Viernes 22 de julio.
Amanece otro día nublado en Viena, pero eso poco nos importa ya...con tal de que no esté así en Budapest...
Llenamos por última vez la barriga en la Pensión Neuer Markt y listos para coger el metro dirección Meidling (una de las muchas estaciones de Viena). Es una estación pequeña así que no tiene mucha pérdida. Nos habíamos informado en la oficina de turismo de Albertina así que sabíamos cuánto iba a ser el precio del trayecto en tren. Compramos los billetes a 36 euros cada uno (sí, bastante caros...) y a esperar a la hora de salida (aún nos quedaba media hora que aprovechamos para leer un poco).
El tren llega y sale puntual, las 10.10 de la mañana y en poco menos de tres horas está prevista la llegada a Keleti Palayudvar. He de decir que hay más trenes de distintos precios, a distintas horas y desde distintas estaciones de Viena, pero elegimos éste porque es el que mejor nos venía tanto de horario como de estación de llegada (hay otros que llegan a Dèli palayudvar, en el distrito del Castillo).
Pese a un pequeño retraso de unos 15 minutos, llegamos con normalidad y el cielo nos da la bienvenida con nubes y claros (ojalá hubiese sido así todos los días...).
Como no llevamos ni un florín encima decidimos ir andando al hotel (no aprendimos de nuestras aventuras en Bratislava y nos gusta el riesgo, jeje). Sobre el mapa son dos avenidas grandes, pero conforme vamos andando nos damos cuenta de la longitud del recorrido. Además, para más "inri" comienza a descargar una fina lluvia que incomoda bastante, pero seguimos rumbo al hotel con paso firme. Tras 40 minutos andando (aunque no se hacen pesados, al final lo único que quieres es llegar de una vez!) llegamos al Hotel Alpha Fiesta.
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Sala de estar del Hotel Alpha Fiesta.
Nos recibe una chica muy amable en recepción y, tras las indicaciones pertinentes, subimos a nuestra habitación. Para los que esperen un hotelazo de 4 estrellas, que no se engañen. Es un buen hotel y sobre todo, está muy pero que muy bien situado, a escasos minutos de Szent Basilika, de la Ópera y de la Zsynagoga, pero no esperéis una habitación de lujo. Es grande, eso sí, la ducha deja bastante que desear, pero por lo demás está bien, correcta.
El desayuno es tipo bufé otra vez, y sinceramente, está muy bien. Quizá, para los más dulzones, falte algo de "azúcar", pero lo que es el salado lo dominan a la perfección
Tras un breve descanso y comer algo en la habitación del hotel, a eso de las 16.00 salimos a tomar contacto con la ciudad. En un principio es sólo ver por encima y hacernos a la idea de distancias y demás para los próximos días, pero vas viendo cosas, vas calentándote y...acabas en sitios que no tenías previsto simplemente por la ley de la atracción, jeje.
Lo primero que hacemos es ir a Vaci utca, la gran calle comercial de Budapest, para cambiar euros a florines. Tras habernos enterado a cuánto estaba el cambio oficial en internet, vamso buscando a lo largo de toda la calle hasta que topamos con el mejor hasta entonces visto. Como consejo, no cambiéis en los de Western Union, el cambio es bastante malo y si no estás muy listo, te clavan comisión.
Para que os hagáis una idea, nosotros lo cambiamos a 266.1 florines cada euro y en algunos de Western Union iban a 261 e incluso menos. Antes de cambiar tienes que tener claro que no te cobran comisión (lo tienen que poner en los carteles que anuncian) y hacer antes tú con la calculadora del móvil (como nosotros) el cambio que te tendrían que dar. Así lo hicimos, y así lo hizo la chica. Sin trampa ni cartón.
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Orilla del Danubio con el tranvía de paso.
Tras hacernos con "dineros frescos" ponemos un pie detrás del otro y empezamos a disfrutar de la capital húngara. Puesto que ya estamos al lado del puente Erzsebet y de Belvarosi Templom (con otro precioso andamio!! que los tenemos de todos los colores oiga! Bratislava, Viena o Budapest, se los quitan de las manos!!c
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Duende del Danubio.
Tras las fotos de rigor y de ir respirando Hungría, cruzándonos con una boda, sobrepasando a familias con sus críos (que relantizan el paso, obviamente) y aprvechando que el Sol se hace paso de entre las nubes con fuerza, vamos llegando a nuestro primer destino: Puente de las Cadenas. Para ello primero tienes que llegar a Roosevelt ter, presidida a un lado por el hotel de lujo Intercontinental y a otro por el Gresham Palota, actual Hotel Four Seasons, también "de bien".
Comenzamos a cruzar el Puente de las Cadenas y ahí decidimos ir al hotel (menos mal que está a unos 10 minutos andando) a coger la otra cámara y dejar las sudaderas, que visto lo visto, no las íbamos a necesitar por hoy. De vuelta al Puente y esta vez sí, lo cruzamos, y ya que estamos y hace buen tiempo, subimos a la parte de arriba, no por el funicular, sino por las escaleras que llevan a Matyas templom y el Bastión.
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Funicular que sube a la zona del Castillo de Buda.
Con la boca abierta nos quedamos ya que nos parece precioso. Nuestras expectativas sobre esa parte de la ciudad se ven cumplidas de pleno y no sabemos ni qué hacer. Damos una vuelta, observamos nuestro alrededor y nos adentramos en el interior de la muralla del Bastión. Se puede pagar para subir y ver las vistas 2 metros más arriba, pero sinceramente, creo que no merece la pena, más que nada, porque al final está abierto a todo el mundo ya que hay una cafetería y, claro, no pueden cortar el acceso porque se les corta el chollo..jeje.
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Matyas Templom.
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Bastión, Castillo y colina Gellert.
Las vistas desde ahí son increíbles. Tienes toda la zona de Pest a tus pies, y por supuestísimo, "la joya de la corona", el Parlamento al frente.
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Parlamento desde el Bastión de los Pescadores.
Tras disfrutar de todas esas vistas y hacer un primer contacto con esa zona de la ciudad, antes de volver a bajar, paseamos por la zona de detrás del Castillo.
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Castillo entre banderas.
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Estatua ecuestre detrás del Castillo.
Volvemos a bajar por donde antes subimos, y desandamos el camino dirección Roosevelt ter. Desde ahí vemos una perspectiva diferente del Puente más famoso de Budapest y admiramos como se reflejan los últimos resquicios de sol sobre las aguas, algo turbias, del Danubi. Antes de ir a cenar, pasamos por la Basílica de San Esteban (Szent Istvan Basilika) que, debido a los últimos rayos de luz, tiene su fachada un color anaranjado que hace el ambiente cálido y acogedor, pese a estar en un país a más de 2.500 kilómetros de casa, cosa extraña pero fortalecedora.
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Puente de las Cadenas.
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Basílica San Esteban.
Decidimos ir a cenar a la zona de Liszt Ferenc ter, a un restaurante nombrado en el foro y que se llama Menza. Antes de llegar pasamos por la Ópera en Andrassy ut, la avenida nombrada patrimonio mundial de la Unesco.
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Ópera de Budapest (Magyar Operahàz)
En cuanto al restaurante, la verdad que esperábamos algo mejor, pero aún así, por 6446 HUF (unos 26 euros) comimos los dos bastante bien: un goulash típico de Hungría y bastante bueno, un plato de pato con salsa de mango y una ensalada tipo césar y no sé si algo más (ahora no recuerdo). Una vez cenados, una vuelta hasta el Café New York en Erszebet korut para verlo de noche. De ahí bajamos por Dohàny Utca hasta la gran Sinagoga. Tras esto, para el hotel a disfrutar de un merecido descanso y preparar la ruta para el día siguiente.
Buen primer día, sí señor, a ver si sigue este tiempo...