Nos despertamos en el apartamento. Aunque la habitación era un poco compacta, nos apañamos perfectamente; era un piso bien equipado con tres habitaciones en total que compartían baño y cocina. Como era viernes y el cuerpo lo sabía, hicimos una primera parada en el súper de justo debajo para coger provisiones y salimos caminando sin prisas hacia el punto de encuentro del free tour. De camino, hicimos una parada obligatoria para que Sonia se comprara brilli-brilli para el pelo.
En el trayecto descubrí un árbol fascinante que cubre la ciudad: un mostajo (Sorbus aria), lleno de racimos de pequeñas pomos globosos de color anaranjado cuyos frutos son comestibles en mermeladas o jaleas y un auténtico manjar para las aves; como os podréis imaginar, me guardé un par de semillas a ver si logro germinar para mi jardín .

El tour empezaba a las 10:30 frente al monumento a Copérnico. Nos sorprendieron dos cosas: fuimos un grupo reducidísimo de apenas 6 personas, y recibimos un mensaje previo del guía recordando que, aunque era un free tour, la aportación esperada era de entre 15 y 20 € por persona. Llevábamos pensado dar 20 €, pero al ser tan pocos decidimos subir a 30 €. El guía fue Víctor, un chileno afincado en Varsovia por amor, quien nos contó la historia de forma impecable y nos dio consejos clave como sacar los billetes de transporte público. También vimos pasar un autobús clásico muy antiguo dedicado al turismo que era una pasada.
El recorrido comenzó oficialmente en el Camino Real (Krakowskie Przedmieście) frente a la gran Estatua de Nicolás Copérnico, que luce la órbita con los planetas conocidos hasta su época. A pocos pasos entramos a la Iglesia de la Santa Cruz, donde el guía nos desveló que una de sus columnas alberga el corazón de Frédéric Chopin, traído de contrabando desde París por su hermana en un frasco con coñac para esquivar los controles rusos. Continuamos situándonos en el mapa al contemplar la silueta del Palacio de la Cultura y la Ciencia, un regalo de Stalin en 1955 construido por trabajadores polacos. En la Plaza Piłsudski repasamos la historia de la reconstrucción tras la guerra y el homenaje a las mujeres picando piedra, pasamos por el Monumento al Soldado Desconocido en los únicos arcos supervivientes del Palacio Sajón, cruzamos los Jardines Sajones (Ogród Saska) y contemplamos el histórico Hotel Bristol y el Palacio Presidencial. Al llegar a la Plaza del Castillo admiramos la Columna de Segismundo III Vasa, nos adentramos en Stare Miasto por la calle Piwna, cruzamos la Barbacana y llegamos a la Ciudad Nueva (Nowe Miasto). El tour concluyó oficialmente en la calle Freta 16, frente a la casa natal de Maria Skłodowska-Curie (Marie Curie), pionera universal con dos Premios Nobel en distintas especialidades (Física en 1903 y Química en 1911) e impulsora de las ambulancias radiológicas Petites Curies durante la Primera Guerra Mundial.


Aunque el guía nos sugirió comer en Podwale 25 (un sitio tradicional muy familiar para compartir codillo y pierogi), tras terminar el tour caminamos hasta un restaurante que tenía fijado en mi wishlist: Wyraj (ubicado en ul. Krochmalna 59/U2).
Wyraj es un concepto gastronómico único centrado en la tradición ancestral pagana y la mitología eslava, donde Wyraj representa la tierra mítica a la que viajaban las almas, recuperando recetas antiguas y botánica tradicional traídas a la alta cocina.


Fue un verdadero festín gastronómico en el que comimos muchísimo, hasta el punto de que quedamos tan llenas que ya no quisimos cenar en todo el día. Mientras Sonia disfrutó de dos copas de vino blanco polaco como el fresco y frutal Winnica Turnau Solaris 2025, elaborado con uva Solaris y con notas de pera, manzana y miel . por mi parte pedí el vino blanco seco húngaro Zsirai Tokaj Unmarked Dry 2022, de marcado perfil mineral y acidez vibrante, pero antes probe un cóctel de autor que estaba exquisito: el Jastra. Era un trago súper refrescante y brillante preparado con ginebra infusionada con menta, agua tónica, sirope de flor de saúco y zumo de limón, decorado con un toque herbal de menta fresca.
En cuanto a la comida, cada una eligió sus propios platos .
Sonia se decantó por las setas silvestres con queso oscypek (Grzyby Kurki)y la sopa de remolacha (Botwina) .
Yo me decanté por el pan artesanal (Pajda Chleba) con su mantequilla verde aromática y me pedí el Botwina (Summer beet leaves), una propuesta bellísima inspirada en la cocina silvestre eslava elaborada con hojas jóvenes, remolacha horneadas en sal, acompañadas de queso de cabra con fenogreco, miel de pino, un fino puré de perejil y hiedra terrestre (kurdybanek), fresas, piñones/semillas de pino y una decoración de hierbas silvestres y flores de aliso de mar (smagliczka skalna)
De plato principal yo me pedí la trucha asada al fuego (Pstrąg), que venía acompañada de una colorida picada de tomate e hierbas, junto a unas lentejas con verduritas y una guarnición de algas salicornia salteadas.
Para rematar la experiencia en el restaurante, nos invitaron al famoso chupito con infusión y licor de rosas, una explosión de sabores sutiles e inolvidables.
Salimos de Wyraj felices y "piripis", meándonos de la risa. Caminamos hasta OBJEKT Gallery (en Ul. M. Kopernika 8/18/105C), una galería especializada en diseño coleccionable fundada por Aleksandra Krasny y Marcin Studniarek. Allí contemplamos la exposición Polecie (Waning Summer) de la artista polaca Basia Pruszyńska, quien trabaja con maderas de fresno, roble o haya combinadas con aluminio para crear esculturas e iluminaciones de aire folclórico que alcanzaban precios de hasta 7.200 €. Después fuimos a la tienda de minerales que llevábamos en la lista de deseos (curiosamente no tenían ámbar), y de compras por la zona ¡nos terminamos comprando un mismo anillo las dos, como recuerdo del viaje ¡

Entramos a curiosear la chocolatería famosa e.wedel, como ya nos dolían bastante los pies de tanto andar, acabamos la tarde en la coctelería El Koktel, un sitio con mucho encanto al que se entra llamando a un timbre en la puerta. Allí me pedí un Troublemaker, un cóctel seco y herbal a base de gin Fords, Earl Grey fermentado, bergamota, pera, lima y nuez moscada africana; mientras que Sonia eligió un Milf, una opción dulce y cremosa con botruical matuszka amaro, manzanilla, maracuyá, fresas silvestres y flor de saúco. Más tarde se unió mi antiguo jefe, Fran, que lleva dos años viviendo en Varsovia; estuvimos poniéndonos al día tranquilamente y, para rematar la noche, los tres cogimos un Bolt de vuelta al apartamento, ya que Fran vive por la zona del distrito financiero que es donde estamos alojadas.