustó cómo lo hizo la chica, por lo que le dimos 100 GTQ cada uno.


Tras esto nos fuimos a hacer una cata de Ron Zacapa que nos habían recomendado.
No es barata, salió por un poco más de 40€, donde pudimos probar 4 referencias distintas de Ron (incluido el Royal el cual cuesta más de 250€ la botella) y que acompañamos con una tabla de quesos. Creo que para los amantes de esta bebida es una parada obligatoria.
A continuación fuimos a comer a un sitio tradicional y local que nos habían recomendado en el freetour. Pedimos un caldo de gallina, que nos costó unos 40 GTQ por cabeza. Sin más, ni bueno ni malo. No repetiría pero era algo que había que probar.
Tras la cata y la comida, nos fuimos al hotel a hacer siesta, y por la tarde preparamos las bolsas para el día siguiente. Tocaba, como es lógico y previsible, subir el Acatenango.
Cenamos en un sitio de hamburguesas, The Burger House, 20€ los dos, y nos fuimos dormir relativamente pronto.
Miércoles 19
Habíamos contratado el tour del Acatenango con la compañía Soy Tours Guatemala (+502 41692292). Nos lo había recomendado tanto el hotel como una amiga, por lo que no dudamos. Nos costó 660 GTQ por persona (si bien el acercamiento posterior al volcán de Fuego no estaba incluido y tenía un coste de 250 GTQ más).
Nos recogieron en el hotel a las 7:30, por lo que tuvimos que desayunar en un café asociado al hotel antes de hora, porque el restaurante abría a las 7.
Llegaron sobre las 7:40 y recogimos en Antigua a otras 6 personas y nos dirigimos a La Soledad, pueblo situado a hora y poco de Antigua desde comenzaba el tour y la compañía tenía la sede. Llegó otro bus con más gente, siendo en total 25 los que íbamos a hacer el trekking (en temporada alta suelen ser 45 o así), y comenzaron las explicaciones de la actividad.
Nos dieron ropa de abrigo, si bien habíamos llevado nuestras térmicas, mallas, gorro, guantes, braga y chaqueta, cogimos otro par de guantes más y otra chaqueta ya que las temperaturas por la noche a esas altitudes rondaban los 0ºC.
Alquilamos también un par de bastones, uno para cada uno, para la bajada sobretodo. Nos costaron 50 GTQ.
Respecto al agua, te insisten todo el rato en llevar 4L por persona. No hace falta porque hay diversos puestos durante el camino que venden agua. Es verdad que ligeramente más cara que en Antigua, pero nada prohibitivo.
Sobre las 10:30-11 comenzamos la caminata, cruzándonos con más grupos tanto de subida como de bajada.
La pregunta que mucha gente se hará es: ¿es muy duro el Acatenango? Mi respuesta es clara: no, si se tiene algo de experiencia en montaña. De hecho, si se ha subido alguna montaña antes (no la de al lado de tu casa, un 2500-3000m) es una ruta que calificaría de fácil hasta llegar al campamento. Es verdad que hay desnivel. Se sube desde los 2.400m hasta los 3.700m, pero la subida es constante todo el rato, sin ninguna pendiente desproporcionada, y al ir en grupo y haber gente que no ha subido una montaña en subida se hacen paradas todo el rato (hasta 9 hicimos), y eso que acabaron dividiendo el grupo en dos, pero aún así, se descansa constantemente y no es difícil.
El agua se puede comprar normalmente hasta un punto que denominan El mirador, si bien ese día en esa caseta no había nadie por lo que es mejor recargar justo en el punto anterior (preguntar a los guías cual es).
Respecto a la excursión en si, tuvimos la buena suerte en este momento (y mala suerte luego) de que estaba nublado, por lo que el sol no apretaba en el primer tramo donde se va junto a las plantaciones de maíz y no hay sombra, y tampoco lo hizo a lo largo de los dos tipos de bosques que se pasan. Son unos 6,9km hasta el campamento, y no hay vistas hasta llegar al último km o km y medio. Hasta el mirador, concretamente. Como estaba nublado nosotros no pudimos ver nada, por lo que tras comer, seguimos y llegamos al campamento sobre las tres de la tarde.
Ahí nos dijeron que sobre las 16:30 saldrían, los que quisiesen a hacer la aproximación del volcán de fuego. Se supone que son 2h de ida y 2h de vuelta. Se hace una V con un desnivel de 300m ida (es decir, se bajan y luego se suben) y lo mismo para la vuelta. Esta parte se ve que es dura, debido al cansancio acumulado del día.
Preguntamos a los guías si creían que el tiempo iba a cambiar, y creo que aquí no fueron del todo honestos. Como esta actividad se cobra aparte (estoy seguro de que se llevan comisión por cada persona que haga la aproximación), no dijeron abiertamente que se iba a despejar, pero dijeron que el clima en la montaña es impredecible, cambia rápido, bla, bla, bla. Sabían perfectamente (ven esa montaña todos los días) que esas nubes no se iban a ir. Conseguimos un poco de cobertura y miramos el pronóstico del tiempo y decía que iba a estar encapotado todo el día, por lo que decidimos no hacer la aproximación.
Fue un acierto, porque en lugar de 4h fueron 6:30h, volvieron casi a las 23 (siempre hacen lo mismo por lo visto, dicen menos tiempo del que es para que la gente se anime y pague) y no vieron nada, tan solo una erupción mientras se acercaban, posiblemente la misma que vimos nosotros desde el campamento en un momento que se despejaron.

Cenamos sobre las ocho, una buena cena con chocolate caliente, y nos fuimos a dormir pronto, para estar descansados para la excursión del amanecer. No pasamos frío. El saco de dormir es decente y la ropa que habíamos llevado de casa era buena y caliente y nos mantuvo abrigados.
Nos despertó durante la noche alguna erupción fuerte donde tembló toda la cabaña y al poco llegó el ruido de la explosión. Es indescriptible la sensación de sentir la fuerza de la naturaleza.
Jueves 20
A las 4am sonaron los despertadores de la mayoría de gente. Era la hora a la que nos habían dicho de levantarnos para hacer la ascensión a la cumbre del Acatenango. Alguno se levantó más tarde y tuvimos que esperarlo. Tampoco era un problema porque madrugamos en exceso. De hecho, al subir, que se tarda una hora aprox. tuvimos que esperar bajo unas rocas en el último tramo para no estar expuestos al viento, y unos momentos antes del amanecer, hicimos el último tramo de subida.
En mi opinión nos dijeron de iniciar este último tramo un poco tarde porque cuando llegamos a la cima el sol ya había salido (me hubiera gustado subir unos 20 minutos antes).

Estuvimos 10 minutos y el guía nos dijo de comenzar a bajar. Protestamos todos, ya que no tenía sentido volver tan rápido. No sé si todas las agencias (creo que si) hacen lo mismo o están más tiempo, pero una vez sale el sol que empieza a calentar la sensación de frío y viento es más llevadera y apetece quedarse un rato más después del esfuerzo. Las vistas son increíbles, y eso que seguía habiendo alguna nube. Menos que la noche anterior, y con el fuerte viento se despejaba y permitía ver el volcán de Fuego hasta que alguna nube volvía a taparlo.
No nos permitieron ver el cráter del Acatenango por las prisas, pero según nos dijeron es inmenso y una pasada.
Sobre las ocho estábamos de vuelta en el campamento. Desayunamos y pudimos hacer fotos, ahora sí, del volcán de Fuego despejado, con alguna erupción, aunque no pudimos ver la lava (se ve sólo de noche).




Tras esto, comenzamos la bajada. Nuevamente, el hecho de tener que seguir el ritmo de otra persona en lugar del propio hace que te canses más de lo debido. En mi caso al tener que acortar los pasos más de lo que estoy acostumbrado, se me cargaron las piernas en exceso.
Hicimos también demasiadas paradas, y sobre las doce llegamos a la Soledad, donde volvimos al local de la compañía a dejar el material que nos habían prestado, nos dieron una cerveza, y nos recogió el bus para llevarnos de vuelta a Antigua.
Sobre las 14h estábamos en el hotel. Nos dimos una merecida ducha y fuimos a buscar algún restaurante cerca. Descubrimos el que nos pareció el mejor de la ciudad. Se llamaba Picasso (a día de hoy tiene 465 reseñas con 5 estrellas de media), lo regentaba Óscar, un guatemalteco apasionado de la cocina y contaba con apenas tres mesas. Está centrado en la cocina italiana y el único pero es que solo se puede pagar en efectivo. Nos gustó tanto, que le dejamos una buena propina y valoración en internet (no nos la pidió en ningún momento). Nos costó unos 30€ a los dos.
Por la tarde fuimos a descansar y estuvimos en el hotel el resto de la tarde. Salimos a cenar a un restaurante tipo indio, que no nos gustó y volvimos a descansar.
[u]Viernes 21/u]
No madrugamos en exceso. A las 8 estábamos desayunando en el hotel. Cogimos un tuk tuk al acabar que nos subió al mirador de la Cruz, donde se tienen vistas de la ciudad con el volcán de Agua de fondo. Muy recomendable el sitio y muy tranquilo.
La vuelta en bajada la hicimos andando. Nos tomamos un cóctel en un bar con jardín, foto de protocolo en el arco, y a comprar recuerdos para la familia. Después visitamos las ruinas de la catedral.



Fuimos también al Mercado central de Antigua, y recorrimos los puestos de comida, telas, recuerdos... Un mercado 100% real donde compran los propios locales.
Después, volvimos al Picasso a comer.
Tras esto, sobre las 14:30 nos fuimos en Uber a la finca el Pilar, una finca privada a las afueras de Guatemala con piscinas (no fuimos por esto) y buena para la observación de aves. El problema fue que pensábamos que cerraba a las 17h, pero entre semana lo hace a las 16h.
También pone en internet que hay que pagar en efectivo pero pudimos hacerlo con tarjeta.
Como no nos daba tiempo a hacer los senderos, nos limitamos a quedarnos en los comederos de colibrís, muy entretenidos hasta que se nos hizo la hora y volvimos en Uber al hotel.
Descansamos un rato y entrada la tarde fuimos a una coctelería que nos habían recomendado. Ulew Cocktail bar, a la cual se accede a través de una cortina en una cabina telefónica. Muy curioso y divertido.
Nos sentaron en unas mesas cerca de la pared, pero en cuanto se quedó un hueco en la barra pedimos el cambio. Diría que parte de la experiencia es estar en la barra y ver la preparación de los cócteles, por lo que si o si hay que conseguir sitio ahí. El local no tiene carta, te hacen un par de pregunta acerca de tus gustos y te preparan un cóctel.
Diría que es imposible que no te guste. Yo antes de salir quería probar algo de ron con cacao, ya que ambos eran típicos del país. Me preguntaron que quería beber y dije ron, y a la pregunta de cómo me gustaba dije intenso, y mi sorpresa fue que con solo estas dos preguntas me prepararon un cóctel de ron con cacao que estaba espectacular.
Los posavasos son únicos (cada uno es distinto) y muy auténticos. Estuvimos un par de horas, conversando con los camareros y tras tomarnos otro nos fuimos a cenar, a un sitio que no recomiendo por ser muy comercial y de poca calidad, por lo que no pondré su nombre.
A la mañana siguiente, Edgar, el chico que nos había llevado en Uber el día anterior, nos recogió para llevarnos al aeropuerto de Ciudad de Guatemala y coger el vuelo de vuelta. Tardamos 1h15 aprox, pero depende mucho de la hora del día y del tráfico. Su contacto es +502 33605815 y hace transfer del aeropuerto a Antigua. Por lo visto tiene también monovolumen para llevar a más pasajeros.
Nos cobró 320 GTQ (el Uber en ese momento marcaba 140GTQ más).
El vuelo de vuelta lo teníamos con Aeromexico con escala en Ciudad de México. Quería haber comprado un par de botellas en el Duty Free de Ciudad de Guatemala y menos mal que no lo hice porque nos hicieron pasar un nuevo control de Ciudad de México y nos las hubiesen hecho tirar.
Se acababa así el primer viaje que hago por la zona del Caribe, con opiniones muy diversas.
Panamá no me gustó, a excepción de la zona del Darién. No sé si es por el país en si, porque tuvimos mala suerte con el tiempo o por el hecho de estar condicionados a tener que visitar a amigos y no poder ir con la libertad que nos gusta.
Guatemala en cambio me fascinó. Su gente, cultura y lugares creo que merecen una parada obligatoria y es uno de esos sitios a los que estoy seguro que volveré más pronto que tarde, a probar suerte con el volcán de Fuego otra vez y a ver si veo el quetzal en época reproductora con las plumas largas.