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Cuando EE.UU. e Israel decidieron atacar Irán en febrero de 2026, no tardaron en aparecer las noticias sobre las repercusiones que tendría sobre todo lo relacionado con el petróleo. Subidas de precios en general y en las gasolinas en particular. Los telediarios estaban llenos de noticias anunciando que algunas compañías estaban cancelando vuelos debido al precio del combustible.
No hay cosa más “aterradora” que recibir un correo electrónico de la compañía aérea a 15 días del viaje. ¿Os ha pasado alguna vez? A nosotros… sí.
Pues eso… que Air Canada nos envió un correo electrónico avisándonos que el vuelo que teníamos de Bilbao a Múnich se había cancelado y que se pondrían en contacto con nosotros en breve para ofrecernos una alternativa. Los dos días que tardaron en volver a ponerse en contacto con nosotros, se nos hicieron largos… muy largos. Mientras tanto, nos consolamos pensando que habíamos hecho bien en no reservar con varias líneas aéreas.
Finalmente, nos ofrecieron un cambio que suponía variar todos los vuelos del viaje de ida, pero lo bueno es que no perdíamos ningún día y eso era lo más importante. En vez de Bilbao-Frankfurt-Halifax-St. John´s, la nueva ruta sería Bilbao-Múnich-Toronto-St. John´s
Desde hacía varios días, estábamos haciendo un seguimiento de la temperatura que nos íbamos a encontrar (por eso de llevar una ropa u otra). Como podéis ver, calor precisamente no íbamos a pasar. En el lado contrario, la fotografía de la izquierda, que corresponde a la estación meteorológica que tenemos en casa. El día antes de marchar, en el norte teníamos más de 26°C dentro de casa. Un horror!!!
No hay cosa más “aterradora” que recibir un correo electrónico de la compañía aérea a 15 días del viaje. ¿Os ha pasado alguna vez? A nosotros… sí.
Pues eso… que Air Canada nos envió un correo electrónico avisándonos que el vuelo que teníamos de Bilbao a Múnich se había cancelado y que se pondrían en contacto con nosotros en breve para ofrecernos una alternativa. Los dos días que tardaron en volver a ponerse en contacto con nosotros, se nos hicieron largos… muy largos. Mientras tanto, nos consolamos pensando que habíamos hecho bien en no reservar con varias líneas aéreas.
Finalmente, nos ofrecieron un cambio que suponía variar todos los vuelos del viaje de ida, pero lo bueno es que no perdíamos ningún día y eso era lo más importante. En vez de Bilbao-Frankfurt-Halifax-St. John´s, la nueva ruta sería Bilbao-Múnich-Toronto-St. John´s
Desde hacía varios días, estábamos haciendo un seguimiento de la temperatura que nos íbamos a encontrar (por eso de llevar una ropa u otra). Como podéis ver, calor precisamente no íbamos a pasar. En el lado contrario, la fotografía de la izquierda, que corresponde a la estación meteorológica que tenemos en casa. El día antes de marchar, en el norte teníamos más de 26°C dentro de casa. Un horror!!!

Después de meses de preparación y algún que otro susto, llegó el día. ¡Nos vamos a Terranova!
Una derivada del cambio de itinerario es que salíamos hacia Múnich en el vuelo de las 7h15 por lo que nos tocó madrugar. Menos mal que fuimos previsores y teníamos todo organizado el día anterior. También es verdad que nosotros, el día antes de salir de viaje, no solemos dormir mucho, jejeje
Como otras muchas veces, Raquel, nos acompañó al aeropuerto para hacerse cargo del coche. Cuando llegamos al Aeropuerto de Bilbao, apenas acababan de abrir y no había mucho movimiento. Lo bueno es que los mostradores de facturación ya estaban abiertos y pudimos facturar el equipaje. Preguntamos a ver si iría directamente hasta destino y nos dijeron que, probablemente, lo tendríamos que recoger en Toronto y volverlo a facturar hasta St. John´s, pero que mejor lo confirmáramos al llegar.
Una derivada del cambio de itinerario es que salíamos hacia Múnich en el vuelo de las 7h15 por lo que nos tocó madrugar. Menos mal que fuimos previsores y teníamos todo organizado el día anterior. También es verdad que nosotros, el día antes de salir de viaje, no solemos dormir mucho, jejeje
Como otras muchas veces, Raquel, nos acompañó al aeropuerto para hacerse cargo del coche. Cuando llegamos al Aeropuerto de Bilbao, apenas acababan de abrir y no había mucho movimiento. Lo bueno es que los mostradores de facturación ya estaban abiertos y pudimos facturar el equipaje. Preguntamos a ver si iría directamente hasta destino y nos dijeron que, probablemente, lo tendríamos que recoger en Toronto y volverlo a facturar hasta St. John´s, pero que mejor lo confirmáramos al llegar.


Poco después de las 6h30, pasamos el control de seguridad y accedimos a la zona de las puertas de embarque. Ya nos esperaba el avión que nos llevaría a Alemania. Un Airbus A321-200 de Lufthansa.

A las 7h05 el avión se puso en marcha. Como el aeropuerto de Bilbao es pequeñito, no tardamos nada en llegar a la cabecera de la pista. Creo que ni llegó a pararse. Cuando nos quisimos dar cuenta, ya estábamos en el aire. Ahora, sí que sí, empezaba la aventura. Como viene siendo habitual desde hace tiempo en este tipo de vuelos, como refrigerio nos dieron un botellín de agua y una chocolatina. Menos mal que habíamos desayunado bien en el aeropuerto, jejeje.

Aprovechando que, durante el check-in, pudimos elegir los asientos, nos entretuvimos viendo y sacando fotos de cosas, que de otro modo, no tendríamos oportunidad, como por ejemplo el Aeropuerto de Zúrich (Suiza) acompañado de unas bonitas y esponjosas nubes blancas.

El vuelo apenas duró dos horas y cuando nos dimos cuenta, el comandante estaba avisando que nos disponíamos a aterrizar en el Aeropuerto de Múnich (Alemania). Gracias a que el giro en la maniobra de aproximación fue por nuestro lado, tuvimos una vista impresionante del aeropuerto donde minutos después, tomaríamos tierra.


Aunque, en teoría, teníamos dos horas y media hasta la salida del vuelo hacia Toronto, ya sabéis cómo va esto. Entre que te bajas del avión, pasas los controles de seguridad, etc… no quedaba tanto tiempo, así que lo primero que hicimos fue buscar la información de nuestro vuelo en las pantallas informativas y una vez que vimos que estaba todo en orden, nos acercamos suave, suave a la puerta de embarque.
Allí nos esperaba el Boeing 787-9 de Air Canada que nos llevaría hasta Toronto, segunda escala de nuestro viaje hacia Terranova.
Allí nos esperaba el Boeing 787-9 de Air Canada que nos llevaría hasta Toronto, segunda escala de nuestro viaje hacia Terranova.

A la hora prevista, despegamos rumbo a Canadá (teníamos por delante algo más de ocho horas y media de viaje). Una cosa curiosa y que ya nos había ocurrido el año pasado cuando viajamos a Corea del Sur, es que dentro de este modelo de avión, no funciona el GPS del teléfono. A mi gusta llevarlo encendido para que vaya registrando la ruta y también para tener geolocalizadas las fotos que vamos sacando durante el vuelo (cosas de friki entusiasta de la fotografía).


Cuando llevábamos algo menos de dos horas de vuelo (sobrevolando Reino Unido), nos trajeron la comida. Pasta para mí y pollo con arroz y verduras para Anna. Ninguna queja al respecto.

Basándonos en el mapa de la pantalla de info/entretenimiento pasamos cerca de Groenlandia sobre las 16h30, aunque esta vez la ruta iba más hacia el sur y no vimos tierra. Una pena, porque siendo finales de mayo, los glaciares de Groenlandia desde el aire, tenían que ser una pasada.
Del resto del viaje, poco más. Como suele ser habitual en vuelos tan largos, cada uno se entretiene como puede. Música, lectura, alguna peli, una miradita por la ventana de vez en cuando a ver si se ve algo diferente al agua del océano…
A las 18h (hora de España) entramos en tierra canadiense por la península de Labrador. Ya quedaba menos. Poco después nos dieron de merendar un pastel de manzana que, la verdad, estaba muy bueno.
Poco antes de las 20h, el comandante nos pidió que fuésemos sentándonos en nuestros sitios porque, en breve, íbamos a comenzar la maniobra de aproximación para aterrizar en el Aeropuerto Internacional Toronto Pearson.
Una curiosidad a través de nuestra ventanilla. La Autopista 401 (King's Highway 401), en su tramo que atraviesa Toronto, es la autopista más transitada de Norteamérica y una de las de mayor tráfico en el mundo. Nuestra fotografía da fe.
Del resto del viaje, poco más. Como suele ser habitual en vuelos tan largos, cada uno se entretiene como puede. Música, lectura, alguna peli, una miradita por la ventana de vez en cuando a ver si se ve algo diferente al agua del océano…
A las 18h (hora de España) entramos en tierra canadiense por la península de Labrador. Ya quedaba menos. Poco después nos dieron de merendar un pastel de manzana que, la verdad, estaba muy bueno.
Poco antes de las 20h, el comandante nos pidió que fuésemos sentándonos en nuestros sitios porque, en breve, íbamos a comenzar la maniobra de aproximación para aterrizar en el Aeropuerto Internacional Toronto Pearson.
Una curiosidad a través de nuestra ventanilla. La Autopista 401 (King's Highway 401), en su tramo que atraviesa Toronto, es la autopista más transitada de Norteamérica y una de las de mayor tráfico en el mundo. Nuestra fotografía da fe.


El aterrizaje fue, por decirlo suavemente, un poco brusco para nuestro gusto, pero afortunadamente, no hubo ninguna otra incidencia. Eran las 14h horas de Toronto, pero para nosotros con el cambio horario, las ocho de la tarde. Estábamos cansados y aún nos quedaba otro vuelo, pero como dice el refrán: “sarna con gusto, no pica”.

Como teníamos algo más 4 horas hasta el vuelo de St. John´s nos tomamos con calma la salida del avión y el paso por el control de seguridad. Y hablando del control de seguridad, no hubo ningún problema. Yo tenía un poco de miedo por si me hacían alguna pregunta que no entendía (mi nivel de inglés es bastante básico), pero la verdad es que me tocó una agente muy maja que únicamente me preguntó por el motivo del viaje, la duración y a dónde íbamos a ir.
Cuando le dije: “to Newfoundland”, levantó la mirada del escritorio y me preguntó: only? Le dije que sí, pero que íbamos a viajar a Labrador en ferry para pasar un par de días. Asintió con un breve OK y me dio el visto bueno para entrar en Canadá. Comentando luego con Anna, me dijo que a ella le habían preguntado lo mismo…
Como nos quedó la duda de si tendríamos que recoger el equipaje para volverlo a facturar (nos pasó en 2015 cuando entramos a Canadá por Montreal y nuestro destino era Halifax), en cuando vimos a una trabajadora del aeropuerto, le preguntamos y nos dijo, aunque con no mucha convicción, que sí, que teníamos que volver a facturar el equipaje. Ya habíamos salido de la zona de seguridad. ¿Y ahora cómo volvíamos a por las maletas?
Como no le vimos muy convencida del todo, buscamos un punto de información y volvimos a preguntar. Nos pidieron las tarjetas de embarque para ver el itinerario y esta vez, con un tono más seguro, nos dijeron que las maletas irían directas a St. John´s. ¡Menos mal!
Más relajados ya, activamos las eSIM para tener conexión a internet. En el móvil de Anna todo funcionó a la primera. Activamos los datos móviles, se conectó a la red y en pocos segundos ya teníamos conexión. Seguido, hicimos lo mismo en mi móvil y… error. La eSIM se activaba, se conectaba a la red de datos, pero no tenía conexión a internet.
Después de varias pruebas por mi cuenta, me puse en contacto con el soporte de Airalo (a través de la propia aplicación) y aunque tengo que decir que las personas que me atendieron (fueron cuatro distintas), hicieron todo lo posible (incluso anularon la eSIM y me activaron una nueva), no hubo manera.
Al final, pregunté a ver si me podían devolver el dinero y no me pusieron ninguna pega. A los pocos minutos, había recibido el dinero. Me recordaron que, si gastábamos los Gb de la eSIM de Anna, siempre podíamos solicitar una ampliación desde la propia aplicación, así que nos quedamos tranquilos.
Cuando le dije: “to Newfoundland”, levantó la mirada del escritorio y me preguntó: only? Le dije que sí, pero que íbamos a viajar a Labrador en ferry para pasar un par de días. Asintió con un breve OK y me dio el visto bueno para entrar en Canadá. Comentando luego con Anna, me dijo que a ella le habían preguntado lo mismo…
Como nos quedó la duda de si tendríamos que recoger el equipaje para volverlo a facturar (nos pasó en 2015 cuando entramos a Canadá por Montreal y nuestro destino era Halifax), en cuando vimos a una trabajadora del aeropuerto, le preguntamos y nos dijo, aunque con no mucha convicción, que sí, que teníamos que volver a facturar el equipaje. Ya habíamos salido de la zona de seguridad. ¿Y ahora cómo volvíamos a por las maletas?
Como no le vimos muy convencida del todo, buscamos un punto de información y volvimos a preguntar. Nos pidieron las tarjetas de embarque para ver el itinerario y esta vez, con un tono más seguro, nos dijeron que las maletas irían directas a St. John´s. ¡Menos mal!
Más relajados ya, activamos las eSIM para tener conexión a internet. En el móvil de Anna todo funcionó a la primera. Activamos los datos móviles, se conectó a la red y en pocos segundos ya teníamos conexión. Seguido, hicimos lo mismo en mi móvil y… error. La eSIM se activaba, se conectaba a la red de datos, pero no tenía conexión a internet.
Después de varias pruebas por mi cuenta, me puse en contacto con el soporte de Airalo (a través de la propia aplicación) y aunque tengo que decir que las personas que me atendieron (fueron cuatro distintas), hicieron todo lo posible (incluso anularon la eSIM y me activaron una nueva), no hubo manera.
Al final, pregunté a ver si me podían devolver el dinero y no me pusieron ninguna pega. A los pocos minutos, había recibido el dinero. Me recordaron que, si gastábamos los Gb de la eSIM de Anna, siempre podíamos solicitar una ampliación desde la propia aplicación, así que nos quedamos tranquilos.

Con la tontería de la eSIM, habían pasado más de dos horas, así que ya no quedaba tanto para el vuelo a Terranova. Eran las 16h30 en Toronto (6 horas más en España).

Con el avión, un Airbus A321-211, ya esperándonos junto a la puerta de embarque, nos tomamos unos cafés de Starbucks (a precio de sangre de unicornio) y unos sándwiches de huevo. Nos salió todo por $34.39 (22,04€).

A las 19h (01h00 hora española) y con 15 min de retraso despegamos hacia St. Johns. Por cierto, fue un despegue un tanto raro. Estamos acostumbrados a los botes o las frenadas bruscas en los aterrizajes, pero esta vez era como, si al coger velocidad en pista, el avión fuera dando bandazos. Tenemos que reconocer que no fue una sensación muy agradable. Por lo demás, el viaje transcurrió sin incidencias reseñables.

Poco antes de las 23h30 (hora de Terranova), aterrizamos en el Aeropuerto de St. John´s. En Terranova tiene una diferencia de -1h30 con respecto a Toronto, así que tuvimos que volver a poner los relojes en hora (es broma… hoy en día casi todo se configura automáticamente, jejeje). En definitiva, para nosotros eran las 4 de la mañana y llevábamos ya 24h despiertos.

*** final del día 1 ***
... continuará
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