Después de un buen descanso, desayuno en el buffet (desayuno en mayúsculas jajá) en compañía de pájaros y garcillas, nos decidimos a pasar el día en el hotel. La playa del hotel preciosa, y los animadores marchosísimos (si no queréis tener que poneros a bailar delante de medio hotel, evitar tumbaros cerca de donde se ponen a bailar, ya que os toca premio seguro!).
Allí cerca del hotel hay una zona de compras, solo hay que andar unos 10 minutos por la playa. Es como un mercadillo, solo que aquí venden en todos los chiringuitos lo mismo (hasta los cuadros son los mismos, da la impresión de que un mismo maestro enseñó a pintar a todos los dominicanos). Si lleváis idea de comprar algo, tenéis que saber que hay que regatear, hasta que no podáis mas, o hasta que os dé penita seguir bajando. Si lleváis idea de ir a mirar, prepararos para ser adulados, agasajados, piropeados..etc., con muy buena intención, porque son muy buena gente, pero prepararos también para controlaros las ganas de querer salir corriendo de allí.

Día tranquilito en el hotel y barra libre de ron (ya que en la mayoría de los hoteles, las bebidas alcohólicas gratuitas son las nacionales, es decir, ron, ron y ron).