Al despertar el viernes se notaba la resaquilla del día anterior, además del cansancio de haber estado todo el día por ahí sin parar desde las 5 de la mañana. Nos levantamos más tarde que de costumbre, nos fuimos a desayunar a La Catedral y luego a la playa, a nuestro rincón particular. En principio habíamos pensado irnos con pepa y los de Valencia a las lanchitas rápidas con Pedrito pero ya el día anterior al volver de la excursión preveíamos que no íbamos a tener el cuerpo para más meneos, así que les habíamos dicho que no iríamos.
Como el primer día habíamos ido a correr (o a intentarlo) pero veíamos que iba a ser difícil porque no íbamos a madrugar tanto el resto de los días, habíamos optado por dedicarnos al paddle. Jugamos varias veces sobre las 18:00, se estaba bien porque ya no había sol, varias de ellas con los chicos de Talavera, nos reíamos mucho y sudábamos de lo lindo, lo que no viene mal con las raciones de calorías que nos metíamos a diario.
Después del ejercicio una duchita y a cenar. Ese día fuimos al Rodizio (temático brasileño), nos gustó mucho. Los temáticos son lo mejor del hotel para nuestro gusto, es como cenar en un restaurante a la carta distinto cada día, te atienden de lujo y (generalmente, salvo excepciones) la comida está buenísima… lo mejor de todo es tomar el postre y después irte sin pagar jejej. Suele haber cola, te dan un localizador y te avisan en cuanto está tu mesa, a nosotros nunca nos tardaron mucho y la mayoría de las veces ni nos lo dieron, porque solíamos ir muy pronto a cenar y había poca gente. En el Rodizio también tienen buffet de entrantes pero normalito, nada reseñable, después empiezan a pasar por las mesas con brochetas gigantes cada una de un tipo: pollo, pavo, chorizo, cerdo, ternera, cordero, pescado y verduras. Si quieres te echan un poco que cortan en el momento, si no, esperas a la siguiente, así hasta que te hartes, nosotros sólo pudimos dar una vuelta. Después nos pusieron una caipiriña pero yo no fui capaz de tomármela, muy fuerte para mí.


Tras la cena, nos fuimos a pasar el rato diario en el lobby tomando cócteles con los chicos de Talavera, compartiendo experiencias, anécdotas y planes de futuros viajes… la verdad que estos ratos los recordamos con mucha nostalgia, fueron de lo mejor del viaje.