Se acerca Halloween y, gracias a una maravillosa casualidad, esta semana mi blog estará dedicado a algunas de las experiencias más “terroríficas” que experimenté en mi viaje. Conoceremos Baltimore para visitar la casa donde vivió Edgar Allan Poe y la tumba donde reposan sus restos. Y después visitaremos su museo en Ritchmond.
Pero antes, mañana, presentaré a modo de prólogo mi segundo video sobre mi viaje a Estados Unidos. En mi trayecto por aquellos lares encontré multitud de situaciones en las que comprobé de qué manera tan intensa y variada viven los yanquis el terror. Estuve en Halloween, pero no solo era eso, el imaginario del terror llegaba mucho más lejos. Toda esta emoción del miedo con su gran diversidad la viví en escaparates, en el interior de tiendas y en proyecciones de cine, en terrazas, en bares y en fachadas… ¡en la calle! Vi con impacto las mil caras del terror en camisetas, en puestos y en cualquier sitio. Entre esas muchas caras del terror, vi la fría desnudez de las calaveras, despojadas de un rostro que antaño respiraba, masticaba, bebía, (son)reía, lloraba, miraba y besaba.
Las calaveras atrapadas en su quietud eterna, duras y áridas al tacto. También vi galerías de los horrores en moteles donde tenía al lado mi aposento y poco después irme a descansar y, al meterme en la cama, la llegada del sueño como el abrazo de un monstruo pero, al fin, dormido. Vi frascos que contenían un bebedizo bajo la etiqueta “el Día de los Muertos” y folletos invitando a pasear en la noche entre no se sabe qué criaturas y por lugares donde había existido el vudú y todavía resistían las piedras que habían contemplado aquellos demoníacos ritos. ¡Quién sabe lo que podía transmitirte de todo aquello al tocarlas, ahí mismo! Vi muertos enterrados bajo gigantescas, blancas y frías losas de piedras coronadas por figuras de vírgenes con gesto retorcido, sellos de cierre a la vida para toda la eternidad. Vi tumbas profanadas y me asomé a su oscuro y gélido interior. También me asomé por una fracción de segundo el umbral de los muertos en un cementerio de Nueva Orleans para atisbar desde este lado del abismo, en la vida, el otro lado, en la muerte. Y pude volver rápidamente a este lado. Vi historias de fantasmas, espíritus que abundaban en el norte de Texas. Vi gigantes con los ojos inyectados en sangre inclinándose hacia mí y sádicos dentistas arrancando muelas de cuajo a pacientes moribundos. Parte de todo eso lo presento en el video de mañana. Algunas imágenes ya han aparecido en las entradas ya publicadas, pero las demás tendrán su explicación a lo largo de mi recorrido por Estados Unidos.






