Nos levantamos temprano y probamos el desayuno del hotel (para mi la única pega es que el horario es de 7:30 a 9:30 a.m, termina demasiado pronto). Destacar el yogur griego con miel y cereales que estaba disponible. Fue la única vez que lo probé en todo el viaje y está muy bueno, tal vez un poco más ácido que el que se puede tomar en España, que es más "comercial".
Cogimos el metro hasta la parada Acropolis (como ya dije, el metro de Atenas es una maravilla y además dan los avisos también en inglés), creo que solo fueron 2 o 3 paradas, estaba muy cerca del hotel. Como con el Vaticano, he visto varias guias y foros que recomiendan ir muy temprano a la Acrópolis para no meterse en aglomeraciones. Nosotras llegamos sobre las 11 a.m. Para comprar la entrada no tuvimos ningún problema ni hizo falta esperar, aunque sí había bastante gente, pero esto creo que a cualquier hora del día, ya que era julio. Hay muchos grupos organizados de gente de todas partes del mundo.


Lo más importante a tener en cuenta si vais en verano es el insoportable calor que hace y la falta de puestos que te vendan agua, así como la inexistencia de fuentes públicas en los alrededores, así que llevad vuestra propia agua, la vais a necesitar. A las 11 de la mañana ya hacía unos 30 º, lo que se fue incrementando posteriormente. La Acropolis está en lo alto de una colina (el propio nombre en griego hace referencia a la "parte más alta" de la ciudad, a 156 metros sobre el nivel de mar), por lo que vais a subir un monte, sin apenas árboles ni sombras y con mucho calor y poquísima humedad en el ambiente


Bueno, no voy a contar nada sobre la Acrópolis que no sepáis o que no venga explicado en guías y webs de toda índole.... Solo deciros que merece la pena, es impresionante, sobre todo el Partenón, que tiene casi 2.500 años de antigüedad, y aunque fue destruido en parte por los turcos en el diglo XVII, sigue conservando su grandiosidad. También el templo Erecteión, con sus famosas cariátides, es uno de los más fotografiados. Para el que no lo sepa: las cariátides que se pueden ver allí son reproducciones

Ah, otra de las cosas que merecen la pena de la Acrópolis son las vistas sobre Atenas, sobre todo sobre el barrio de Plaka, el más pintoresco de la ciudad.

Al salir de la Acrópolis lo único que nos apetecía era irnos a comer y descansar un poco, pero nos topamos con el Museo de la Acrópolis y no pudimos resistirnos. Aunque en principio no íbamos a ir cuanto más nos acercábamos más nos apetecía entrar. Es un edificio singular, inaugurado en 2009 y está considerado uno de los museos más importantes del mundo. Está construido sobre un antiguo barrio ateniense, el cual se puede ver a través del suelo del propio museo, que es transparente. Una maravilla!
Es un museo relativamente pequeño, por lo que no tardaréis demasiado en visitarlo. No os arrepentiréis. Dentro podréis ver, entre otras cosas, las auténticas cariátides y muchas esculturas pertenecientes a la Acrópolis. Además, en la última planta hay una reproducción a tamaño real de la estructura del Partenón con los frisos originales y si miráis hacia vuestra derecha, a través de las grandes ventanas del museo, veréis al mismo tiempo el Partenón original. Es un museo hecho con verdadera sensibilidad y es una obra de arte en si mismo!


Nada más salir de allí nos fuimos corriendo a comer algo a Plaka. Dimos con un pequeño restaurante frecuentado por griegos que me gustaría recomendar, se llama Paradosiako, y está en la calle Voulis, 44a. Tienen una carta interesante con platos típicos de la gastronomía griega. El servicio es rápido y correcto. Lo regenta una familia. Es pequeño y está muy lleno, a lo mejor tendréis que esperar para tener mesa. Nosotras elegimos sardinas, boquerones fritos y ensalada griega. Además de ser comida de calidad está muy bien de precio.
Depués de dar una vuelta por Plaka y visitar la famosa plaza de Sintagma (el corazón geográfico de Atenas y famosa por la celebración de la mayoría de las manifestaciones y porque alberga el Parlamento griego), nos fuimos al hotel a descansar un poco. Luego volvimos a la calle a visitar de nuevo Monastiraki, siempre tan animado. Cenamos en una de las tantas terrazas contemplando las maravillosas vistas a la Acrópolis iluminada (guiso griego de carne, rollitos de berenjena y queso feta).
Tengo que decir que la comida griega es deliciosa. Es comida muy mediterránea y se parece bastante a la española. Utilizan mucho la berenjena, la carne, la patata, el queso...
Nos volvimos al hotel, al día siguiente debíamos madrugar mucho (en pie a las 4 de la mañana para coger el ferry a la isla de Santorini).