Un día completo de viaje, cogiendo el tren en Ourense a las 6:58 con destino a Madrid, con el miedo en el cuerpo por si se quedaba por el camino y nadie se hacía responsable. Pero lo cierto es que llegó antes de la hora a Chamartín. Allí, por supuesto, había cambiado todo de sitio otra vez y había desaparecido nuestro bar favorito, el Navelgas, un disgusto terrible
Visto que no queda nada allí salvo los típicos bares donde coges tú las cosas con una bandeja, salimos de allí para buscar otro sitio donde desayunar y encontramos la Cervecería Pepe, a tope de gente, pero bastante correcto de precio.
Luego cogemos el cercanías con el billete de tren y, desde la T4, el bus que nos lleva a la T1. En total, unos 20 minutos. Tengo que comentar en primer lugar que este viaje fue un paquete que compramos a Iberojet de vuelo + hotel, los típicos 8 días. Yo no quería irme tanto tiempo este verano por el trabajo, y quería facilitar las cosas al máximo para evitar los roces del viaje del año anterior, sin éxito al final. Aunque iba casi todo pagado con el paquete, dejo el tema de presupuesto, que lo tengo calculado con bastante exactitud, para el final, por si a alguien pudiese interesarle.
Llegamos al mostrador de Iberojet, no había casi nadie así que facturamos en seguida. También pasamos el control muy rápido. Tampoco esperamos mucho en la puerta, embarcamos y despegamos más que puntuales. Yo había cogido un asiento con extra de espacio, de los cuales no hay muchos con la compañía WAMOS AIR. El avión es nuevo, pero el espacio muy escaso. Teníamos mucha hambre y fue la peor experiencia con la comida de todas las compañías low cost, y eso que yo no soy muy exquisita. Dan lo justo y necesario. Cobran los auriculares también y entretenimiento no hay mucho. Solo dan una manta y hacía un frío de muerte. Salía el vuelo a las 15:30 y hasta las 18:00 no nos dieron la comida, que no es gran cosa. Solo ofrecen café solo o té negro. Quizás en Iberojet conviene ver la opción Turista+ y las otras que tienen, porque creo que no suben mucho de precio y un vuelo tan largo es una tortura. A mí se me hizo eterno, más que el de Miami que ya fue eterno. Se empeñan en apagar las luces y mandar a la gente a dormir, y nos dan de comer otra vez a una hora más o menos de aterrizar. Una bebida y dos palmeritas.


Aterrizamos en hora o incluso antes, el control de pasaportes y la maleta facturada fueron rápido y salimos para coger el bus para Playacar, que también se incluye en el paquete (Travelplan). Hay una hora aproximadamente hasta el hotel, y la guía nos va explicando cosas y dándonos consejos para estos días. Nos van dejando por distintos hoteles, pero llegamos rápido. En el RIU Playacar nos reciben con una bebida, hacemos el check-in rápido y vamos a cenar en el bufé, que tiene muy buena pinta y hay muchísima variedad. Llegamos por los pelos a cenar allí, y nos acostamos a las 23:00 de allá agotadas.

