Es domingo y no madrugamos demasiado, vamos hasta el centro y aparcamos en el mismo sitio del día anterior. Hoy hace mejor tiempo y volvemos a recorrer todo el centro de la ciudad con sol, todavía nos gusta más que el día anterior.

Paseamos hasta el Rin, y antes de marchar nos acercamos a la oficina de turismo para que nos informen un poco de cómo podemos seguir con la ruta.
Debo aclarar que yo siempre me documento muchísimo antes de hacer cualquier viaje. Hoy en día con las posibilidades que te ofrece internet puedes llevar todo planificado al detalle y evitar perder tiempo después pensando que ver o adonde ir. En este viaje excepcionalmente no fue así porque hasta unos días antes no sabíamos si podíamos disponer de los días de vacaciones necesarios para el viaje, con lo que al final tuvimos que decidir el destino a última hora y algo pude mirar, pero no tuve tiempo a más.
En la oficina de turismo nos facilitan algo de información sobre la ruta del Rin y en base a ella y la reserva que tenemos hecha para esta noche elaboramos el itinerario a seguir.
Decidimos seguir el curso del río por la margen derecha. Así pues, nos dirigimos a Eltville, un pueblín pequeño que cuenta con una buena muestra de las casas de entramado típicas de la zona. También tiene unos jardines muy bonitos y un paseo por la orilla del Rin. Muy romántico.

Continuamos ruta hacia Rüdesheim, emblema del patriotismo alemán.. El pueblo es muy bonito, pero... super-turístico, riadas de gente por doquier, tiendas de souvenirs, restaurantes, ufff, es que a mí me agobia un poco el turismo de masas.

Paramos a comer la currywurst, que es la salchicha con salsa de curry, buenísisma!!
Desde el pueblo puedes subir al monumento (de 38 metros de altura que fue erigido para conmemorar la fundación del imperio alemán) cogiendo un funicular o por la carretera, nosotros subimos conduciendo por esta última y cuando llegamos... Ohhh decepción mayúscula, tiene un andamio enorme alrededor y “empaquetado” con unas telas, así que no podemos ver nada y damos la vuelta.
Entre Mainz y Koblenz no existe ningún puente para cruzar el Rin, pero no sabíamos que puedes embarcar el coche en una lanzadera que es una plataforma flotante y que hace el servicio de “ferry” para pasar el coche de una orilla a otra. Como desconocíamos este punto hicimos la tontería de dar toda la vuelta hasta Mainz, cruzar el Rin allí por el puente, y remontar el curso del Rín por el margen izquierdo hasta llegar a Bacharach, es decir, casi enfrente de Rudeshein, nuestro punto de partida.
Después de esta pifia, y 2 horas perdidas, llegamos a Bacharach. Lo primero que hacemos es buscar el hotel Steeger Weinstube, estaba reservado por bookings (56€A+D). Tuvimos suerte de llegar más o menos temprano, porque en la puerta nos encontramos un cartel en alemán que indicaba que ese día no atendían al público después de las 6 por celebración familiar (después nos enteramos que celebraban la fiesta de cumpleaños de la mujer del dueño). Así que no nos quedamos en la Strasse por los pelos. El dueño del hotel nos recibe, nos entrega la llave de nuestra habitación y se despide hasta el día siguiente para el desayuno ya que le está esperando todo el mundo para empezar la fiesta de cumpleaños. Dejamos el equipaje en la habitación y bajamos de nuevo hasta Bacharach para dar una vuelta por el pueblo. No tiene mucho para ver, el encanto está en pasear por sus calles empedradas, admirar las fachadas de entramado de sus casas, observar los escaparates de las tiendas tradicionales, beberte una copa de buen vino del Rin, etc.

El tiempo ese día había aguantado bastante bien, pero cuando estabámos caminando por la muralla empezó a llover. Como no teníamos paraguas con nosotros, fuimos corriendo hasta el coche. De camino al hotel paramos en un bar al pie de la carretera que fue el único que encontramos abierto. Fue genial, era un bar de lugareños donde nadie hablaba ni una palabra de inglés, las camareras eran las típicas germanas que abarcan 5 jarras de cerveza con una sola mano, las cañas baratísimas (para ser Alemania) y las raciones de codillo, descomunales! Después de esto volvimos al hotel y allí nos encontramos que la calefacción la habían apagado en algún momento desde que nos fuimos y en la habitación hace bastante frío. Nos echamos a dormir, dando por terminado el día.
Debo aclarar que yo siempre me documento muchísimo antes de hacer cualquier viaje. Hoy en día con las posibilidades que te ofrece internet puedes llevar todo planificado al detalle y evitar perder tiempo después pensando que ver o adonde ir. En este viaje excepcionalmente no fue así porque hasta unos días antes no sabíamos si podíamos disponer de los días de vacaciones necesarios para el viaje, con lo que al final tuvimos que decidir el destino a última hora y algo pude mirar, pero no tuve tiempo a más.
En la oficina de turismo nos facilitan algo de información sobre la ruta del Rin y en base a ella y la reserva que tenemos hecha para esta noche elaboramos el itinerario a seguir.
Decidimos seguir el curso del río por la margen derecha. Así pues, nos dirigimos a Eltville, un pueblín pequeño que cuenta con una buena muestra de las casas de entramado típicas de la zona. También tiene unos jardines muy bonitos y un paseo por la orilla del Rin. Muy romántico.
Continuamos ruta hacia Rüdesheim, emblema del patriotismo alemán.. El pueblo es muy bonito, pero... super-turístico, riadas de gente por doquier, tiendas de souvenirs, restaurantes, ufff, es que a mí me agobia un poco el turismo de masas.
Paramos a comer la currywurst, que es la salchicha con salsa de curry, buenísisma!!
Desde el pueblo puedes subir al monumento (de 38 metros de altura que fue erigido para conmemorar la fundación del imperio alemán) cogiendo un funicular o por la carretera, nosotros subimos conduciendo por esta última y cuando llegamos... Ohhh decepción mayúscula, tiene un andamio enorme alrededor y “empaquetado” con unas telas, así que no podemos ver nada y damos la vuelta.
Entre Mainz y Koblenz no existe ningún puente para cruzar el Rin, pero no sabíamos que puedes embarcar el coche en una lanzadera que es una plataforma flotante y que hace el servicio de “ferry” para pasar el coche de una orilla a otra. Como desconocíamos este punto hicimos la tontería de dar toda la vuelta hasta Mainz, cruzar el Rin allí por el puente, y remontar el curso del Rín por el margen izquierdo hasta llegar a Bacharach, es decir, casi enfrente de Rudeshein, nuestro punto de partida.
Después de esta pifia, y 2 horas perdidas, llegamos a Bacharach. Lo primero que hacemos es buscar el hotel Steeger Weinstube, estaba reservado por bookings (56€A+D). Tuvimos suerte de llegar más o menos temprano, porque en la puerta nos encontramos un cartel en alemán que indicaba que ese día no atendían al público después de las 6 por celebración familiar (después nos enteramos que celebraban la fiesta de cumpleaños de la mujer del dueño). Así que no nos quedamos en la Strasse por los pelos. El dueño del hotel nos recibe, nos entrega la llave de nuestra habitación y se despide hasta el día siguiente para el desayuno ya que le está esperando todo el mundo para empezar la fiesta de cumpleaños. Dejamos el equipaje en la habitación y bajamos de nuevo hasta Bacharach para dar una vuelta por el pueblo. No tiene mucho para ver, el encanto está en pasear por sus calles empedradas, admirar las fachadas de entramado de sus casas, observar los escaparates de las tiendas tradicionales, beberte una copa de buen vino del Rin, etc.