Día 12 de enero de 2026
Como ya os dije en la anterior etapa los problemas nunca vienen solos. Había elegido la fecha del 12 de enero porque mi nieta (que vive con su madre en Zagreb) se iba el día 10 y así teníamos tiempo para acompañarla al aeropuerto y despedirnos debidamente de ella. Pues unos días antes hubo una tormenta de nieve en centro Europa y cerraron varios aeropuertos por lo que el vuelo de mi niña (viaja como menor no acompañada) se retrasó al mismo día 12, ella salía a las 12 de la mañana y nosotros a las 10, así que ni su padre ni sus abuelos podían hacerse cargo de ella hasta la salida de su vuelo (la criatura tenía entonces 7 años). A toda prisa hubo que ir a comisaría y conseguir un documento policial autorizando la salida de la niña acompañada por una de mis hermanas (afortunadamente tengo 3). Y así, con el alma en vilo, partimos los tres rezando porque todo saliera bien.
A lo importante, al viaje.
Viajamos con la compañía Etihad Airways con escala en Abu Dhabi y teníamos 1 hora y 40 minutos para hacer la conexión y llegada a Chennay a las 02,45, hora local. Salimos de Madrid con una temperatura de unos 7º y llegamos a Chennay con otra de más de 30º y con humedad.
Como ya os conté yo había solicitado la Asistencia en Barajas pero tienes que ir hasta el mostrador de Etihad por tus propios medios. Menos mal que yo, aunque coja, podía andar porque, en caso contrario, no me habría sido posible llegar hasta el mostrador. Ahora empiezo a ver cuantas dificultades tienen que afrontar los inválidos de verdad, la vida les es extremadamente difícil y cualquier acto sencillo se convierte en una muralla a asaltar.
Una vez llegados a los mostradores de Etihad no tuvimos que reclamar la ayuda pues uno de los azafatos que allí había se nos acercó presuroso y nos ofreció él mismo la asistencia. Nos llevaron hasta el mostrador vip para hacer el cheking mientras traían la silla de ruedas con el personal ad hoc. Aquí hago hincapié en la amabilidad y profesionalidad del personal de tierra de esta compañía en el aeropuerto de Barajas porque en Abu Dhabi la cosa fue muy diferente.
Desde el momento en que se hicieron cargo de mí todo fueron facilidades: atajos, ascensores, prioridad para el control de equipajes (se saltaron la cola por la cara), tanto para mí como para mis acompañantes, así que llegamos a la zona de embarque con mucha anticipación. Me aparcaron en la cafetería que me gustó y me dijeron que en cuanto abrieran el embarque volverían a por mí para llevarme hasta la misma puerta del avión. Y así lo hicieron, puntualísimos. Entramos los primeros por lo que no tuvimos ningún problema para guardar nuestro equipaje de mano. Y a mí me dieron un asiento junto al pasillo, muy bien pensado pues era el asiento con mayor facilidad para levantarse en caso de necesidad.
El vuelo entre Madrid y Abu Dhabi tenía una duración de 6 horas y 40 minutos, tiempo más que suficiente para aburrirse mortalmente. El avión era suficientemente cómodo con pantalla individual con lo típico: películas, juegos, música de varios estilos, publicidad turística de Emiratos y de la propia compañía. Las películas se ofrecían en muchos idiomas y, aunque no eran gran cosa, servían para pasar el rato.
Aproveché el viaje para repasar toda la información que había recopilado sobre los lugares a visitar gracias a que mi hijo es arqueólogo y tiene varios libros sobre arte hindú y, también, a la Wikipedia que ofrece información detallada sobre cada uno de los monumentos a visitar. Así, con los libros me enteré de las distintas épocas de los templos, sus características arquitectónicas, etc., mientras que la Wikipedia me informó sobre cada templo en particular: su historia, quién lo fundó, porqué es importante y su función en la actualidad. Las webs de cada templo me informaron sobre horarios, precios, etc. Me hice una especie de libro de viajes con la información que consideré mas importante y, naturalmente, resumida a mi estilo y esto fue lo que me llevé y estuve estudiando durante el viaje.
Durante el viaje nos ofrecieron un desayuno y una comida que estaba muy rica, comida de avión, pero muy buena.
Al llegar a Abbu Dhabi nos estaba esperando una señorita, con la correspondiente silla, justo a la salida del avión. Me llevó a una zona de “aparcamiento” de sillas con ocupante en donde tenías que esperar a que viniera otro empleado a coger tu silla y llevarte hasta la zona de embarque. Aquí empezamos a impacientarnos porque no había mucho tiempo entre vuelos y aquello no parecía correr en absoluto. Por fin llegó una señorita que se hizo cargo de mí y que corrió pasillo “adelante” porque el tiempo se nos echaba encima. Y, en mitad del camino, la llamaron por teléfono, me aparcó en un lateral y se puso a hablar con toda la parsimonia del mundo. Y allí nos dejó, asombrados y muy preocupados, diciendo que enseguida llegaría otra persona para llevarnos hasta el embarque. Yo tenia lo que no tengo en la mismísima garganta viendo que perdíamos el vuelo y, ¡por fin! llegó el relevo que corría pasillo adelante empujando la silla, con mis secuaces detrás echando el bofe. Yo creo que debieron llamar al control de pasaportes porque fue todo rapidísimo y conseguimos llegar ¡los últimos!, pero llegamos.
Bueno, tengo que decir que este aeropuerto es inmenso, los pasillos son eternos y se recorren kilómetros desde un punto a otro. Si se hace escala aquí hay que contar con las distancias y, también, con los controles de seguridad internos. Una escala de 1,40 horas, como la nuestra, es demasiado corta para este aeropuerto.
También me llamó la atención que todo el personal de tierra era foráneo, solo el personal de aduanas era de Abbu Dhabi. Luego me enteré de que en Emiratos los ciudadanos nativos no quieren trabajar y hay que ofrecerles unos salarios altísimos y unos horarios muy cortos para conseguir empleados nativos, nosotros conseguimos llegar porque nos colaron en el control de aduanas y, estoy segura, de que el avión nos esperó.
El avión de este segundo vuelo era mas pequeño que el anterior y las azafatas ya no hablaban español, por lo demás el servicio a bordo y el entretenimiento eran muy parecidos.
Al llegar al aeropuerto de Chennay no había nadie esperando a la puerta del avión y tuvimos que hacer el recorrido a pie, por nuestros medios. Menos mal que este aeropuerto tiene unas dimensiones normales y las distancias son menores. Al llegar al control de pasaportes había una fila enorme de personas en silla de ruedas esperando a ser atendidas, la cola de los autónomos era más larga pero había muchos más aduaneros, así que terminamos antes. De todas formas, las personas que necesiten si o si la asistencia, deben asegurarse de que la asistencia estará disponible en todas las escalas y, también en el punto final.
Afortunadamente todo el aeropuerto está muy bien señalizado y no tuvimos problemas para encontrar la salida. Akram nos llamó para confirmar que habíamos llegado bien e indicarnos donde encontrar a nuestro chofer que nos llevaría hasta Mahabalipuram (2 horas de viaje) donde haríamos la primera noche.

Aunque llegamos muy tarde al hotel, pasadas las 3 de la madrugada hora local, había personal en recepción en donde pudimos hacer el cheking sin problemas y nos llevaron hasta nuestras habitaciones que estaban muy bien, amplias y cómodas. ¡Ah! Y había ascensor.
Y con esto doy por terminada la etapa porque ya estamos cansados y nos vamos a dormir. Hasta mañana.