El día anterior en el super compramos unos “crispis” y leche y desayunamos en la habitación. Una vez listos nos dirigimos al cañon. Nos paramos en Canyon view information plaza, donde puedes dejar el coche y coger los autobuses internos que te llevan a los diferentes puntos de interés. Estos autobuses son gratuitos y tienen 3 rutas: La azul, verde y roja.
En la ruta azul y verde puedes ir con el coche, pero en la roja está cerrado para vehículo particulares por lo que o bien vas con el autobús interno que te va dejando en diferentes puntos o a pie.
La más interesante es la roja y la verde. La ruta azul te lleva por las zonas de los hoteles, restaurantes campings…
También hay zonas para hacer senderismo y otras actividades.
Se nota que el Gran Cañón es una de las maravillas del mundo porque la verdad es que es impresionante y precioso. Un contraste de colores.



Hay diferentes miradores en las que puedes hacer miles de fotos.
A media mañana el mal tiempo volvió a hacer acto de presencia. Unos nubarrones se divisaban en el horizonte y pequeñas gotas de lluvia empezaron a caer. Decidimos seguir nuestra excursión en el autobús hasta hacer toda la ruta roja y volver al punto de origen.
Como la luvia no amainaba volvimos a Tusayan para comer. Delante del hotel había un restaurante mexicano que no nos gustó nada. Se llamaba algo así como Sophia o Sophis, no me acuerdo. Al lado también hay un restaurante que preparan carne a la brasa y cosas de estas americanas con barbacoa, creo que es mejor opción que el mexicano.
Después de comer fuimos al museo del oeste que hay justo al lado, más que nada para hacer un poco de tiempo por si la lluvia paraba, pero no. Así que después de dar un par de vueltas por la zona decidimos volver al hotel a descansar.