El Rincón Alemán no sólo alberga el encuentro entre los dos ríos sino que incluye una enorme escultura homenaje al emperador Guillermo I, inaugurada en 1897 en presencia de su nieto, el Kaiser Guillermo II. Fue destruida durante la Segunda Guerra Mundial y no fue hasta 1993 cuando se volvió a levantar el monumento. Alrededor de la estatua se ubicó el “Memorial de la Unidad Alemana” en forma de semicírculo donde se pueden ver los escudos de todos los estados alemanes. En un extremo hay dos filas de banderas, entre las que se encuentran tanto las alemanas de cada estado federal como la de la Unión Europea y la de los EEUU, con una placa en su base que recuerda a las víctimas del 11-S.

El pedestal de la estatua del Kaiser tiene un mirador que abarca las dos partes de la “L”. Por un lado, la confluencia del Mosela y, por otro, la llegada del Rin. Al fondo la fortaleza de Ehrenbreitstein, que visitaré luego.
Deambulo por el memorial descubriendo los escudos de los Länder alemanes, contemplando la ciclópea estatua y ascendiendo al mirador desde el cual se alcanzan nuevas perspectivas. El incesante paso de las cabinas del teleférico que lleva a la fortaleza me hace ya pensar en que es un buen momento para hacer la ascensión y para allá que me encamino.
[El Seilbahn es el teleférico que cruza el Rin para llevar a los visitantes hasta la Fortaleza de Ehrenbreitstein. El trayecto, de 800 m, se cubre en unos 3 minutos y permite disfrutar de unas buenas vistas sobre el río desde sus asientos panorámicos. Cada cabina tiene capacidad máxima de 35 pasajeros y van pasando de manera continua tanto en el punto de salida como el de llegada por lo que no hay que esperar prácticamente nada. El precio para adultos de la ida y vuelta es de 15,50 euros y el de un viaje en un solo sentido es de 12 euros (7 y 6 euros, respectivamente para niños). El horario en esta época es de 10:00 a 19:00. Más información: www.seilbahn-koblenz.de/ ...epage.html.
Puesto que la entrada a la fortaleza cuesta 10 y 4 euros, respectivamente, existe un billete combinado que engloba ambas cosas que cuyo coste es de 21,90 y 8,90 euros y que resulta más eficiente el comprar porque, en mi caso, me ahorro 3,60 euros por la fortaleza.
Las taquillas del teleférico están muy cerca del Rincón Alemán y no tienen mucha pérdida porque es seguir el discurrir de las cabinas de bajada que se ven a la legua. Adquiero el billete combinado, accedo a la sala de cabina y me preparo para sobrevolar el río Rin.

El teleférico despega y empieza a coger ritmo para empezar a cruzar el Rin. No vamos a reacción pero la sensación de despegue es similar.
Hablando de aviones a reacción y mientras cogemos altura es un buen momento para hablar de alguien nacido en esta ciudad de Coblenza. Me refiero a Thomas Anders, cantante, compositor y productor mundialmente famoso por haber sido la voz principal del mítico dúo pop de los años 80 Modern Talking.
Modern Talking fue un dúo alemán de música synth-pop integrado por el cantante Thomas Anders y el productor Dieter Bohlen. Se le considera, por número de ventas, el segundo grupo más exitoso en Alemania, acreditando más de 120 millones de discos vendidos, después de los rockeros Scorpions.
¡Cómo no recordar temas como You're My Heart, You're My Soul, Brother Louie, Cheri Cheri Lady, Geronimo's Cadillac o Jet Airliner, junto con el que pongo a continuación, también excepcional:
¡Qué tiempos aquéllos de los mediados/finales de los 80 con los éxitos de C.C Catch, Fancy, Radiorama o Sandra, entre otros!.
La cabina va cogiendo altura y la visión coge una perspectiva general de ambos lados del Rin, el Mosela, la ciudad de Coblenza, mientras la fortaleza se va acercando. En la cabina sólo estamos tres personas, estamos en silencio y ello posibilita que no haya distracciones a la hora de empaparse de todos y cada uno de los detalles que da tiempo a captar.
Lentamente llegamos al final del trayecto, que ha sido rápido pero también pausado. A la salida del teléferico, a mano izquierda a unos cinco minutos andando, se encuentra el Rhein-Mosel-Blick, una plataforma mirador desde la que se puede admirar el Deutsches Eck y lo que dé el ojo de sí desde las alturas y desde el otro lado del río. La teoría es buena pero la práctica no y me explico. En su día la idea sería magnífica pero la madre Naturaleza sigue su curso y, claro, en estos momentos el Rin y el Rincón Alemán están ya tapados por la maleza y se ve a duras penas por lo que este mirador ha perdido su razón de ser hasta que no poden todo lo que obstaculice la visión, que es bastante ahora mismo. Porque está al lado del teleférico y no se tarda nada en ir y volver sino hubiera sido un viaje en balde.
Toca dirigirse al siguiente punto de interés la Fortaleza de Ehrenbreitstein.
Este complejo, que se alza a 118 metros sobre el Rin es la segunda fortaleza más grande construida en Europa, superada solamente por la de Gibraltar. La actual construcción data del siglo XIX, siendo la única fortaleza prusiana que se conserva de ese siglo. Sus orígenes se remontan al siglo XI, cuando Konradiner Ehrenbert la hizo construir y la dio nombre. Unas décadas después, pasó a ser propiedad de los arzobispos de Trier (Tréveris). Cada uno de los nuevos arzobispos que pasaban por el complejo lo iban ampliando. Fue sobre todo durante la Guerra de los Treinta Años cuando esta gran fortaleza fue objeto de un mayor número de modificaciones y ampliaciones. A principios del siglo XIX, los franceses volaron el fuerte. Algunos años más tarde, cuando los territorios de Renania pasaron a formar parte de Prusia, el Kaiser Federico Guillermo III mandó reconstruir el antiguo fuerte hasta convertirlo en una de las fortalezas más imponentes y grandes de Europa. En su interior se encuentra el Museo Estatal de Koblenz, con exposiciones repartidas por varias salas que se centran en la arqueología, la viticultura o la fotografía. Su horario en esta época del año es de lunes a domingo de 10:00 a 18:00. Más información en tor-zum-welterbe.de/ ...n-fortress.
Tras pasar por los tornos de entrada te recibe una marcha militar y se accede al patio principal del complejo desde el cual se van ramificando las diferentes zonas de visita de la instalación. Lo primero que tengo que decir es que existe una falta de información palpable acerca de donde dirigirse, qué ver o dónde se está. Aparte de un mapa en la terraza principal no hay nada que permita guiar al visitante por lo que toca ir a bulto descubriendo entradas, puertas y demás.

Se supone que los puntos visitables de la fortaleza, amén de la propia instalación, son los siguientes:
. Los «Hitos de la historia de la fortaleza», justo al lado de la entrada principal, que ofrecen un viaje interactivo a través de la historia de la fortaleza.
.«5.000 años de Ehrenbreitstein», que alberga los puntos más alto y más bajo de la fortaleza: su plataforma central ofrece vistas panorámicas y en las profundidades subterráneas se encuentra una exposición multimedia sobre «3.000 años de fortaleza».
. Casa de la Indulgencia: Renania-Palatinado, el reino del vino, donde se muestran los 2.000 años de tradición vinícola en las seis zonas vitivinícolas de Renania-Palatinado y la importancia del vino para el turismo y la economía.
. Museo Arqueológico: Tesoros ocultos. Arqueología en el Rin Medio y el Mosela, donde se muestran vestigios de la actividad humana en el Rin Medio y el Mosela desde la Edad de Piedra hasta la Edad Media.
. Museo Arqueológico: Jardines de la Época Histórica. En la azotea del Museo Arqueológico se podrán explorar jardines de milenios anteriores. ¿Cómo eran los jardines en el Neolítico y durante el dominio romano en el Rin? ¿Qué plantas crecían en un huerto medieval y en el huerto de subsistencia de un habitante de la fortaleza en la década de 1950?
Pues bien, los hitos de la historia de la fortaleza es un simple panel histórico que se ve en un minuto, la mayor parte de los 5.000 años de la fortaleza está clausurado por reformas, la casa de la indulgencia es más un centro para realizar catas y programar eventos privados, lo que ofrece el museo arquelógico no aporta mucho y lo de los jardines es de chiste porque son varios arriates con plantas datados por épocas. Es lo que demandaba el miércoles en el castillo de Heidelberg pero mal hecho: hay mucho espacio para rellenar y la idea es que sea atractivo al visitante pero si vas a desperdigar elementos aleatoriamente para llenar las salas de esta forma, mejor las dejas vacías porque aportan lo justito. De hecho, si llego a saber esto me habría pensado el visitar la fortaleza pero, no adelantemos acontecimientos, o como dicen por aquí “Kommt Zeit, kommt Rat” porque algo habrá que justifique el tiempo dedicado a este sitio.
Efectivamente, pronto me como parte de mis palabras porque en el patio central, junto al Casino, hay un mirador en condiciones y cuya panorámica ya es otra cosa.

Desde aquí hay ya una perspectiva diáfana de toda la ciudad de Coblenza, los ríos y el horizonte de las tierras del Rin. Muy destacable, sin duda.
Aquí voy a ser consecuente con lo expuesto en la etapa anterior y puedo aportar algo que ni es un secreto sólo conocido por los coblenzanos ni hay que ser muy listo para descubrirlo y es que, sin necesidad de entrar a la fortaleza, también se puede obtener una buena panorámica de Coblenza. Hay unas escaleras de bajada al lado del teleférico y sólo es cuestión de coger el camino de la izquierda hasta llegar a un punto donde se puede ver el paisaje sin que tapen los árboles.
Recorro el complejo, visito lo que se puede visitar y, por último, doy con una zona que sí considero que tiene cierto interés: las residencias de postguerra.
Tras la Segunda Guerra Mundial, la Fortaleza de Ehrenbreitstein se transformó temporalmente en un complejo residencial improvisado para alojar a familias que se habían quedado sin hogar. Debido a la devastación de la guerra, se calcula que unas 228.000 viviendas fueron destruidas en toda la región por lo que, ante la extrema escasez de vivienda, cientos de ciudadanos locales, evacuados que regresaban y personas sin hogar convirtieron las antiguas estructuras militares en sus hogares. Así, las familias ocuparon y acondicionaron las casamatas o bóvedas fortificadas que originalmente servían para emplazar artillería o refugio militar de diversas secciones de la fortaleza.

Para ilustrar el tema se ha mantenido intacto un espacio y se han recreado las diferente estancias cuando estaban en uso. Es curioso el comprobar cómo se hicieron habitables determinados espacios para que la gente sin hogar tras los bombardeos de la guerra pudiera cobijarse de la mejor manera posible mientras no se produjera la reconstrucción de la ciudad.
Con esto finalizo la visita a la fortaleza y salgo con el fin de poder contemplar algo que ya adelanté en las primeras etapas de este diario, el despliegue de globos aeroestáticos en la pradera del exterior de Ehrenbreitstein, que se llevaría a cabo en el día de hoy y durante el fin de semana, el Koblenzer Ballontage.
Pues bien, en la pradera no hay nada y me resulta raro porque son más de las 16:30, se supone que los vuelos de los aparatos se realizarían alrededor de las 17:30 y supongo que la parafernalia de poner en marcha los globos es cosa de horas. Me doy un garbeo por los alrededores pero lo único que hay es la estructura de un circo y nada más. Pues debe ser que se ha suspendido la actividad pero por la climatología no creo que sea porque ni hay fuertes vientos ni amenaza lluvia. Bueno, me quedo sin ver el espectáculo que se había presentado para este día de manera tangencial a la propia visita a la fortaleza.
Como tenía organizado dedicarle como una hora al tema de los globos resulta que ahora me sobra tiempo de visita en la ciudad hasta que tenga que coger el tren de vuelta a Frankfurt. Aquí arriba ya está todo el pescado vendido por lo que me dispongo a bajar en el teleférico y como sabía que la cabina n.º 17 tiene el suelo acristalado para poder ver el Rin durante el trayecto de una manera más espectacular espero a que ésta llegue para subirme. Resulta que en esos momentos está pasando la cabina n.º 1 por lo que me toca esperar las dieciséis siguientes, unos veinte minutos, hasta que llegue la 17. Como no tengo prisa aguardo, me subo y, efectivamente, la vista merece la pena y tampoco da demasiado vértigo.
Tras descender del teleférico paseo tranquilamente por la orilla del Rin hasta llegar al siguiente punto de interés, el Edificio del Gobierno Prusiano, situado en Konrad-Adenauer-Ufer, 12 . Es un trecho bastante agradable y que recomendaría realizar antes de adentrarse nuevamente en las calles del centro de Coblenza.
El Preußisches Regierungsgebäude (o Edificio del Gobierno Prusiano) fue construido en el siglo XIX, después de que la ciudad pasara a formar parte del Reino de Prusia en 1815 tras el Congreso de Viena. Este edificio se convirtió en la sede del gobierno regional prusiano (Regierung), desde donde se administraban los territorios del Rin. El edificio original fue destruido en un incendio en 1901, así que fue reconstruido entre 1902 y 1906 en estilo neorrománico. Su diseño monumental no es casual: el propio emperador Guillermo II de Alemania intervino en los planos, modificando elementos como torres y cubiertas para evocar el estilo de la época de los Hohenstaufen, asociada al poder y grandeza alemana. El resultado es un complejo de unos 158 metros de longitud, organizado en torno a patios interiores y con una apariencia casi fortificada gracias a sus grandes torres y fachadas de piedra. En 2002 la UNESCO reconoció este edificio como patrimonio del Valle Superior del Medio Rin. En la fachada se pueden ver los bustos de personajes como Carlomagno, el emperador Federico Barbarroja, o el general Blücher, vencedor en la batalla de Waterloo contra Napoleón.

El edificio es majestuoso e impresionante y su fachada otro tanto. Hago un recorrido visual por la misma y surten detalles de continuo que hacen relevante el haberme acercado por esta zona.
La visita a Coblenza aún continúa por lo que los hechos posteriores serán narrados en la siguiente y acelerada etapa.