Llegamos a Milán en una horita justa y nos recibió un sol radiante que nos animó a ir hasta el hotel caminando (como kilómetro y medio desde Estación Centrale).
La primera impresión de Milán no nos dijo gran cosa. Como ciudad no tiene mucho encanto en su conjunto, pero hay lugares que merecen la pena. Está bien para una escapada sin grandes pretensiones.
El hotel (Ibis Milano Centro) fantástico. Todo nuevo, limpio, amplio….tras la experiencia de Bérgamo una maravilla, vamos. Nos costó 267 euros por tres noches (sin desayuno). Está en Via Finocchiaro Aprile, 2 y esta calle desemboca en Piazza della Repubblica donde se coge la línea de metro amarilla que en tres paradas deja en la Piazza Duomo. En dirección contraria en la calle Lazzaretto se coge el tranvía (unos cuantos añitos tienen.....).
*** Imagen borrada de Tinypic ***
En fin, un hotel muy bien comunicado, agradable y totalmente recomendable.
Dejamos las maletas y nos dispusimos a disfrutar de Milán, por lo que nos dirigimos caminando hacia el barrio de Brera para entrar en la pinacoteca de Brera situada en el Palacio homónimo (precioso el patio de entrada). El barrio es muy pintoresco, con pintores a pie de calle y tenderetes varios. Los locales son muy chic y había mucho ambiente, tanto en la calle como en los bares. La pinacoteca todo un descubrimiento pues no entraba en nuestros planes a priori y nos sorprendió gratamente. La colección de pintura italiana principalmente, es una maravilla y contiene obras de Mantegna, El Greco, Rubens, Tiziano, Rafael, Guardi, Rembrant y muchos más. Descubrimos que aquí se encuentra El Beso de Hayed, pero para nuestra desgracia y tal y como nos contó una compungida azafata del museo “el Presidente de la República lo había prestado” y nos quedamos con las ganas. También hay una sala dedicada a la pintura moderna con obras de Picasso y Modigliani entre otros.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Tras empaparnos bien de pintura nos dimos una vuelta por el barrio buscando un lugar en el que disfrutar del Happy Hour y cuando por fin lo encontramos no estuvimos muy afortunados en la elección
Seguimos paseando y fuimos a dar a la Piazza della Scala casi sin querer, así que nos quedamos por allí disfrutando de la plaza (había una exposición de botellas de Coca-Cola tuneadas y algunas eran bastante chulas) y de la estatua de Leonardo Da Vinci.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Nos adentramos en las Galerías Vittorio Enmanuelle (repletas de gente pues al ser la Semana de la Moda, en el centro había un gran escenario para desfiles y la parte de detrás entre bambalinas estaba copada por maquillaje y peluquería) con sus tiendas de alta costura. Nos hicimos las fotos de rigor pisando los testículos del toro milanés y contemplamos los mosaicos del techo en el centro octogonal que representan los continentes. Las cúpulas del techo de metal y vidrio son preciosas y ……..los escaparates también…..y sus precios!!!!
*** Imagen borrada de Tinypic ***
*** Imagen borrada de Tinypic ***
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Llegamos así a la Piazza del Duomo para quedarnos boquiabiertos con su monumentalidad y aunque ya había anochecido y la Piazza estaba abarrotada de gente (un gran escenario reducía visiblemente la grandeza de la plaza que pudimos contemplar en todo su esplendor dos días después) la iluminación de la fachada era espectacular.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Como estábamos cansados, no se nos ocurrió nada mejor que volver andando hasta el hotel (qué majos eh????) así que recorrimos Corso Venezia y Corso Buenos Aires dejándonos seducir por el ambiente del Cuadrilátero de la moda. Era noche de fiesta y estrenos por aquello de la Semana de la Moda y había mucho ambiente en todas las boutiques, con prensa, vestidos largos, tacones, fracs y limousinas en las puertas, mucho glamour y muuucho dinero por allí. Qué dientes más largos se nos pusieron!!!! De camino pasamos por la puerta de la Iglesia de San Babila (que no vimos claro, era tarde) reconstruida en varias ocasiones y que alberga una imagen muy venerada por los milaneses. Y por fin llegamos, agotados al hotel, donde nos tomamos un café y nos fuimos a dormir en blancas y limpias sábanas.