Llegó el día de comenzar el viaje. Nos levantamos temprano para ir con tiempo suficiente y no tener que correr por la carretera. Siempre nos gusta ir con el tiempo abundante a los aeropuertos por si por el camino cualquier imprevisto nos retrasa (un pinchazo, un atasco, un accidente...). Así pues a las 7 de la mañana en pie y a las 7.45 on the road rumbo a Santander ciudad. Llegamos sobre las 9 y media, como era día de mercado estaba atestado de coches por todos los lados y estuvimos un buen rato dando vueltas hasta que encontramos sitio para aparcar. Al final lo dejamos en la zona de la comisaría, que no es de pago y aunque la calle no daba del todo buena espina, la cercanía de la policía nos dio confianza para dejar allí el coche aparacado hasta el miércoles por la noche y así evitar pagar el párking del aeropuerto. Esto lo hicimos de esta manera porque era el coche viejo, de ser el que tenemos ahora seguramente o lo hubiéramos dejado en un párking o hubiéramos ido hasta Santander en autobús desde Oviedo.
Descargamos las maletas y fuimos andando a la estación de autobuses (15min) para coger el bus al aeropuerto (2€). Llegamos enseguida y nos sentamos a esperar a que saliera nuestro vuelo, pues habíamos llegado con bastante antelación.
No sé porque, a la hora de reservar este vuelo había hecho una tontería, no había puesto nuestro segundo apellido en ninguno de los 2 billetes y llevaba varios días preocupadísima por si nos daban la vuelta en la puerta de embarque, ya que Ryanair te especifica que los datos de los pasajeros deben aparecer en la tarjeta de embarque tal cual están en el documento de identidad. Pues bien, aunque el policía tenía cara de pocos amigos, nos dejó pasar sin ningún problema. Uffffffff, respiré por fin.
El vuelo salió a la hora prevista 12.25h y llegó con un adelanto de 10 minutos sobre la hora estimada (14.25h). Sólo llevamos equipaje de mano así que nada más que abren la puerta salimos a toda velocidad a buscar el mostrador de Europcar. Allí nos atienden rapidamente y vamos al aparcamiento a recoger el coche. Es un VW Polo nuevecito, con solo 79km, qué suerte, un coche de paquete! Para este viaje nuestro amigo José Ramón, tan amable como siempre, nos prestó su GPS. Es el primer viaje que hacermos con navegador, y claro, alucinamos con la comodidad que supone no tener que estar en todo momento con las narices enterradas en el mapa de carreteras, además de la comodidad en el acceso y la salida de las ciudades.
Nos dirigimos al hotel de Mainz (a 40km del aeropuerto) para hacer el check-in y dejar el equipaje. Todavía no estaba abierta la recepción, así que para no perder tiempo el check-in lo hicimos en el cajero automático que hay a la entrada del hotel. El hotel B&B Mainz está a las afueras, es el típico hotel prefabricado con baño de cabina de tren, pero está muy nuevo y limpio y el precio está en la línea de nuestro viaje low cost: 58€/noche.
Cominos un par de bocatas en el hotel porque ya era tarde y nos dirigimos al centro de la ciudad. A pesar de ser sábado por la tarde hay que pagar zona azul, así que buscamos una calle en la que no la haya, y la encontramos sin dar muchas vueltas y al lado del centro. Mainz (Maguncia) es una ciudad tranquila y muy agradable para pasear. Las casas son bajas, todo el centro es peatonal y lleno de tiendas (ni un solo local vacío, se nota que hay menos crisis). Mainz es la cuna de Gütenberg, donde nació la imprenta. Visitamos la Iglesia-Colegiata de S. Stephan con las maravillosas vidrieras diseñadas por Marc Chagall, la Rebstockplazt, Kirschgarten, la Casa Zum Aschaffenberg con entramado de madera más antigua de Maguncia que fue construida alrededor de 1500, la imponente mole de la catedral Dom St. Martin y St. Stephan … todo en Mainz guarda un aire de su pasado medieval.

Y seguimos callejeando hasta que se hace de noche, cosa que ocurre sobre las 7, bastante antes que en España. Como ya no hay nada abierto y además orbaya, decidimos ir a coger el coche e ir al hotel a descansar.
Una vez que oscurece baja bastante la temperatura, pero observamos que eso no disuade a los alemanes de estar sentados en las terrazas tomando algo con toda tranquilidad.
Descargamos las maletas y fuimos andando a la estación de autobuses (15min) para coger el bus al aeropuerto (2€). Llegamos enseguida y nos sentamos a esperar a que saliera nuestro vuelo, pues habíamos llegado con bastante antelación.
No sé porque, a la hora de reservar este vuelo había hecho una tontería, no había puesto nuestro segundo apellido en ninguno de los 2 billetes y llevaba varios días preocupadísima por si nos daban la vuelta en la puerta de embarque, ya que Ryanair te especifica que los datos de los pasajeros deben aparecer en la tarjeta de embarque tal cual están en el documento de identidad. Pues bien, aunque el policía tenía cara de pocos amigos, nos dejó pasar sin ningún problema. Uffffffff, respiré por fin.
El vuelo salió a la hora prevista 12.25h y llegó con un adelanto de 10 minutos sobre la hora estimada (14.25h). Sólo llevamos equipaje de mano así que nada más que abren la puerta salimos a toda velocidad a buscar el mostrador de Europcar. Allí nos atienden rapidamente y vamos al aparcamiento a recoger el coche. Es un VW Polo nuevecito, con solo 79km, qué suerte, un coche de paquete! Para este viaje nuestro amigo José Ramón, tan amable como siempre, nos prestó su GPS. Es el primer viaje que hacermos con navegador, y claro, alucinamos con la comodidad que supone no tener que estar en todo momento con las narices enterradas en el mapa de carreteras, además de la comodidad en el acceso y la salida de las ciudades.
Nos dirigimos al hotel de Mainz (a 40km del aeropuerto) para hacer el check-in y dejar el equipaje. Todavía no estaba abierta la recepción, así que para no perder tiempo el check-in lo hicimos en el cajero automático que hay a la entrada del hotel. El hotel B&B Mainz está a las afueras, es el típico hotel prefabricado con baño de cabina de tren, pero está muy nuevo y limpio y el precio está en la línea de nuestro viaje low cost: 58€/noche.
Cominos un par de bocatas en el hotel porque ya era tarde y nos dirigimos al centro de la ciudad. A pesar de ser sábado por la tarde hay que pagar zona azul, así que buscamos una calle en la que no la haya, y la encontramos sin dar muchas vueltas y al lado del centro. Mainz (Maguncia) es una ciudad tranquila y muy agradable para pasear. Las casas son bajas, todo el centro es peatonal y lleno de tiendas (ni un solo local vacío, se nota que hay menos crisis). Mainz es la cuna de Gütenberg, donde nació la imprenta. Visitamos la Iglesia-Colegiata de S. Stephan con las maravillosas vidrieras diseñadas por Marc Chagall, la Rebstockplazt, Kirschgarten, la Casa Zum Aschaffenberg con entramado de madera más antigua de Maguncia que fue construida alrededor de 1500, la imponente mole de la catedral Dom St. Martin y St. Stephan … todo en Mainz guarda un aire de su pasado medieval.
Y seguimos callejeando hasta que se hace de noche, cosa que ocurre sobre las 7, bastante antes que en España. Como ya no hay nada abierto y además orbaya, decidimos ir a coger el coche e ir al hotel a descansar.
Una vez que oscurece baja bastante la temperatura, pero observamos que eso no disuade a los alemanes de estar sentados en las terrazas tomando algo con toda tranquilidad.