Empezamos nuestra ruta ya en la calle a eso de las 8h30m de la mañana. Al salir del hotel a la izquierda en poco llegamos a la Grand Central Station. Es verdaderamente espectacular. !Qué de gente! Si buscáis la gran escalera famosa por la película de “Los Intocables de Elliot Ness” ya no está, ya que está modificado, pero aún así, sigue siendo fantástica. Yo destacaría dos cosas, por un lado toda la bóveda del Hall Central, que imita al firmamento, y si os subís al piso superior por alguna de las escaleras, la vista de esa maraña de gente cada una para un lado…
De allí nos fuimos andando al Empire State Building (ESB), y en cinco minutos ya estábamos en la entrada. Nos sirvió la NY City Pass. ¿Qué destacaría? Pues bien, en primer lugar que no había ninguna cola y entramos directamente. Es curioso como vas pasando por las filas que te supones llenas de gente y no hay nadie. Con la entrada nuestra subimos hasta la planta 86. El ascensor rápido, muy rápido, sube hasta la 80 y luego coges otro, ya más normalito, hasta la 86. Justo cuando entras, posas para la foto de recuerdo, que si te interesa, vale 22 dólares. Una vez en el mirador, observas, comparándolo con el TOR, que aquí tienes una mejor vista de la parte sur de Manhattan. Tienes los típicos prismáticos antiguos, que por el módico precio de 50 centavos los puedes usar y la verdad, está bien. Vistas al sur y al norte:
*** Imagen borrada de Tinypic ***
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Si bien la vista es excepcional y sabes que estás en el mítico ESB, me quedo con las sensaciones que viví en el TOR el día que llegamos. Principalmente, pienso que por dos cosas, la primera es la novedad, al TOR subimos nuestro primer día y es la primera vez que eres consciente de la inmensidad de Nueva York., y luego por la vista al anochecer, muchísima más bonita que la de media mañana.
Al salir, nos fuimos a Madison Av. a coger el autobús M4, para dirigirnos a The Cloisters, que si entras el mismo día que al Metropolitan, te vale el pase con la NY City Pass.
Se te hace un poco pesado el viaje, ya que hay 1h40m de viaje, casi dos horas. Lo recomendable es tomar el metro hasta la 190th, y una vez allí y gracias a la Metrocard, el autobús hasta la puerta de Los Claustros...
Es un sitio muy bonito, con poca gente. Comentar que a los europeos, en especial a los españoles, no nos llama tanto la atención el interior de un monasterio medieval, ya que aquí en España, los tenemos en cantidad. En las distintas terrazas de los monasterios, se pueden ver unas vistas increíbles del río Hudson.
Aprovechamos que nos cogió la hora de la comida y, precisamente en el Claustro del segundo monasterio, tienen una pequeña tienda donde te puedes comprar unos sándwiches y te los comes en el mismo patio.
Una vez comidos, nos volvemos al Metropolitan. Esta vez lo hicimos en el Metro, pero creo que por tiempo, nos hubiera interesado más el mismo autobús M4, que deja en la misma puerta del museo, mientras que el metro lo hace dos manzanas retirado.
El Metropolitan es enorme, y a menos que vivas en Nueva York, creo que lo más prudente es seleccionar que parte del Museo queremos ver. En nuestro caso, vimos a fondo la parte egipcia, incluido el templo integro que hay, el templo de Dendur. También disfrutamos del arte medieval y de la pintura europea.
Después de estar un rato sentados en la cafetería de la primera planta, con un ambiente ideal y música clásica de fondo y ya un poco repuestos del cansancio, nos fuimos del Museo.
Justo en la misma puerta, y gracias a la Metrocard, en autobús por la quinta avenida hasta cerca de Times Square que era nuestro objetivo. Andando desde la parada de autobús hasta Broadway, pasamos por Bryant Park. ¡Qué curioso el ambiente de este parque!
Una vez en el meollo de Times Square, y como ya se había hecho de noche, te dejas llevar por tantas luces y tanta gente. Si, como habéis podido ver en televisión o cine, pero más…
Cenamos en el Mcdonalds que está justo al lado de la boca de Metro y de vuelta para el hotel, que mañana toca madrugón y excursión a Washington.
De allí nos fuimos andando al Empire State Building (ESB), y en cinco minutos ya estábamos en la entrada. Nos sirvió la NY City Pass. ¿Qué destacaría? Pues bien, en primer lugar que no había ninguna cola y entramos directamente. Es curioso como vas pasando por las filas que te supones llenas de gente y no hay nadie. Con la entrada nuestra subimos hasta la planta 86. El ascensor rápido, muy rápido, sube hasta la 80 y luego coges otro, ya más normalito, hasta la 86. Justo cuando entras, posas para la foto de recuerdo, que si te interesa, vale 22 dólares. Una vez en el mirador, observas, comparándolo con el TOR, que aquí tienes una mejor vista de la parte sur de Manhattan. Tienes los típicos prismáticos antiguos, que por el módico precio de 50 centavos los puedes usar y la verdad, está bien. Vistas al sur y al norte:
*** Imagen borrada de Tinypic ***
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Si bien la vista es excepcional y sabes que estás en el mítico ESB, me quedo con las sensaciones que viví en el TOR el día que llegamos. Principalmente, pienso que por dos cosas, la primera es la novedad, al TOR subimos nuestro primer día y es la primera vez que eres consciente de la inmensidad de Nueva York., y luego por la vista al anochecer, muchísima más bonita que la de media mañana.
Al salir, nos fuimos a Madison Av. a coger el autobús M4, para dirigirnos a The Cloisters, que si entras el mismo día que al Metropolitan, te vale el pase con la NY City Pass.
Se te hace un poco pesado el viaje, ya que hay 1h40m de viaje, casi dos horas. Lo recomendable es tomar el metro hasta la 190th, y una vez allí y gracias a la Metrocard, el autobús hasta la puerta de Los Claustros...
Es un sitio muy bonito, con poca gente. Comentar que a los europeos, en especial a los españoles, no nos llama tanto la atención el interior de un monasterio medieval, ya que aquí en España, los tenemos en cantidad. En las distintas terrazas de los monasterios, se pueden ver unas vistas increíbles del río Hudson.
Aprovechamos que nos cogió la hora de la comida y, precisamente en el Claustro del segundo monasterio, tienen una pequeña tienda donde te puedes comprar unos sándwiches y te los comes en el mismo patio.
Una vez comidos, nos volvemos al Metropolitan. Esta vez lo hicimos en el Metro, pero creo que por tiempo, nos hubiera interesado más el mismo autobús M4, que deja en la misma puerta del museo, mientras que el metro lo hace dos manzanas retirado.
El Metropolitan es enorme, y a menos que vivas en Nueva York, creo que lo más prudente es seleccionar que parte del Museo queremos ver. En nuestro caso, vimos a fondo la parte egipcia, incluido el templo integro que hay, el templo de Dendur. También disfrutamos del arte medieval y de la pintura europea.
Después de estar un rato sentados en la cafetería de la primera planta, con un ambiente ideal y música clásica de fondo y ya un poco repuestos del cansancio, nos fuimos del Museo.
Justo en la misma puerta, y gracias a la Metrocard, en autobús por la quinta avenida hasta cerca de Times Square que era nuestro objetivo. Andando desde la parada de autobús hasta Broadway, pasamos por Bryant Park. ¡Qué curioso el ambiente de este parque!
Una vez en el meollo de Times Square, y como ya se había hecho de noche, te dejas llevar por tantas luces y tanta gente. Si, como habéis podido ver en televisión o cine, pero más…
Cenamos en el Mcdonalds que está justo al lado de la boca de Metro y de vuelta para el hotel, que mañana toca madrugón y excursión a Washington.