Aquel día bajamos a desayunar a Terracafe, capuccino y cioccolata calda. Después fuimos a la estación de buses SITA, donde la noche anterior habíamos comprado los billetes de ida/vuelta a San Gimignano, “la ciudad de las Bellas Torres”, una de las poblaciones medievales mejor conservadas de la Toscana.
Subimos al bus, que no iba directo hacia San Gimignano, sino que hacía parada en Poggibonsi, y allí tuvimos que esperar una hora hasta que viniera el bus dirección S.Gimignano, ya que los horarios de la estación resultaron estar equivocados.
En Poggibonsi, estábamos justo delante de la estación de trenes, donde se puede aprovechar para ir al baño o tomar un café en el bar de la estación para hacer tiempo hasta la llegada del bus.
Una vez montados en el bus de Poggibonsi seguimos nuestro camino hacia San Gimignano, pasando por caminos muy chulos. San Gimignano es una ciudad amurallada situada en una colina. De 72 torres medievales (construidas por familias de nobles para demostrar su riqueza y poder) han sobrevivido 14, desde las que se pueden observar los paisajes de los alrededores. Su centro histórico es Patrimonio de la humanidad declarado por la UNESCO.
En S. Gimignano nos dejó el bus justo afuera de la muralla, en la Porta San Giovanni. La via San Giovanni estaba llena de tiendas con souvenirs y productos típicos como quesos, vinos, setas… Y ya se empezaban a ver las torres al final de la calle, y la arquitectura medieval de sus edificios.


Andando por la calle llegamos a la Piazza della Cisterna, que recibe su nombre debido al pozo que hay en el centro. Es típico de las plazas toscanas la existencia de estos brocales.

Después seguimos hacia la izquierda donde se encontraba la Piazza del Duomo, con varias torres alrededor de ésta. La torre más alta es la Torre Grossa, la más alta de las torres que quedan, en el Palazzo del Popolo (Ayuntamiento o Palazzo Nuovo del Podestà), que también tiene un patio con escudos y frescos. En frente está la torre del Palazzo Vecchio del Podestà, que parece ser la más antigua de la ciudad, llamada Torre Rognosa o del Reloj. Y también encontramos el Duomo (Basilica di Santa Maria Assunta) con la Collegiata.

Tras echar fotos por la zona, nos dirigimos hacia la Via San Mateo, menos turística que la San Giovanni, pero también con bastantes tiendas de alimentación, ropa, vino, etc., donde nos compramos para almorzar en el Forno Boboli una botellita de agua, una focaccia con verduras, y otra de jamón y queso, bastante grandecitas. Buenísimas.
Después de comerlas nos dirigimos a la Rocca (Fortaleza de Montestaffoli), donde pudimos apreciar las vistas panorámicas del campo y la ciudad.

Luego callejeamos un rato por allí, ya que cada rincón tenía su encanto, y acabamos bajando a unas Fuentes Medievales que se conservan a las afueras de la Porta delle Fonti, con arquitectura lombarda, románica y gótica.

Seguimos callejeando un rato y echando fotos a cada rinconcito que nos gustaba.

Y cuando ya estábamos bastante cansados, optamos por sentarnos en el pozo de la Piazza della Cisterna, mientras nos comíamos unas tarrinas de helado de la famosa Gelateria di Piazza, con premios a los mejores helados del mundo, y un sabor registrado llamado Crema di Santa Fina, que por cierto, me suena que era uno de los que probamos. Estaban riquísimos, y esto ya nos sirvió como comida-merienda.
Después de comerlos y descansar un rato allí sentados, admirando los edificios medievales de la plaza, y observando a la gente pasar, decidimos que ya era hora de ponerse en marcha, ya que si no íbamos a perder el bus de vuelta a Florencia.
Una vez en Florencia, como todavía era pronto, decidimos aprovechar para subir a la cúpula del Duomo. Esta cúpula fue proyectada por Brunelleschi y es la cúpula más grande de su tiempo sin armazón fija. Los ladrillos de distinto tamaño se sustentan colocados a espinapez. Y si es bonita por fuera es más bonita todavía por dentro.
Tras hacer un rato de cola, conseguimos subir. Es un poco cansado, porque son 463 escalones, pero conseguimos hacerlo sin mucho problema, parando de vez en cuando un minutillo para reponer fuerzas.
Primero llegas a un primer nivel, con una pasarela que recorre el perímetro de la cúpula por el interior, y te permite ver los frescos del juicio final de Vasari de bastante cerca. Para luego continuar con la ascensión hasta la linterna de la cúpula, desde donde se ven muy buenas vistas de la ciudad. Tras pasearnos un rato por la cúspide y tomar muchas fotos, decidimos bajar.

Y a la bajada, el camino te lleva por un segundo nivel interior de la cúpula, donde ya estás pegado a la base de los frescos. Era impresionante verlos encima de ti. Hicimos las fotos que pudimos, ya que había un tipo por detrás nuestra dándonos prisas para que avanzáramos. Nos gustó mucho, y valió la pena haber elegido subir a la cúpula en lugar de al campanile, por ver desde tan cerca los frescos.

Al bajar de la cúpula estuvimos un rato paseando y admirando la ciudad.

Y después buscamos alguna tienda donde poder comprar una botellita pequeña de limoncello a buen precio. También compramos una cajita con ricciarelli, que son dulces típicos de esta zona.
Esa noche cenamos de nuevo en la via Borgo San Lorenzo, esta vez en Il grande Nuti: Spaguetti bolognesa, escalope a la milanesa con patatas fritas, agua y copita de vino, y luego un espresso y una manzanilla. Nos gustó bastante, y nos costó todo 34 €.
Tras dar una pequeña vuelta, volvimos al hotel donde nos esperaba el limoncello fresco que habíamos metido en la neverita de la habitación.