A las 6 de la mañana nos despierta el reloj de la iglesia haciendo sonar las campanas y esta realmente cerca de donde teníamos la tienda montada... asi que comenzamos un nuevo día en el que visitaremos Rottweill, haremos senderismo en Fridingen, recorremos la costa del lago Costanza y visitaremos una reserva animal en Salem. En total 145 km.
Cómo ya he comentado, el primer destino del día era el pueblo medieva de Rottweil. Este pueblo se hizo famoso por la raza de perro originaria de aquí, el rottweiler, criada para el cuidado del ganado. El único especimen que vimos fue en una estatua. Realmente todo el pueblo estaba muy desierto, se notaba que era domingo y un poco temprano con los comercios cerrados. Aprovechamos para recorrer las calles, disfrutar de los balcones e ir a la parte alta del pueblo donde pretendíamos subir a una torre, pero también se encontraba cerrada.
Desde aquí nos fuimos por una serpenteante carretera hasta Fridingen. Desde este pueblo salen un montón de rutas de senderismo hacia los alrededores. Te podrán informar muy bien de ellas en la oficina de turismo, nosotros nos la encontramos cerrada por que era domingo, pero tenían unos carteles con mapas y como llevábamos una medio prevista para hacer nos pudimos orientar un poco. La ruta que habíamos visto es la que va desde Fridingen hasta Beuron recorriendo unos acantilados que dan al Danubio. Para encontrar la salida del pueblo nos sirvió el cartel que vimos por que no era muy sencillo y luego durante la ruta habia carteles cada cierto tiempo que te indicaban, pero cómo hay muchas rutas era un poco lioso. Esta ruta son 10 km de ida y otros 10 de vuelta, a nosotros se nos quedaba muy largo para las horas que eran ya asi que sólo hicimos un tramo de unos 3 km hasta uno de los miradores del Danubio y vuelta. Tanto las vistas cómo el paseo merece la pena, pero hay que tener cuidado con el calor y con perderse...
Ya de vuelta en el pueblo y tras avituallarnos, pusimos rumbo hacia el lago Costanza. Aquí cometimos un gran error, y fue no contar con el turismo. Toda la zona del lago es superturística y mucho más un domingo, así que, como ya era tarde, desde 5 km antes de llegar al lago se atasco la carretera y se hizo muy pesado el camino. Cada cierto tiempo la carretera te dejaba unas vistas del lago muy bonitas viendo los viñedos y los barquitos ocupando todo el lago.

Pero nos desesperamos intentando encontrar una zona de baño, así que decidimos dejarlo para el día siguiente e ir hacia el interior. En la Lonely encontramos que cerca del pueblo de Salem había una reserva natural en la que había una comunidad de monos a los que podías dar de comer y para allá que fuimos. Antes de entrar hay una zona de merendero en la que habían acampado un montón de cigüeñas.

La entrada son 8€ y te da acceso a una especie de zoo en la que hay un lago y un bosque. En el bosque hay un montón de monos sueltos y a la entrada te dan un puñado de palomitas para que les des de comer. Cómo ya era por la tarde cuando llegamos, los monos debían de estar hartos de comer todo el día las palomitas y las cogían pero sin ninguna gana... El sitio es recomendable, pero también es muy recomendable ir bastante tapado, por que yo iba con pantalones cortos y me picó de todo por las piernas. Lo que más nos gustó fueron unas crías de mono supero pequeñas, que parecían muñecos y nos dejaron tirarles unas buenas fotos. También te lo deben de decir a la entrada (pero sólo en alemán y nosotros no nos debimos enterar) a los monos les tienes que dar de comer y ya, no entres a jugar con ellos por que no lo entienden y hay veces que te bufan o se tiran a quitarte cosas de la mochila...
Al día siguiente queríamos visitar Ravensburger, así que lo pusimos en el GPS y en la carretera que nos llevaba hasta allí, fuimos preguntando en los hoteles y Gastehaus que encontrabamos para dormir. Desechamos 3 o 4 antes de encontrar uno que nos gustó en Oberteuringen. El Gasthof se llamaba Adler y tenía una habitación limpia y grande y además nos dieron de cenar muy bien en el restaurante. Después de cenar fuimos a dar una vuelta por las 4 o 5 casas que tenía el pueblo y encontramos pegando a la carretera los famosos puestos de fruta sin tendero. Hay una hucha en la que tu dejas el importe de lo que te lleves y nosotros nos llevamos una bolsa de manzanas muy jugosas.