Como ya vimos en la etapa anterior, veníamos de Pondicherry hacia Tanjore y, por el camino, teníamos que visitar 3 templos, todos ellos declarados Patrimonio de la Humanidad. El primero de ellos, el templo Chidambaram Nataraja ya lo describí en la etapa anterior. Ahora vamos con el templo Gangaikondacholapuram.
Este templo es el único resto que queda de la antigua ciudad Gangaikonda Cholapuram, ciudad que fue fundada por el rey Rajendra I y, de la que hoy en día ya no queda más que una pequeña aldea y muchos restos arqueológicos sin desescavar.
El rey Rajendra I (allá por el año 1035) intentó superar a su padre construyendo esta ciudad y, sobre todo, este templo majestuoso, y lo hizo a principios del siglo XI para conmemorar su victoria sobre la dinastía Pala. El rey, una vez ganadas las batallas, exigió a los diferentes reinos que le trajeran ollas con agua del Ganges y vertió el agua en el estanque del templo y de ahí el nombre de Gangaikonda Cholan “el conquistador del Ganges”. También estableció su capital en esta ciudad que fue la capital de su reino durante 250 años.
Las excavaciones realizadas en la zona hablan de una ciudad fortificada con dos murallas levantadas con ladrillos cocidos y que tenían una anchura de dos metros y medio. También muestran que en la ciudad había otros templos y, lógicamente, un palacio del que se conservan algunos restos, diseminados, todos ellos, en un área de varios kilómetros alrededor del templo. Está claro que la ciudad fue totalmente destruida pero los historiadores no coinciden en las razones para esta destrucción y, sobre todo, ¿Por qué destruyeron la ciudad con todos sus templos y dejaron en pie éste en particular?

El templo se levanta en medio de una explanada cubierta de césped en la que hay familias enteras haciendo picnic y se ven muchas mujeres con sus hermosos saris. Todo muy colorido. Desde esta explanada se aprecia claramente la muralla exterior del templo y la puerta de acceso al recinto. Y, desde fuera, se atisba el enorme toro sagrado, Nandi, que no puede faltar en ningún templo shivaista pues, cuenta la leyenda, que Nandi era el vehículo en el que viajaban Shiva y Parvati. Normalmente se encuentra a Nandi a la entrada del templo y, siempre, mirando hacia el santuario principal. En algunos templos se le considera otro dios y, como tal se le trata, con ceremonias específicas para él.

Tras cruzar las puertas volvemos a encontrarnos con otra explanada cubierta de césped por la que pasean los visitantes. Nada más entrar hay un gran cartel con el plano del templo y los nombres de cada una de las salas que se pueden encontrar en el templo.

Este templo está bajo la administración de la autoridad arqueológica hindú por lo que no hay restricciones de entrada a zonas sagradas ni cierra de 12 a 15 como el resto de los templos.
Siendo, como es, uno de los monumentos más importantes del país, a los locales esto les importa un bledo y tocan las esculturas, se suben, se bajan y se encaraman a sus muros para hacerse la correspondiente foto de recuerdo.

El templo es famoso por sus esculturas en metal pero nosotros no pudimos verlas pues las originales están en los museos. Pero también es famoso por la calidad de los bajorrelieves que adornan todos los muros y, en particular, hay una de las pocas representaciones de Shiva como Shiva-Parvati, mitad hombre, mitad mujer.

Y, ya ahítos de templos, cansados y hambrientos, decidimos buscar un sitio para comer. En su planing, el conductor, tenía indicado un restaurante “decente” para comer, pero, cuando llegamos, estaba lleno a rebosar con un montón de gente esperando a sentarse. Y el método para conseguir mesa consistía en echar a correr cuando veías que alguien se levantaba y rezar para llegar antes que los otros buitres que rondaban por el establecimiento. Visto lo visto, me negué a participar en esa lucha suicida por una mesa y nos fuimos, muchos más hambrientos, a buscar un restaurante por esos mundos de Dios.
Y como el hambre apremia y tampoco hay mucho para elegir pues nos paramos en el primer restaurante de carretera que encontramos, de esos de los que yo juré que jamás entraría
. Y tenían lavamanos y servicios. Vamos, que no era un lugar infecto como yo creía. Y la comida estaba buenísima, picante, pero buenísima. Y nos gastamos la ridícula cantidad de 800 rupias por comer los tres
, incluida la bebida (cerveza no, que eran musulmanes). Y, como recuerdo, me guardé el ticke y el lugar se llamaba “Al Ayaz, Restaurant” y estaba en el pueblo de Kumbakonam.
Y ya, saciado el hambre, nos encaminamos hacia nuestra siguiente parada y el último de los templos a visitar este día.
commons.wikimedia.org/ ...ram_Temple
hindumandiryatra.com/ ...cholapuram
También vimos un pavo real y numerosos grupos de ciervos.
Fue poco antes de entrar en la Reserva de Bandipur (Karnataka), en la que tambien...