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18 días en Sudáfrica 🧭 Blogs de Sudáfrica
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Diario: 18 días en Sudáfrica  -  Localización:  Sudáfrica  Sudáfrica
Descripción: Relato de nuestro viaje por Sudáfrica
Autor: Juanmaycarol   Fecha creación: 
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Índice del Diario: 18 días en Sudáfrica

Etapas 1 a 3,  total 5
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Etapa: Llegada a Johannesburgo  -  Localización:  Sudáfrica Sudáfrica
Fecha creación: 24/10/2011 17:28  
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Nunca un relato de un viaje leído en Internet influyó tanto a la hora de escoger nuestro destino. El relato de Chufina en esta misma plataforma, fue el que hizo que este viaje se hiciese realidad. Llevábamos tiempo queriendo hacer un safari fotográfico, aunque como no habíamos hecho nunca uno, no queríamos dedicarle demasiados días por si acaso nos aburríamos. Desde ese punto de vista, Sudáfrica se ofrecía como un destino perfecto: unos pocos días de safari en el parque Kruger, y volar a Ciudad de El Cabo para visitar la ciudad y sus alrededores. Cuando compramos los billetes, contactamos con Chufina y con Flotas, el gran experto de los foros de Sudáfrica, y confeccionamos el itinerario.

El tema del safari fue un pequeño quebradero de cabeza. El parque Kruger dispone de campamentos en los que pernoctar a precios razonables sin ningún lujo, pero dispone también de reservas privadas en las que hay lodges donde alojarse con todo tipo de lujos a precios nada razonables. Comenzamos haciendo la búsqueda viendo la disponibilidad en los diversos campamentos, hasta que vimos las fotos de varios resorts privados de lujo. Pasado el susto del precio inicial, sacamos la calculadora y comenzamos a echar números. No solemos darnos ningún lujo en nuestros viajes, así que por una vez decidimos hacer una excepción y comprobar qué se siente yendo a los sitios donde generalmente va la gente con pasta. Encontramos una “oferta” de un sitio que tenía dos lodges, uno de cuatro y otro de cinco estrellas, y ofrecía dos noches en cada uno. Nos pareció buena idea, a pesar de que por más que mirábamos el precio no veíamos la oferta por ninguna parte. Como el que no se consuela es porque no quiere, nosotros nos consolamos pensando que el precio incluía pensión completa, dos safaris en jeep al día de tres horas cada uno, dos safaris caminando y en ambos lugares tendríamos una especie de chalé individual para nosotros.
El viaje quedó dividido en dos partes: el safari, y lo que llaman la Garden Route hasta Capetown. El segundo tramo lo haríamos por carretera, así que reservamos dos coches: uno para trasladarnos hasta el parque Kruger y otro para recorrer la Garden Route. Reservamos el alojamiento en Capetown para los últimos días y compramos el billete de avión interno entre Johannesburgo y Port Elizabeth. El resto de noches hasta llegar a Capetown iríamos buscando dónde dormir sobre la marcha. Teníamos ya todo más o menos organizado cuando nos encontramos con una sorpresa inesperada: la gastronomía en Sudáfrica es muy importante. No en vano, tres de los considerados cien mejores restaurantes del mundo se encuentran en ese país. Así que buscamos los que estaban en nuestra ruta y reservamos mesa en dos de ellos.
A nuestra llegada a Johannesburgo seguimos la rutina de costumbre: sacamos dinero del cajero y recogimos el coche que habíamos reservado. Siguiendo nuestros hábitos, renunciamos a alquilar GPS y nos conformamos con unos cuantos mapas de carreteras que nos dieron en la oficina de alquiler. Para esa noche habíamos reservado una habitación en un Holiday Inn Express en las afueras de la ciudad y así poder salir fácilmente al día siguiente hacia el parque Kruger. Para acceder a él había que pasar por una garita de seguridad, ya que todo el perímetro del mismo estaba vallado y electrificado. Este aspecto fue uno de los que más nos sorprendieron durante el viaje: especialmente en Johannesburgo vimos muchísimos muros con alambradas electrificadas.
Una vez pasamos el control llegamos al hotel. Como era más temprano de lo que habíamos calculado, en la misma recepción nos ayudaron a contratar una excursión que nos llevaría a dar una vuelta por Johannesburgo y Soweto.
Nos llevaron por el centro, siempre sin bajarnos del vehículo, y después fuimos hasta el estadio en el que la selección española de fútbol se proclamó campeona del mundo por primera vez. De ahí fuimos a Soweto, que aunque es un barrio de la ciudad, se estima que cuenta con más de tres millones de habitantes. El itinerario por Soweto nos llevó por calles llenas de míseras chabolas y por otras en las que se veían edificios más dignos. Atravesamos la que dicen es la única calle del mundo en la que han vivido dos premios Nobel (Nelson Mandela y Desmond Tutu), y nos pararon en el Museo Hector Pieterson para que lo visitásemos. Es un museo lleno de fotografías con sus comentarios respectivos, en el que se trata de explicar cómo la muerte del joven Hector Pieterson fue la llama que inició la caída del Apartheid. Es un museo un poco duro, en el que uno se encuentra con el corazón en un puño cada vez que ve una imagen o lee un relato, pero que es muy interesante para comprender un poco de ese complejo país que ha sido, y quizás sigue siendo, Sudáfrica.
Con esta visita se terminó la ruta organizada. Una vez nos llevaron de vuelta al hotel, decidimos quedarnos a cenar allí mismo, y cual fue nuestra sorpresa cuando nos sirvieron un rabo de toro que no tendría nada que envidiar a muchos restaurantes españoles. Aquello tenía buena pinta: si en el restaurante de un Holiday Inn de carretera se comía así de bien, todo parecía indicar que íbamos a disfrutar de la gastronomía del país, como así fue.
El día siguiente teníamos que recorrer unos 500 kilómetros hasta el alojamiento que habíamos reservado, que se encontraba muy cerca de una de las entradas al parque Kruger. Durante la ruta queríamos hacer unas cuantas paradas. La primera de ellas fue en un pequeño y antiguo pueblo minero llamado Pilgrim’s Rest, cuyos habitantes lo fueron abandonando cuando se les acabó el oro, y que se ha quedado más o menos como estaba. Continuamos por la ruta de las cascadas, llamada así porque en un tramo no muy largo hay varias cascadas a un lado y a otro de la carretera. Para visitar cada una de ellas, hay siempre un aparcamiento cercano donde dejar el coche e ir caminando. De las que vimos quizás las que más nos gustaron fueron las Lisbon Falls y las Berlin Falls.


Continuamos hasta el Blyde River Canyon Nature Reserve, que tenía una valla cerrada que impedía el paso, a pesar de que según el horario de apertura que había escrito en un cartel debía estar abierto. Seguimos hasta The Three Rondavels, donde para llegar al punto panorámico tuvimos que hacer una caminata que nos dio la sensación que no terminaba nunca. Durante ese tramo nos cruzamos con un buen número de italianos. Aunque no podíamos saberlo en ese momento, los turistas de esa nacionalidad iban a ser una constante en nuestro viaje. Los Three Rondavels son tres montículos con una cierta forma de rondavel, típica construcción africana circular con techo de paja.



Tras la visita de los rondavels pusimos rumbo hacia el alojamiento donde teníamos previsto pernoctar. El sitio era Zuleika Country House, donde habíamos reservado una habitación standard con cena y desayuno. Allí comenzamos a comprobar que el mes de agosto realmente es temporada baja en Sudáfrica en lo que a turismo se refiere. Como estaban a media ocupación, nos hicieron un upgrade a una habitación de lujo. El lugar era muy simpático, emplazado en una auténtica casa de campo, y nos dieron una cena magnífica. Ninguno de los demás huéspedes había solicitado el servicio de cena así que estuvimos solos. Nos sirvieron crema de remolacha, seguido de pechuga de pollo horneada con mostaza y pimienta acompañada de verduras; y de postre tarta de queso con frutos de la tierra.
Al día siguiente teníamos que llegar al primer lodge hacia las dos de la tarde, y queríamos atravesar parte del parque Kruger por la mañana, así que decidimos madrugar bastante. Como el horario de desayuno era posterior, la noche anterior tuvieron la amabilidad de prepararnos dos cajas para la mañana siguiente, para que no perdiésemos el desayuno y pudiéramos tomarlo sin perder tiempo. Resultaron estar llenas de cosas, y con una para los dos hubiera sido suficiente. Fueron muy simpáticos en Zuleika y se portaron fenomenal.
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Ver Etapa: Llegada a Johannesburgo



Etapa: Safari en el Kruger  -  Localización:  Sudáfrica Sudáfrica
Fecha creación: 24/10/2011 17:45  
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El primer lodge se encontraba en Sabi Sand Game Reserve, una reserva privada unida al parque Kruger, pero que no pertenece al estado, sino a unos cuantos inversores que son los que tienen los lodges allí. De esta forma, los animales circulan libremente al estar unido al parque, pero a la reserva solamente pueden acceder los visitantes que vayan a pernoctar en algún lodge del interior. Lo que consiguen con eso principalmente es darle un punto de exclusividad al entorno evitando las aglomeraciones de turistas.
Esta zona se encuentra hacia el suroeste del parque, y nos habían dicho que desde la Orpen Gate, que se ubica un poco más hacia el norte, se tardaba unas 5 horas en llegar. Nos pareció una exageración, ya que aunque el límite de velocidad en el interior del Kruger es de 50 km/h, la distancia era de unos 130 kilómetros, así que no veíamos por qué nos daban esa estimación. Nosotros, por si acaso, madrugamos bastante y a las ocho de la mañana llegamos a la Orpen Gate.
En el interior del Kruger hay un par de prohibiciones bastante obvias: alimentar a los animales y bajarse del automóvil salvo en los campamentos. De hecho, recomiendan ir con las ventanillas subidas, lo cual al final nos supuso andar todo el rato subiendo y bajando para hacer una fotografía cada vez que veíamos algún animal. En el interior del parque recorrimos la carretera que va de norte a sur y salimos por la Paul Kruger Gate, ya que no se puede acceder a Sabi Sand desde el interior. Durante ese trayecto nos encontramos con una gran cantidad de animales: búfalos, monos, elefantes, cebras, jirafas, un avestruz (que cruzó la carretera delante de nosotros con toda la tranquilidad del mundo), kudus, unos cuanto hipopótamos en una charca lejana, ñús, una leona, un tucán, e impalas, muchos impalas, que a la postre sería el animal que más veríamos en nuestra estancia en la zona. Según nos dijo un ranger más tarde, el impala es el único animal que se puede asegurar que se va a ver en un safari por el parque.



Cuando llegamos a Idube Game Reserve, que así es como se llamaba el primer sitio que teníamos reservado, eran las dos de la tarde. Habíamos tardado exactamente cinco horas desde la Orpen Gate.
Nada más llegar a Idube ya nos dimos cuenta de que estábamos en un sitio especial. Se acercaron un par de personas que nos dieron la bienvenida y nos dijeron que cogiéramos del coche todo lo que fuésemos a necesitar, ya que ellos llevarían el coche al aparcamiento. Una vez sacamos nuestros bártulos, insistieron en que los dejásemos allí, que ellos los transportarían a nuestra habitación. Nos sentaron en una mesa donde nos esperaban sendos cócteles de fruta exquisitos, y donde rellenamos una hoja con nuestros datos y otra del estilo de la que te hacen rellenar en los hospitales: les exonerábamos de cualquier cosa que nos pudiera suceder durante nuestra estancia allí. Estaba claro: nos encontrábamos en medio de la Naturaleza Salvaje. Nos condujeron a nuestra habitación, donde ya nos esperaban nuestras pertenencias y nos dijeron que podíamos ir a comer cuando quisiésemos, porque a las tres y media salía nuestro safari en jeep (game drive lo llaman ellos). El alojamiento estaba muy bien. Era un pequeño chalé individual con una habitación y un baño bastante grandes, y un porche en el que teníamos una mesa y dos tumbonas. Había también una ducha al aire libre en la parte trasera, pero aunque a mediodía hacia bastante calor y se podía estar en manga corta, no pensábamos utilizarla.
Una vez dimos cuenta de la comida, que fue tipo buffet y estuvo muy bien y muy variada, nos dispusimos para hacer nuestro primer safari. El jeep era un típico vehículo de safari, con un asiento en la parte delantera, en la que se sentaba el rastreador, el asiento del conductor, donde iba el ranger que conducía y explicaba, y detrás tres filas, cada una un poco más elevada que la anterior para favorecer la visión. Cada fila contaba asimismo con tres asientos. Nos sentamos en la fila detrás del ranger, el cual llevaba en el salpicadero un rifle bastante imponente (al menos para nosotros).


Esa tarde fuimos siete turistas en el jeep: detrás de nosotros se sentó un matrimonio hispano-ruso, y en la tercera fila un matrimonio alemán con su hija. Todos los game drives tenían una duración de tres horas, con una pequeña parada para tomar un té o café con unas pastas y galletas, y quien se sintiera valiente, aliviar la vejiga detrás de algún arbusto. Decimos lo de la valentía porque en medio de la sabana uno nunca sabe qué puede encontrarse a la vuelta de un matorral.
En ese primer game drive vimos una pequeña manada de elefantes, un grupo de monos, dos rinocerontes hembras con una cría (a las que se les unió un rinoceronte macho que quería un poco de juerga con la hembra que no era la madre de la cría), un kudu y una manada de búfalos.


El ranger nos contó que en el grupo de monos el macho más viejo es el jefe del grupo y durante la noche no duerme para vigilar, de tal forma que si ve/siente/huele peligro, despierta al resto; también nos comentó que un rinoceronte puede estar hasta un mes cortejando a la hembra hasta que consigue su propósito, en el que se demora hasta media hora (por eso, nos dijo, en oriente se usa la ralladura de cuerno de rinoceronte, porque creen que tiene efectos parecidos al viagra). Esa tarde también estuvimos siguiendo el rastro de un leopardo, que al parecer estaba fresco (el rastro), pero no dimos con él.



Cuando el sol empezó a ocultarse comenzó a hacer un fresquete bastante importante, que no fue nada comparado con el frío que pasamos en el safari de la mañana siguiente.
Al llegar al lodge nos dejaron un poco de tiempo de relax y luego fuimos a cenar. La cena era en la boma: se trata de una zona circular rodeada de una valla hecha con troncos y en cuyo centro hay una hoguera; alrededor de esa hoguera se sitúan las mesas formando un círculo, donde los turistas nos sentamos a cenar. El ambiente está muy logrado, ya que la única luz que hay proviene de la hoguera y de unos pequeños candiles que ponen en las mesas. Tras la cena nos fuimos a dormir, porque a la mañana siguiente nos despertaban a las seis para nuestro safari matutino, que comenzaba a las seis y media.
A las seis de la mañana hacía mucho frío. A esas horas nos ofrecieron un te o café con unas pastas y algo de fruta, ya que el desayuno se servía a la vuelta del safari. Durante esa mañana nos aprendimos el nombre del rastreador, que se llamaba Lannet y el del ranger, Andries. Lannet, además de ir capeando el frío como podía, se dedicaba a buscar huellas por el suelo y animales en lontananza. Los rastreadores están entrenados para eso, ya que son capaces de ver cualquier tipo de animal a kilómetros de distancia. El ranger también, y eso tiene casi más mérito porque tiene además que ir conduciendo y manejando la radio: todos los lodges de Sabi Sand están comunicados entre sí por la radio, de manera que van comentándose unos a otros los animales que ven y dónde los ven. Eso esta fenomenal, porque al fin y al cabo los animales van a su ritmo y no están esperando en un sitio para que lleguemos los turistas y les hagamos la foto. Y gracias a la radio y a la comunicación es como vimos esa mañana nuestra primera pareja de leopardos. Estuvimos siguiendo el rastro junto con otro vehículo, porque habían vuelto a ver huellas frescas. Fuimos poco a poco acotando la zona con el otro jeep hasta que llegamos al sitio. Eran un macho y una hembra y les vimos aparearse a unos diez metros de distancia. Fue algo sencillamente espectacular (nos referimos a verlos en acción, no al acto en sí, eso habría que preguntárselo a los leopardos). La hembra estuvo un rato zarandeando al macho, que se hacía el remolón, hasta que finalmente se produjo la cópula.



Otra de los cosas buenas que tiene gastarse la pasta e ir a una de estas reservas privadas es que tienen unas estrictas normas a la hora de estar delante de los animales, de tal que forma que solamente puede haber dos o tres vehículos alrededor de éstos, dependiendo de la zona y/o de los animales. Así se evitan las aglomeraciones en torno a los animales como las que tuvimos más tarde en el parque. Y claro, esa exclusividad hay que pagarla.
Junto a la pareja de leopardos vimos un kudu, o lo que quedaba de él, colgando de un árbol. Nuestro ranger Andries nos comentó que los leopardos, cuando cazan una presa, la suben a lo alto del árbol para evitar que los carroñeros, que van al olor de la sangre, les quiten su comida. Así el leopardo puede comerse el animal en varias tandas: lo deja colgando del árbol y vuelve más tarde a rematarlo, cuando vuelve a tener hambre.


Antes de ver a los leopardos vimos dos kudus y un ground hornbill, y después dos leones macho que iban caminando. Andries nos dijo que eran hermanos, no sabemos si porque les sacó algún tipo de parecido o por qué, pero nos lo creímos. Del ground hornbill, cuya traducción en español no hemos conseguido concretar (en algún sitio le llaman calao, y en otros bucorvus, aunque en realidad ese parece su nombre en latín), nuestro ranger nos contó que es una especie de la que hay pocos ejemplares, ya que ponen dos huevos y cuando nacen, uno de los dos polluelos mata al otro, de manera que solamente sobrevive uno.



A nuestra vuelta al lodge, fue el momento del desayuno, que estaba compuesto de un variado buffet. Tras esto, le tocó el turno al bushwalk, que consistía en hacer el safari caminando. Ahí fuimos un grupo reducido: el matrimonio alemán (sin la hija), Andries y nosotros. Antes de comenzar, Andries, que portaba el rifle, nos dio unas normas de obligado cumplimiento durante la caminata, tras lo cual nos echamos a andar.
Vimos a los omnipresentes impalas, antílope africano parecido a una gacela; vimos waterbucks hembras, llamados en español antílopes acuáticos y que se defienden de sus predadores introduciéndose en el agua, y por último vimos dos rinocerontes. Eso ya fueron palabras mayores. Despacio y con todo el sigilo del que fuimos capaces nos acercamos bastante a ellos, al menos según nuestra opinión: aunque nos hubiéramos acercado un poco menos tampoco hubiese pasado nada; no era cuestión de hacerse los héroes a esas alturas. Tras contemplar de cerca ambos animales emprendimos el camino de vuelta.
Para el game drive de la tarde se marchó la pareja hispano-rusa y apareció un grupo compuesto por tres malayos y un australiano que resultaron ser tremendamente simpáticos y entretenidos. Los muy optimistas aparecieron en manga corta y tuvimos que avisarles del frío que iban a pasar. Y es que la temperatura engañaba, porque a las tres de la tarde hacía un sol espléndido y casi calor, pero cuando se iba el sol y se estaba en el jeep, el aire fresco que iba dando era criminal. Afortunadamente, en los asientos dejaban unas mantas en las que nos enfundábamos en cuanto el sol desaparecía. Ese tarde fue muy prolífica y vimos un rinoceronte hembra con un cuerno enorme (de casi un metro) con una cría de una o dos semanas de edad; dos leones macho tumbados durmiendo la siesta a la sombra; un grupo de cebras y otro de jirafas; una pequeña manada de elefantes, dos de los cuales estaban jugando y casi se cargan un árbol; y cuando ya había anochecido, un ratel, familia del tejón, y del que Andries nos dijo que es uno de los animales más feroces de la zona, capaz de hacer frente a leones y leopardos cuando estos tratan de cazarlo.




En el game drive de la mañana siguiente nos abandonaron los alemanes, así que nos quedamos a solas en el jeep con los malayos y su amigo el australiano. Esa mañana vimos tres leonas descansando con una cría macho. Al parecer, a veces las crías no sobreviven porque las leones después de cazar y comer lo único que hacen es descansar, mientras que la cría está todo el rato jugando y gastando energías, de manera que tiene hambre mucho antes de que las leonas cacen de nuevo.




Tras las leonas vimos unos cuantos hipopótamos en una charca, un rinoceronte macho al que pillamos justo en el momento íntimo en que hacía sus necesidades, y después nos encontramos con una nueva pareja de leopardos, diferentes de los del día anterior, que también tuvieron su momento de amor. Nos encantó la elegancia y el estilo que tienen los leopardos cuando caminan. Estos tenían en un árbol los restos de un impala.



Cuando volvimos al lodge fue el momento de desayunar y de recoger nuestras cosas porque nuestra estancia en Idube había terminado y teníamos que ir a Lukimbi. Nos despedimos de todos los empleados, que nos trataron fenomenal en todo momento, y especialmente de Lannet y de Andries, nuestros rastreador y ranger, dos excelentes profesionales y con quienes habíamos disfrutado de nuestra primera increíble experiencia de un safari.
Nos dieron nuestro coche y pusimos rumbo a Lukimbi Safari Lodge. Este lodge se encuentra en una concesión dentro del parque Kruger, de manera que ellos pueden atravesar la zona del parque con sus jeeps, pero los jeeps del parque y los vehículos privados no pueden entrar en la concesión de Lukimbi.
A nuestra llegada el ritual fue igual que el de Idube: dejamos el coche para que lo llevaran al aparcamiento, llevaron nuestras pertenencias a nuestra habitación, nos dieron una limonada de bienvenida, rellenamos los mismos formularios y nos enseñaron las instalaciones. Este lodge era un poco más lujoso que el anterior, y de hecho este tenía cinco estrellas. La habitación era también un pequeño chalé individual, pero en este caso bastante más grande, con una zona con un sofá y una butaca.
Y una vez más, el programa fue el mismo, ya que los horarios en ambos lodges son iguales: era la hora de comer, que fue un buffet, aunque en este caso con más cantidad y variedad que en Idube, y a las tres y media comenzamos nuestro safari vespertino. Nos encontramos con la pareja hispano-rusa, que al igual que nosotros había aprovechado la “oferta” de dos noches en cada lodge, solo que ellos iban un día por delante. Además de ellos y nosotros, el jeep se completó con una pareja italiana de la zona de Milán, con la que hicimos buenas migas. Evidentemente teníamos nuevo rastreador, Norman, y nuevo ranger, Nick, un joven de veintitrés años que resultó ser también muy profesional y muy entusiasta con su trabajo. Esa tarde, nada más comenzar el safari, nos cruzamos con una numerosa manada de búfalos.


Nick nos contó que muchos de ellos tienen tuberculosis, lo que a ellos no les afecta, pero sí a los leones, los cuales cuando dan caza a un búfalo que la padece y se lo comen, se contagian. Después vimos varios tucanes, una pareja de mangostas, un rinoceronte y unas jirafas. Las jirafas, según nos comentó Nick, no pueden tumbarse para dormir: debido a sus largas patas siempre tienen que estar de pie, lo que hace que simplemente den cabezadas y duerman unos veinte minutos al día. Por este motivo su esperanza de vida no es muy alta. Cuando volvíamos hacia el lodge y ya era de noche, nos encontramos con dos jóvenes hienas.


A nuestra vuelta a Lukimbi tuvimos la cena en la boma, aquí también había fuego y el recinto era circular pero cada uno estaba sentado en su mesa. Era una versión diferente de la boma. Esa noche, Nick nos comentó que había oído por radio que habían visto que cuatro leones cazaban un búfalo, y que a la mañana siguiente algún león estaría todavía comiendo. Sabía la localización exacta y era en la zona que pertenecía al parque Kruger, no en la concesión de Lukimbi, por lo que nos invitaba a madrugar un poco más de lo previsto para llegar antes de que abrieran las puertas de entrada al parque y comenzara la aglomeración, y así tener una mejor visión del tema. Esa mañana solamente saldríamos la pareja milanesa y nosotros, y ambas parejas aceptamos la invitación. Así que a la mañana siguiente nos levantamos a las cinco y cuarto; era por supuesto todavía noche cerrada y hacía un frío terrible. Aunque era casi una hora antes de lo habitual, ya había té y café con pastas esperándonos. También tuvieron el detalle de ponernos en el jeep, además de las mantas de rigor, unas bolsas con agua caliente (se notaba que estábamos en un cinco estrellas). Cuando estábamos llegando al sitio nos cruzamos con un león, que según Nick ya había comido su parte y se dirigía a buscar agua para después echarse a dormir el resto del día. Gracias a la previsión de nuestros simpático ranger, llegamos al punto exacto donde quedaba un león comiendo lo poco que quedaba del búfalo. La imagen era espectacular: el león royendo los huesos, y al lado un árbol muerto plagado de buitres esperando a que el león terminara, todo iluminado con la luz del amanecer. Nos impactó también el ruido de los dientes del león raspando los huesos. Como muy bien había previsto Nick, poco a poco aquello se fue llenando de coches, hasta que cuando hubo no menos de quince rodeando al león, decidimos irnos.



Durante el resto de la mañana vimos un grupo de ground hornbills y elefantes. Los elefantes, según nos contó Nick, tienen que ingerir más de 180 kilos de comida al día para no debilitarse.
A la vuelta al lodge desayunamos, y después le tocó el turno al segundo y último de los bushwalks que haríamos. En esa ocasión vinieron dos rangers, ambos con su enorme rifle, y fuimos caminando hasta un río en el que según nos comentaron siempre había hipopótamos.



De vuelta a nuestra habitación aprovechamos para dormir un poco en las tumbonas del porche hasta la hora de la comida, mientras escuchábamos los sonidos de los animales que pululaban por ahí.
Tras la comida le tocó el turno al safari de la tarde. Se nos unió otra pareja de italianos con los que habíamos coincidido en Idube, aunque nunca compartimos jeep. En esa salida vimos un búho, otra pareja de mangostas muy juguetonas y unos elefantes con una cría. Ahí hubo un momento de tensión, al menos entre uno de los elefantes y los turistas que íbamos en el vehículo, porque ni el rastreador ni el ranger parecieron inmutarse. Un elefante hembra se colocó delante de nuestro jeep cortándonos el camino y muy cerca de nosotros, y sobre todo de Norman, el rastreador, que iba sentado en la silla sobre el capó, y se puso a olernos y a levantar la trompa. Nick comentó que estábamos fuera de peligro, y que simplemente nos estaba oliendo porque era la madre de la cría y quería saber si éramos un peligro para ellas o no. Suponemos que no suele haber ningún problema con los animales, porque nuestro joven ranger no perdió la calma; de hecho cuando le preguntamos al anterior, a Andries, si había tenido que usar el rifle en alguna ocasión, nos respondió que en los nueve años que llevaba desempeñando ese oficio, solamente había disparado cuando hacía prácticas de tiro.



Cuando la elefanta se tranquilizó y se apartó de nuestro camino, continuamos la marcha y nos encontramos con un rinoceronte que estaba haciendo sus necesidades. Según nos dijo Nick, los rinocerontes macho siempre miran dónde ponen sus excrementos para asegurarse de que ningún otro lo haya hecho allí, ya que eso se consideraría un acto de desafío.



Después vimos unas jirafas comiendo tranquilamente y que, a diferencia de las que habíamos visto en anteriores ocasiones, no salieron corriendo: se quedaron mirándonos con cara de curiosidad. De vuelta al lodge nos cruzamos con un leopardo que fue auténticamente visto y no visto. Parece que la capacidad que tienen estos animales de ocultarse es prodigiosa.


Esa noche nos despedimos de los italianos milaneses, porque ellos se marchaban a Johannesburgo para tomar un avión. Iban a hacer la misma ruta que nosotros por el sur del país, pero a la inversa, así que comprobamos nuestros itinerarios y vimos que seguramente coincidiríamos en Hermanus. Como ellos ya tenían hotel reservado, quedamos en que a nuestra llegada a la ciudad nos pasaríamos por su hotel con idea de vernos para cenar.
La mañana siguiente teníamos nuestro último game drive. Esa mañana fuimos solamente con la otra pareja de italianos, y nos volvimos a encontrar la numerosa manada de búfalos que vimos el primer día en Lukimbi, más jirafas, una pareja de steenboks (raficero común en su traducción al español), otro rinoceronte y unos monos.


A la vuelta desayunamos, y cuando ya estábamos preparados para marcharnos, apareció una manada de elefantes que iban a beber a una charca que había al lado del lodge. Estuvimos un buen rato contemplando los animales, hasta que se fueron a seguir comiendo.



Con mucha pena, era el momento de despedirnos y de iniciar nuestro camino de regreso a Johannesburgo, ya que a la mañana siguiente teníamos un vuelo con dirección a Port Elizabeth.
En nuestro camino para salir del parque Kruger nos fuimos encontrando diversos animales como kudus, jirafas, una manada de elefantes que estaban descansando muy juntos a la sombra de unos árboles y una pareja de bushpig, cuya supuesta traducción al español es potamoquero de río (en realidad parece un pariente lejano del jabalí).
Una vez salimos del Kruger, el resto del día fue más bien monótono: carretera hasta Johannesburgo, adonde llegamos ya de noche, y nos fuimos a buscar algún hotel cercano al aeropuerto para mayor comodidad al día siguiente.

Unos vídeos para terminar esta etapa.


Bushwalk:



Hienas y kudus:




Búfalos:




Elefantes:




Leopardos:




Jirafas:




Leones:




Hipopótamos:




Rinocerontes:


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Ver Etapa: Safari en el Kruger



Etapa: Garden Route  -  Localización:  Sudáfrica Sudáfrica
Fecha creación: 24/10/2011 19:19  
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Aterrizamos en Port Elizabeth a mediodía, recogimos el coche que habíamos reservado previamente y que mantendríamos hasta el final de nuestro viaje, y fuimos a visitar la ciudad. Port Elizabeth no es una ciudad especialmente bonita, menos desde que alguien decidiera que una macro-autopista elevada atravesara la zona del centro y el puerto. Aún así, estuvimos más de una hora paseando. En el centro destacan los edificios del ayuntamiento y la biblioteca pública; de ahí caminamos hacia castle hill, donde vimos el Fort Frederik por fuera; continuamos hasta Donkin Reserve, plaza en lo alto de la ciudad donde se encuentran el Edward Hotel, el Faro de Donkin y la Donkin Street, donde hay una curiosa hilera de casas.



Cuando terminamos nuestro paseo volvimos al coche y al intentar salir de la ciudad tuvimos serios problemas por culpa de la maldita autopista elevada. Finalmente pudimos engancharnos en la dirección correcta, y nos dirigimos a la Garden Route, una carretera que circula cercana al mar y que recibe su nombre por estar toda ella rodeada de zonas verdes y parques naturales. Decidimos ir a dormir a Storms River Village y empezar nuestras excursiones al día siguiente. Encontramos un bed & breakfast que lo ponían bastante bien, y tenían disponibilidad y nos daban además de cenar, así que no lo dudamos y nos quedamos. Esa mañana habíamos comprado una botella de vino sudafricano, y muy amablemente nos dejaron beberla durante la cena. La cena consistía en un buffet malayo, comida al parecer muy presente en Sudáfrica debido a la importante inmigración procedente de Malasia. Así que disfrutamos de una agradable velada, junto al calor de la chimenea, con nuestra botella de vino de la tierra y nuestro buffet malayo.
Nuestra primera visita de la Garden Route fue el Parque Nacional Tsitsikamma. Comenzamos recorriendo un sendero hasta llegar al Big Tree, que resultó ser simplemente un árbol bastante más alto que el resto, situado en medio de una zona de bosque muy frondoso. Continuamos yendo a ver la desembocadura del Storms River. Nos encontramos con dos puentes colgantes bastante espectaculares en la propia desembocadura del río, aunque también la carretera que llegaba hasta ellos era bastante bonita. Además ese día el mar andaba bastante revuelto, con grandes olas chocando contra las rocas, lo que le dio a todo el conjunto un aire especial.


Una vez dejamos atrás el impronunciable parque recorrimos la carretera de Natures Valley, que descendía por una acusada pendiente hasta un pequeño pueblo situado junto al mar. El pueblo estaba compuesto por unas cuantas casas que tenían la pinta de ser bastante exclusivas, pero en el que no había mucho más que ver.
Nuestra siguiente parada fue en un lugar llamado Birds of Eden, que es lo que podríamos denominar un zoo de pájaros. Ellos lo llaman santuario, pero no es más que un enorme recinto cerrado con unas mallas, que está lleno de vegetación y donde multitud de pájaros de diferentes especies se dedican a piar, volar y demás cosas que hagan los pájaros.
Hay una pasarela que recorre toda la zona, y cada pocos metros hay unos recipientes con pipas y frutas cortadas donde los pájaros van a picotear. Fue una atracción divertida en la que estuvimos más de dos horas, ya que pudimos ver enormes cantidades de pájaros diferentes, la mayoría con unos colores espectaculares. Sin duda es una atracción para niños y para los que no lo somos tanto.


Tras esta visita atravesamos Plettenberg Bay, donde paramos a comprar alguna viandas, y continuamos hasta Robberg Nature Reserve, espectacular península junto a Plettenberg Bay. Habíamos leído en la guía que en Robberg se podían hacer tres caminatas circulares para recorrer la península, llamadas A, B y C, cada una más difícil y larga que la anterior. Una vez atravesamos la garita de entrada a la reserva llegamos a un aparcamiento donde ya no se podía continuar con el coche: allí debíamos decidir qué ruta hacer. Como había merenderos, empezamos comiéndonos los víveres que habíamos comprado en el supermercado de Plettenberg Bay.
Decidimos optar por la B, ya que hacía un viento muy fuerte y no queríamos eternizarnos en esa zona. El sendero muchas veces no fue tal, y había que caminar sobre piedras constantemente, aunque el camino estaba indicado en todo momento.


A mitad de camino pasamos de las piedras a una enorme explanada llena de arena de playa por la que tuvimos que bajar hasta la altura del mar. Y el camino de vuelta fue sin duda el más duro, porque era también de piedras, pero más puntiagudas que las primeras y con las olas del mar chocando al lado.
Conseguimos terminar la ruta sanos y salvos y sin mojarnos. Fue una caminata intensa y divertida, por una zona agreste muy espectacular, con el viento y el mar encrespado y olas por todas partes. Además vimos una enorme colonia de focas a lo lejos.


Esa noche llegamos a dormir a Knysna. Preguntamos en un par de bed & breakfast, que estaban llenos, y al final nos quedamos en un céntrico hotel que, sin ser nada del otro mundo, al menos el precio era muy económico. Esa noche fuimos a cenar al 34 South, curioso deli-restaurante-tienda de delicatessen, situado en el Waterfront, donde comimos dos pescados de los que no habíamos oído hablar en la vida y que resultaron estar muy apetitosos.
El día siguiente amaneció lloviendo, así que decidimos dar una vuelta por Knysna con el coche. La ciudad está situada junto a una laguna de aspecto pantanoso.
En dicha laguna hay dos islas, Thesen Island y Leisure Island. Nosotros estuvimos dando una vuelta por Leisure Island, que tenía aspecto de ser un tanto elitista, y después nos acercamos a The Heads, que es una zona elevada que se encuentra en la desembocadura de la laguna al mar. Desde allí arriba pudimos ver una bonita, aunque lluviosa, vista de toda la laguna y la ciudad con sus dos islas.


Como seguía haciendo un día muy desapacible, continuamos con el coche y fuimos hasta las vecinas Brenton on the sea y Belvidere Village. En esta última no está permitido el paso a vehículos no residentes, así que dimos media vuelta y seguimos nuestro camino, porque no estaba el día para andar dando paseos.
A esas alturas de viaje necesitábamos urgentemente hacer la colada, así que cuando a nuestro paso por George vimos una laundry abierta no lo dudamos y paramos. Tuvimos ciertos problemas para encontrar cambio para la lavadora y la secadora, pero finalmente pudimos limpiar todo nuestro vestuario; así tendríamos ropa limpia hasta el final del viaje. Aprovechamos para comer en George antes de continuar hacia las Cango Caves, que era el siguiente punto que queríamos visitar. Pero tuvimos la mala suerte de que la carretera que iba hacia allí estaba cortada, y había que dar un rodeo enorme para llegar. Según la guía, las cuevas cerraban a la cuatro, y no creíamos poder llegar a tiempo. Tuvimos un momento de indecisión, sin saber qué hacer, si arriesgarnos o no, pero finalmente optamos por la opción segura, que fue no arriesgarse y continuar nuestro camino en dirección a Hermanus. Así que con un poco de pena, porque nos hubiera gustado ver las cuevas, continuamos nuestro camino.

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jonko
Jonko
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Mar 01, 2010
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Fecha: Vie Mar 06, 2020 02:11 am    Título: Re: Viajar a Sudáfrica

Gracias por contestar Sudanell4!! he mirado tu itinerario y creo que lo voy a coger como referencia junto al de Sehi. Veo que sois de madrugar, pq visteis muchas cosas! Lo de birds of eden me lo apunto, que seguro que a las niñas le gustan. Lo del tiburon en principio solo lo iba a hacer yo, me hace ilusion, he estado leyendo algun otro hilo y parece ser que ahora se hace en Mosselbaai, pero me llevaria media mañana o tarde y eso es lo que me echa para atras, el dejar tanto tiempo a la familia sola. Robberg nature reserve y Titisiskama tb las tengo apuntado, el problema es que no...  Leer más ...
redok
Redok
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May 09, 2008
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Fecha: Vie Mar 06, 2020 09:16 am    Título: Re: Viajar a Sudáfrica

Ten en cuenta Jonko que la salida a ver tiburones depende mucho de la climatología que haya el mismo día de la "excursión", y no te confirmarán si se hace o no hasta el día anterior (al menos en la agencia que contraté yo). Puedes hacer la reserva (sin pagar) para el día que quieras, pero en lo posible tener un poco de flexibilidad por si te la posponen para el día siguiente o pudieras hacerla el día de antes si hace buen tiempo.
jonko
Jonko
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Mar 01, 2010
Mensajes: 609

Fecha: Vie Mar 06, 2020 12:17 pm    Título: Re: Viajar a Sudáfrica

Gracias por la recomendación Redok! pero viendo los días tan apretados y justos que tengo, me temo que si ese día se suspende, no me quedara otra que seguir la ruta. En su dia, ya me tire tres días en Nueva Zelanda para ver ballenas y al final ninguno de los tres dias salio el barco por mala mar. En aquella me dije que no volvia a perder tantos dias para hacer una actividad. Si se pueden ver tiburones y ballenas genial, pero sino, no pasa nada, creo que tiburones tambien se pueden ver en aAustralia y ballenas en Patagonia, así que ya tendria buena excusa para ir alli Muy feliz

Salu2
redok
Redok
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May 09, 2008
Mensajes: 1455

Fecha: Vie Mar 06, 2020 04:10 pm    Título: Re: Viajar a Sudáfrica

Ah bueno, si es por hacer otros viajes... Mr. Green

Sobre flexibilidad también me refería a que igual puedes mirar de hacerlo en Gansbaai cuando estés por la zona de Hermanus, y si no sale "aplazarlo" a cuando llegues a Mossel Bay. De esa manera igual tienes dos oportunidades sin variar el recorrido que llevas planeado.
jonko
Jonko
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Mar 01, 2010
Mensajes: 609

Fecha: Vie Mar 06, 2020 05:01 pm    Título: Re: Viajar a Sudáfrica

por lo que he leido, en los ultimos años, en Gansbaai apenas se estan viendo tiburones. No se si habra cambiado la situacion del verano pasado a este.

Salu2
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