Uno de los días de estancia en el Pangkor Laut Resort decidimos apuntarnos a las clases de cocina. Las llaman así, pero realmente es un día entero lleno de actividades diversas y variadas. Realmente, a cocinar no aprendimos mucho, pero nos lo pasamos bomba (nosotros y todos los cocineros y camareros del lugar).
La jornada empieza con un desayuno en comedor privado. Así, de entrada, nos trajeron café, zumito, unos croissants i unos muffins. Y pensamos que tampoco estaba mal, por un día, tomar un desayuno sencillo y ligero. JA!!! Sencillo y ligero. Que te lo creas!! Cuando acabamos nuestro zumo y las pastitas empezó el desfile de chefs de cada una de las diferentes cocinas que hay en el resort. Y cada uno traía una muestra de sus mejores platos. Y en el Pangkor Laut hacen cocina china (unos rollitos variados para probar), india (dahl y roti), japonesa (sopa miso), occidental (tortilla, tostadas, salchichas), malaya (unos satay para desayunar..). No recuerdo todos los platos que llegaron a traernos, todos ellos con su explicación de qué era y como se cocinaba. Claro, como para no probarlo... Al final, nos ofrecieron fruta (no sé con qué insana intención la verdad) y, antes de empezar nuestra jornada culinaria ya estábamos como dos bolas rellenas de cemento armado.
En fin, que en esas estábamos intentando digerir, cuando llegó el chef chino, que era el que nos daría las clases ese día, y nos explico toooooda la jornada. Para hacerlo más profesional, te dan una carpetilla con las recetas que cocinarás, papel y lápiz para tus apuntes y un delantal y un pañuelo para disfrazarte convenientemente. Después de la explicación empieza la aventura: antes de cocinar hay que tener ingredientes o sea que a pescar la comida falta gente!!
Primero te llevan en barca a dar la vuelta a la isla (y así pudimos ver alguno de los states, la zona más privada y cara, con supropia playa privada).
Uno de los states, con su playita...
En el paseo nos acompañaba la chef india, que como haya seguido cachondeándose de los clientes como de nosotros igual ahora es chef india en paro. La verdad es que nos lo pasamos muy, pero muy bién con ella. Cuando llevábamos un ratito en el barco, vemos que saca una bolsa enorme de pan de molde. “No puede ser”, pensé yo. No puede ser verdad que nos vaya a preparar un sandwitch para el camino. Y, por suerte, no. El pan era para los peces de colores que estuvimos viendo un rato.
Los pececillos, dándole al pan bimbo
Finalmente, nos llevaron a la piscifactoria. Allí fue donde la chef se rió más que nunca, viendo la cara que se nos quedó a los dos cuando nos dieron un cazamariposas gigante para capturar un pez que los pescadores casi te ponen en la mano y un anzuelo no menos gigante para pescar un pez algo más pequeño (por eso te hacen coger dos, supongo).
Cuando los locales consideran que ya se han reído bastante a tu costa, te devuelven al hotel, donde preparas dos platos de gambas (picante y más picante) con el chef chino. Y como ya hace por lo menos tres horas que no comes nada de nada, pues te los zampas, que tu esfuerzo te ha costado. Nos quedaron buenísimos!!
Una de nuestras obras maestras: las gambas picantes
Y aquí, las gambas más picantes. Con anacardos y todo!!
Después de preparar y comer, era ya hora de un descanso y, por eso, la experiencia con el chef incluye un masaje malayo en el Spa (oooohh). Así que, descansados y más que relajados, ya podíamos atacar la pièce de resistance: los dos cacho pescados que tantísimo esfuerzo nos había costado atrapar. Uno lo habían cocinado al horno y el otro al vapor. Suerte que de los tres, solo sirvieron dos. Aún así, no nos gustó mucho (será que no habíamos llegado con mucha hambre...). Como fin de fiesta la chef de The Straits nos decoró una papaya con su navaja de esculpir papayas (algún nombre debe de tener) y, con la papaya en nuestras manos y la sonrisa (???!) de toooodos los camareros volvimos como pudimos a nuestra villa para hacer la digestión.
¿Hace falta explicar que esa noche no cenamos?
La jornada empieza con un desayuno en comedor privado. Así, de entrada, nos trajeron café, zumito, unos croissants i unos muffins. Y pensamos que tampoco estaba mal, por un día, tomar un desayuno sencillo y ligero. JA!!! Sencillo y ligero. Que te lo creas!! Cuando acabamos nuestro zumo y las pastitas empezó el desfile de chefs de cada una de las diferentes cocinas que hay en el resort. Y cada uno traía una muestra de sus mejores platos. Y en el Pangkor Laut hacen cocina china (unos rollitos variados para probar), india (dahl y roti), japonesa (sopa miso), occidental (tortilla, tostadas, salchichas), malaya (unos satay para desayunar..). No recuerdo todos los platos que llegaron a traernos, todos ellos con su explicación de qué era y como se cocinaba. Claro, como para no probarlo... Al final, nos ofrecieron fruta (no sé con qué insana intención la verdad) y, antes de empezar nuestra jornada culinaria ya estábamos como dos bolas rellenas de cemento armado.
En fin, que en esas estábamos intentando digerir, cuando llegó el chef chino, que era el que nos daría las clases ese día, y nos explico toooooda la jornada. Para hacerlo más profesional, te dan una carpetilla con las recetas que cocinarás, papel y lápiz para tus apuntes y un delantal y un pañuelo para disfrazarte convenientemente. Después de la explicación empieza la aventura: antes de cocinar hay que tener ingredientes o sea que a pescar la comida falta gente!!
Primero te llevan en barca a dar la vuelta a la isla (y así pudimos ver alguno de los states, la zona más privada y cara, con supropia playa privada).

En el paseo nos acompañaba la chef india, que como haya seguido cachondeándose de los clientes como de nosotros igual ahora es chef india en paro. La verdad es que nos lo pasamos muy, pero muy bién con ella. Cuando llevábamos un ratito en el barco, vemos que saca una bolsa enorme de pan de molde. “No puede ser”, pensé yo. No puede ser verdad que nos vaya a preparar un sandwitch para el camino. Y, por suerte, no. El pan era para los peces de colores que estuvimos viendo un rato.

Finalmente, nos llevaron a la piscifactoria. Allí fue donde la chef se rió más que nunca, viendo la cara que se nos quedó a los dos cuando nos dieron un cazamariposas gigante para capturar un pez que los pescadores casi te ponen en la mano y un anzuelo no menos gigante para pescar un pez algo más pequeño (por eso te hacen coger dos, supongo).

Cuando los locales consideran que ya se han reído bastante a tu costa, te devuelven al hotel, donde preparas dos platos de gambas (picante y más picante) con el chef chino. Y como ya hace por lo menos tres horas que no comes nada de nada, pues te los zampas, que tu esfuerzo te ha costado. Nos quedaron buenísimos!!


Después de preparar y comer, era ya hora de un descanso y, por eso, la experiencia con el chef incluye un masaje malayo en el Spa (oooohh). Así que, descansados y más que relajados, ya podíamos atacar la pièce de resistance: los dos cacho pescados que tantísimo esfuerzo nos había costado atrapar. Uno lo habían cocinado al horno y el otro al vapor. Suerte que de los tres, solo sirvieron dos. Aún así, no nos gustó mucho (será que no habíamos llegado con mucha hambre...). Como fin de fiesta la chef de The Straits nos decoró una papaya con su navaja de esculpir papayas (algún nombre debe de tener) y, con la papaya en nuestras manos y la sonrisa (???!) de toooodos los camareros volvimos como pudimos a nuestra villa para hacer la digestión.

¿Hace falta explicar que esa noche no cenamos?