Nos levantamos en Zakopane y nos fuimos directas al comedor para disfrutar del completo desayuno buffet que teníamos incluido en el hotel. Nos vestimos a conciencia para la jornada de montaña: mallas técnicas, calzado de trekking, forro polar, chaqueta de plumas y la mochila cargada con frutos secos como picoteo y dos botellas de agua.
Como nuestro alojamiento no está en pleno centro, a las 8:30 a.m. cogimos el autobús urbano (6 PLN por persona) que nos dejó cerca de la terminal central de autobuses (Dworzec Autobusowy Zakopane). Aunque el bus no te deja en la misma puerta, solo tuvimos que cruzar la calle a pie durante un par de minutos.
Al llegar a las dársenas de donde salen los minibuses hacia Palenica Białczańska (acceso a Morskie Oko), son fáciles de identificar a mano izquierda con un cartel que pone Morskie Oko) nos subimos al de las 9:05 a.m. como no vemos la máquina al entrar para el ticket preguntamos y nos dice que solo acepta efectivo , lo bueno es que según se van llenando van saliendo y eso es continuo cada 5 min sale uno.
Con la prisa habíamos salido sin las carteras físicas y solo llevábamos los móviles. Intentamos sacar dinero contactless con Revolut en un cajero cercano y no hubo manera, por lo que tuve que vincular a toda prisa la tarjeta física en la app para lograr retirar efectivo. Nos clavaron 5 € de comisión por la extracción, pero pudimos sacar 100 PLN (suficientes para cubrir los 60 PLN de la ida y vuelta de las dos).
En estos vehículos la dinámica es la siguiente: entras, te sientas y el conductor te cobra en efectivo al bajarte en el destino (15 PLN por persona y trayecto).

Logramos salir en otro autobús a las 9:30 a.m. y ahí comenzó la auténtica odisea. Si alguien cree que ir a la montaña es sinónimo de paz y naturaleza en estado puro, que no pise esta zona en fin de semana. El problema de los Tatras polacos es la masificación extrema y agobiante. Es una franja de montaña muy reducida concentrando a una marea humana descomunal: coches apelotonados, aparcamientos colapsados (Palenica Białczańska y Łysa Polana) y vehículos aparcados masivamente en los arcenes kilómetros antes de la entrada. Nos pillamos tal atasco que la última parte del trayecto se convirtió en una pesadilla a paso de tortuga: tardamos más de una hora de autobús para recorrer apenas 20 kilómetros, llegando a la entrada a las 10:46 a.m., momento en que pagamos en efectivo al conductor antes de bajar.
Aquello no parecía un parque nacional; parecía una romería descontrolada o una manifestación multitudinaria. Un hervidero incómodo donde resulta imposible desconectar. Para colmo, la entrada al Parque Nacional de los Tatras (TPN) cuesta 11 PLN por persona y la cola física en taquilla era interminable (fácilmente entre 30 y 45 minutos de espera al sol). Por suerte, en la entrada vimos unos carteles con códigos QR: uno para conectarse al Wi-Fi gratis (Darmowy Wi-Fi) allí no tienes 4G y otro con enlace directo a la web oficial del parque (tpn.gov.pl). A las 10:54 a.m. compramos los pases online en el móvil y nos saltamos la cola larga para comprarlos, y nos colamos en la de móvil con QR, aunque nuestros planes de empezar temprano quedaron totalmente desmantelados.
El recorrido principal sube por una carretera asfaltada por la que caminan fácilmente 5.000 o 6.000 personas a la vez. Es un reguero continuo de gente donde no hay espacio para el silencio. En el trayecto hay baños portátiles de obra cada 30 minutos, pero en la primera parada oficial de descanso hay un bar de pago solo en efectivo , vosotros tranquilos tienen un ATM a la entrada del bar, con baños limpios de pago (5 PLN) con acceso por torno; aconsejo pagarlos sin dudarlo porque los portátiles están en un estado lamentable.
Para quienes buscan transporte, existen dos opciones que exigen reserva previa con mucha antelación por la web oficial:
Carruajes de Caballos / e-Busy: Carruajes que suben hasta la pradera de Włosienica (a 1,5 km del lago) por 30 PLN por sentido. Solo aceptan efectivo.
Minibuses Eléctricos del Parque: Vehículos ecológicos que trasladan a visitantes autorizados. Por supuesto, para el día de hoy estaban completamente agotadas.

Pusimos rumbo hacia arriba a paso de tortuga, encajonadas entre la multitud. Pasamos por la caseta de información a las 11:30 a.m. y alcanzamos la orilla de Morskie Oko (1.395 m s.n.m.) a las 13:10 p.m. Nos sentamos en un lateral donde pudimos estar con un par de parejas más, alejándonos de la multitud,a comer unos frutos secos, aunque la masificación alrededor de la cuna del lago le resta gran parte de la magia.

A las 14:00 p.m. decidimos emprender la subida hacia el lago superior: Czarny Staw pod Rysami (1.583 m s.n.m.). Bordear Morskie Oko para llegar a la base de la canal fue desquiciante: avanzábamos en una fila india sofocante donde la gente caminaba en dirección contraria atropelladamente, impidiendo llevar un ritmo fluido.
Aunque el panel marca 25 minutos de subida, a nosotras nos llevó bastante más tiempo. Es un ascenso muy empinado y exigente, compuesto por escalones de piedra donde hay que ir sorteando el flujo constante de gente. A las 14:46 p.m. coronamos la cuenca de Czarny Staw pod Rysami. Las vistas desde la parte superior sobre el Morskie Oko encajonado entre picos son verdaderamente fantásticas y salvan la jornada.

Estuvimos arriba disfrutando del panorama hasta las 15:30 p.m. Sabiendo que a las 18:30 p.m. anochece por completo, descartamos emprender la ruta azul hacia el Valle de los Cinco Lagos (Dolina Pięciu Stawów Polskich) e iniciamos el descenso. La bajada de los escalones nos llevó más de media hora, alcanzando la orilla inferior a las 15:45 p.m.

Desde allí apretamos el paso para cubrir los 8 kilómetros de pista asfaltada antes de que cayera la noche. Abandonamos el recinto a las 17:30 p.m., habiendo completado nada menos que 6 horas y media de caminata acumulada. La explanada de salida era un hervidero de minibuses listos para salir; abonamos los 15 PLN en efectivo al bajar del bus e iniciamos el regreso a Zakopane.
Llegamos a la terminal de Zakopane completamente agotadas y cogimos el autobús urbano de vuelta al hotel (6 PLN). Dedicamos lo que quedaba de tarde a refugiarnos en el spa del alojamiento, sumergiéndonos en el jacuzzi, los circuitos de agua e hidromasaje y las saunas para intentar recuperar el cuerpo tras la paliza física y el estrés de la masificación de hoy.