Nos levantamos pronto sorprendentemente descansados y sin rastro de jet lag. Double expresso en Starbucks justo enfrente del hotel y empezamos los casi 750 kilómetros que nos separan de nuestro hotel en Niágara.
El camino, conduciendo los dos, no se hace demasiado pesado y tampoco encontramos mucho tráfico en esta ruta por la I90. Aprovechamos que vemos anunciado un Premium outlet en una salida para hacer unas compras de básicos que se habían quedado en la maleta perdida (zapatos de vestir Clarks por 50$!
En el puente de la aduana tampoco encontramos mucho tráfico.
A media tarde llegamos al Radisson Hotel & Suites Fallsview. El parking está completo, por lo que la única opción es el valet parking (el botones se encarga del coche y te lo traen cada vez que lo pides durante tu estancia). Cuesta unos 25$ canadienses al día con las tasas incluidas y me parece que lo del self-parking prácticamente no funciona en temporada alta, porque siempre ponía completo.
Subimos a nuestra habitación y ¡alucinamos! A pesar de que no era un piso muy alto, la situación del hotel en lo alto de la colina hacía que tuviésemos unas vistas maravillosas desde nuestra ventana.

¡Y el jacuzzi!

Como aún no ha anochecido, nos acercamos al paseo que bordea el río y las cataratas. Estrenamos ya nuestro pase para el shuttle de los hoteles, que creo que nos costó unos 10$ para los dos días, y hace una ruta circular por las principales calles, incluyendo la entrada al Maid of the Mist, casinos, etc. A nosotros las cataratas la verdad es nos impresionaron.
La parte americana

Y la canadiense desde el paseo

Ya nos moríamos de ganas de acercarnos más al día siguiente con el barco y en el Journey behind de falls. La idea era hacerlo por libre, pero vimos la oferta de Double Deck Tours, que tienen un kiosko de venta justo dónde para el shuttle (mirando al río, a la izquierda de las taquillas del Maid of the Mist) y preferimos cogerlo con ellos para ver más cosas y olvidarnos de coger el coche (el parking es escaso y caro). Creo que eran unos 70$ canadienses por persona y cogimos los tickets para las 10 de la mañana del día siguiente.
Esa noche cenamos en el Tony Roma’s, que está justo debajo del hotel. Aunque es especialista en costillas, esa noche no estábamos para más carne y nos comimos un pescado bastante bueno. Luego nos fuimos andando para el Fallsview Casino Resort (en la misma calle del hotel, 5 minutos andando) para disfrutar de nuestra primera noche de ruleta
También aprovechamos para sacar dólares canadienses de uno de los cajeros del casino, ya que por algún extraño motivo en el del hotel nos había dado error. En el casino, por supuesto, los cajeros funcionan estupendamente ¡lo que quieres es que saques dinero! Aunque en Niágara puedes pagar sin problemas con dólares americanos, siempre el cambio lo hacen a su favor, así que sale a cuenta sacar una pequeña cantidad para gastos que no vayas a pagar con tarjeta. No sé si fue por qué eran los cajeros del casino, pero la comisión fue mínima.
Y vuelta al hotel. Yo siempre cierro persianas y cortinas todo lo que puedo porque me cuesta dormir con luz, pero con las vistas que teníamos desde la cama, ¡cualquiera cerraba las cortinas!
Al día siguiente a las 9 estábamos esperando el shuttle que nos dejó al lado de las taquillas del Maid of the Mist, y por lo tanto de Double Deck Tours. Nos subimos al autobús rojo (dos plantas, estilo inglés) y empezamos el recorrido por el paseo hasta la zona de la presa. La guía nos fue explicando algo de historia de la zona, de las cataratas, ¡y de la gente que se ha tirado voluntaria o involuntariamente por ellas a lo largo de los años!
La primera parada en Journey Behind the Falls. Nos dejan a la entrada de los túneles, dónde nos dan nuestros impermeables y hay tres “miradores” dónde puedes ver las cataratas de cerca. El impermeable y la cámara de fotos acuática (o con funda impermeable) realmente se hacen necesarios. Uno de los miradores es más cerrado y permite buenas fotos, pero desde el más abierto, ¡podéis comprobar lo difícil sacar buenas fotos con esa especie de lluvia intensa!

Esta salió tal cual y casi da miedo...

Con la parte de debajo de los pantalones empapada, volvemos a subir al autocar y recorremos la parte contraría del río hasta el teleférico. Para mí el teleférico es prescindible. Te lleva al otro lado del río y de vuelta en el siguiente, que aunque está en la otra orilla sigue siendo canadiense.

Desde allí vimos lanchas que iban con turistas por los rápidos y eso sí que nos quedamos con las ganas de hacerlo porque parecía divertido. Si a alguno os apetece, en las taquillas del teleférico (cable car) tienen información sobre las lanchas.
La siguiente parada es en el Jardín Botánico, aunque solo para ver la alfombra de flores que los alumnos de la escuela de horticultura hacen cada año.

Y aquí acaba el tour. Te dejan otra vez en las taquillas del Maid of the Mist con las entradas, pero puedes elegir coger el barco en ese momento o a cualquier otra hora más tarde ese día. Nosotros paramos en los chiringuitos de hot dogs y nos fuimos directos a la cola de los barcos. Había muchísima gente, pero como hay varios barcos y están continuamente saliendo, no tardamos más de media hora en estar subidos. Otra vez te dan chubasquero y otra vez ¡es muy necesario! A nosotros la experiencia nos encantó, aunque sea un poco corta, es genial llegar casi debajo de las cataratas. Da más impresión verlo desde el paseo del río que desde dentro, ya que el barco se mueve menos de lo que parece.


Después de ver las cataratas tan de cerca, de camino al hotel paramos en la Skilon Tower para tener la vista opuesta, desde las alturas. No encuentro el ticket, pero creo que eran unos 10$ por persona. Sólo la subida a los miradores, sin la peli 3D.

Cogimos el coche en el hotel y ponemos rumbo a Niagara on the lake, un pueblecito a unos 15 minutos, que había sido la capital de Ontario y que conserva un aire muy “inglés”, con grandes mansiones, calles llenas de flores y sobre todo mucha tranquilidad, en contrapunto a Niagara. Paseamos más o menos una horita, parando en las pequeñas tiendas a comprar Ice wine (vino dulce famoso en la región) y enormes toffes de diferentes sabores. Si os interesa el vino, en la carretera de Niágara a Niagara on the lake hay varias bodegas donde hacen degustaciones y visitas.

De vuelta a Niágara, seguimos paseando esta vez por la zona de ocio más turística (Main Street, Ferry Street,…). Cenamos las mejores costillas a la barbacoa que he comido nunca y disfrutamos del ambiente, ¡una mezcla entre Las Vegas y Lloret de Mar! Restaurantes, clubs, atracciones para niños, museos freaks… y mucho, mucho, mucho neón.

Un ratito más de ruleta para acabar nuestra estancia en Niágara (¡esta vez tuvimos mucha suerte y salimos con algunas ganancias!)