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El final de un viaje, entre dos formas de vivir

El final de un viaje, entre dos formas de vivir ✏️ Diarios de Viajes de Dinamarca Dinamarca

Nos despedimos de las Feroe con recuerdos que iban mucho más allá de los paisajes y terminamos el viaje con dos días en Copenhague, entre canales, calles y arte urbano.
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Islas Feroe: cuatro días entre fiordos, pueblos y viento

Diario: Islas Feroe: cuatro días entre fiordos, pueblos y viento

⭐ Puntos: 0 (0 Votos)  Etapas: 7  Localización: Dinamarca Dinamarca 👉 Ver Etapas

El 28 de septiembre tocaba despedirnos de las Feroe. Después de cuatro días recorriendo las islas, dejamos el apartamento de Tórshavn y fuimos directamente al aeropuerto, donde teníamos que tomar el vuelo del mediodía hacia Copenhague.

Esta vez Atlantic Airways se comportó un poco mejor que a la ida y solo sufrimos media hora de retraso. Después de las cuatro horas y media que nos había regalado el primer día, casi podíamos considerarlo una mejora extraordinaria.

Así terminábamos nuestra estancia en aquel pequeño archipiélago perdido en medio del Atlántico norte, con la sensación de haber aprovechado bastante bien los cuatro días completos que habíamos pasado allí, aunque el tiempo no siempre nos hubiera puesto las cosas fáciles.

Las Feroe nos habían gustado. Y no solo por los paisajes, que evidentemente son su gran atractivo.

Habíamos visto montañas verdes que caen directamente al mar, cascadas espectaculares, fiordos, pequeños pueblos y acantilados impresionantes. Algunos lugares, como Trælanípa o Gásadalur, respondían perfectamente a las imágenes que habíamos visto antes de viajar, mientras que otros, como Viðareiði o Søltuvík, nos habían sorprendido precisamente porque no figuraban entre los grandes protagonistas de nuestro programa inicial.

Pero, más allá de esos paisajes de postal, también nos había interesado descubrir un poco la manera de vivir de los feroeses, en un territorio tan particular, con una población reducida, unas condiciones climáticas complicadas y una geografía que durante siglos ha condicionado absolutamente cualquier actividad.

Una de las cosas que más nos llamó la atención fue el esfuerzo que han hecho para comunicar las diferentes islas. Los túneles submarinos, algunos de construcción relativamente reciente, permiten llegar en coche a lugares que hasta hace muy poco dependían exclusivamente de los ferris.

Y después están esos otros túneles más antiguos, excavados directamente en la roca, de un solo carril y con pequeños apartaderos para dejar pasar a los vehículos que vienen de frente.

Todo ello nos hizo pensar en cómo debía de ser la vida en estos pueblos antes de disponer de esas infraestructuras.

Vivir en una isla ya supone cierta dependencia del transporte marítimo o aéreo, pero vivir en un archipiélago de dieciocho islas, con montañas abruptas y un tiempo que puede complicar cualquier desplazamiento, debe de hacerlo todo todavía un poco más especial.

Y, a pesar de ello, los feroeses han conseguido mantener una sociedad moderna, con unos servicios y unas comunicaciones que nos parecieron bastante buenos para un territorio de estas características.

También nos sorprendió cierta actitud de los habitantes hacia los visitantes.

Evidentemente, es una impresión absolutamente personal, basada en los pocos días que pasamos allí, y no se puede generalizar a toda una población. Pero, dentro del carácter nórdico, que habitualmente no destaca precisamente por ser la alegría de la huerta, nos pareció detectar cierta distancia.

No es que nos trataran mal, ni mucho menos, pero tampoco encontramos aquella predisposición a relacionarse con los visitantes que hemos experimentado en otros destinos.

A ratos teníamos la sensación de que esto del turismo era una actividad que aceptaban, pero que quizás no acababa de hacerles demasiada gracia. Como si pensaran que está muy bien que vayamos a ver sus paisajes, pero que, si seguimos llegando cada vez en mayores cantidades a tocar las narices, quizás acabaremos mal.

Naturalmente, puede ser una interpretación nuestra, pero nos quedó esa sensación de una sociedad que valora mucho su tranquilidad y que quizás no tiene ninguna necesidad de convertirse en un gran destino turístico.

De hecho, en un territorio tan pequeño, con pueblos de unas pocas decenas de habitantes y unos paisajes que aparecen cada vez más en las redes sociales, es fácil imaginar que la llegada de visitantes puede generar situaciones incómodas.

Una cosa es que unos cuantos viajeros se acerquen a contemplar una cascada o a pasear por un pueblo, y otra que determinados lugares acaben recibiendo una cantidad de gente que no guarda ninguna proporción con sus dimensiones.

Quizás por eso nos pareció que los feroeses mantenían cierta reserva, como si quisieran proteger una manera de vivir que, en buena parte, ha sido posible gracias a su aislamiento.

No sé si ese aislamiento es buscado, impuesto por la geografía o una combinación de ambas cosas, pero sí tuvimos la impresión de que forma parte de su identidad.

Y, bien mirado, tampoco me parece una actitud difícil de entender. Si vives en un pueblo de treinta habitantes y de repente empiezan a llegar cientos de personas para hacerse una fotografía delante de tu casa, probablemente acabas viendo el turismo de otra manera.

En cualquier caso, los cuatro días nos permitieron hacernos una primera idea de las Feroe.

Nos faltó Kalsoy, por culpa de nuestra falta de previsión con el ferry, y seguramente habría habido muchos otros rincones interesantes por descubrir. Pero tampoco tuvimos la sensación de haber hecho un viaje incompleto.

Habíamos recorrido buena parte de las islas accesibles por carretera, conocido pueblos muy diferentes, caminado hasta los acantilados de Trælanípa y descubierto aquella pequeña colonia de focas en Søltuvík que no figuraba en ninguno de nuestros planes.

E incluso el temporal del primer día, que en aquel momento nos hizo pensar que quizás nos habíamos equivocado de época para visitarlas, acabaría formando parte de los recuerdos del viaje.

Al fin y al cabo, las Feroe son así, y pretender conocerlas sin encontrarse con viento y lluvia probablemente sería hacerse una idea bastante equivocada del lugar.

Pero el viaje todavía no había terminado.

Como regresábamos vía Copenhague, habíamos decidido aprovechar la escala para quedarnos allí dos días y visitar la capital danesa.

El cambio de ambiente fue considerable. Después de cuatro días de pueblos pequeños, carreteras solitarias y montañas verdes, nos encontrábamos de nuevo en una gran ciudad europea, con calles comerciales, bicicletas por todas partes, canales, monumentos y una actividad que contrastaba bastante con la tranquilidad de Tórshavn.

Copenhague ya es otra historia, con una personalidad propia que merece un diario de ciudad independiente, pero estos dos días también formaron parte del viaje y nos permitieron terminarlo de una manera completamente diferente de como lo habíamos empezado.

El final de un viaje, entre dos formas de vivir - Islas Feroe: cuatro días entre fiordos, pueblos y viento (1)
El Ayuntamiento de Copenhague.

Dedicamos buena parte de la estancia a pasear por el centro, recorriendo las calles comerciales, la zona del ayuntamiento y algunos de los barrios más conocidos.

Naturalmente, también fuimos hasta Nyhavn, probablemente la imagen más popular de Copenhague, con el canal, las embarcaciones y las fachadas de colores que aparecen en prácticamente todas las fotografías de la ciudad.

Es un lugar muy turístico, pero eso no quita que sea agradable de ver.

El final de un viaje, entre dos formas de vivir - Islas Feroe: cuatro días entre fiordos, pueblos y viento (2)
Las fachadas de colores y el canal de Nyhavn, en Copenhague.

También hicimos el recorrido en barco por los canales, una manera interesante de contemplar la ciudad desde el agua y descubrir algunos edificios y rincones que, caminando, probablemente nos habrían pasado más desapercibidos.

Además, aprovechamos el servicio de bus marítimo del puerto, que permite desplazarse entre diferentes puntos de la ciudad y que, al mismo tiempo, ofrece otra perspectiva de la fachada marítima.

Es una de esas opciones de transporte público que, cuando visitas una ciudad con canales, casi acaban convirtiéndose en una pequeña excursión.

Desde el barco también vimos la famosa Sirenita, aunque en nuestro caso solo de espaldas.

Tampoco nos preocupó excesivamente.

Los propios daneses bromean sobre el hecho de que una de las atracciones turísticas más conocidas de su capital sea una estatua tan pequeña, que algunos consideran una de las visitas más decepcionantes del mundo.

Nosotros, viéndola desde el barco y por la parte posterior, probablemente todavía conseguimos una versión más modesta de la experiencia.

Pero, como tampoco habíamos ido a Copenhague expresamente para ver la Sirenita, no nos pareció ningún problema.

Ya podíamos decir que la habíamos visto, aunque no le hubiéramos visto la cara.

El final de un viaje, entre dos formas de vivir - Islas Feroe: cuatro días entre fiordos, pueblos y viento (3)
Una plaza del centro de Copenhague, con bicicletas.

Otra de las visitas fue Christiania, el conocido barrio alternativo que nació a principios de los años setenta, cuando un grupo de personas ocupó unas antiguas instalaciones militares y creó una comunidad con unas normas y una organización propias.

Con el tiempo, Christiania se ha convertido en uno de los lugares más singulares de Copenhague, aunque también ha pasado por numerosos conflictos relacionados con su situación legal y con el tráfico de drogas.

Hoy continúa siendo un espacio con una identidad particular, donde conviven viviendas, talleres, establecimientos y manifestaciones artísticas bastante alejadas de la imagen más ordenada de la capital danesa.

Nos apetecía conocerlo, precisamente por ese contraste con el resto de la ciudad, y dedicamos un rato a pasear y observar el ambiente.

Es uno de esos lugares que, más allá de las opiniones que puedas tener sobre su historia o su funcionamiento, resulta interesante para entender que dentro de una misma ciudad pueden convivir formas de vida muy diferentes.

El final de un viaje, entre dos formas de vivir - Islas Feroe: cuatro días entre fiordos, pueblos y viento (4)
Arte urbano en Christiania, Copenhague.

También visitamos el MACA, el Museum of Contemporary Art, donde vimos una exposición dedicada a Banksy y al arte urbano.

Banksy es probablemente uno de los artistas callejeros más conocidos del mundo, tanto por sus obras como por el misterio que rodea su identidad, y su trabajo suele combinar el humor, la crítica social y la provocación.

La exposición nos permitió acercarnos a este universo y también a otras manifestaciones del llamado street art, un tipo de arte que ha pasado de las paredes de las calles a ocupar espacios en museos y galerías.

Fue una visita diferente de las habituales en una escapada urbana, y una buena alternativa a los palacios y a los grandes monumentos históricos que, en esta ocasión, decidimos dejar de lado.

No entramos en ningún palacio, sencillamente porque no nos apetecía.

Preferíamos dedicar el tiempo a caminar, recorrer los canales y descubrir la ciudad a nuestro aire.

El final de un viaje, entre dos formas de vivir - Islas Feroe: cuatro días entre fiordos, pueblos y viento (5)
Una vista urbana de Copenhague al atardecer.

El 30 de septiembre aprovechamos todavía la mañana para continuar paseando por Copenhague antes de ir hacia el aeropuerto.

El vuelo de Norwegian hacia Barcelona, como ya empezaba a ser habitual en aquel viaje, también decidió contribuir a nuestra colección de retrasos, aunque esta vez la cosa se quedó en unos cuarenta y cinco minutos.

Comparado con la llegada a las Feroe, casi era una anécdota.

Finalmente embarcamos y volvimos hacia casa, poniendo punto final a ocho días en los que habíamos pasado de las montañas y los acantilados del Atlántico norte a los canales y las calles de una de las capitales más conocidas de Escandinavia.

Cuando pienso en este viaje, lo que me queda de las Feroe no son solo las imágenes de Gásadalur, Trælanípa o los pueblos rodeados de montañas.

También recuerdo el viento del primer día, que casi no nos dejaba salir del coche; el ferry que no pudimos tomar por haber esperado demasiado para reservarlo; los zapatos que tuvimos que comprar en Klaksvík; el túnel estrecho de Kunoy; los bocadillos que comimos contemplando la isla de Kalsoy, y aquellas focas que descubrí por casualidad en Søltuvík.

Y recuerdo también aquella sensación de encontrarnos en un territorio que, a pesar de disponer de todas las comodidades de una sociedad moderna, continúa manteniendo una relación muy directa con el mar, el clima y el aislamiento geográfico.

Las Feroe nos gustaron precisamente por esa combinación de paisajes y forma de vida.

No son unas islas que intenten gustar a todo el mundo, ni un lugar donde puedas dar por hecho que tus planes se cumplirán exactamente como los has preparado.

El tiempo puede obligarte a quedarte dentro del coche, un ferry lleno puede hacerte cambiar el recorrido y el viento puede convertir una caminata aparentemente sencilla en una pequeña aventura.

Pero, si aceptas esas condiciones y no pretendes que todo funcione como en un destino turístico convencional, el viaje tiene mucho interés.

Nosotros fuimos porque unos amigos tenían pendiente una visita que años atrás no habían podido hacer, y acabamos descubriendo un territorio que hasta entonces solo había sido uno de esos puntos del mapa donde algún día habíamos pensado que estaría bien ir.

Ahora ya lo conocemos.

Y nos hemos llevado bastante más que unas cuantas fotografías de paisajes espectaculares.



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Fecha: Dom Ago 11, 2024 05:06 pm    Título: Re: Dinamarca: Consejos para Viajar

Buenas a tod@s. Del 26 al 30 voy con una amiga a Dinamarca. Llegamos al aeropuerto de Aalborg. Tenemos pensado visitar Aalborg e ir a Aarhus.
Alguna recomanación de algún lugar más cerca de Aalborg? He visto en el mapa que podríamos ir a la punta del norte a skagen (vale la pena) todo será bienvenido
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Fecha: Dom Ago 11, 2024 05:07 pm    Título: Re: Dinamarca: Consejos para Viajar

Que no puedo dejar de visitar en Aarhus?
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Fecha: Dom Ago 11, 2024 06:05 pm    Título: Re: Dinamarca: Consejos para Viajar

"moshita" Escribió:
Buenas a tod@s. Del 26 al 30 voy con una amiga a Dinamarca. Llegamos al aeropuerto de Aalborg. Tenemos pensado visitar Aalborg e ir a Aarhus.
Alguna recomanación de algún lugar más cerca de Aalborg? He visto en el mapa que podríamos ir a la punta del norte a skagen (vale la pena) todo será bienvenido

Yo acabo de venir de allí. Nos gustó mucho la zona norte: punta Grenen, donde se unen los dos mares es muy curioso, la duna Rabjerg Mile y el faro Rabjerg Knude también paisajes muy chulos, como estar en el desierto pero en Dinamarca.
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Fecha: Dom Ago 11, 2024 06:17 pm    Título: Re: Dinamarca: Consejos para Viajar

Se llega bien en transporte público? @upheka
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