Esta nueva entrada es especial. Es la primera que contiene un vídeo (no es un reel). Publicaré varios videos a lo largo de este blog y lo haré para destacar momentos o situaciones muy emotivas. Merecen una pequeña película. Este lo presento ahora porque he llegado a un punto importante de mi viaje. Es el momento en que dejé Nueva York, me puse al volante de un Chevrolet Aveo (mi “caballito plateado” con el que cabalgué hacia el oeste) y comencé un intenso e inmenso viaje por el sur, desde Nueva York hasta San Francisco, dos grandes ciudades separadas por 5.000 kilómetros. En total, recorrí 15.000 kilómetros, incluidas las inolvidables excursiones por los alrededores de donde establecía mi campamento base. Así pues, aquí comienza mi apasionante viaje de carretera y manta. En mi aventura pude ver cosas increíbles que compartiré desde ahora con vosotros. Aparte de los maravillosos paisajes, por supuesto, vi gente.
Vi personas paseando, cantando, saltando, patinando, escalando, navegando… y descansando, durmiendo. Vi personas bailando en posturas imposibles que desafiaban la ley de la gravedad, mujeres con la melena hasta la rodilla, vi personas paseando en haciendas sureñas encontradas en un viaje que realicé hasta el siglo XIX (como lo oyes), vi chicas bonitas bajo un paraguas y tipos fabricando enormes pompas de jabón donde cabe una persona. Vi malabaristas elevando al cielo objetos para atraparlos con sus manos y, otra vez, a volar ¡alehop! Vi personas bajando por cañones a la inmensa profundidad de la corteza terrestre para ¡por fin! encontrar un caudaloso río perdido allá abajo. También vi personas no sé muy bien si envueltas o prisioneras de sus plumas que semejaban alas y vi ¡crételo! muchachos con enormes serpientes al cuello. Vi tierras de indios y vaqueros. Vi personas con armas, peleas a tiros del oeste en sets de rodaje y vi predicadores clamando a Dios. Vi con desconcierto a moteros sin casco y con máscara porque está permitido llevar el cráneo al aire.
En grandes ciudades, vi coches apilados en varios pisos que simulaban flotar en aparcamientos exteriores que parecían imposibles y cementerios repletos de niños riendo. Vi un rito vudú sobre una tumba de la que yo preferí huir y no saber nada. Vi asombrados visitantes en la fábrica principal de la Coca Cola y la caja fuerte donde se guarda su fórmula secreta, vi y soporté con amargura de mi corazón a negros en la puta calle sufriendo el aire gélido y la desesperanza vital, víctimas de un sistema neoliberal cuyo enorme engranaje los machacaba.
Vi personas recordando a Kennedy en el lugar exacto donde lo asesinaron.
Y vi una de las mejores cosas que puede hacer el ser humano, personas tocando música y dominando sus propios instrumentos para crear melodías con las que alegrar el espíritu y arrancar bailes y (son)risas.
¡Y yo estuve allí para atrapar en este vídeo, en esta caja de sorpresas, a algunas de esas personas que hicieron todo eso! He aquí unas pocas piezas del inmenso puzle humano que disfruté en el viaje que me convirtió en una admirada y sorprendida pieza más. Este video es un umbral que os invito a cruzar. En mi relato de viajes ya veo la división de mis aventuras en bloques y este que comienza podría responder a una serie de crónicas literarias desde el este hacia el sur por tierras de algodón que finaliza en Nueva Orleans y Texas para cruzar otro umbral, el de mi camino por el oeste. Y esta división en bloques me anima a considerar la posibilidad de plasmar todo mi viaje en papel, en un libro en formato papel y electrónico, quizá, para publicar cuando complete mi recorrido.
Al final del este video, incluyo los lugares en los que están tomadas las fotos, lo que ofrece una idea del recorrido que realicé y que os animo a seguir a partir de ahora a través de mis textos. En mis crónicas, estas imágenes serán explicadas y contextualizadas. Quiero que viajéis conmigo para conocer estos formidables territorios que incluyen indios, vaqueros y mucho más. Mucho más allá del Misisipi y de río Grande. A partir de aquí comienza el relato sobre mi asombroso viaje hacia el oeste. Como siempre, espero que lo disfrutéis. ¡A volar!