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3.000 km por el este de Canadá -Diarios de Viajes de Canada- Ambior
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Diario: 3.000 km por el este de Canadá  -  Localización:  Canada  Canada
Descripción: Relato en ocho etapas de un recorrido de más de 3.000 km por las provincias de Quebec y Ontario de Canadá, durante 24 días en el verano de 2018.
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Índice del Diario: 3.000 km por el este de Canadá

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Etapa: Preparativos  -  Localización:  Canada Canada
Fecha creación: 30/09/2018 18:05  
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Preparativos



Viajar a un país inmenso como Canadá, verdadero mosaico de culturas, supone elegir y planificar bien el recorrido que será siempre minúsculo en proporción a la extensión total. Hay que decidir no sólo cuándo y cómo sino sobre todo dónde. A nosotros nos hubiera gustado ir también hasta la costa oeste, pero esto suponía 4000 km más y necesariamente más tiempo para poder abarcarlo todo. Así que, teniendo en cuenta los 24 días que pensábamos estar en el país, nos circunscribimos a la costa Este y solamente a dos regiones: Quebec y Ontario porque, aunque parezca un objetivo modesto, hay que tener en cuenta que sólo Quebec ya equivale a cinco veces Francia en un país que es el segundo de mayor superficie, justo después de Rusia, aunque con una población de unos diez millones de habitantes, concentrada principalmente en la franja sur, cercana a Estados Unidos.



El cuándo, en agosto de este año 2018 fue un poco irreflexivo, habría podido ser en septiembre y ya hubiéramos podido disfrutar de los colores otoñales, pero por otra parte nos beneficiamos de un tiempo y una temperatura estupenda todo el viaje.



Para el cómo, decidimos organizarlo por libre, con un vuelo low cost directo Madrid-Montréal de la compañía canadiense Transat. El vuelo y la gasolina fue lo único barato porque Canadá es un país caro teniendo en cuenta que a los precios -ya más elevados que en España- hay que sumarle las tasas en todos y cada uno de los artículos, lo que supone más de un 10% y, por si fuera poco, en todos los restaurantes y cafeterías hay que añadir al menos el 15% de propina que es prácticamente obligatorio, aunque la maquinita para la tarjeta (allí el dinero “cash” casi no se usa) te sugiere dejar incluso el 20 ó el 25%. Eso sí, nada más sentarte te sirven agua de una jarra y vimos que algunos restaurantes no servían ni vino ni cerveza y, de no traerlo de casa, te sugerían ir a comprarlo a la tienda de la esquina. Curiosa opción.



Una vez allí para movernos alquilamos con Rentalcars un coche de la compañía Herz, que se portó muy bien en los tres mil y pico km que hicimos en total. Y, para el alojamiento, aunque nos costó bastante encontrar cosas a precio razonable y bien, nos inclinamos siempre por Airbnb, salvo en Niágara y en Quebec, en donde estuvimos en hoteles.



Al final nos pareció haber tenido mucha suerte porque con tantos aspectos aleatorios todo encajó a la perfección: el viaje, el tiempo, variable pero de buena temperatura, incluso a veces excesivo calor (únicamente llovió una mañana y dos tardes, en Toronto y Quebec, curiosamente mientras estábamos en sendos Museos), los alojamientos entre bien y muy bien y los desplazamientos sin contratiempos, salvo las dichosas obras en todas las carreteras y autovías. Con lo cual lo importante no eran tanto los kilómetros a recorrer sino el tiempo que acabábamos echando. Además el hecho de haberlo organizado con tres noches en cada sitio, alternando ciudades y naturaleza, nos permitió descansar y disfrutar de los lugares que íbamos conociendo.



El Canadá que vimos es verde, de enormes manchas boscosas: arces, abetos, abedules y hayas principalmente, pero fundamentalmente agua. Agua en todas sus formas: mares, ríos, cascadas y sobre todo lagos y lagos. Lagos por todas partes y de todos los tamaños, desde el inmenso lago de Ontario hasta los pequeñitos lagos de los parques naturales de Algonquin o de Mont Tremblant, convirtiéndose ya en bosque debido a la turba que se va depositando lentamente en su fondo, un proceso perezoso de miles de años que va cambiando lentamente la geografía del lugar, a lo que también colaboran los castores –llamados no sin razón arquitectos de la naturaleza- que, al amontonar troncos para hacer sus nidos, crean presas que modifican el curso del agua y por tanto el paisaje.




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Ver Etapa: Preparativos



Etapa: Montreal  -  Localización:  Canada Canada
Fecha creación: 30/09/2018 18:09  
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Montreal


Llegamos pues a Montreal, en una tarde calurosa y húmeda, con ganas de ponernos a caminar y descubrir. El alojamiento estaba bien situado muy cerca del Viejo Montreal. Ya desde el principio la impresión fue buena. Con apenas 400 años de historia se ve una ciudad dinámica y mestiza, moderna y cuidadosa con su pasado y su historia. Segunda ciudad francófona por población después de París, hay sin embargo una línea divisoria de Norte a Sur -parece ser que cada vez más acentuada- que divide lingüísticamente la ciudad en dos comunidades: la anglófona al Oeste y la francófona al Este, codeándose sin conflictos aparentes. Todo es bilingüe, primero en francés, después en inglés y como tercera lengua español.





Nada más empezar el recorrido nos encontramos primero edificios importantes de principios del pasado siglo al lado de otros históricos más antiguos, y a medida que nos adentrábamos en el barrio -en el entorno de las plazas Youville y Jacques-Cartier, ya en el Vieux Montréal, nos parecía estar en una ciudad europea antigua con un aire entre francés e inglés, cuidadísima, con plantas por todas partes, con espacios pensados para que las gentes puedan hacer un alto en los que después identificaríamos como los sillones canadienses tipo, unos cómodos butacones de anchos listones de madera y patas cortas para sentarse a descansar, o simplemente relajarse dentro de la ciudad viendo pasar turistas o lugareños en actividades cotidianas. Parecía como si la ciudad estuviese pensada para sus habitantes, con islotes de paz y muchos espacios verdes diseñados para los ciudadanos, algunos incluso con mesas de madera y bancos en donde tomar el picnic de mediodía en un entorno agradable en medio de una ciudad amable. Amables y atentos igualmente sus habitantes, distorsionando tanto la fonética francesa que a veces cuesta entenderles.






Toda esta parte vieja está llena de establecimientos puestos con gusto: cafés, terrazas ajardinadas, restaurantes, músicos callejeros delante del Ayuntamiento, galerías de arte, librerías, comercios con atractivos escaparates, bares en donde conjugaban cosas dispares como por ejemplo un “bar à lunettes”, es decir que entras a tomar un refresco y te puedes comprar la montura con más diseño del mercado. Espacios imaginativos pensados tanto para el turismo como para una población con un alto nivel de vida.





El primer día paseamos pues por la parte antigua, fuimos hasta el “Vieux Port”, demasiada gente y demasiado follón: espacios para pequeños y mayores en donde iniciarse a la escalada, tirolinas, puentes colgantes, la inmensa noria, y festivales musicales, desde rock hasta el holi party con personajes de lo más variopinto. También barcos para hacer excursiones por el río San Lorenzo o hasta la isla Santa Helena, en donde se encuentra la “biosphère”, una esfera transparente que sirvió de pabellón a Estados Unidos en la Exposición Universal de 1967. Hasta allí fuimos en ferry que tarda poco más de cinco minutos. Sin embargo la isla nos decepcionó. No es el entorno de espectacular belleza que decía la guía, o al menos lo que vimos. Mucho coche, mucho carril bici, mucho festival de música, pero nos pareció que no merecía la pena. Tiene como curiosidad el hecho de que se trata de una isla artificial construida con los materiales extraídos de la ampliación del metro precisamente para esa misma exposición.







Como toda gran ciudad, hay muchas Montreal dentro de ella. La diversidad es tal que parece que no es la misma. Nada tiene que ver el Vieux Montréal con el “Plateau” al Este, o con el Downtown, el verdadero centro, con calles comerciales llenas de gente, en donde antiguos edificios de finales del XIX o principios del XX, construidos con moles de piedra gris, potentes y soberbios, sobrios y de delicada decoración, de diferentes estilos: clásicos, neoclásicos, beaux arts, románticos, art nouveau o art déco, están literalmente acosados por los rascacielos rutilantes y resplandecientes que se alzan a sus espaldas o a su lado oponiendo la modernidad y la historia de una ciudad construida a mayor gloria de las metrópolis, primero Francia y después Inglaterra. Y entre esa variedad sorprende encontrarse con una réplica -a tamaño reducido, naturalmente- nada menos que del Vaticano.





Montreal es una ciudad grande. Se necesitan unos tres días para una visita correcta. Nosotros, con tres noches, que se quedan en dos días y medio, nos quedó justo. Claro que perdimos tiempo el segundo día en la visita a Mont Royal, la colina que se alza en medio de la ciudad. Fuimos en metro hasta la estación Mont Royal. A la salida hay una cabina de información, pero nos informaron mal porque nos dijeron que desde allí hasta el chalet en la cumbre de la colina, un enorme edificio construido en 1932 con una terraza que es lo que se llama el mirador Kondiaronk desde el que se divisa todo Montreal, había unos tres cuartos de hora a pie que al final se convirtieron en una hora y media hasta llegar al “lago de los castores”. La caminata no merece demasiado la pena porque es un camino largo entre árboles y sin vistas. Nuestra sorpresa al llegar al lago fue ver que hubiéramos podido ir hasta allí tanto en autobús turístico como en autobús normal. Y desde el lago hasta el chalet y el mirador hay muy poca distancia. O sea que lo práctico es ir en autobús hasta el lago y después desde el mirador se puede bajar rápidamente por unas escaleras que llegan hasta el pie de Mont Royal, eso sí, las piernas quedan temblando debido a la pronunciada inclinación.





El tercer día fuimos a recoger el coche que habíamos alquilado y, ya con un medio de transporte rápido, nos acercamos hasta el barrio llamado el “Plateau”, a los pies de Mont Royal y en el que vivió Leonard Cohen. Como testimonio queda un inmenso mural en la pared lateral de un edificio. Porque este pintoresco barrio artístico y bohemio, moderno y contracultural ofrece muchas sorpresas y merece un paseo a fondo. No tiene nada que ver ni con la zona antigua ni con el centro de la ciudad. Lleno de grafittis y murales, mezcla de viejo y de nuevo, allí se encuentran montones de casas victorianas en calles tranquilas, arboladas, algunas como de pueblo, cortas y estrechas, ajardinadas, llenas de color, a veces un tanto chillonas, con una población joven que disfruta –parece- de vivir en un entorno privilegiado y tranquilo. En una calle un huerto callejero, en un espacio verde un barracón con libros y juegos para niños. Libros también en algunas calles para coger y llevar si se desea. Todo lo que pueda resultar agradable para el disfrute de su población más bien joven.









Y quedaron sin visitar el “Village”, ”Little Italy” y más zonas que no pudimos ver por falta de tiempo.
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Ver Etapa: Montreal



Etapa: Mil islas  -  Localización:  Canada Canada
Fecha creación: 30/09/2018 18:12  
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Mil islas



Ivy Lea era nuestro segundo destino, en la zona que se llama Mil Islas, en donde el río San Lorenzo -cuyo nacimiento se sitúa en el lago de Ontario extendiéndose como un mar hasta el océano Atlántico- ofrece un paisaje de una belleza fuera de la común. Nosotros estuvimos cuatro noches en un apartamento al borde del río, pero normalmente la gente viene para hacer un crucero por el río y después se van. Hay montones de cruceros con distintas duraciones. Nosotros hicimos el de una hora y nos pareció suficiente. Se puede coger el barco en Ivy Lea, pero también en Gananoque o en Rockport.



El nombre del lugar responde a las más de mil pequeñas islas arboladas como barcos verdes deslizándose suavemente por el río. Las vistas aéreas son espectaculares y se puede hacer una visita en helicóptero. Hay islas de todas formas y tamaños, algunas minúsculas, sólo una roca y uno o dos abetos, pero la mayoría tienen una o dos casas de arquitectura tradicional: tablones de madera y pintadas en llamativos colores. Hay incluso mansiones en lo que se llama “el boulevard de los millonarios” entre las que destaca sin lugar a dudas la mansión Boldt, el primer dueño del Hotel Walford Astoria de Nueva York, un inmigrante hecho así mismo que quiso regalar a su mujer una casa con 120 habitaciones. Hoy es también hotel y hay cruceros que tienen parada allí para dar un paseo por la isla y supongo que visitar el hotel. Eso sí, con pasaporte, porque la isla está ya en aguas territoriales estadounidenses. Es curioso, pero la frontera pasa precisamente por el río San Lorenzo, así que unas islas son canadienses y otras estadounidenses. Precisamente hay un puentecito que une dos de ellas, una de ellas pequeñísima, un árbol y poco más. Aunque pertenecen al mismo propietario se dice que están separadas por la frontera, así que puede trasladarse a su gusto de un país a otro según su humor. Supongo, claro, que sin necesidad de pasaporte…










Una leyenda intenta explicar la belleza sorprendente de este lugar habitado desde mucho antes de la llegada de los europeos por los indios Cataraqui. Según se cuenta, Manitú -deidad india- había concedido este paraíso a los Cataraqui con la condición de que cesasen los conflictos entre ellos. Al no ser así Manitú se llevó el jardín al cielo en una manta, pero antes de llegar la manta se rompió y el jardín cayó al mar en trozos de diferentes tamaños y formas que forman la maravilla que hoy contemplamos, de visita obligada en un viaje a Canadá. La realidad es menos poética: fueron los glaciares al retirarse hace más de 10.000 años los que inundaron la zona del río San Lorrenzo creando así los miles de frondosas islas a la deriva que forman parte hoy del parque natural de Mil Islas.






Bonito también el hábitat de la zona: casas de madera pintadas en colores pastel con su porche delantero como en las películas americanas. Delante, fincas abiertas que se extienden hasta la carretera. No hay vallas, aunque a veces sí el cartelito de “propiedad privada”. Jardín de estilo inglés: simplemente un césped cuidado, una mancha de flores y dos o tres árboles formando grupo. Todo sencillo y con gusto.






Nuestro primer contacto con un parque natural fue precisamente en esta zona de Ontario. Uno de los días que pasamos en Ivy Lea nos acercamos hasta el parque natural de Charleston Lake, a unos 20 km. de allí. Como no llevábamos nada para comer y dentro del parque no hay nada, tuvimos que dar la vuelta unos 15 km. para comprar unos sándwiches en un supermercado de un pequeño pueblo. En todos los parques, ya sean naturales o nacionales, hay que pagar una entrada. Como era el primero no teníamos idea cuánto podía ser. Lo cierto es que la entrada que pagamos (45 dólares canadienses) fue con mucho la más cara de todas, no sabemos si hubo un error o si era el precio de ese parque en concreto. Charleston Lake, como indica su nombre es un espacio natural alrededor del lago Charleston, con numerosas islas de distintos tamaños, algunas también pequeñitas y arboladas como las de Mil Islas. Hay rutas de senderismo, pequeñas playas para bañarse, espacios para camping, posibilidad de pesca, alquiler de canoas o piraguas y naturaleza frondosa y verde alrededor del lago. Había muy poca gente: algunas personas en una playa, no sabemos si visitantes de un día como nosotros o estaban haciendo camping en el parque, unos jóvenes lanzándose al agua desde un árbol, alguna pareja en un sendero y pare usted de contar.






Tampoco había mucha gente en el parque nacional de Mil Islas en tierra firme, un parque discontinuo en varios espacios distantes varios kilómetros entre ellos. El centro de visitantes está en Mallorytown, en la ribera del río San Lorenzo y allí te explican cómo moverte. Para hacer camping -otro de los deportes nacionales- tanto en Mallorytown como en un par de las islas del río San Lorenzo, se pueden alquilar unas tiendas que están a medio camino entre la tienda de camping y el chalet rústico. El precio eran -creo- en torno a los 100€ diarios y hay que reservar con mucha antelación si se quiere pasar una noche relajante en un entorno especial bajo millares de estrellas.



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  Últimos comentarios al diario  3.000 km por el este de Canadá
Total comentarios 4  Visualizar todos los comentarios

ALFMA  ALFMA  30/09/2018 18:47   
Estupendo diario ambior y unas fotos maravillosas. Te dejo todas mis estrellas. Un saludo!!

Spainsun  spainsun  05/10/2018 09:04   
Magnifico diario y fotos preciosas. Gracias por compartirlo.

Marimerpa  marimerpa  08/10/2018 15:57   
Precioso viaje y fantástico diario.

Yennefer  Yennefer  03/11/2018 21:49   
Estupendo relato que me hace pensar seriamente en seguir tus pasos. Preciosas y coloridas fotos que acompañan de forma muy adecuada a una narración que da pena que tenga un punto final. Gracias por compartirlo.

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aramat4
Aramat4
Super Expert
Super Expert
Feb 18, 2008
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Fecha: Mie Ago 08, 2018 06:01 pm    Título: Re: Costa este de Canadá (Montreal, Ottawa, Toronto

milespaul Escribio:
Buenas!

Me alegro que os haya ayudado; nosotros estuvimos hace como mes y medio, y nada de frío, así que supongo que ahora menos aún, jeje. Lo de las ballenas no lo hicimos, pero sí leí en su momento que aunque el tiempo pareciese que acompañaba, algo de abrigo nunca venía mal.

Pero sobre todo, antimosquitos! jajaja

Sí, ya tengo 2 botes de Relec extrafierte en la maleta jeje, y allí seguro que en algún Walmart compro Off de Johnson's, que en casa ya casi no me queda de otros viajes.
chicachica
Chicachica
New Traveller
New Traveller
Ene 18, 2011
Mensajes: 7

Fecha: Mar Sep 11, 2018 11:11 am    Título: Moverse entre las distintas ciudades

Buenas:
Nos vamos a la costa este de Canadá el 1 de Octubre. Estoy viendo al ruta y estaba pensando desplazarme en tren desde Toronto a Montreal, Montreal Quebec, etcc, pero estoy viendo que es muy caro. Como lo habeis hecho? Es mejor en coche? Vamos con una niña de tres años.
Y el tiempo como estará, no se si llevarme el plumas o una chaqueta mas fina.
batuquero78
Batuquero78
Experto
Experto
Jun 19, 2012
Mensajes: 155

Fecha: Mie Sep 12, 2018 01:11 pm    Título: Re: Costa este de Canadá (Montreal, Ottawa, Toronto

Si solo vas a ver ciudades, puedes hacerlo mediante tren o bus. Lo que pasa es que irte sin ver un parque natural o llegar hasta Tadousac es un curan error. Acabo de llegar y me quedo con la naturaleza. Me encanto algorquin, la Mauricie, la visita a las ballenas y el parque Omega y Quebec. Por primer vez, hemos alquilado coche y automático y ha sido muy cómodo.
Ursus_Nanook
Ursus_Nanook
Super Expert
Super Expert
Dic 31, 2008
Mensajes: 521

Fecha: Mar Sep 25, 2018 01:34 pm    Título: Re: Moverse entre las distintas ciudades

Hola! sugiero revises la posibilidad de adquirir algun pase de tren para el Este Canadiense. (VIA RAIL CANADA PASS ) hay pases familiares con descuento en niños. Si vais con niños esta bien el tren porque puedes pararte dentro del vagon e ir al sanitario y caminar y no hay que manejar. Las ventanas son grandes y es mas tranquilo. Las principales estaciones de La Ville de Quebec, Montreal y Toronto estan bien ubicadas y tienen todos los servicios y conexiones. Puedes revisar los diferentes pases de Tren en la pagina de Via Rail Canada. E incluso en las taquillas en las estaciones el tren...  Leer más ...
chicachica
Chicachica
New Traveller
New Traveller
Ene 18, 2011
Mensajes: 7

Fecha: Sab Sep 29, 2018 07:40 pm    Título: Re: Costa este de Canadá (Montreal, Ottawa, Toronto

Hola!!!
Gracias por la información. Al final hemos optado por coche, nos sale mas barato que los trenes. Y si, ya he puesto los plumíferos y algún polar por si acaso en la maleta :). Ya os contaré que tal va.

Saludos!!!
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