El Zenith llegó a la isla de Santorini a las 8.00 h. Yo esta escala la haría por libre, y aunque no estaba sujeta a una hora concreta, nos levantamos a las 8 para prepararnos, desayunar ya que a las 9 habíamos quedado con nuestros compis Puri, Bego, Ernesto y sus respectivas familias en la cubierta 7, que se desembarcaba pasando por la discoteca.
Llamaban para el desembarque por letras, era un follón porque estaba todo el mundo apelotonado, primero nos metían en la discoteca a esperar y luego ya te iban haciendo pasar, y para mas inri, nosotros teníamos distintas letras. Conseguimos pasar todos con Puri que tenía la letra que antes tocaba.
Una vez que pasamos, bajábamos a unas lanchas, con bastante capacidad de personas que nos llevaría hasta el puerto viejo de Santorini, ya que el barco atracó a unos metros de la isla. Por este traslado no hay que pagar nada.
El trayecto en lanchasdura unos 15 minutos, no te llegas a marear y además esta muy bien porque te va dando la brisa, puedes hacer fotos al mar y a la isla según te vas acercando y quedan preciosas. Una vez que llegamos a la orilla, unos hombres nos ayudaron a bajarnos y por fin ya empezaba nuestro viaje por la isla.
Nosotras habíamos decidido subir en burritos, yo tenía ganas de probar esa experiencia, y aunque nuestros amigos irían en funicular, quedamos en esperarnos arriba. Por suerte, más bien supongo que por tema de fechas en las que viajamos, no había colas ni en los burros ni en el funicular.
La subida en burro costó 5 euros y la experiencia fue increíble, los animales están muy limpios, los hombres de allí te ayudan a subir y luego tú ya vas libremente con el burro. El animal va subiendo a sus anchas los escalones, y va parando cuando él quiere y para girar sabe como hacerlo mejor. En ningún momento pasas miedo, o algún temor y puedes hacerte en algún momento la foto de la que paran ellos para descansar, y no hace falta que tu le dirijas.
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Una vez arriba, un chico de los que iba en burro me ayudó a bajarme, acabamos de subir los últimos peldaños a pie y nos juntamos con nuestros compis. Una vez el grupo unido, nos fuimos a pie a conocer un poco la isla, callejear y alguna foto.
Decidimos coger taxis entre todos, e irnos a Oia ya que aunque no daría tiempo a ver el atardecer, queríamos conocer el pueblo y sus vistas.
Negociamos con el taxista la ida por 15 euros, así que entre 4 nos quedaba muy bien y nos quitábamos líos de buses urbanos. El pueblecito en sí no tiene nada, sino sus vistas, sus calles…era todo precioso, como se veía todo el mar, nuestro barco que parecía de juguete…Además era un día despejado, soleado sin hacer mucho calor, por lo que una media manga íbamos cómodos y decidimos después sentarnos en una terraza y tomar algo juntos.
Aunque fue algo caro, ya que las cervezas nos cobraron a 6.50 €, Coca-Cola 3,50 € y el agua 2,50 €.
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Después callejeamos otro poco, yo compré alguna postal, y de vuelta a la parada de los taxis vimos un puesto de cacahuetes cubiertos de sésamo y caramelo. Los paquetes eran de distinto tamaño, los hacían allí mismo, es como aquí los puestos de almendras garrapiñadas y por 2 euros cogimos una bolsa bastante bien de tamaño teniendo en cuenta los precios de allí.
Bajando esa misma calle vi una farmacia en la que me detuve a comprar jarabe, pues iba con tos y catarro, y esa noche la había pasado fatal tosiendo continuamente y picadera en la garganta.
Llegamos y allí estaban varios taxis, nos repartimos y por el mismo precio nos dejó de vuelta. El camino, como anécdota contar que el taxista iba algo rapidillo, y es una carretera con bastantes curvas, algunas cerradas, hay mucha moto y quad, aunque el daba el aspecto de estar muy tranquilo y seguro!!!
A la llegada, callejeamos otro poco, mas fotos, hicimos alguna parada en las tiendas que tenían pamelas muy chulas de paja donde la hija de Puri se compró una y decidimos volvernos todos ya en funicular.
Por suerte tampoco había colas, y cuestan 4 euros. Las cabinas son algo pequeñas, con capacidad para 6 personas, esta algo viejillo pero bueno, para el trayecto está bien. Aunque es muy pronunciado no te das cuenta y es muy rápido.
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Una vez abajo, cogimos los tenders y de nuevo al Zenith. La hora de embarque era las 17.30 h, y nosotros llegamos justo para la comida.
Yo me tomé mi jarabe, y ese día decidimos probar el buffete. Es muy grande, te van sentando en mesas según los que seáis, y os ponen con otras personas, salvo que seáis un grupo y llenéis la mesa. A nosotras nos juntaron con dos parejas de portugueses, y la comida es la misma que en el restaurante pero te lo vas sirviendo tú, con el consiguiente rollo de levantarte cuantas veces necesites pan, o repetir de algo. Las bebidas si te las ponían en la mesa.
Después de ver que eran las mismas comidas, decidimos que el resto de días, salvo algún imprevisto, comeríamos en el restaurante. Tienes la ventaja de que te lo traen, te retiran los platos mas rápido, si quieres algo se lo indicas y lo tienes al momento en la mesa y te sientas donde quieres, ya que tienes tu mesa asignada y siempre te sentaras con la misma gente.
Luego nos fuimos al CAFÉ PLAZA, estas muy bien y tranquilo, tiene un ambiente muy agradable y casi siempre coincidíamos allí con algún amigo forero o nuestros compis con los que ya sabíamos que estarían por allí.
Las bebidas aquí del TI son bastante aceptables. Yo me pedí un chocolate caliente, y es como un cola cao con espuma rico. Los cafés estaban muy buenos y los tés tenían muchas variedades y eran muy demandados.
Los mojitos
eran algo suaves, estaban buenos, y también tenían cocteles sin alcohol que también les considero bastante bueno para ser un todo incluido.
Después de tomar algo con nuestros amigos, nos fuimos a tumbar un poco, ducharnos y prepararnos para esa noche que tocaba TERROR.
Nos pusimos nuestros disfraces de brujas pirujas, nos pintamos telarañas en la cara, ojos oscuros, labios negros entremezclado con morado y con estas pintas nos fuimos a la cena. Nuestros amigos ya nos habían dicho que no se disfrazarían, pero a Ernesto le pillaron por banda los de animación y le pintaron toda la cara…menudo miedo cuando le vimos de repente!!!!
Nosotros habíamos pedido el segundo turno de cena, a las 21.45h, los amigos se habían ido a ver el espectáculo y cuando nos juntamos todos ya nos fuimos al restaurante. Había gente disfrazada, pero no la mayoría, así que enseguida te miraban y se fijaban en nosotras. Los niños si estaban disfrazados o pintados por los de animación, y de adultos había también disfrazados y pintados pero menos gente. Aquí depende de las personas, de lo que quieran participar en las noches temáticas y también influye el ambiente del resto de la gente.
El tema está que Pullmantur no había concretado las temáticas, así que la gente decidió no cargar con cosas sin saber seguro. Creo que la naviera es la primera que tiene que facilitar para que la gente participe, así es mas divertido pero lo tienen que anticipar al menos.
El restaurante Caravelle estaba ya limpio y ordenado después de que pasaron los del primer turno, nosotros teníamos las mesas seguidas para estar juntos y estaba todo decorado cuidado con todo detalle.
Tienes un camarero adjudicado a tu mesa y su ayudante, normalmente se presentan y dicen su nombre. A nosotras no se nos presentó formalmente, pero estaba muy pendiente de que nos gustara todo, de que cualquier cosa que quisiéramos hacer lo posible para tenernos satisfechos.
El ayudante nos preguntó por nuestras bebidas, que nos trajo muy rápido y nos sirvió agua fresca. Mientras el otro camarero nos daba la carta para que fuéramos eligiendo. Siempre había una selección de panes, luego 3 primeros, 3 segundos, 2 platos que eran especiales del lugar, y luego el siempre disponible, y 3 postres.
Decir que a veces de entrantes y principales había mas de tres por no decir que todos los días, al igual que los postres, y en estos además había siempre los postres de dieta.
La calidad de todos los platos era excelente, así como su presentación.
Te entraba el hambre ya solo con el nombre de los platos!!! Nos tomó nota y tras unos minutos nos fue trayendo los platos.
Como entrante le habíamos pedido variedad de quesos internacionales, y se lo aprendió para el resto de los días que nos los traía aunque no se lo dijéramos.
Después de cenar nos fuimos a tomar algo todos juntos, ocupamos tres mesas y 15 sillas y entre risas y juergas pasamos la noche. Los demás se fueron un rato a la discoteca y yo decidí recogerme por el dolor de garganta y algo de afonía.
Llamaban para el desembarque por letras, era un follón porque estaba todo el mundo apelotonado, primero nos metían en la discoteca a esperar y luego ya te iban haciendo pasar, y para mas inri, nosotros teníamos distintas letras. Conseguimos pasar todos con Puri que tenía la letra que antes tocaba.
Una vez que pasamos, bajábamos a unas lanchas, con bastante capacidad de personas que nos llevaría hasta el puerto viejo de Santorini, ya que el barco atracó a unos metros de la isla. Por este traslado no hay que pagar nada.
El trayecto en lanchasdura unos 15 minutos, no te llegas a marear y además esta muy bien porque te va dando la brisa, puedes hacer fotos al mar y a la isla según te vas acercando y quedan preciosas. Una vez que llegamos a la orilla, unos hombres nos ayudaron a bajarnos y por fin ya empezaba nuestro viaje por la isla.
Nosotras habíamos decidido subir en burritos, yo tenía ganas de probar esa experiencia, y aunque nuestros amigos irían en funicular, quedamos en esperarnos arriba. Por suerte, más bien supongo que por tema de fechas en las que viajamos, no había colas ni en los burros ni en el funicular.
La subida en burro costó 5 euros y la experiencia fue increíble, los animales están muy limpios, los hombres de allí te ayudan a subir y luego tú ya vas libremente con el burro. El animal va subiendo a sus anchas los escalones, y va parando cuando él quiere y para girar sabe como hacerlo mejor. En ningún momento pasas miedo, o algún temor y puedes hacerte en algún momento la foto de la que paran ellos para descansar, y no hace falta que tu le dirijas.
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Una vez arriba, un chico de los que iba en burro me ayudó a bajarme, acabamos de subir los últimos peldaños a pie y nos juntamos con nuestros compis. Una vez el grupo unido, nos fuimos a pie a conocer un poco la isla, callejear y alguna foto.
Decidimos coger taxis entre todos, e irnos a Oia ya que aunque no daría tiempo a ver el atardecer, queríamos conocer el pueblo y sus vistas.
Negociamos con el taxista la ida por 15 euros, así que entre 4 nos quedaba muy bien y nos quitábamos líos de buses urbanos. El pueblecito en sí no tiene nada, sino sus vistas, sus calles…era todo precioso, como se veía todo el mar, nuestro barco que parecía de juguete…Además era un día despejado, soleado sin hacer mucho calor, por lo que una media manga íbamos cómodos y decidimos después sentarnos en una terraza y tomar algo juntos.
Aunque fue algo caro, ya que las cervezas nos cobraron a 6.50 €, Coca-Cola 3,50 € y el agua 2,50 €.
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Después callejeamos otro poco, yo compré alguna postal, y de vuelta a la parada de los taxis vimos un puesto de cacahuetes cubiertos de sésamo y caramelo. Los paquetes eran de distinto tamaño, los hacían allí mismo, es como aquí los puestos de almendras garrapiñadas y por 2 euros cogimos una bolsa bastante bien de tamaño teniendo en cuenta los precios de allí.
Bajando esa misma calle vi una farmacia en la que me detuve a comprar jarabe, pues iba con tos y catarro, y esa noche la había pasado fatal tosiendo continuamente y picadera en la garganta.
Llegamos y allí estaban varios taxis, nos repartimos y por el mismo precio nos dejó de vuelta. El camino, como anécdota contar que el taxista iba algo rapidillo, y es una carretera con bastantes curvas, algunas cerradas, hay mucha moto y quad, aunque el daba el aspecto de estar muy tranquilo y seguro!!!
A la llegada, callejeamos otro poco, mas fotos, hicimos alguna parada en las tiendas que tenían pamelas muy chulas de paja donde la hija de Puri se compró una y decidimos volvernos todos ya en funicular.
Por suerte tampoco había colas, y cuestan 4 euros. Las cabinas son algo pequeñas, con capacidad para 6 personas, esta algo viejillo pero bueno, para el trayecto está bien. Aunque es muy pronunciado no te das cuenta y es muy rápido.
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Una vez abajo, cogimos los tenders y de nuevo al Zenith. La hora de embarque era las 17.30 h, y nosotros llegamos justo para la comida.
Yo me tomé mi jarabe, y ese día decidimos probar el buffete. Es muy grande, te van sentando en mesas según los que seáis, y os ponen con otras personas, salvo que seáis un grupo y llenéis la mesa. A nosotras nos juntaron con dos parejas de portugueses, y la comida es la misma que en el restaurante pero te lo vas sirviendo tú, con el consiguiente rollo de levantarte cuantas veces necesites pan, o repetir de algo. Las bebidas si te las ponían en la mesa.
Después de ver que eran las mismas comidas, decidimos que el resto de días, salvo algún imprevisto, comeríamos en el restaurante. Tienes la ventaja de que te lo traen, te retiran los platos mas rápido, si quieres algo se lo indicas y lo tienes al momento en la mesa y te sientas donde quieres, ya que tienes tu mesa asignada y siempre te sentaras con la misma gente.
Luego nos fuimos al CAFÉ PLAZA, estas muy bien y tranquilo, tiene un ambiente muy agradable y casi siempre coincidíamos allí con algún amigo forero o nuestros compis con los que ya sabíamos que estarían por allí.
Las bebidas aquí del TI son bastante aceptables. Yo me pedí un chocolate caliente, y es como un cola cao con espuma rico. Los cafés estaban muy buenos y los tés tenían muchas variedades y eran muy demandados.
Los mojitos
Después de tomar algo con nuestros amigos, nos fuimos a tumbar un poco, ducharnos y prepararnos para esa noche que tocaba TERROR.
Nos pusimos nuestros disfraces de brujas pirujas, nos pintamos telarañas en la cara, ojos oscuros, labios negros entremezclado con morado y con estas pintas nos fuimos a la cena. Nuestros amigos ya nos habían dicho que no se disfrazarían, pero a Ernesto le pillaron por banda los de animación y le pintaron toda la cara…menudo miedo cuando le vimos de repente!!!!
Nosotros habíamos pedido el segundo turno de cena, a las 21.45h, los amigos se habían ido a ver el espectáculo y cuando nos juntamos todos ya nos fuimos al restaurante. Había gente disfrazada, pero no la mayoría, así que enseguida te miraban y se fijaban en nosotras. Los niños si estaban disfrazados o pintados por los de animación, y de adultos había también disfrazados y pintados pero menos gente. Aquí depende de las personas, de lo que quieran participar en las noches temáticas y también influye el ambiente del resto de la gente.
El tema está que Pullmantur no había concretado las temáticas, así que la gente decidió no cargar con cosas sin saber seguro. Creo que la naviera es la primera que tiene que facilitar para que la gente participe, así es mas divertido pero lo tienen que anticipar al menos.
El restaurante Caravelle estaba ya limpio y ordenado después de que pasaron los del primer turno, nosotros teníamos las mesas seguidas para estar juntos y estaba todo decorado cuidado con todo detalle.
Tienes un camarero adjudicado a tu mesa y su ayudante, normalmente se presentan y dicen su nombre. A nosotras no se nos presentó formalmente, pero estaba muy pendiente de que nos gustara todo, de que cualquier cosa que quisiéramos hacer lo posible para tenernos satisfechos.
El ayudante nos preguntó por nuestras bebidas, que nos trajo muy rápido y nos sirvió agua fresca. Mientras el otro camarero nos daba la carta para que fuéramos eligiendo. Siempre había una selección de panes, luego 3 primeros, 3 segundos, 2 platos que eran especiales del lugar, y luego el siempre disponible, y 3 postres.
Decir que a veces de entrantes y principales había mas de tres por no decir que todos los días, al igual que los postres, y en estos además había siempre los postres de dieta.
La calidad de todos los platos era excelente, así como su presentación.
Como entrante le habíamos pedido variedad de quesos internacionales, y se lo aprendió para el resto de los días que nos los traía aunque no se lo dijéramos.
Después de cenar nos fuimos a tomar algo todos juntos, ocupamos tres mesas y 15 sillas y entre risas y juergas pasamos la noche. Los demás se fueron un rato a la discoteca y yo decidí recogerme por el dolor de garganta y algo de afonía.


