Dejamos la mayorìa del equipaje en el hotel y cogemos solo una mochila con cuatro cosas. Para una noche, no necesitamos mucho. La agencia está tan cerca que vamos andando. Esperamos un poco y al momento ya llega la VAN. Está tan nueva que aún hay plásticos en el micrófono, en algún asiento... Bien, me gusta!
Desde Hanoi hasta Ha Long hay solo 170 km pero como la circulación es tan lenta, el trayecto dura unas 3 horas
El guía que nos ha tocado es muy gracioso (se hace llamar Makelele) y va explicando curiosidades sobre Vietnam a la vez que hace que todas las parejas nos vayamos presentando para que nos podamos conocer un poco ya que vamos a compartir 2 días de viaje. El grupo no puede ser de lo más variado: 2 australianos, 2 italianos, 2 vietnamitas residentes en EEUU, 2 noruegos, 2 franceses, la familia con niño malaya y una pareja de Singapur. Gana la Vieja Europa!
Y, por supuesto, no podía terminarse el trayecto terrestre sin mareo a la oriental. Un minuto y medio antes de parar la VAN en destino, el pobre chavalillo estalla como el Etna cuando se enfada
La maraña de autobuses, furgonetas, gente y barcos que distingo corroboran lo que leí acerca de la sobreexplotación que tiene lugar en la bahía pese a haber sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994.

Makelele nos da unos tickets y guardamos fila para acceder al puerto. Le seguimos hasta una pequeña lancha. Ya falta muy poco para ver el barco.

Hay cientos de ellos a nuestro alrededor anclados esperando pacientemente a sus pasajeros. Reconozco algunos sobre los que he leido comentarios. Y por fin lo vemos: Golden Lotus. El exterior no tiene mala pinta; ya veremos por dentro!

Nos dicen que dejemos las bolsas en la lancha puesto que ya nos las llevarán después y nos hacen subir al comedor donde nos espera una bebida de bienvenida. Nos dan las llaves de los camarotes y a cotillear la habitación!
En esta temporada (pese a ser la alta) suele haber niebla en la zona por lo que las islas van apareciendo ante nuestros ojos de forma algo difusa al principio. El sol hace intentos de salir, pero le faltan fuerzas.
Durante la comida vamos intercambiando impresiones con la pareja noruega. Al terminar, un momento de descanso y a visitar la "Surprising Cave". Nos montamos de nuevo en la lancha y abandonamos el refugio del barco. Anclados en la pequeña bahía decenas de barcos similares al nuestro van descargando pasajeros como churros. Desembarcamos en el pequeño puerto y comenzamos a subir las escaleras que llevan a lo alto de la montaña como podemos, entre los cientos de turistas que tratan de hacer lo mismo. Somos tantos subiendo que se forman retenciones dignas de la entrada a una gran ciudad tras un puente de los largos. La sensación no me agrada en absoluto pues anula totalmente el encanto del lugar. Solo se ven brazos flácidos, piernas blanquecinas y algún que otro codazo. Esperamos resignadamente el lento avance sin perder de vista a Makelele. Objetivo cumplido: llegamos a lo más alto.
Entramos en una inmensa cueva y Makelele va explicando las diferentes formaciones que el paso del tiempo y el agua han originado. El estado de conservación no es muy bueno, el techo ha sido recubierto con una especie de capa de cemento y, por supuesto, la gente fotografía a su antojo, tocan todo y no respetan nada. La famosa sorpresa no me lo parece tanto. Es cierto que al salir de nuevo al exterior las vistas tienen su punto; sin embargo, la cantidad exagerada de barcos que abarrotan las aguas agea bastante la estampa. ¿Dónde están esas idílicas imágenes del junco con las velas desplegadas surcando en soledad las esmeraldas aguas de la bahía? No lo sé, aquí desde luego no. Los circuitos "standard" hacen el mismo recorrido y el resultado es esta superpoblación entre la que nos encontramos y a la que contribuimos.
Subimos de nuevo a la lancha y nos dirigimos hacia el lugar en que se recogen los kayaks. Lo tenemos incluido en el precio pero decidimos no hacerlo ya que el lugar no nos inspira: la suciedad de las aguas, la cantidad de barcos que hay que ir esquivando con el peligro que eso comporta... Es una lástima no haberlo podido practicar en un sitio más apropiados, más agradable, más atractivo.
No somos los únicos que nos quedamos en tierra: la italiana y los vietnamitas-americanos nos acompañan sobre la pasarela. Mientras los otros hacen kayaking, nosotros charlamos y observamos cómo pescan los de las casas flotantes.
Se acaba el tiempo y los del kayak regresan con los culos algo mojados. Lancha otra vez y hacia el barco. Makelele pregunta si alguien quiere bañarse pero imagino que todos han visto la contaminación y los restos que flotan a la deriva. Propuesta desestimada.
Vamos a disfrutar un poco del junco y su cubierta. Otro cocktail de bienvenida y después la cena. La comida vuelve a ser exquisita y abundante. Esta vez las mesas están organizadas de otra forma y nos sentamos: el sector más joven formado por australianos, italianos, noruegos y españoles en una; el grupo oriental, en otra y en la última unos matrimonios suecos que han aparecido esta tarde.
Durante la cena Makelele nos dice que es el cumpleaños de uno de los pasajeros y después le darán una sorpresa. Le enseñé a decir la palabra FIESTA durante el trayecto desde Hanoi y ahora no para con: FIESTA, FIESTA!! Bueno, pues habrá que quedarse para no hacerle un feo. También nos dice que hay karaoke. Esto ya lo había leido yo en comentarios por la red, no siempre buenos
La sorpresa consiste en una sandía esculpida con unas velitas. Makelele se arranca con el HAPPY BIRTHDAY; eso nos tendría que haber puesto en aviso para la que vendría después
El cumpleañero nos reparte sandía a todos. El detalle del barco está bien, pero se podrían haber currado una tartita como la que me hicieron a mi en el YK Home.
Y ahora FIESTA, FIESTAAAAAAAAAAAAAA! dice Makelele. Bueno, veamos qué tal va eso del karaoke! Como buen anfitrión Makelele rompe el hielo; bueno, mejor que romper el hielo lo destroza
A Makelele le ha gustado lo del micro y repite. El resultado, como la primera vez. Los australianos y los noruegos hace rato que han abandonado la sala. Los italianos, franceses, los suecos y los dos españolitos resistimos estoicamente el ataque oriental. Cantamos otra canción más para evitar que los orientales se apoderen del micro y hasta hacemos cantar al italiano el "O sole mio" a dúo con Jose ( como nombre artístico los 2 tenores
Intuyo que estamos todos igual pero nos parece incorrecto marcharnos. Del sofoco que tengo me estoy asando de calor. Abro un poco el balcón para que entre aire fresco. Me levanto y salgo al exterior. Así ni estoy dentro del todo, ni desaparezco. Makelele y el resto de la tripulación siguen micro en mano. Estamos un poco más pero al final decidimos que ya hemos cumplido lo suficiente, ahora queremos disfrutar un poco de la noche estrellada desde la cubierta. Hace un poco de frío y nos tapamos. Resulta relajante estar allí, pese a que el karaoke persiste en su lucha particular contra el silencio. La luz de la luna ilumina las formaciones rocosas; al fondo, las siluetas de otros juncos nos recuerdan que no estamos solos. La noche es fría, decidimos bajar al camarote. Echamos un vistazo al salón; solo queda Makelele (con su micro) y alguno de los tripulantes.
Volvemos a desayunar todos juntos y el barco inicia su marcha. Desde las tumbonas en cubierta observamos la belleza del lugar. La fina capa de niebla nos sigue acompañando. Nos despedimos de la pareja noruega que hace el tour de 2 noches y de Makelele que los acompaña. Nos quedamos con otro guía que nos va explicando los nombres de las diferentes islas por las que pasamos. A lo lejos se distingue la ciudad de Ha Long. Al igual que nosotros, otros barcos han puesto rumbo hacia allí. Esto está tocando a su fin, Jose! Me ha gustado la experiencia pero quizás esperaba un poco más de ella; puede que mis expectativas fueran muy altas. De todas formas es una visita de la que no se puede prescindir.
Con nuestra mochila a cuestas, vamos andando hacia el restaurante en el que comeremos. Es un salón muy grande. Nos hacen pasar a un reservado (somos hasta VIPS!). La comida vuelve a estar muy bien. Lástima que para "variar" siguen sacando "naranjas" para el postre. Deben ser chinas y, pobrecita de mi
Y de nuevo trayecto de tres horas hasta Hanoi. Vemos que pasan por delante de la agencia y nos ofrecemos voluntarios para bajar. Necesitamos estirar las piernas, despertarlas del entumecimineto y nada mejor que las frenéticas calles del Old Quarter de Hanoi.
Un día más, noche tras noche, la comida sale a la calle y la inunda de una mezcolanza de olores, de colores, de formas. El humo de las motocicletas se funde con el que desprenden las humeantes cazuelas, los calientes hotpots. Y la gente come; come a todas horas; come en todas partes. En la puerta de sus casas, en sus negocios, agazapados en minúsculos umbrales.
Hanoi, de nuevo; otra vez, Hanoi.