Nos levantamos en Zakopane y, como ya era costumbre, disfrutamos del súper desayuno del hotel para salir bien alimentadas. Como nos volvemos mañana, me gusta ir siempre con tiempo de sobra por si surge cualquier imprevisto. Hicimos las maletas y a las 9:20 h cogimos el autobús urbano hacia la estación central. Teníamos los billetes de FlixBus comprados para las 9:50 h, con llegada prevista a Cracovia a las 11:50 h.
Al llegar a la estación de Cracovia, cogimos un tranvía directo hacia nuestro nuevo alojamiento, el Yarden Hotel. Fue un acierto total: el tranvía te deja a pie de puerta, el espacio cuenta con un bonito jardín interior y dispone de recepción 24 h (algo clave para dejar las maletas tras el check-out del último día). Aunque llegamos temprano, sobre las 12:30 h, tuvimos la suerte de que ya tenían la habitación lista en la cuarta planta. Subimos en ascensor a soltar todo el equipaje y nos encontramos con un detalle de cortesía adorable sobre la cama: los tradicionales caramelos de toffee polacos (krówki).

Dejamos todos los bártulos y salimos a patear. Hoy lunes la entrada a la Fábrica de Oskar Schindler era gratuita, así que cogimos un tranvía y llegamos a la puerta sobre las 13:15 h. La escena al llegar lo decía todo: un montón de gente apilada en la entrada y un cartel bien grande anunciando que las entradas del día estaban completamente agotadas.
Tip viajero Visita a la Fábrica de Schindler los lunes
Entradas gratuitas Aunque la entrada sea gratuita los lunes, hay aforo limitado. Es imprescindible madrugar mucho.
Horario reducido Los días de acceso gratuito suelen operar en un horario más corto (habitualmente de 10:00 a 15:00 h).
Con el plan principal fallido, recalculamos ruta y fuimos caminando hacia la Sinagoga Vieja (Stara Synagoga) en el barrio de Kazimierz, que también tenía acceso gratuito los lunes (ya la teníamos ubicada porque nuestro free tour del primer día había empezado justo ahí).
Tras la visita, pusimos rumbo al Old Town. Sonia empezó a apretar con el hambre y propuso comer en un restaurante tradicional polaco ( primera vez en todo el viaje, tenía que aprovechar la ocasión ). Nos habían hablado muchísimo de los históricos bares de leche (Bar Mleczny), comedores de la época comunista que servían comida casera a precios populares subsidized por el Estado. Vimos lleno hasta arriba el Bar Mleczny "Pod Temidą" (en la calle Grodzka 43), famoso por ser el último y único bar de leche histórico que resiste en pleno corazón del Casco Antiguo conservando su estética retro.


Paramos a comer allí con altas expectativas, pero terminó siendo la peor experiencia gastronómica de todo el viaje por Polonia: comida totalmente insípida y sin sustancia. Pedimos pierogi (sin duda los peores que probé en todo el país) y un filete empanado (schabowy) que, aunque pasable, no salvó la papeleta. Una pena de sitio, no repetiría ni lo recomendaría a pesar de su fama.

Para quitarnos el mal sabor de boca, continuamos paseando sin rumbo por el centro histórico, entrando en los rincones que nos llamaban la atención. Sobre las 17:30 h, ya cansadas de caminar, fuimos a tomar un vino a NOTO Wine & More.
Pedimos dos copas de vinos blancos polacos excepcionales: un Sauvitage de la bodega Winnica Warto (13,5% vol.) y un Halka semiseco de la bodega Winnica L'Opera (2025, 12,5% vol.). Estaban riquísimos.

En la mesa de al lado coincidimos con un estadounidense que chapurreaba algo de español y un ucraniano. Tuvimos una charla súper curiosa combinando inglés y español (Sonia no habla inglés y el ucraniano no hablaba español, así que íbamos haciendo de puente).
Lo más fascinante de la tarde fue cuando el estadounidense nos explicó por qué hay tanta conexión espiritual con la India en la ciudad y el motivo de que abunden las tiendas de misticismo vendiendo piedras shiva: la Leyenda del Chakra de Wawel.
La Leyenda de las Siete Piedras de Shiva[b]
Según esta corriente mística y esotérica popularizada en el siglo XX (impulsada por la teósofa polaca Wanda Dynowska tras sus viajes a la India), el dios hindú Shiva arrojó siete piedras mágicas a distintos puntos cardinales del planeta para proteger la Tierra y dotarla de energía divina, correspondiendo cada una a uno de los siete chakras de la Tierra.
Una de esas siete piedras sagradas habría caído exactamente en la colina de Wawel (debajo de las ruinas de la antigua capilla de San Gereón en el Castillo de Wawel). Las otras seis se ubican tradicionalmente en Delhi, La Meca, Roma, Delfos, Jerusalén y la Gran Pirámide de Giza. De ahí que durante décadas miles de peregrinos y curiosos hayan acudido al patio del castillo a apoyarse contra la pared del ala oeste para absorber la radiación energética y sanadora que emana de la piedra enterrada.
Tenía fichada otra coctelería para rematar la tarde, pero nos la encontramos cerrada: en Cracovia los lunes cierran muchísimos locales. Sobre las 19:00 h recogimos las cosas, dimos por concluida la jornada y pusimos rumbo al hotel a descansar tranquilamente.