Nos levantamos con calma porque teníamos el ferry hacia Mykonos a las 13:10 h (allí pasaríamos dos días). Teníamos que dejar el hostel a las 12, así que quedamos con George para que nos llevara al puerto sobre esa hora.
Nos dimos cuenta de que hacía bastante viento pero cruzamos los dedos para que nuestro ferry no se retrasara. George, el dueño de nuestro hotel en Naxos, nos había comentado que en esa zona de Grecia comienza a hacer bastante viento a partir del 15 de julio, pero que ese año se había retrasado un poco... pues bien, hoy era el dia elegido por el viento para manifestar toda su fuerza....
El ferry llegó con 2 horas de retraso. Nuestra compañía era Sea Jets (el barco, Super Jet). Era el mismo modelo de ferry en el que hicimos el trayecto Atenas-Santorini de maravilla, con esto quiero decir que no es culpa de la compañía. Pues bien, es un barco relativamente pequeño porque va muy, muy rápido. El caso es que subimos y ya vimos alguna cara de susto en el pasaje. El trayecto Naxos-Mykonos es bastante corto (apróx. 1 hora en este barco), en cuanto empezamos a navegar aquello se movía que daba gusto. Al principio la gente se lo tomaba a coña, incluso unos chicos que iban de fiesta a Mykonos gritaban de broma y hacían como si estuvieran vomitando de broma. La cosa se empezó a calentar un poco más y el barco literalmente "volaba" sobre el agua, las olas nos pasaban por encilma del barco, las luces se apagaban con los botes del casco sobre el agua. La gente estaba pálida y los que antes estaban de broma empezaron a vomitar de verdad. La tripulación del barco empezó a repartir bolsas para el mareo y la gente os aseguro que hacía uso de ellas... Uno de los trabajadores del barco tenía cara de acojone y sudaba muchísimo, por eso deduje que lo de la montaña rusa no era tan "normal".
Fueron unos minutos muy largos y os mentiría si os dijera que no pasamos miedo, pero nos mantuvimos serenas y al final el ferry llegó al puerto de Mykonos... Por cierto, nosotras fuimos de las pocas que no soltamos la papilla (yo particularmente porque me había tomado una Biodramina ya que soy propensa al mareo). Solo os diré que fuimos las primeras literalmente en abandonar el barco ajajaja....
Allí nos estaba esperando Anna, la dueña del hostel donde íbamos a hospedarnos: el DIOGENIS STUDIOS. El hotel estaba muy bien: con tv, aire acondicionado, baño, nevera... Todo renovado. En realidad eran como casitas individuales, muy chulas. El único defecto era que estaba un poco alejado del centro de Hora (capital de Mykonos), eso sí, había un bus que paraba justo en la puerta que te llevaba a la ciudad y a las playas en 10 minutos. Además tenía un súpermercado a un minuto andando.

En Mykonos el viento era impresionante: parecía que se iba a levantar un huracán. La verdad es que desde el principio nos salió todo del revés en esta isla: no había coches ni quads disponibles, todo estaba saturado de gente en plan fiesta-botellón, la gente no es tan amable como en otras islas de Grecia y además es la más cara de las Cíclades con diferencia
Es una isla que imita a Ibiza, de hecho hasta venden camisetas comparándose con ella. El centro es muy bonito, con el tìpico casco histórico encalado y muy bien cuidado, lleno de tiendas, algunas de lujo. Si te alejas un poco de las calles más concurridas puedes ver algunas más auténticas, con casas de lugareños y niños jugando en las calles.



La isla es también famosa por su ambiente gay, cosa que no me pareció para tanto comparándolo con otros destinos gayfriendly, al menos por las calles. Por lo visto hay bastantes playas de ambiente gay, aunque yo no fui a ninguna.
En general no me gustó mucho el ambiente de la isla, demasiado ambiente de fiesta tipo botellón: chicos de veintipocos buscando fiesta, gente petarda, mucho comercio basado en el "lujo", precios desorbitados, un tráfico excesivo y ruidoso..... Fue la isla que menos me gustó.
Finalmente, después de recorrernos media docena de agencias de alquiler de coches sin obtener resultado y después de que en una de ellas me hubiera mordido un gato (literal), cenamos en el restaurante Mapoulas, frente al paseo marítimo, donde hay un ambiente más casero y local y la comida es pasable. Luego tomamos una copa en el pub Kastro, con unas bonitas vistas al mar y nos fuimos a dormir. Había sido un día bastante ajetreado...