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Lago Nakuru

Lago Nakuru ✏️ Diarios de Viajes de Africa Este y Centro Africa Este y Centro

4. Temprano, como todas las mañanas pasó la guía a despertarnos por las tiendas. Como siempre, yo sería de los últimos en salir. Desayunamos junto al lago comentando todo lo que el resto de compañeros había escuchado durante la noche. Cuando...
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VIAJE KENIA TANZANIA

Diario: VIAJE KENIA TANZANIA

Puntos: 4.7 (7 Votos)  Etapas: 16  Localización: Africa Este y Centro Africa Este y Centro 👉 Ver Etapas

4.
Temprano, como todas las mañanas pasó la guía a despertarnos por las tiendas. Como siempre, yo sería de los últimos en salir.

Desayunamos junto al lago comentando todo lo que el resto de compañeros había escuchado durante la noche. Cuando imitaban el ruido, la guía les decía lo que podía haber sido. Por lo visto y oído, un hipopótamo había rondado el campamento en busca de restos de comida.

Después del desayuno, salimos del camping y vamos andando hacia un embarcadero cercano. Por el camino vemos unos troncos anchos puestos en horizontal en las copas de los árboles. Estos troncos huecos sirven como panales y de ellos se saca la que es una de las mejores y más conocidas mieles de África, la miel del Baringo.

Llegamos al embarcadero donde nos dan unos chalecos salvavidas y nos repartimos en tres barcas, la nuestra comandada por un jovenzuelo que se hace llamar "Captain" James. Vemos muchos tipos de pájaros y tenemos la suerte de la guía y el compañero que más sabe de pájaros vienen en nuestra barca, que nos explican innumerables especies de las que recuerdo sólo unas pocas, como la garza Goliat, el águila pescadora o el pájaro Jesucristo, que debe su nombre a que "anda" sobre las aguas. Sentí no saber más sobre pájaros, supongo que entonces habría disfrutado más el paseo. Aparte de pájaros, vemos cocodrilos de diferentes tamaños y sobre todo, vemos hipopótamos incluyendo una espectacular pelea y uno al que nos acercamos demasiado y tenemos que salir pitando mientras nos sigue mosqueado por debajo del agua. También vemos nuestra primera salida del sol africana, que resulta espectacular desde el agua.

Después de un rato, se nos acerca un pescador en una barca pequeña hecha con palos, impulsándose con dos cachos de plástico. James nos dice que es un pescador Masai y se ríe. Después supimos porque se reía. El Masai nos enseña orgulloso alguna de sus capturas y James negocia con él y le compra cuatro peces pequeños. Tras la compra, James nos pide que pongamos la cámara de fotos en modo ráfaga y que cuando él nos avise, empecemos a disparar donde haya tirado el pez. Después mira hacia un águila pescadora que está en la copa de un árbol y con un pez en la mano, silba muy fuerte. El águila mira hacia James y éste le enseña el pez y después lo tira al lago. Cinco segundos después grita "¡Ahora!", con lo que los fotógrafos empezamos a disparar. Clic-clic-clic-clic-clic-clic. Agua. Nada más que una ráfaga blanca y marrón en el medio de la foto. Dos peces después, conseguí una foto en la que se veía algo que parecía un águila, aunque la velocidad era tal, que con mi cámara y mi pericia, el último pez decidí disfrutar del vuelo en vez de intentar lo imposible.

Un rato después, volvimos a tierra firme y tras dar la propina y despedirnos de James, volvimos al camping. Mientras íbamos andando, un chaval de unos 12 años me preguntó que de donde éramos en su particular versión del inglés.
(Traducido del inglés en el original)

- España
- Oh.
- Conoces España?
- Eh... No.
- Te gusta el fútbol?
- Me encanta el fútbol.
- Campeón del mundo. Iniesta.
- ¡ESPAÑA! Iniesta, Torres, Fabregas...

Así seguimos hablando un rato de fútbol, lo que es el tema de conversación universal. Tras chocar los cinco con el chaval y asegurar a la guía que no le había pasado dinero, llegamos al camping donde ya habían recogido el campamento. Nos disponíamos a salir a nuestro siguiente destino: El P.N. Lago Nakuru.

De camino, en una de las paradas, se acercaron al camión varias mujeres con lo que al principio me parecieron botellas de cerveza, pero que luego resultó ser la famosa miel del Baringo. La guía compró alguna botella para los desayunos y aunque a mí personalmente no me gusta mucho la miel, tengo que reconocer que estaba buena.

De vuelta en nuestro querido hemisferio sur, paramos en la ciudad de Nakuru a comprar provisiones y bebidas. El supermercado era muy parecido a los occidentales, excepto por algunos detalles como los señores que metían los productos en bolsas detrás de la caja o que vendían ordenadores antiguos de segunda mano en cajas donde aparte de sus características técnicas, ponían el precio, barato aunque no tanto como debería para ordenadores de casi 10 años. Yo aproveché para entrar en una tienda de ropa y comprarme unos pantalones cortos. Como las mochilas todavía no habían aparecido, el único pantalón que tenía era el de montaña, negro y grueso. Con el calor que hacía durante el día, todo lo que estaba dentro del pantalón llegó a cocer en algún momento. Por unos 5 dólares me hice con unos pantalones frescos y llenos de bolsillos. Por lo demás, lo poco que pudimos ver de la ciudad de Nakuru es que era bulliciosa y que no había ningún problema por dar una vuelta, aparte de los omnipresentes vendedores de baratijas varias.

Tras las compras, llegamos al aparcamiento del P.N. Lago Nakuru. Yo ya tenía ganas de ver nuestros primeros mamíferos terrestres y mientras esperábamos a que la guía hiciera las gestiones pertinentes, pudimos hacer algunas fotos a unos monos de cara negra, que andaban entre la gente y los coches a ver lo que podían pillar. Tenían la sorprendente habilidad de darse la vuelta justo en el momento en el que ibas a hacer la foto, de forma que tras diferentes tomas de culos moniles, logré hacer algún buen primer plano de la cara. Emocionados, entramos con el camión en el parque y nos dirigimos a donde íbamos a comer.

"Estamos en la casa de los animales"; con esta frase la guía introdujo el tema de que teníamos que ser totalmente respetuosos con el entorno, e intentar ser escrupulosos en el sentido de dejar todo exactamente como estaba, intentar no romper el orden natural de las cosas. Todos los compañeros lo sabíamos, pero nunca está de más un recordatorio. Yo, poco atento como estaba, prestaba más atención a ver algún animal, pero no me dio tiempo más que a ver alguna gacela de lejos antes de llegar al descampado donde comeríamos. Antes de bajar fuimos avisados de que el sitio era frecuentado por animales del parque, especialmente babuinos y que en cualquier caso, cualquier animal podría pasar por ahí, incluidos lo leones, ya que están en su casa. Así que avisados estábamos. También nos insistieron en que no saliéramos del descampado bajo ningún concepto. Yo, por si acaso, decidí ceñirme escrupulosamente a las indicaciones.

Mientras hacían la comida, fueron apareciendo babuinos de diferentes tamaños por los alrededores. Ninguno parecía muy atemorizado de nosotros, más bien "pasaban" bastante. Un rato después apareció el macho alfa, el babuino más grande que había visto en mi vida, que echó una ojeada a la situación, nos miró con desprecio y se sentó en una rama. A mí me hizo gracia que se le viera la "cola" y me entretuve haciendo fotos y primeros planos de su rosado "bastón de mando". Mientras tanto, él vigilaba algo en el camión y, en un momento dado, arrancó a una velocidad increíble y sin que nadie pudiera hacer nada, saltó y cogió un paquete de pan de molde ante la impotencia de todos los presentes. Tras el susto, todos nos lo tomamos a risa y disfrutamos de la comida consistente en ensalada y algo de pasta con atún.

Después de la comida, salimos hacia nuestro primer Safari fotográfico con las cámaras en ristre. Todas las baterías sólo se podían cargar en unos enchufes dentro de los cajones del camión y siempre que éste estuviera en marcha. Por razones lógicas, las cámaras tenían preferencia sobre los móviles así que yo tenía mis tres baterías a tope. A lo largo del viaje y al ritmo de disparos que tuve, llegué a quedarme sólo con media, pero nunca me perdí nada. Hay que tener en cuenta que aparte de las fotos que te quedas, se hacen un montón de fotos que luego desechas. Cuando volvimos a España, yo tenía 1500 fotos guardadas en las distintas memorias y habría borrado casi el triple a lo largo del viaje. Algún compañero acabó con casi 3000.

Otra novedad es que, por primera vez abrimos el techo del chill out, la parte del camión donde se podía ir tumbado en los viajes y que sólo se podía abrir en los parques naturales. Aunque había que ir de pie para sacar el cuerpo por el techo, la sensación de ir volando y el ver las cosas desde más arriba merecía la pena.

Al poco tiempo de salir y después de ver gacelas, vimos el primero de nuestros Big 5: El búfalo. Los conocidos cinco grandes son los grandes animales que todo el mundo debería ver en África: Búfalo, Rinoceronte, Elefante, León y mi favorito, el Leopardo. El búfalo es de los cinco, probablemente el que menos curiosidad me despertaba y con razón, es muy parecido a un toro peinado con la raya al medio y eso sí, el doble de su tamaño. Cuando pasábamos a su lado, dejaban de pastar y nos observaban con mirada bovina hasta que nos alejábamos. Uno de cinco.

Casi seguido, vimos el segundo de los Big 5: El rinoceronte. Pastando tranquilamente junto al camino estaba un rinoceronte blanco. Lo que diferencia al rinoceronte blanco del negro no es el color, sino la forma del morro y el carácter: Los blancos tienen el morro plano y son pacíficos, según la guía casi como vacas. También suelen estar en grupos. Los solitarios negros tienen el morro en forma de pico y suelen ser agresivos incluso con sus propios congéneres. Éstos son los más peligrosos y raros de ver. En cualquier caso, hicimos buenas fotos del animal que daba la impresión de prehistórico, casi como una gran piedra que se movía. Dos de cinco.

Seguimos con el Safari y nos encontramos entre otras cosas, con diferentes tipos de gacelas, cebras y los primeros encuentros con uno de nuestros acompañantes a lo largo de todo el viaje: Las acacias, con sus troncos amarillos y sus pinchos en las ramas del tamaño de un palillo de dientes. Estos árboles de estampa familiar fueron sistemáticamente talados por los ingleses en la época colonial, al pensar que transmitían la enfermedad de la fiebre amarilla. No sé si sería debido al color del tronco pero, afortunadamente, alguien preguntó a tiempo eso de: "¿Sabemos lo que estamos haciendo?". Estos arboles estuvieron presentes en todos los safaris que hicimos y fueron una de las atracciones. Los que iban asomados en el chill out eran los encargados de avisar cuando entrarían ramas: "Izquierda! Derecha! Por los dos lados!". Los demás se agachaban o directamente, se tenían que tirar al suelo para no ser ensartados por uno de los pinchos. Precisamente junto a una de estas acacias fue donde vimos uno de los mejores momentos del día: El apareamiento de dos jirafas del Nakuru. Estas jirafas se diferencian del resto en que tienen las patas blancas y en general, nos parecieron las más bonitas que vimos a lo largo del viaje. Tuvimos la suerte de que las teníamos a unos 15 metros de donde paramos el camión, por lo que pudimos hacer muy buenas fotos mientras se decidían, algo que les llevó unos 20 minutos, en los que tuvimos que estar en silencio para no "descentrarlas".

Empezaba a anochecer y todavía no habíamos visto al que todos queríamos ver: Al Rey. En un descampado nos cruzamos con dos autocares de colegio, uno de chicos y otro de chicas. No había pensado que los niños de Kenia podían tener la suerte de ir de excursión a estos parques en vez de a una fábrica de azúcar o de pan como yo... Chocamos las manos con ellos cuando pasamos al lado y seguimos por el descampado. Tuve la suerte de ser yo el que vi el primero. Mientras revisaba y borraba fotos, a nuestra izquierda vi un bulto oscuro y justo detrás, tumbado, un macho de león.

- ¡León a la izquierda!

Todos los compañeros a la vez vinieron corriendo a nuestro lado para ver los cuerpos de dos búfalos y hasta tres leones jóvenes. Lo mejor del día. Lo que era extraño era que los búfalos estaban pudriéndose y como unidos por las cabezas. Tras distintas suposiciones, a cada cual más peregrina, ganaron los que creían que se habían matado peleando, quedándose enganchados por la cornamenta y que después, los leones, jóvenes y hambrientos, no habían dejado de aprovechar la carne, putrefacta, pero carne al fin y al cabo. Había un fuerte olor a podrido en todo el descampado. Estuvimos un rato haciendo fotos a los leones tumbados y satisfechos hasta que se levantaron y se empezaron a alejar con toda la tranquilidad del mundo. La razón de que se levantaran eran dos enormes búfalos que llegaban corriendo y que en un extraño espectáculo, intentaron hacer que sus fallecidos compañeros se levantaran dándoles con los cuernos. Tras un rato corneando los cadáveres parecieron darse por vencidos y se fueron. Tres de cinco. No estaba mal para ser el primer día.

Con ya poca luz, llegamos al sitio donde pasaríamos la noche. Mientras montaban el campamento y preparaban las palomitas de todas las noches, algunos fuimos a ver una cascada que había cerca. Ninguno habíamos oído a la guía decir que no bajáramos cerca del agua porque podía ser peligroso, al ser el sitio donde suelen venir a beber los búfalos, así que sin querer, nos llevamos una pequeña bronca cuando nos vieron los que sí que lo habían oído.

Junto a nuestro campamento había un par de tiendas de campaña con familias de occidentales, paseando por los alrededores con varios niños sin aparente miedo. La guía nos comentó que era un verdadero peligro que lo hicieran, especialmente con los niños, ya que cualquier animal podía estar por los alrededores. No sé si había exceso de celo por nuestra parte o que realmente no había tanto peligro, pero preferimos hacer caso de nuestra guía y nos quedamos cerca de las tiendas. Varios babuinos se fueron acercando al campamento, pero esta vez ya estábamos preparados. Al ver que no había mucho que rascar, se subieron a los árboles y nos deleitaron con loa gritos de varias peleas a veinte metros del suelo. Cenamos con las bebidas que habíamos comprado por la mañana en Nakuru y tras una charla junto al fuego, nos acostamos sabiendo que, por primera vez, podríamos dormir con leones paseando a nuestro lado. Otra vez, caí dormido en cuanto me metí en el saco y no escuché nada hasta la mañana siguiente.



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Imagen: Febles  Febles  15/11/2012 03:05   📚 Diarios de Febles
Felicidades por este diario!! He aprendido mucho de el.
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