Tras desayunar salimos alrededor de las 8.30. Fuimos por la zona de la Costa da Morte. Nuestra primera parada fue Malpica, un pueblo pequeño con mucho encanto.
Tiene un puerto pesquero digno de ver y donde además puedes encontrar aparcamiento con facilidad. Se escuchaban las gaviotas continuamente y se veían los barcos típicos de pesca allí amarrados y de fondo las preciosas casas del pueblo, un lugar muy bonito.
Cruzando la calle del puerto te plantas en dos minutos en una bonita playa, con buenos paisajes para fotografiar. Nos dimos un paseo por la playa disfrutando del lugar y lo mejor es que a pesar de estar en julio la playa estaba muy tranquila, con poca gente, aunque el agua estaba un poco fría y con algunas olas. Después de Malpica nos dirigimos a Muxia, un pueblo del que nos habían hablado muy bien y la verdad es que así fue. Paramos a comer cerca de la pequeña oficina de turismo que hay en el paseo marítimo, la chica de la oficina nos informó acerca de la zona y nos recomendó para comer un lugar llamado El Cordobés, un bar decorado típicamente andaluz y con la comida más que aceptable, buena relación calidad – cantidad – precio. Después de comer nos dirigimos a un santuario muy famoso que está rodeado de piedras moldeadas por las fuertes olas que golpean esta costa. Este lugar nos encantó y aprovechamos para verlo con tranquilidad y hacernos bastantes fotos.
Más tarde subimos por un pequeño camino que llegaba a un mirador desde donde se apreciaba por un lado las agrestes costas, el santuario y el bonito pueblo de Muxia.
Como curiosidad, ante estas preciosas costas tuvo lugar el nefasto vertido del Prestige y en cuyo recuerdo colocaron dos enormes piedras. Al salir de Muxía seguimos bordeando la costa pasando por Camariñas y llegando al cabo de Touriñán, el punto situado más al oeste de España. Desde su faro se tienen unas preciosas vistas de grandes acantilados y un horizonte azulado sin fin, un lugar muy bonito. Desde allí nos dirigimos hacia Finisterre. Este día pasamos por varias playas, la de Nemiña, Langosteira pero la que más nos gustó fue la playa de O Rostro, poco antes de llegar a Finisterre, una playa tranquila rodeada de dunas y con una extensión de más de dos kilómetros, lo malo fue el excesivo calor que hacía en ese momento. Llegamos a Finisterre por la tarde y subimos directamente a su faro. Como curiosidad antiguamente se creía que este punto era el fin del mundo y a nosotros también nos resultó curioso porque a los dos días empezábamos el camino de Santiago y estuvimos primero en el lugar donde mucha gente acaba el camino y vimos el punto cero, el final antes de empezarlo.
Habíamos leído maravillas de este lugar pero la realidad aún supera lo que se dice, con el reflejo del sol brillando en las azules aguas y el horizonte de un color inolvidable, disfrutamos de este asombroso lugar donde hicimos varias fotos para el recuerdo.
Algunos peregrinos llegaban a esa hora al final de su camino. Al salir de Finisterre nos dirigimos hacia Carnota pero antes pasamos por Corcubión y Cee pueblos muy bonitos y con mucha vida pero con mas trafico que en otros lugares. A Carnota íbamos simplemente para ver el que dicen es el hórreo mas grande, con 72 mts de longitud.
La verdad es que la diferencia con los otros es enorme y curioso de ver y la parada no lleva mucho tiempo. Desde Carnota nos dirigimos ya a Santiago sin más paradas. Llegamos directos al hotel Miradoiro de Belvis donde dejamos el coche durante el camino por un precio más que razonable. El hotel estaba muy bien situado, muy cerca de la catedral. Nosotros ese día no queríamos verla ya que nuestra idea era verla por primera vez al finalizar nuestro primer camino como peregrinos, así que nos duchamos y dimos un paseo hasta un bar que nos recomendaron en el hotel, la bodeguilla de San Roque. Cenamos muy bien con un revuelto de setas, algo de jamón y otro plato especialidad de la casa. Después de la cena al hotel dando un paseo y a la cama que al día siguiente cogíamos el tren hacia Astorga para empezar el camino.
Tiene un puerto pesquero digno de ver y donde además puedes encontrar aparcamiento con facilidad. Se escuchaban las gaviotas continuamente y se veían los barcos típicos de pesca allí amarrados y de fondo las preciosas casas del pueblo, un lugar muy bonito.

Cruzando la calle del puerto te plantas en dos minutos en una bonita playa, con buenos paisajes para fotografiar. Nos dimos un paseo por la playa disfrutando del lugar y lo mejor es que a pesar de estar en julio la playa estaba muy tranquila, con poca gente, aunque el agua estaba un poco fría y con algunas olas. Después de Malpica nos dirigimos a Muxia, un pueblo del que nos habían hablado muy bien y la verdad es que así fue. Paramos a comer cerca de la pequeña oficina de turismo que hay en el paseo marítimo, la chica de la oficina nos informó acerca de la zona y nos recomendó para comer un lugar llamado El Cordobés, un bar decorado típicamente andaluz y con la comida más que aceptable, buena relación calidad – cantidad – precio. Después de comer nos dirigimos a un santuario muy famoso que está rodeado de piedras moldeadas por las fuertes olas que golpean esta costa. Este lugar nos encantó y aprovechamos para verlo con tranquilidad y hacernos bastantes fotos.

Más tarde subimos por un pequeño camino que llegaba a un mirador desde donde se apreciaba por un lado las agrestes costas, el santuario y el bonito pueblo de Muxia.


Como curiosidad, ante estas preciosas costas tuvo lugar el nefasto vertido del Prestige y en cuyo recuerdo colocaron dos enormes piedras. Al salir de Muxía seguimos bordeando la costa pasando por Camariñas y llegando al cabo de Touriñán, el punto situado más al oeste de España. Desde su faro se tienen unas preciosas vistas de grandes acantilados y un horizonte azulado sin fin, un lugar muy bonito. Desde allí nos dirigimos hacia Finisterre. Este día pasamos por varias playas, la de Nemiña, Langosteira pero la que más nos gustó fue la playa de O Rostro, poco antes de llegar a Finisterre, una playa tranquila rodeada de dunas y con una extensión de más de dos kilómetros, lo malo fue el excesivo calor que hacía en ese momento. Llegamos a Finisterre por la tarde y subimos directamente a su faro. Como curiosidad antiguamente se creía que este punto era el fin del mundo y a nosotros también nos resultó curioso porque a los dos días empezábamos el camino de Santiago y estuvimos primero en el lugar donde mucha gente acaba el camino y vimos el punto cero, el final antes de empezarlo.

Habíamos leído maravillas de este lugar pero la realidad aún supera lo que se dice, con el reflejo del sol brillando en las azules aguas y el horizonte de un color inolvidable, disfrutamos de este asombroso lugar donde hicimos varias fotos para el recuerdo.

Algunos peregrinos llegaban a esa hora al final de su camino. Al salir de Finisterre nos dirigimos hacia Carnota pero antes pasamos por Corcubión y Cee pueblos muy bonitos y con mucha vida pero con mas trafico que en otros lugares. A Carnota íbamos simplemente para ver el que dicen es el hórreo mas grande, con 72 mts de longitud.

La verdad es que la diferencia con los otros es enorme y curioso de ver y la parada no lleva mucho tiempo. Desde Carnota nos dirigimos ya a Santiago sin más paradas. Llegamos directos al hotel Miradoiro de Belvis donde dejamos el coche durante el camino por un precio más que razonable. El hotel estaba muy bien situado, muy cerca de la catedral. Nosotros ese día no queríamos verla ya que nuestra idea era verla por primera vez al finalizar nuestro primer camino como peregrinos, así que nos duchamos y dimos un paseo hasta un bar que nos recomendaron en el hotel, la bodeguilla de San Roque. Cenamos muy bien con un revuelto de setas, algo de jamón y otro plato especialidad de la casa. Después de la cena al hotel dando un paseo y a la cama que al día siguiente cogíamos el tren hacia Astorga para empezar el camino.