Me acerco a las inmediaciones de la Jesuitenplatz y se oye un ambiente como de verbena. La realidad es que parece que se está celebrando el convite de una boda porque hay un "just married" por allí, mesas con copas de champán, bandejas de catering y gente muy arreglada. Lo que me parece raro es que permitan una celebración en plena vía pública pero... Puesto que en esta plaza se encuentra el Ayuntamiento de Coblenza tiene pinta de tratarse de una boda civil pero que usen la plaza para celebrarlo...

Como parece que los contrayentes van a salir del edificio me echo a un lado y me espero. La gracia de viajar no sólo está en ver paisajes o visitar piedras sino que también es una buena oportunidad de empaparse de los usos y costumbres de allá donde uno esté y ésta es una buena oportunidad de contemplar cómo se desarrolla una parte de las bodas alemanas. Pues bien, los invitados se apostan en la entrada haciendo pasillo y sacan unos banderines, guirnaldas y adornos varios y cuando salen los novios se ponen a gritar y a agitarlos mientras estos recorren el pasillo. Durante el mismo varios invitados sacan una especie de pistolas y me temo lo peor, en plan Kill Bill. Pero no, de las mismas brotan pompas de jabón que inundan todo el grupo y le dan un punto diferente.
Llevo apartado del circuito BBC (bodas, bautizos y comuniones) hace ya unos años y desconozco lo que se estila ahora en estas celebraciones, sobre todo bodas, pero el uso de pompas de jabón en vez del arroz tradicional, el confeti o los pétalos de rosas me parece una idea sublime y muy acorde con una mentalidad germana: ni se ensucia el suelo, ni hay que recogerlo. Muy práctico. No sé si aquí en nuestro país se usa, que me supongo que también, pero si no lo fuera ahí dejo la idea. La verdad es que queda muy vistoso el despliegue de las pompas.
Tras esta muestra etnológica paseo la mirada por la plaza. La Jesuitenplatz debe su nombre debido a que los edificios que en ella se encuentran y que hoy conforman el Ayuntamiento de la ciudad fueron un convento y un colegio de la orden de los Jesuitas. En el centro de la plaza se levanta un memorial al psicólogo Johannes Müller. En un extremo se ubica la antigua iglesia de los jesuitas construida a principios del siglo XVII destacando su rosetón y su torre con campanillas.
Antes de abandonar la plaza vuelvo a la zona de la boda por si el sarao continúa pero no hay nada llamativo, ni baile, ni lanzamiento de ramo ni nada. ¡Pues me marcho, ale…!
Tras un soportal desde la plaza se accede a uno de los emblemas de Coblenza: la fuente Schängelbrunnen ubicada en la Willi-Hörter-Platz.

El nombre de la fuente hace referencia tanto a un tiempo en el que gran parte de los niños de Coblenza se llamaban Jean y el dialecto de la ciudad lo convirtió en Schang y más adelante en Schängel como que el niño que decora lo alto de la fuente a intervalos escupe agua. Esta fuente es tan popular que hasta las alcantarillas del centro histórico están decoradas con la imagen.
Decir que la cadencia del chorro de agua es frecuente por lo que si te pierdes uno en un par de minutos tienes el siguiente. Es una experiencia curiosa.
Al hilo de esto toca digresión acerca del contenido que se suele hacer de según qué sitios turísticos por parte de guías de viaje y creadores de contenido en redes y que es la exaltación de lo obvio para darle un caché, relevancia o publicidad dudosos. En este caso concreto, da igual donde uno se documente, la alusión a la fuente viene casi siempre a ser en parecidos términos, mitificando la experiencia:
. Te doy un Tip, es un secreto, puedes ver algo que poca gente conoce y expresiones de este tipo.
. Ten cuidado porque te puedes ver empapado sin que te des cuenta, te puedes llevar una ducha de improviso mientras paseas o frases de parecido jaez.
Cazadores de mitos:
- A ver, seamos realistas, secreto no es porque todo Cristo conoce la existencia de esta fuente y es que su figura está hasta en las tapas de las alcantarillas de la ciudad.
- Tampoco te puedes ver sorprendido por el chorro de agua por varios motivos: la fuente está en un extremo de la plaza por lo que hay que ir ex profeso a verla. Además delante de la fuente hay un charco gigantesco nacido de los sucesivos chorros por lo que ya sabes donde no ponerte para que no te llegue el agua. Y, por último, delante de la fuente hay gente continuamente esperando a echar la foto por lo que hay que estar muy ciego para no darse cuenta de lo que hay.
Por tanto, mi conclusión es que todos estos mega consejos la mar de chachis hay que ponerlos en barbecho para luego no llevarse un chasco cuando uno se enfrente a la realidad. Ya sabéis, “lo que te enseñan y lo que llega por Aliexpress”.
Dejo digresión y sigo camino hasta la siguiente parada del viaje, la plaza Görresplatz y lo que hay en la misma, la Columna de la Historia.
La Historiensäule (la Columna de la Historia) mide diez metros de altura y está instalada en el centro de una fuente, sobre una barca con remeros. El agua de la fuente brota de formas que representan al Padre Rin y a la Madre Mosela, así como de los caños de los barriles de la barca.

Esta columna fue un regalo del estado de Renania-Palatinado a la ciudad en el año 1992, con motivo de del 2000 aniversario de Coblenza. En ella hay diez escenas tridimensionales que relatan la historia de la ciudad a través de diferentes niveles y esculturas. De arriba a abajo se representa:
. Actualidad - Una ciudad orientada hacia el futuro.
. Segunda Guerra Mundial - Destrucción en 1944.
. Siglos XIX y XX - Imperio prusiano.
. Alrededor de 1800 - Revolución francesa.
. Siglos XVII y XVIII - Guerra de los Treinta años y la caza de brujas.
. Siglos del XIII al XVI - Prosperidad de la ciudad.
. Siglos XII y XIII - Las Cruzadas y la venta de esclavos.
. Siglos del X al XII - Transición de ser una parte de Francia a pertenecer al Electorado de Tréveris.
. Siglos del VI al IX - Tierras de la corona.
. Siglos del I al V - Fundación por los romanos.
Al igual que ayer con la fuente de carnaval es una gozada ver la cantidad de matices que presenta la columna. Junto a la instalación hay un panel informativo que ilustra cada detalle de la columna lo cual ayuda a entender lo que se muestra.
Estoy un buen rato rodeando la fuente y observando cada anillo histórico del monumento. Muy destacable.
Sigo camino hasta la Basílica de San Castor (Kastorkirche), el próximo punto de visita, situada en Kastorhof, 4 .
La Basílica de San Castor es la iglesia más antigua que se conserva en Coblenza, consagrada en 836. En este edificio religioso románico tuvo lugar en 842 la negociación de los hijos del emperador Ludovico el Piadoso, que al año siguiente condujo a la división del Imperio Franco en el Tratado de Verdún. El edificio en su forma actual data principalmente de mediados del siglo XII y alberga varias reliquias importantes, incluidas las de San Castor o el relicario de Santa Rizza, hija del mencionado emperador Ludovico. El interior de la basílica, con bóvedas góticas y columnas románicas, está adornado con frescos. Abierta de 9:00 a 18:00 en temporada alta y entrada gratuita.

Cuando accedo al interior se da la circunstancia de que un organista está interpretando temas variados en el órgano de la iglesia. Como estas pequeñas oportunidades hay que aprovecharlas me siento un rato en la bancada del edificio y disfruto del improvisado concierto. Luego recorro las capillas y admiro la crucería de la bóveda, muy destacable.
Abandono el lugar y delante de la iglesia hay una columna que tiene su propia historia relacionada con Napoleón Bonaparte y que también es uno de los tips secretos, un must-see, la reoca, de la visita a esta ciudad.
En la plaza que hay frente a la Basílica se encuentra la fuente Kastorbrunnen, que hace el punto de unión de esta ciudad con Napoleón Bonaparte. En 1812 el prefecto francés de Coblenza la hizo construir e hizo grabar una inscripción celebrando la victoria de Napoleón en Rusia:
An MDCCCXII / Mémorable par la campagne contre les Russes / sous le Prefectura de Jules Doazan.
(Año 1812 / En memoria a la campaña contra los rusos / bajo la prefectura de Jules Doazan).
Como es bien conocido la campaña rusa fue un auténtico desastre para Napoleón y, de hecho, cuando el ejército ruso que formaba parte de la Sexta Coalición (Austria, Prusia y Rusia) llegó a Coblenza en 1814, el general al mando, con mucha retranca, mantuvo la inscripción y añadió debajo:
Vu et approuvé par nous Commandant / Russe de la ville de Coblentz / le 1er janvier 1814.
(Visto y aprobado por nosotros, comandante ruso de la ciudad de Coblenza, 1 de enero de 1814)
Historias de la Historia....
A continuación me dirijo a la orilla del Mosela para llegar al rincón alemán pero antes decido parar a comer y también para descansar porque no he parado desde primera hora de la mañana y ya llevo una buena caminata. Como dicen por aquí “Ohne Fleiß kein Preis” (sin dolor, no hay ganancia). Para ello, me busco un banco con vistas al río y procedo a degustar unos sándwiches y unas galletas regado con el brebaje/refresco que venden por aquí mezcla de cola y naranja (Spezi, Mezzo mix, Schwip-Schwap o como lo llamen) y cuyo sabor no pasará a la Historia ni se reflejará algún día en la Historiensäule.
La agenda está muy apretada y he decidido saltarme una comida tradicional por algo más rápido y sencillo con el de disponer de más tiempo para visitar la ciudad. Mientras contemplo el espectáculo de la desembocadura me acompañan los armónicos compases de un acordeón provenientes de un artista callejero que ameniza el pasear de los que visitan el Deutsches Eck.
Siempre que escucho las notas que arranca ese fuelle mágico me vienen a la mente dos circunstancias:
- Existe un compendio patrio de cuentos y relatos que supongo que los que coleccionan más días en el almanaque recordarán: los Cuentos de Calleja. Esos libritos cuadrados de tapas azules reunían adaptaciones de cuentos populares y en uno de ellos, cuyo nombre no acabo de visualizar se relataba la pequeña historia de un joven acordeonista (¿o violinista?, no sabría decir) que ofrecía su arte en la calle por unas monedas. No recuerdo demasiado del argumento, por desgracia, pero sí el poso de tristeza y ternura de aquel artista anónimo que con las manos ateridas de frío intentaba tocar de la mejor manera posible en esas condiciones para llevar el sustento a casa cada jornada. Si tú, apreciado lector, recuerdas este cuento te agradecería que en los comentarios me pudieras confirmar el título y algo más del argumento con el fin de reconstruir el relato, que ya está demasiado difuso en mi memoria.
- Mi abuelo materno tenía muchas aficiones como construirnos a los nietos aviones de caña que giraban con el viento y que hacían nuestras delicias todos los veranos. Pero todos lo recordamos porque tocaba el acordeón en los eventos familiares y formaba parte de la rondalla del Hogar del Pensionista del barrio.

Y recuerda uno con añoranza pero con una sonrisa en los labios aquellos días en que su música amenizaba la chocolatada, el juego de las sillas o un cumpleaños cualquiera. Quiso que alguno de los nietos siguiéramos sus pasos pero me temo que ninguno dimos el perfil y ahí se ha quedado el instrumento, huérfano, pero testigo de tantos momentos gozosos. Por eso, cuando suena un acordeón es inevitable acordarse de él.
Con estos pensamientos transcurre la frugal comida. Toca reanudar las visitas y el periplo por Coblenza por lo que recorriendo la orilla del Mosela llego al punto conocido como el Deutsches Eck.
El Deutsches Eck o Rincón Alemán es el lugar donde el río Mosela desemboca en el Rin. Incluso es posible apreciar claramente el punto exacto donde se juntan el Rin y el Mosela, pues los colores del agua son algo diferentes.

Al viejo Rin el tiempo no domina,
fluyendo va por tierras de Alemania,
cantando con su voz de larga insania,
la antigua paz que el hondo valle inclina.
Bajo el castillo gris que se desinclina
mirando al agua clara y tan románica,
su curso avanza en ruta no tiránica,
mientras la noche al día se avecina.
¡Oh, noble padre de la roca alta,
que guardas el cantar de la Lorelei!
tu verde espejo de la historia salta.
Navegan leyendas como un noble virrey,
y el eco de tu voz jamás nos falta,
marcando al viejo Rin su propia ley.
Este lugar tiene su predicamento porque hay bastante gente por las inmediaciones paseando, admirando el entorno, asomándose a las barandillas o calmando el hambre en los brauhaus de los alrededores. Me uno al paseo, como no podía ser de otro modo.
Y la aventura por Coblenza continúa y ello será contado en el próximo y elevado episodio.