9.
Así como tengo buen dormir tengo mal despertar. No el peor, ni algo llamativo, pero malo. Cuando te despiertan antes del amanecer y tú estás en una cama enorme y cómoda, un instinto asesino muy superior a simpatías o afectos te hierve por dentro. Afortunadamente la Nutella del desayuno amansa los caracteres más endemoniados.
Teníamos todo el día por delante para disfrutar del parque. Dos de las parejas habían cogido la opción del Safari en globo, para el que tuvieron que madrugar más incluso que nosotros, para ver el amanecer desde el aire. Nosotros no lo cogimos porque, a pesar de que incluía desayuno de lujo después del vuelo, el precio nos pareció excesivo.
Salimos con las pilas cargadas y muchas ganas de ver algunos de los animales que todavía no habíamos visto. Aunque no era uno de los que yo tenia pensados, vimos una pareja de ciervos enanos (¿Dicdic?), del tamaño de un gato y que viven en pareja. Yo creo que los carnívoros no les harán ni caso por su tamaño, ya que un león se tendría que comer unos 20 para quedarse satisfecho. Un rato después, por fin vimos a uno de mis favoritos, el guepardo. La elasticidad y la elegancia personificadas. Iba andando a nuestra derecha y cuando se acercó un poco a una manada de gacelas, las midió en carrera, para ver si alguna flaqueaba. Como no, siguió andando tan tranquilo. Una maravilla de animal.
Si el rey es el león, el leopardo es el príncipe. Más valiente que el rey. Junto a unas enormes rocas había una fila de unos 20 jeeps, parados y con gente haciendo fotos. ¿La razón? En lo alto de la roca, tumbado descansaba, por fin, un leopardo. La espera había merecido la pena. El animal más espectacular que haya visto en mi vida. La deuda con el pequeño Alfredito, quedaba zanjada.
Posteriormente recogimos a nuestros compañeros del globo, que dijeron que les había gustado mucho, pero les dimos envidia diciendo que habíamos visto un leopardo. Seguimos safari y vimos como una leona solitaria cazaba una cría de gacela. El día estaba siendo fructífero y lo cierto es que el Serengueti no defraudaba.
Una sorpresa nos esperaba a la hora de comer. Nos bajamos del camión y un intenso olor a mierda empezó a hacer que no tuviera tanta hambre. Mientras preparaban las mesas, a unos 20 metros te podías asomar a contemplar la razón del olor. En una charca, por llamarlo charca, había unos 50 hipopótamos, nadando en una especie de sopa densa marrón verdosa muy rica en caca. La receta también incluía unos tropezones similares al picadillo, pero que en este caso eran flotantes montones de mierda. A los hipopótamos no parecía importarles y abrían sus enormes bocazas entrando la sopa y el picadillo. El placer para los sentidos se completaba con el oído ya que nuestros amiguitos continuamente se tiraban pedos y en un alarde de técnica, hacían un molinillo con la cola mientras cagaban de forma que la mierda se esparcía en todos los alrededores de sus orondos culos. La naturaleza hay veces que es bella y hay veces en las que busca otras formas de expresarse. En cualquier caso, a mí me daba igual y disfruté haciendo un montón de fotos de estos escatológicos detalles que tanto me gustan.
Tras la comida, seguimos safari sin mucha novedad y ya cansados volvimos al tented camp a disfrutar de la tienda y de una cerveza en el chill out. El día siguiente sería largo, nos esperaban los masais y el Ngorongoro.