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ESTAMBUL :RECORRIDO EN ALFOMBRA MAGICA. Primera Jornada: DESDE TAKSIM A GALATA ūüß≠ Blogs de Turquia
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Diario: ESTAMBUL :RECORRIDO EN ALFOMBRA MAGICA. Primera Jornada: DESDE TAKSIM A GALATA  -  Localizaci√≥n:  Turquia  Turquia
Descripci√≥n: Recorrido desde Taksim Meydani, bajando por Istiikal Cadessi hasta G√°lata. Almuerzo en el Pasaje de las Flores. Viaje al pasado de Estambul
Autor: Gabriellagd   Fecha creaci√≥n: 
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Etapa: EL BAZAR DE LOS LIBROS ANTIGUOS. Sahaflar √áarsisi y Orhan Pamuk  -  Localizaci√≥n:  Turquia Turquia
Descripci√≥n: Recorrido en una tarde por el Barrio de Beyazit, las mezquitas y los mercados, y la b√ļsqueda de las letras y la caligraf√≠a en la ciudad de las tughras.
Fecha creaci√≥n: 26/03/2020 23:41  
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IN VIAGGIO...
AL BAZAR DE LOS LIBROS: Sahaflar Çarsisi


‚ÄúAl contrario que en las ciudades occidentales que han formado parte de grandes imperios hundidos, en Estambul los monumentos hist√≥ricos no son cosas que se protejan como si estuvieran en un museo, que se expongan, ni de las que se presuma con orgullo. Simplemente, se vive entre ellos‚ÄĚ.
Orhan Pamuk, "Estambul. Ciudad y Recuerdos"

En la lista de sitios que no deben ser buscados está el Sahaflar Çarsisi, el Bazar de los Libros Antiguos. Como si se escondiera.

El más antiguo de Turquía en su especialidad, lo que es mucho decir en tierra de mercaderes. El nudo del comercio del mundo.

Suena sin esfuerzo a tiempo de turbantes y califas, jen√≠zaros y velos. Palacios y concubinas, con la√ļdes y chinchines. A estudiantes de las madrassas que acompa√Īan, como en toda la ciudad, a cada mezquita.

Sahaf, en árabe, alude a la actividad o la persona que se dedica a la venta de libros antiguos y Çarsisi significa mercado.
Fue instalado tal como hoy se lo transita, sin rumbo, apuro ni necesidad, en el siglo XV sobre el antiguo barrio Chartoprateia donde funcionaba el mercado bizantino de libros y papel.
El crearse el Gran Bazaar en 1454, los libreros se agruparon en este sector donde hoy aparece.
El incendio de 1950 casi hace a su desaparición gracias a su edificación en madera con tanto o todo lo era entonces, pero el municipio rescató el mercado y lo dotó de la construcción que hoy no se advierte entre los toldos, mesas de libros y paredes cubiertas con objetos en venta.

En Estambul, donde los edificios encastran en rompecabezas, ocultarse y perderse es una constante.
Nos sumergimos en el laberinto" , cita Pamuk a T. Gautier del "Constantinopla" que jam√°s pude encontrar.
Aparece solo, y para quien se lo merezca. Due√Īo y se√Īor de la distribuci√≥n de libros en la ciudad siempre gigante.

Sabedor de que no compite en visitantes con el Gran Bazaar o con el Egipcio, espera ser profundamente deseado para hacerse visible en el complejo de Beyazit, en un patio contiguo y antiguo entre la mezquita y la entrada Fesciler del Bazaar.

El barrio se extiende desde la Mezquita de Suleymaniye - levantada por Suleym√°n "el Magn√≠fico" con dise√Īo del gran Mimar Sinan - , se recuesta sobre el estrecho del B√≥sforo hasta Beyazit y abarca hasta Tahtakale, el corredor que une el Gran Bazaar con el Bazar Egipcio en calles repletas de puestos de venta de objetos de cocina, servicio de t√© y cafeteras de cobre que caen en manojos y cubriendo muros y vitrinas.
Unos pocos escalones abajo, a la intemperie, el acceso a la Mezquita Nueva y su plaza.
Todo unido, da cuerpo a Emin√∂n√ľ, parte de la vieja Constantinopla, la multitudinaria, la bizantina, con el cielo siempre cubierto del aleteo de los albatros y un aroma a pescado fresco que pervive a pesar de que hace a√Īos se liber√≥ la zona retirando los puestos de venta que se ubican ahora en los mercados de Kadikoy, en BeŇüiktaŇü o en Usk√ľdar.

Eminon√ľ tendr√≠a por significado el de " frente a la Justicia" debido , tal vez, a que en los muelles de la base del Puente de G√°lata se localizaban los juzgados y sedes aduaneras otomanas. Ese perfil administrativo hizo que m√°s tarde se instalara la estaci√≥n de Orient Express desde el que partiera el asesino de Agatha Christie y que hoy reemplaza la Estaci√≥n de Sirkeci.

Advertir la homogeneidad urbanística, histórica y temática del barrio Beyazit y recorrerlo no es sinónimo de acceder al Bazar de los Libros Antiguos. Baste con indagar entre quienes hayan estado en la ciudad que Mehmet II le arrancó de las manos a Constantino XI en 1453, quién estuvo en el Sahaflar Çarsisi.

Sólo para pocos.

La localizaci√≥n en el mapa, a dedo o con app, tampoco es garant√≠a de nada donde una cuadra son diez metros o doscientos, las mezquitas se yerguen en vol√ļmenes incre√≠bles sobre bloques edificados o se ocultan en el coraz√≥n de un complejo comunitario, las calles caen en picada hacia el mar o trepan las casas de colores, y las curvas desaparecen detr√°s de muros m√°gicos.

"...Como mucho podríamos decir que existe una belleza pintoresca en el placer que obtenemos al entrever estos edificios pr un hueco entre las calles, o desde una cuesta cubierta de higueras o cuando se reflejan en ellos las luces del mar."

Es que Estambul tiene vida propia, se mueve, se muestra y se esconde. Como sus gatos.

"El Bósforo tiene un alma específica" escribe Pamuk

Sin minaretes que nos orienten, los mercados con sus techos abovedados se localizan - en el mejor de los casos - por el movimiento de la gente, los ruidos de los voceadores, o los aromas. Y la intuición.

Hay un momento en el que la ciudad de nos mete y lo que pudo haber sido sentido de la orientación deviene en intuición. Y todo es más exitoso.

El Sahaflar Çarsisi, silencioso y custodiado por los adorados felinos, no convoca multitudes.

Se lee en el material turístico que el Bazar está " en un ángulo" de Gran Bazaar. Pues no lo sé porque no tenemos idea de cómo llegamos. Sencillamente, apareció.

Una tarde, una de esas de no parar, mareadas por el murmullo de los corredores del Kalpak√ßńĪlar √áarsisi en los que los tenderos nos invitan a pasar, ver, degustar y comparar, fuimos exitosas en la localizaci√≥n de una salida que s√≥lo se divisa por la diferencia de la luz. Dentro de los bazares no hay iluminaci√≥n natural y predominan los tonos amarillos intensos decorados con guardas en marrones, blanco, tierra y azul, sobre los que flamean cientas de peque√Īas banderas turcas.

Así, tan perdidas como entramos, salimos y - de la nada- se hizo presente una muralla baja de la que pendía el cartel de acceso al Sahaflar Çarsisi.

Estábamos, puestas a ubicarnos, a un lado de la Universidad de Estambul, detrás de la Mezquita de Beyazit y de la torre que lleva el nombre del barrio, y - por obra y gracia de la casualidad y el deseo - aparecimos dentro del bazar donde no sólo libros antiguos se encuentran.

Es magnífica la sensación de descubrir si buscar; de llegar dejándose llevar por esta ciudad con su propios movimiento y voluntad.

Hace unos días, una amiga que vive en Bologna me dijo : "Vos no elegís vivir en Bologna. Ella te elige a vos."

Y Estambul te lleva a donde ella lo desea. Como una alfombra m√°gica.

Acompa√Īando las murallas de Beyazit, el Bazar de los Libros Antiguos , aloja un silencio poco com√ļn en sus callecitas de adoquines, √°rboles que dan maravillosa sombra y gu√≠as de luces que iluminan la ca√≠da de la tarde que se hace prematura en invierno.
Los mozos con las bandejas que no se llevan por la base sino pendiendo de una manija central. En torno a √©lla, los manjares locales, pocillos de caf√© y peque√Īos vasos transparentes emplatados que dejan ver el l√≠quido ambarino . Van y vienen sirviendo a los libreros desde bares que est√°n , si es que era posible, m√°s ocultos que el mismo Bazar.



Sentados en banquetas bajas, los vendedores conversan y se ríen. Su lengua es indescifrable, parecida a ninguna, en la que sólo pueden entenderse los silencios. Pero no hay muchos mientras está abierto el bazar de los libros antiguos, y en turco. Todos hablan.

La lengua es la misma del Medioevo cuando poblaron desde Asia Central a Anatolia, entonces parte de Bizancio. Se la compara por sus reglas con el vasco y el japonés y carece de distintivo de género.

En la d√©cada del 20 se la someti√≥ a una investigaci√≥n ling√ľ√≠stica tras la que se desprendi√≥ de las palabras prestadas de or√≠gen √°rabe o persa. Y en 1928 el entonces presidente Mustaf√° Kemal Ataturk - literalmente "Padre de los Turcos" como el Parlamento lo declar√≥ - dispuso la aplicaci√≥n de un alfabeto que dejaba atr√°s el turco otomano. Crearon un alfabeto que se despoj√≥ el √°rabe, usando el latino y con s√≠mbolos a√Īadidos que permiten un signo para cada fonema.

De la mano del nuevo alfabeto, a lo que se denominó "la revolución de los signos", Turquía superó el analfabetismo y llegó a una alfabetización de más del 92% en 2006.

Como cuando se recorre la feria del libro que se extiende en el Paseo de Gracia en Barcelona, o los peque√Īos locales sobre los canales en Amsterdam, los puentes parisinos o los p√≥rticos de Torino y, claro, todo est√° escrito en catal√°n, holand√©s, franc√©s o italiano. Y a qui√©n le importa? As√≠ se recorren en Constantinopla las l√≠neas de los t√≠tulos en turco y hasta se lleva alguno como ideal recuerdo de la ciudad de libreros, caligrafistas y editores.

La belleza está en la mezcla de libros antiguos y recientes, nuevos y de segunda mano - cuantas más mejor- que se acarician como Pamuk lo hacía en la infancia con los ejemplares familiares de historia y la famosa Enciclopedia Istanbul Ansiklopedisi , la primera que se registre sobre una ciudad.

En la existencia misma de la letra, árabe o turca, dibujo elegante, redondeado, fuerte y sorpresivo. De curso intempestivo, puntos, rayas y asteriscos que jamás dejaremos de mirar como un misterio, como todo lo que espera por aquí. Como los gatos.
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Etapa: ESTAMBUL : ISTIKAL CADESSI Y EL PASAJE DE LAS FLORES  -  Localizaci√≥n:  Turquia Turquia
Fecha creaci√≥n: 27/03/2020 00:06  
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Las ciudades se recorren con tiempo.

Primero con la imaginaci√≥n, luego con el cuerpo y, m√°s tarde, con la memoria. Despu√©s en los sue√Īos.

Su forma, esa trama de rectas y curvas con enemiga letra diminuta, y se va metiendo en la cabeza de tanto mirarlas en el plano de un mapa. El recorrido del metro, los espacios que se√Īalan las plazas, los rieles del tren, los cursos de los r√≠os atravesados por sus puentes, hasta que se se nos hacen familiares. Un rompecabezas que nos obsesiona.

Se alzan en una tercera dimensi√≥n como en los viejos libros troquelados que se desplegaban y salt√°bamos dentro. Como en aquel de Praga en el que , cada noche hace diez a√Īos atr√°s, nos perd√≠amos con Sofi antes de dormir.

Se las intuye al dise√Īarse los recorridos, visitas, horarios, caminos de idas y vueltas que, al fin, dibujan el d√≠a a d√≠a, el hora a hora.

Ni qué decir si las indicaciones en otro idioma se van pegando a la memoria o un alfabeto distinto empieza a hacerse deductible.

Una aventura sin haber siquiera empezado a armar valijas.

Estamos entonces in viaggio.

Esa imágen anticipada, intuitiva o adivinatoria, se completa cuando - y pie en tierra - la imaginación se yergue con la ciudad misma en toda su magnitud.

Puede ocurrir que, desde entonces, jamás dejemos de estar allí. Una parte permanece, como me ocurre con Estambul.

Jamas regresé.

Embrujo o magia que hacen de la estadía un tiempo infinito.

Y las estampas, como postales, se ubican en un gran collage en que cada pieza halla su sitio, y van y vienen no importa qué estemos haciendo. Irrumpen atrapando nuestra atención para llevarnos una y cien veces más a los rincones, los detalles, las esquinas, los barcos, las vidrieras, los cielos, los aromas y los sonidos que flotan para siempre.

As√≠, hoy irrumpi√≥ temprano el Pasaje de las Flores, el √ái√ßek PasajńĪ.

Cuando una inicia en Taksim Meydani ( plaza , en turco) que d√° nombre al barrio, bajo el bronce del Monumento a la Rep√ļblica centrado en esta ic√≥nica zona, se adivina el recorrido de la famosa Istikal Caddesi, la Avenida de la Independencia.

La peatonal atraviesa otra Estambul muy distinta de la Sultanahmet donde nos alojamos custodiando Hagia Sophia y la Mezquita Azul.

La porción de la ciudad que se apoya en la avenida Istikal no es la Constantinopolis de Constantino, ni la que Mehmet - el Fatih - atrapó en el 1453 tras numerosos días de sitio, estrategia y batalla en el séptimo asedio otomano.

Esa, la hoy denominada Eminon√ľ, es la antigua y m√≠tica, la que fue capital de cuatro imperios: el romano, el bizantino, el latino y el otomano.

Istikal, en cambio, está en la porción norte , por encima del Cuerno de Oro, del otro lado del adorado Bósforo adonde todos y todo miramos y al que a diario se le rinde merecido culto.

Donde dos mares de juntan, el Mediterráneo y el de Mármara; dos mundos se reunieron desde el inicio de los tiempos. Allí empieza Asia.

Istikal es una ancha calle devenida peatonal - apenas recorrida por el Tranvía de la Nostalgia- que va y viene por los barrios más comerciales, cosmopolitas, de movimiento incesante y estilo y estética europeizada a la usanza del siglo XIX.

Va y viene desde Taksim, atraviesa Beyogl√ľ y conduce a la Cit√© de Pera, antes de derramarse en el mar en G√°lata.

Péra, por su forma o porque en griego significa "más allá". Baste con mirarse un mapa para advertir que, atravesando el Bósforo y dejando a las espadas las alturas de los minaretes de las innumerables mezquitas, se alza la porción más europeizada de esta ciudad colosal.
P√©ra rodea G√°lata, la colina que cae al mar en picada. La caminata de descenso, apenas ayudada por escalinatas, es de una pendiente iluminada, acompa√Īada de negocios a ambas manos hacia los que los ojos se van sin control.

Volvamos a Taksim. Conviene cargar fuerzas con un delicioso té de granada, jazmín o negro y la porción más exquisita de vaclava en el centenario Hafiz Mutafá.

La comercializaci√≥n en cadena no ha conspirado contra la exquisitez de ese romance que los turcos tienen con el az√ļcar, el turr√≥n, el chocolate, el alm√≠bar, las cremas y las mousse.

Entremos en clima...en el Estambul del siglo XIX, la del gran Imperio Otomano con el que la Primera Guerra arras√≥ hasta verla transformada en Rep√ļblica en 1923 de la mano del m√≠tico Ataturk.

Para entonces , antes de a guerra, se hab√≠an radicado, no ya los venecianos y genoveses que fueron testigos desde la Edad Media como protagonistas de la actividad comercial en la que Constantinopla representaba el puente entre dos continentes, sino poblaciones dedicadas a la actividad econ√≥mica como podr√≠a imaginarse. Industria, banca, ferrocarriles, tiendas, todos quer√≠an su sitio entre Beyogl√ľ, Pera y G√°lata. Y hab√≠a sitio para todos.

A pesar del triste Pogromo de 1955 merced al que las comunidades griega y armenia dejaron la zona que contribuyeron a desarrollar, quedaron sus monumentales y elegantes palacetes que cobijan hoy una zona de sedes diplom√°ticas.

Es que en ese a√Īo un grupo nacionalista simul√≥ un ataque a la casa natal de Kemal Ataturk - Padre de la Patria, literal- en Sal√≥nica ( actual Grecia, antes territorio otomano ) que fue respondido con el saqueo a los bienes de las comunidades que, tras vivir hist√≥ricamente en la ciudad, decidieron abandonarla.

El fin de la armonía hizo que los templos no musulmanes, a los que se exigían condiciones que casi impedían ser edificados, se localizaran en una segunda línea, como la que nos permitió detectar - por total casualidad - la iglesia de San Antonio.

Tras un pórtico que no podía más que hacer pensar en un edificio particular, se hizo visible ya puesto el sol el mismísimo día de Navidad un árbol encendido y a cuyos pies reposaba un pesebre de talla.

Y tuvimos √°rbol en la ciudad de absoluta mayor√≠a musulmana sunnita. Y m√ļsica navide√Īa en tonos de azul y plateado en un edificio de un g√≥tico bien europeo. Un √©nclave cat√≥lico romano en el medio de Pera.

Quién podría haber buscado la Navidad en el mundo musulmán?
Pues la Navidad nos encontró a nosotras.
Así es de sorpresiva esta ciudad fundada en el 330 d.C. como Bizancio, que antes fuera llamada Bizas y capital de la provincia griega de Tracia establecida por un hijo de Poseidón y, en el siglo VI a.C., ya hubiera sido Ligos.
Se lee en la Epopeya de los Argonautas que "...llegados a la embocadura del Ponto, descendieron a tierra; entonces reinaba en la región Bizante, de quien procede el nombre de la ciudad de Bizancio..."
No tiene m√°s que destino de esplendor cultural, y econ√≥mico es lo que exhibe soberbia la ciudad act√ļa. No son las huellas del pasado sino su estirpe.
Entre quienes se instalaron en Estambul se hallaba ńįsmail HakkńĪ Bey, llegado desde Anatolia y se ubic√≥ entre los confiteros de a pesar de que su arte era un sarraf cuya profesi√≥n era la de cambista de dinero o bonos.

Iniciando su negocio con los dulces, de esos que dan color a cada cuadra en la actual ciudad con estanter√≠as s√≥lo comparables con las exhibidoras de helados italianas o las escenograf√≠as de chocolates en Bruselas, uno de de sus hijos, Mustaf√°, que simult√°neamente era pastelero y muec√≠n de la Mezquita ArpacńĪlar, quien desde el minarete llamaba a la oraci√≥n.
La primera tienda estaba en Eminon√ľ rodeada de sastres y relojeros en la calle Bah√ßekapńĪ. En 1924, HafńĪz Mustafa - ya una marca - apareci√≥ en Yerebatan ( donde la Bas√≠lica Cisterna) con sus otros productos, en los que se especializ√≥ a lo largo de los a√Īos.

M√°s tarde fue el tiempo de cruzar el B√≥sforo e instalarse en Beyogl√ľ y fue el nieto del pastelero pionero quien sigui√≥ adelante hasta que inici√≥ la importaci√≥n de cacao y el chocolate se sum√≥ al negocio con marca propia: Cocolat.

A pesar de dos cambios de manos, las cinco generaciones que inició Hakki permanecieron en el ambiente de Hafiz Mustafá donde deleitarse es imperativo en esta ciudad de placeres, de sentidos exacerbados.
La charla que hace de m√ļsica de fondo en el sal√≥n con mezcla de sabor a chocolate y caf√©, almendras y pistachos, es una constante en la ciudad de Constantino.
La amabilidad de los estabulíes, el estilo de atención de la mesa son distintivos en esta parte del mundo en la que un simple café es un agasajo.
Tras llevarnos granos cubiertos de chocolate y latas de té que esperan en nuestra cocina el invierno, seguimos el extenso recorrido encajonado entre elegantes edificios que crecieron con Hafiz Mustafá.
Tomada la decisión, una jornada entera es cuanto insume llegar hasta el barrio de Gálata adonde la maravilla es admirar la Torre por la noche. Y así fue. Una maravilla.
Mientras se camina por Istikal, y con escasas distracciones de shopping, la cabeza se entretiene en las distinguidas fachadas de un mundo que dejó de existir cuando el gran imperio otomano fue desmembrado tras la guerra.

Y nada cuesta imaginarse carros a caballo atravesando los p√≥rticos de los edificios que hoy son sedes diplom√°ticas , se√Īoras de raso o taft√°n arrastrando faldas y altos sombreros.
La mayor√≠a de sus construcciones son antiguas embajadas, de los siglos XVIII, XIX y XX y estilo art nouveau. Los palacetes, con entradas imponentes y fastuosas escaleras, rememoran una Estambul que nunca ha dejado de ser. Hemingway, Agatha Christie, Trotsky y el mism√≠simo Atat√ľrk se hospedaron aqu√≠ en sus visitas a la ciudad.

Flota el pasado en una ciudad que es una res√ļmen de la historia del Mundo, su mapa.

Y se percibe ,lo mismo que en Budapest, la estirpe del Imperio en cada ladrillo. La competencia con la elegancia parisina, la opulencia, la magnitud londinense, que no es sino consecuencia de que Istikal ha sido y es el eje de la antigua capital.
La Grand Rue de Pera, fue la elegida. Como cuando el segundo metro del mundo se desarrolló luego del London Underground.

Sin apuro, el recorrido merece la mayor de las paciencias. Cuadra a cuadra en las que, sobre los comercios de marcas globalizadas, se yergue el ciudad histórica e intacta.

Y, de repente y casi de casualidad a pesar de estar advertida, aparece bajo antiguas marquesinas de hierro negro el Pasaje de las Flores, el √ái√ßek PasajńĪ.
Encerrado en una modernidad que dificulta detectarlo, como si se lo devorara, el Pasaje se le impone y basta con cruzar su pórtico y se abre otro tiempo. Otro mundo.
Nos crecen las faldas y los tocados. Guantes largos y m√ļsica de fondo.
Un t√ļnel hacia un exitoso √©nclave parisino en la ciudad.

Sobre ambas manos de esta "Arcade" inglesa o "Promenade" francesa, cafés y restaurantes esperan con manteles de blanco impecable y mozos de saco negro y largos delantales cayendo sobre sus pantalones.
Balcones con flores de seda en las alturas desde las que nos miran est√°ticas im√°genes de las se√Īoras de la Belle Epoque. Nos esp√≠an como a intrusas que osan visitar su pasaje en enero aunque en un d√≠a particularmente soleado.

Está vacío. De pleno rococó, con sus arcos y bóvedas, esperándonos en invierno.
Bandeja en mano, y en esta lengua incomprensible que los descendientes del centro del mundo por siglos transforman en tantos idiomas como visitantes reciba la ciudad, invitan a sentarse. O es lo que suponemos.
Como sólo pueden hacerlo estos cosmopolitas por naturaleza, mercaderes de todos los rubros, seguros de su orígen , transforman su idioma en el de quien puedan conquistar como su cliente, como hace siglos conquistaron Constantinopla.

Y no es sino un halago para el visitante que hablen su propia lengua. Es una muestra de diversidad cultural, de civilización, de absoluta convivencia étnica y religiosa, de la inmensa bienvenida que Estambul derrama en toda su magnífica extensión. De que todo lo entienden y todo lo saben, porque todo lo han visto.
No prueban su inteligencia ni su autoestima. Sólo se exhiben eternos en esta porción del mundo y nos dicen que, no importa de dónde vengamos, hay un sitio para nosotras en Estambul.

Y es cuando la amabilidad supera al idioma y empieza el disfrute de sus delicias.

Pobres de aquéllos que derrochan tanta belleza y cultura y recurren a la vulgar, despreciable App de la ignorancia y la comodidad. Esa que se atreve a transformar en una voz metálica la lengua ajena y hace perder la posibilidad del camino que se recorre entre el misterio de no entender nada hasta la comprensión.
Acaso no es delicioso escuchar y no entender, pero interpretar. Mirar un texto y no leer, pero deducir. Hablar con las manos hasta dibujar en el aire lo que necesitamos o hacer visible la dirección hacia donde deseamos dirigirnos. Y llegar.
Desde cuándo la comunicación debe ser literal, exacta, sistemática?

Ensayar palabras hasta reproducirlas con respetuosos defectos y devolver un saludo, corresponder con un "gracias" o "de nada". Y es cuando, inevitablemente, el local saluda el esfuerzo, agradece la labor de ser parte del lugar abandonando el rol de turista para convertirse en un viajero, un explorador, un transe√ļnte m√°s de la calle que hace cientos, miles, de a√Īos ellos recorren.
La piel se pone como de una gallina, pero turca.

Saludarse con un G√ľle-G√ľle arranca una sonrisa en cada estambul√≠ que reconoce el aprendizaje. Y no hubo manera de reproducir otro saludo.

Volvamos al Pasaje de las Flores adonde nos sentamos all√° en el fondo como para no perder detalle de lo que ocurra hasta la entrada y el tercer piso, el √ļltimo, por sobre el que un techo de vidrios opacados por el tiempo y el invierno deja pasar luz apenas suficiente.
Pescados y verduras adornadas con mil especias y pita nos retienen enamoradas del Pasaje que nos hace mirar hacia arriba inevitablemente como esperando que una capelina se asome o nos ofrezcan un ramo de violetas.

El pasaje, en nuestra cultura urbana una "galería" , que conecta Istikal con la calle Sahne y que originariamente alojara al teatro Naum, al que los Sultanes asistían a escuchar ópera y que el incendio de 1870 arrasara.
Desde entonces, su nuevo due√Īo y un arquitecto - ambos griegos - establecieron una bodega. Despu√©s de la Revoluci√≥n Bolchevique de 1917 muchas mujeres rusas nobles empobrecidas, incluida una baronesa, vendieron flores en el pasaje como medio de subsistencia. En la d√©cada de 1940 el edificio estaba ocupado principalmente por tiendas de flores, de ah√≠ el nombre turco.

Imperdible! Y le siguen los demás pasajes de la avenida establecidos en similares espacios históricos y que forman una trama secreta en esta zona afrancesada de esta ciudad que tantos amaron.

Seguimos andando con la segura sensación de que vamos hacia el Bósforo, y no nos equivocamos. Descenso abrupto.
El cielo se oscurece como para hacernos comprender que se acerca el final de la jornada , pero es enero y no nos enga√Īa. Sabemos que restan muchas horas hasta resignarnos al descanso.
Cuando el agotamiento es innegable, se advierte - iluminada- la Torre de G√°lata, el obsequio de los genoveses que era due√Īos de la zona, conviviendo con romanos, bizantinos, otomanos. Due√Īos con su flota del mar y en permanente disputa con los venecianos. Pero ya viajaremos a la Cuarta Cruzada con Baudolino en otro viaggio.

Guardo el h√°bito de, antes de la partida de cada sitio , girar sobre mis pies y admirar la escenograf√≠a. No como se mira lo que no se volver√° a ver, sino para llevarme la √ļltima visi√≥n en la memoria.

Así lo hice cuando, en plena oscuridad, atravesamos el Puente de Gálata entre el brillo de las luces reflejando sobre el agua inquieta.
Y la cabeza se vuelve una y cien veces. Aroma a pescado fresco que viene de la planta superior donde los locales dejar caer las líneas con anzuelos esperando tener suerte.

Los 490 metros no alcanzan como para no prometerse regresar, como cada rincón.
Ya en Eminon√ľ, nos perdemos buscando el camino.
Pero los minaretes o al-minar, orientan. Seis tiene la Mezquita Azul, con la que Ahmet gener√≥ gran enojo por superar a la Medina. Pues le a√Īadi√≥ a √©ste un s√©ptimo y as√≠ zanj√≥ la cuesti√≥n.
Cuatro le levantaron a Hagia Sophia cuando conquistaron la ciudad en clara se√Īal de conversi√≥n, y otros tantos tiene Suleymaniye, la levantada por Suleym√°n "el Magnifico".
Las edificadas por príncipes y princesas sólo pueden ostentar dos.
Se lee así el cielo como otros lo leerían mirado las estrellas, y la ciudad orienta.

Cuando creemos que es Sultanahmet Camii - la Azul- contamos los minaretes y advertimos que el m√°rmol blanco no es sino el material de Suleimaniye. Asomada tras la verja, detr√°s de la mezquita, confirmo que la casualidad nos condujo a la tumba de H√ľrrem Sultan, la esposa.
Mientras, los gatos van y vienen y los vecinos les garantizan comida y colman de agua los recipientes improvisados.

Aquí, amados, son custodios de la historia monumental. Y Mehnet tenía una gata, Zita que en árabe significa "novia" a quien adoraba a pesar de su ganada fama de extremadamente cruel y despiadado. Era práctica que quien accediera al sultanato estrangulando con cordones de seda - eso sí- a todos los hombres de la familia que pudieren conspirar por el trono. Y Mehmet honró la consigna al ser el tercero hijo varín concebido por Murat II con una hermosa esclava eslava.

Supo que, para garantizar su llegada y permanencia, la sensibilidad no era lo suyo tras la marginalidad en la corte, en la que también se destacó por su cosmopolitismo, ilustración y el mecenazgo.
Todo por aqu√≠ contribuye a una atm√≥sfera extra√Īa. Misteriosa. De una serenidad desconfiada.
Miles de "nazar boncuńüu" - los ojos turcos- parecen observarnos mientras, extranjeras, caminamos sus calles fuera de los horarios de turistas.
Y aparecen los gatos , como en Atenas, por detr√°s de todos los muros, las rejas quietas de los "kulliye", esos complejos urbanos que re√ļnen la mezquita, la madraza - escuela - , un hospital, comedor p√ļblico, hamman - ba√Īos p√ļblicos- en un concepto mucho m√°s abarcativo que el estrictamente religioso.
Ning√ļn templo ha sido levantado en soledad.
Un pared√≥n tranquiliza la b√ļsqueda porque indica que estamos tras la Universidad de Estambul, y sabemos que el barrio es Beyazit, donde el d√≠a previo tomamos el t√© en la madraza de Sinan Pasha, con chocolate belga.
Y así pasan los días, interminables aunque insuficientes, y se le hace a Estambul una promesa de seguro retorno.
Nos quedamos enredadas en las calles angostas, los cuerpos cilíndricos de los "turbe" ( tumbas) por aquí y por allá, quioscos con arcos en punta o curvos , los arabescos de las "tugras" ( sellos imperiales) , las curvas de los ojos de las columnas de la Cisterna Basílica - supuestas lágrimas de los esclavos que las esculpieron- y la serpiente venida desde Delfos hasta el Hipódromo de Constantinopla, los halos de las vírgenes, los tallos de las flores de Iznir y los arcos de los bazares.
Estambul es una trampa sin salida. Una medida distinta de las cosas, un modelo distinto del Mundo ante el que me rindo, a los pies del Fatih.

No obstante la historia majestuosa, la certeza de poderío ineludible, del destino de poder, de una espiritualidad inquebrantable, reinan la serenidad, las voces bajas, la sonrisa distendida, el té más amable, el trozo de turrón y la mano extendida para negociar algo. Aunque no se venda nada.
Los estambulíes se muestran y ofrecen a sí mismos y a su ciudad, recordando a Pamuk, como la mercancía más valiosa que exhibir.
Seguimos in viaggio.

G√ľle-G√ľle!!!
gabriellainviaggio.blogspot.com/
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Etapa: UN DIA EN LA CIUDAD DE LAS MEZQUITAS  -  Localizaci√≥n:  Turquia Turquia
Descripci√≥n: RECORRIDO POR ALGUNAS MEZQUITAS. REFLEXIONES SOBRE EL CULTO, LA ARQUITECTURA Y LOS H√ĀBITOS EN UNA CIUDAD M√ĀGICA
Fecha creaci√≥n: 28/03/2020 05:28  
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EN ALFOMBRA MAGICA

Con Sofia,

Lo que hacia otro destino sería un tradicional vuelo en aeronave comercial , camino a Estambul lo es en alfombra.

Así se llega a la deslumbrante, inmanente, Constantinopla.

Al centro del mundo. A la capital m√°s poblada de Europa en todos los tiempos.

A la due√Īa del tiempo.

Estambul no es imperial. Es m√°gica.

No es poderosa, es √ļnica.

La distancia que nos separa es sólo de 15 horas de vuelo, pero es otra la que en realidad se recorre. Es un tema de dimensiones, no de usos horarios.

Pinchando el cielo con sus minaretes logra el efecto buscado, ascender. Se despega de la tierra redondeada en colinas, sin demasiado verde, y toca el cielo.

Es que, aunque extensa, todo el espacio fue ocupado. De ambos lados del Estrecho de Bósforo, no cabe ni un alfiler.

La visibilidad desde la altura de la famosa muralla, los alminares y las torres protegió a la antigua Constantinopla de sus eternos enemigos, de quienes la apetecían como a una manzana en el Paraíso y la asediaron hasta obtenerla. Hoy se le suman los edificios de una modernidad que no afectó el dibujo de la ciudad en el horizonte.

Re√ļne varios mundos superpuestos y es una apasionante tarea discriminarlos en la caminata que no para nunca.

Estamos llamadas a una marcha permanente, ininterrumpida, de un rincón al otro - apenas separados por metros - a paso apurado, porque el invierno nos marca la agenda. Y porque es inevitable la ansiedad por ver, sentir, escuchar, oler. Llevárselo todo puesto.

Cuando la alfombra aterriza evadiendo las puntas de los alminares, todo junto se viene encima. Y no alcanzan el tiempo ni los ojos.

Una plaza arroja rieles y avenidas serpenteantes y ascendentes. Una avenida se hace calles, y cada calle pasaje, y el pasaje se estrangula en un pasadizo por el que se divisa el acceso a uno de los bazares, los cafés, los mercados o las zonas de ablución de los templos fácilmente detectables por la prolijidad del calzado que espera el fin de la oración.

En este rincón del mundo la gente se viste con mucha sencillez y hasta homogeneidad que se comprende cuando de sacarse - hombres y mujeres- sus zapatos a velocidad para ingresar a la mezquita se trata.

Segundos insume la ablución y descalzarse.

Mientras nosotras debemos sentarnos para sacarnos las botas o los borceguíes, ellos sólo empujan los contrafuertes y, sin mirar hacia atrás, se desprenden de lo mundano e ingresan a lo sagrado.

El tiempo del "salat" hace que el aire se llene del canto empalagoso como el alm√≠bar de un vaclava, que explica que Al√° es grande y √ļnico, Mahoma su Profeta y recuerda que orar es mejor que dormir.

Una bruma de sonido, de canto sereno e ininteligible, pero sagrado, viene de lo alto de los minaretes.

Y al primero le sigue los que, sucesivamente, le van contestando que es tiempo de detenerse. Y todo se detiene.

Inicia una especie de silencio, de mutismo en reflexi√≥n a√ļn para los que no dejan de andar, de circular por una avenida o en el metro.

La ola humana que se desplaza por las calles extra√Īas, enredadas sobre s√≠ mismas, como un caracol, no es bulliciosa. Es serena, y se torna introspectiva.

Mayoritariamente masculina en las zonas menos turísticas - tal como Sofia advirtiera- se muestran distendidos, amables; desconocidos pero conocedores de lo que sucede más allá de la muralla de Constantinopla, la Segunda Roma.

Al iniciar el llamado una se conmueve porque no es una orden ni una alarma de reloj, sino una invitación para que lo mundano deje paso a lo celestial, a lo divino.

Cinco son los horarios de llamado al "salat" - oración obligatoria aunque a nadie parece obligar- que antes hacían los almuédanos ahora proviene de parlantes o, raramente, de una grabación.

Cinco oportunidades para los musulmanes sunnitas, la mayoría, mientras que los chiítas sólo lo hacen tres.

Aqu√©llos son quienes, al morir Mahoma, decidieron que deb√≠a aplicarse la Sunna - ense√Īanzas del Profeta - para escoger a quien ocupara su sitio. A su vez, los chi√≠tas - minoritarios - consideran que deb√≠a seguirlo su yerno, Al√≠.

La aparente y sutil diferencia enfrenta de manera violenta a los musulmanes del Mundo actual y explica uno de los ejes de los conflictos en los que se va la vida de propios y ajenos.

No hay posibilidad de ignorar los llamados de los que tomamos debida nota en tanto una hora antes de cada uno se desvanece la posibilidad de visitar sus mezquitas.

Llegado el momento y si no se ingresa a una mezquita, se sabe dónde está la qibla, dirección hacia la Kaaba en La Meca.

Hasta una app supera al astrolabio medieval y nos lo indica con su "qibla finder" y ofrece modernidad a la tradición de unidad de la comunidad a la hora del rezo desde cuando Alá se reveló a Mahoma indicándole ese rumbo y todos lo siguieron en el 623, orando hasta entonces en línea con Jesusalén.

En los templos, el mihrab orienta la oración, al sitio sagrado, y a escasa distancia una escalera conduce al Imán al minrab, desde donde se lee el Corán.
Y si se dice que Italia tiene m√°s iglesias que cat√≥licos, pues Estambul no se le queda atr√°s, y cuadra a cuadra, acompa√Īan la marcha.

La tentación se alimenta conforme más templos de visiten. Uno no es la medida, y es que puede seguirse un recorrido conforme avancen los llamados.

Cada llamado se percibe como una oportunidad de reencuentro con la identidad que va mucho m√°s all√° de lo religioso.
Y para los que no somos parte de esa identidad, la conmoci√≥n es inevitable. Se demora el paso y se aprovecha para mirar una escenograf√≠a humana que ning√ļn orden de palabras llega a explicar apropiadamente.

Nada condiciona el acceso, con la sola excepción del estricto cumplimiento de las normas que el Islam respeta.

Recuerdo que hasta cuando no ten√≠a m√°s de 10 a√Īos mam√° y las t√≠as usaban para las ceremonias religiosas unas hermosas manillas de encaje para cubrirse la cabeza. Las guardo.

Blancas, grises o negras, seg√ļn lo impusiera la ocasi√≥n.

Pues en Estambul eso no ha cambiado, con la rígida condición de que el cabello femenino no debe siquiera asomarse.

No se mira al cielo, es muestra de desconfianza a Al√°.

No se arreglan las prendas que se llevan puestas ni se descubren los brazos.

Tampoco deben estirarse las piernas si se est√° sentado en las alfombras, es irrespetuoso.
No es menos cierto que los visitantes tenemos asignado el mismo espacio que a las mujeres locales. La parte trasera. La ley isl√°mica, exige que hombres y mujeres permanezcan separados en la sala de oraciones; en teor√≠a, las mujeres deben ocupar las filas detr√°s de los hombres. Mahoma habr√≠a preferido seg√ļn el hadiz, su palabra, que "Las mejores mezquitas para las mujeres son las habitaciones interiores de sus casas." El segundo califa Umar lleg√≥ a prohibir la asistencia de mujeres a las mezquitas y les exigi√≥ que rezaran en sus casas. A veces, se reservaba a las mujeres un lugar determinado de la mezquita; por ejemplo, el gobernador de La Meca en 870 aisl√≥ mediante cuerdas atadas entre las columnas un lugar separado

Es prudente en cualquier caso pasar inadvertidas.
Tampoco comparten la fuente de ablución en la que, con velocidad, lavan sus manos, nariz, boca, oídos y la cabeza.

Sin aludir a las arquitecturas bien diferenciadas conforme la data del edificio, es Hagia Sophia la madre indubitada de todas.

Es su planta, su altura, sus c√ļpulas, semic√ļpulas, columnas, sus galer√≠as y claristorios los que dibujaron a todas y a cada una de las que la siguieron. No por nada era el sitio m√°s preciado como s√≠mbolo de la conquista.
Y ninguna en Estambul supera al genio bizantino, ni la grandiosa Sultanahmet o Suleymaniye Camii, aunque - como en tanto - la comparaci√≥n es odiosa, in√ļtil e injusta.
Tras la Yeni Camii Mezquita Nueva -, la Mezquita Azul y la de Beyazit - vecina a la magnífica Universidad de Estambul - se advierte no sólo que lo colosal es sinónimo de culto y tributo, sino que la mezquita representa un "módulo" de desarrollo urbano. Un concepto de armado de la ciudad para el que la religiosidad no se agota ni de lejos en el rezo.

El "k√ľlliye" es el complejo en el que el tempo es un edificio central pero no solitario. Se une a un hospital, comedor, biblioteca - usualmente con forma de quiosco- , un hamman ( ba√Īo turco), una madrasa y otros servicios de caridad, con marca otomana registrada desde las dinast√≠as Sely√ļcidas del siglo X hasta el final del Imperio con el nacimiento de la Rep√ļblica en 1923.

El k√ľlliye lleg√≥ a incluir universidad, escuela de derecho y de medicina, todo administrado como una fundaci√≥n con sus propios recursos.

El dise√Īo que se advierte hoy es el que introdujo el gran Mimar Sinan en el siglo XVI. Contempor√°neo del Palladio que desarroll√≥ el estilo del g√≥tico veneciano, de Miguel Angel con San Pedro, de Vignola o de Herrera y el inconfundible estilo que exhibe espa√Īa empezando con el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, la Plaza Mayor, los edificios de Lerma o el Cuartel General del Ej√©rcito del Aire ah√≠ donde Madrid recibe tras atravesar su Arco del Triunfo.

Ese fue el tiempo de Sinan, cristiano capturado como esclavo y sometido a la formaci√≥n de Jen√≠zaro - guardia de corps feroces protectores del Sult√°n - que devino genio matem√°tico e ingeniero del ej√©rcito. Dise√Īando obras civiles durante la expansi√≥n del Imperio contact√≥ con diversas est√©ticas hasta que, cerca de los 50 a√Īos, Suleyman lo designa arquitecto de la corte.

No basta con que las mezquitas colmen cada barrio con magnitudes ins√≥litas, manojos de minaretes de variadas alturas y balcones - en una ciudad en la que todo tiene un sentido - o en el centro de manzanas impenetrables. As√≠, es que la joya llamada R√ľstern Pasha fue levantada por Minan Sinan en una colina de ferreter√≠as, un par de cuadras m√°s lejos de la Yeni Camii y por encargo del Gran Visir y esposo de Mihtimah, una de las hijas de Suleyman. Nada con la novela, aunque este Gran Visir conspir√≥ con la esposa del Sultan, la famosa y temida Roxelana, acusando de complotar al promog√©nito de Suleyman, el que termina siendo decapitado.

El mantenimiento del templo proven√≠a de los alquileres de los negocios sobre los que estaba edificada. Si recorrer el barrio de Tahtakale no es sencillo por la multitud, encontrar el acceso a R√ľstern Pasha es imposible y muy bueno es contentarse con divisarla desde la costa.
No.

Una empieza a meterse en Estambul cuando detecta que la ciudad gira en torno de la espiritualidad, y - luego- el comercio de los mercados, la pesca del Bósforo, un eterno cosmopolitismo, el romance con la Europa a la que pertenecen y no pertenecen al mismo tiempo. Es que es otro mundo.

Desde la alfombra seguimos flotando , sostenida en un aire con aroma a canela, a comino, azafr√°n, a granadas frescas y en grano, a caf√© o casta√Īas braseadas.

Escribir sobre Estambul se convierte en una plegaria al retorno.

Aunque no hay zonas erradas para alojarse, ninguna como Sultanahmet.

Edificaciones apenas de dos pisos, ventanas de rejas con arabescos y rematadas todas por una terraza que mira al Estrecho del Bósforo.

All√≠ se ofrece el desayuno, mirando a un lado Hagia Sophia y la Mezquita Azul y - del otro - Usk√ľdar.

Basta con levantar la vista para recordar que hemos llegado hasta donde la pasión por buscar la maravilla nos llevó. Y nos traeerá nuevamente.

Y una sale a la calle tras desayunar ensalada griega y alg√ļn dulce venido del Para√≠so y , girando en una esquina, toparse con un exhibidor de cer√°micas de cientos de colores, de alfombras y kilim, de cueros de los tonos m√°s extra√Īos, cajas y vasos de t√©s de granada o de manzana. Y de todo lo que el mercado m√°s grande del mundo antiguo todav√≠a tenga para ofrecernos.

Empieza el romance con los gigantes pa√Īuelos de seda, y la elecci√≥n de la talla de hamman infaltable en la valija de regreso; el color de la granada que me mira desde el estante de la cocina, y la colecci√≥n de aromas de la caja de especias que tiene por destino la cacerola del oto√Īo. Un par de almohadones que no puede sino tener tulipanes, y cuencos esmaltados para servir humus que atrapar en pita caliente y crocante.

Comerciantes apasionados, no soportan la compra pasiva, sumisa. Hay que pujar, regatear, discutir, levantar un poco la voz y reírse; amagar con irse y regresar; gesticular como sólo los mediterráneos lo hacemos , y - entonces y sólo entonces- una se merece la mercadería. Hay que ganársela.

Ellos no venden, ellos ofrecen.

Y, sin advertirlo, las bolsas se van amontonando y la ciudad entrega sus bienes m√°s preciados. No a cambio de dinero sino del trabajo de comprar entre carcajadas y miradas agudas.

La alfombra voladora lleva a otro tiempo. No importa la vestimenta - que en gran parte de la población local es el hiyab - ni los medios de transporte que se entrelazan. El tiempo siempre es otro, el pasado.
Muchos pasados.

Algo hay en Estambul que trae y lleva a otro tiempo de la gloria de una ciudad que fue capital de cuatro imperios: el romano, el bizantino, el latino y el otomano.

Será la nostalgia de la que tanto habla Orhan Pamuk y que, allá lejos al leerlo, no entendí. Ese sentimiento esencial al estambulí y que no cuesta nada advertir en el sonido, en los colores y los ritmos.

Los colores. Nada es estridente con la sola excepción de sus telas y cerámicas exhibidas en vidrieras, mercados o colgadas contra las paredes en las callecitas que van o vienen.

Lo dem√°s es discreto, aunque jam√°s en tama√Īos aunque temen la envidia y nos ofrecen sus ojos o "nazar". Lo gigante es lo que predomina. Nada pasa inadvertido. Vol√ļmenes imponentes recortados sobre el B√≥sforo.
Ning√ļn edificio se oculta. Todo se exhibe con soberbia y se admira con humildad. Un bloque encaja en el vecino y todos se ven en una sola vista panor√°mica en la que las colinas y el mar, cortado en gajos por los puentes, se graba en la memoria como un regreso seguro.

En armon√≠a se encastran los siglos, sin conflictos, como quien ha tenido que acomodarse y no le es inc√≥modo. As√≠ ha sido la dominaci√≥n: ca√≠da o conquista, seg√ļn como se la mire.

Los tramos de muralla bizantina abrazan el distrito de Fatih, donde las mezquitas no tienen competencia en el protagonismo. Claro enfoque religioso de la vida cotidiana en el que el urbanismo se dise√Īa con molde de "kuliye".
Y, tras dias y d√≠as de caminata, se reconocen los monumentos funerarios como el de....II en Sultanahmet, las adoradas colunas y obeliscos, los p√≥rtios de bazares que anuncian la sucesi√≥n de arcos de medio punto y bovedas de ca√Ī√≥n pintadodo de amarillo huevo: el Grand Bazaar, el Egipcio o de las especias y el de los libros. Y los gatos.
Ello sin contar trozos de la ciudad, como el que se encaja en la Yeni Camii - Mezquita Nueva - en el que los tenderos colman callejuelas angostas y atestadas de estambul√≠es en el famoso barrio de Eminon√ľ. All√≠ se honra la ciudad con estatuas de bronce como la del vendedor de telas, la del anciano y el ni√Īo jugando sobre una tabla, o el Jen√≠zaro amenazante.

El costumbrismo, la cultura cotidiana es también parte del culto.

Como aceptar un t√© de granada servido en los peque√Īos vasos tallados con un trozo de alg√ļn dulce, o agradecer a quien pasa su tarjeta de transporte cuando advierte que la nuestra se ha agotado.

Para cerrar semejante vértigo al descender de la alfombra, ya camino del hotel mientras el frío aumentaba, el anuncio de una madrassa invitando a la visita llamó nuestra atención y curiosidad.

Ni dudamos. Una vez dentro del complejo de Sinan Pasha - discípulo de Mimar Sinan - , sentimos inquietud por no perturbar la atmósfera de silencio, creyendo que no seríamos bienvenidas , hasta que fuimos recibidas por un sonriente local.

En inglés o en italiano nos explicó la función de difusión del Islam y de la escritura que desde allí se concretaba en la sala de los caligrafistas.

Nuevamente sin zapatos, y siendo la cuarta vez en el d√≠a en el que luch√°bamos con nuestras botas, lo acompa√Īamos a una de las habitaciones que rodeaba al patio central, en cuyo mism√≠simo eje se levantaba un quiosco.

Sobre alfombras de las buenas admiramos la tarea del jóven caligrafista, tras lo que nos obsequiaron el primer párrafo del Corán escrito dando forma a la primera letra del alfabeto árabe, sinónimo de nuestra "a".

Charla mediante, nos invitaron con un té que compartimos sentados en una mesa a la que se sumaron un anfitrión pakistaní y una visitante marroquí. Una caja de chocolates belgas pasó de mano en mano traída por un "hermano" que, al cabo de unos minutos, entendí era hermano en Alá, y no de sangre de ninguno de los presentes.

Sólo hablaban entre éllos en árabe, no en turco, pues es el árabe la lengua del Islam.

Pocas veces en la vida me sentí tan ignorante acerca de las reglas del anfitrión. Cuánto se habla? Cuánto se contesta? Cuándo es momento de decir adiós?

Discreción y prudencia, aunque con gentileza. Cruzamos miradas con Sofi y anunciamos la partida.

Entonces, nos ofrecieron un libro a cada una. Pregunté, en mi absoluta certeza de ignorancia, si les debía algo por la guía en la visita, el té con chocolate y el obsequio.

La inmediata respuesta fue : "El √ļnico pago es que lean el libro".

Nos dimos la mano - por mi exclusiva y occidental iniciativa - en signo de despedida y me pregunté inmediatamente si las mujeres islámicas tienen ese hábito.

Como lo supon√≠a, al indagar sobre el punto descubro que s√≥lo los hombres estrechan la mano. Un "salam" o "g√ľle-g√ľle" hubiera estado perfecto.
Salimos de esa atmósfera casi mística, sintiéndonos felices y admiradas , cómplices, por la belleza a la que el espíritu inquieto y curioso nos había llevado.

Nos tentó, a pocos metros, la entrada angosta, escondida, a la mezquita Atik Alí Pasha, pero ya era demasiada aventura para una tarde.

No sé qué habrán sentido los grandes exploradores, peró sé la emoción que nuestra intrépida decisión nos regaló.

Atravesamos la porci√≥n de Divan Yol√ľ que nos separaba desde la estaci√≥n Camberlitas del tranv√≠a hasta Sultanahmet Meydani, y luego caminando a nuestro hotel.
Como cada noche, nos despidieron el Hip√≥dromo extendi√©ndose entre la Quiosco Alem√°n y el Obelisco de Teodosio, Santa Sof√≠a con su aro de luz sobre el que la c√ļpula se sostiene como suspendida en el aire - tal como Procopio de Ces√°rea la describe- y la Mezquita Azul , de fiesta.

La luz se va e impone cerrar el día imaginando el que le sigue.

Jam√°s se regresa de Estambul.

Salam!

‚Äú‚ĶLos arquitectos de cierta importancia en pa√≠ses cristianos se sienten muy superiores a los musulmanes, porque hasta la fecha √©stos jam√°s han realizado nada comparable a la c√ļpula de Santa Sof√≠a. Gracias a la ayuda del Todopoderoso y al favor del sult√°n he conseguido construir para la mezquita del sult√°n Selim una c√ļpula que supera a la de Santa Sof√≠a en cuatro zira (varas) de di√°metro y seis de altura‚Ķ‚ÄĚ.
Mimar Sinan. Autobiografía
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  √öltimos comentarios al diario  ESTAMBUL :RECORRIDO EN ALFOMBRA MAGICA. Primera Jornada: DESDE TAKSIM A GALATA
Total comentarios 1  Visualizar todos los comentarios

Spainsun  spainsun  28/03/2020 13:39   
Te he reunido las etapas en un solo diario. No se si ese era el orden que querias. Gracias por compartirlo.

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Feb 14, 2011
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Fecha: Jue Ago 13, 2020 09:04 pm    T√≠tulo: Re: Estambul: Preguntas y Consejos

Qué envidia! Disfruta mucho. Aquí en el foro hay mucha información. A mi también me ayudó buscar en YouTube por ejemplo pones que hacer y ver en Estambul. Te saldrán mil cosas. Aplauso Aplauso
Conan1985
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Oct 27, 2011
Mensajes: 31

Fecha: Lun Ago 17, 2020 04:07 am    T√≠tulo: Re: Estambul: Preguntas y Consejos

Pues Estambul es una ciudad que da para 6 y mas d√≠as , lo esencial se ve en 3 o 4 d√≠as sin embargo una vez visto lo esencial puedes dedicar alg√ļn d√≠a mas a alejarte un poco del centro y visitar barrios menos conocidos pero igual o mas interesantes que los mencionados . Yo no me perder√≠a por nada del mundo, una tarde y un atardecer en el Barrio de √úsk√ľdar , puedes llegar en barco / ferry desde Eminonu . Otra cosa que recomiendo seria la de realizar alg√ļn crucero con gu√≠a por el Bosforo , para ver otro punto de vista de la ciudad . Puedes dedicar un dia a visitar el Barrio de...  Leer m√°s ...
PEPE.MORO
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Jun 10, 2013
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Fecha: Lun Ago 17, 2020 07:22 am    T√≠tulo: Re: Estambul: Preguntas y Consejos

Yo hice un crucero de unas +/- 2 horas (m√≠nimo)... por 12 ‚ā¨ +/- .

Genial.

Y sobre todo, como te dicen en otro comentario, callejea y callejea ... no tengas miedo a perderte,
Ivi90
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Sep 05, 2016
Mensajes: 278

Fecha: Jue Ago 20, 2020 08:22 pm    T√≠tulo: Re: Estambul: Preguntas y Consejos

Hola de nuevo. Ya me queda una semana para volar a la m√°gica Estambul. He hecho una ruta para los d√≠as que estar√© en la ciudad turca. Todo puede variar y luego siempre suelo improvisar, pero me gusta llevar una buena base. Os dejo m√°s o menos lo que tengo en mente, cualquier sugerencia, consejo o alg√ļn lugar que deba meter, os agradecer√≠a que me lo hicierais saber Sonriente -D√≠a 28 Llegada y alrededores (llego de noche). -D√≠a 29 Santa Sof√≠a, Mezquita azul, Palacio Topkapi y Bas√≠lica cisterna. -D√≠a 30 Puente del B√≥sforo, Galatasaray (visitar el Konak Caf√©☕️) Avenida...  Leer m√°s ...
Chachiruli
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Fecha: Vie Sep 11, 2020 02:48 pm    T√≠tulo: Re: Estambul: Preguntas y Consejos



Hola buenas tardes,me voy a Estambul una semana y os pido algunas recomendaciones donde me aconsej√°is cambiar el dinero, q lugares no me debo perder, gracias
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