La verdad es que hoy fue un día raro... Para dejar la maleta vamos a la consigna de la estación de Hung Hom (terminal línea azul) está en la primera planta según se sale a mano izda; nos cobran $20 por día por ambas maletas.
Salimos de HK pronto para cruzar la frontera y pasar el día en Shenzhen; ya sabíamos que este sitio no ofrecía mucho, pero es que realmente no ofrecía nada de nada. Es una macrociudad creada de la nada en la frontera y aunque intentamos ir a un parque no pudimos encontrar la entrada y desistimos. Íbamos cargados con las mochilas y no era plan de patear a lo bestia.

Teníamos que cambiar a yuanes y la verdad es no fue muy fácil porque a penas hay casas de cambio (algo que no nos esperábamos para estar en la frontera...)
Así que después de dar unas vueltas volvimos en dirección a la estación y comimos en una especie de vips a la china que no estaba del todo mal (la comida iba acompañada de una sopa con pimentón que estaba bastante buena.
Así que volvimos a la estación y tras pasar un primer control en la puerta (si te sellaban llegamos a la conclusión de que ya no podías salir...) llegamos a la estación propiamente dicha (1er piso). Allí hay que fijarse en el número del tren que debes coger y situarse en la sala de espera según indique.
Como íbamos con bastante antelación nos pusimos a jugar unas cartas a pasar el rato (un poco de relax era necesario).
Y llega el momento en el que una loca se pone a chillar por un megáfono (suponemos que nos dice que nos preparemos...no entiendo para que lo anuncian por los altavoces en chino e inglés si esta loca ya les hace el curro)
Y en ese momento nos damos cuenta que no sabemos en que vagón ni compartimento vamos porque en el billete no vemos la diferencia entre uno y otro.
Bueno al final nos enteramos y vamos cerca de los únicos güiris como nosotros que van en el tren. Y en frente una viejina que por supuesto flipa con nosotros (aunque más flipo yo porque se tira unos eructos que se queda bien a gusto) pero bueno que parece maja.
El billete que llevamos es de cama dura. No está mal. Es cómodo y está bastante limpio. Claro que llama la atención que los compartimentos estén abiertos.

Al poco de montar en el tren, vamos al vagón restaurante a tomar algo. Total que vemos que hay té y lo pedimos; básicamente eso son flores con agua hirviendo. Le pido azúcar a la tan amable camarera, me mira con cara de cuadros y pasa de mi, vamos que me lo tome así si quiero y si no también... Así que hay se queda casi sin probar (bueno, solo fueron 4 yuanes)
Ya a ultima hora (antes de las 20,30 que cierra el bareto) nos volvemos a cenar. Yo es que no sé si es que les molesto pero es que vaya cara de perros...
Nos pedimos pescado frito agridulce (pensando yo en los fritos que hace mi madre de merluza) y verduras con pollo y arroz para acompañar.
Mi pez no es que tuviera espinas, no! Es que era una espina en sí, y eso que de sabor no estaba malo...una pena...opte por coger la salsa y echársela al arroz por comer algo. Lo del otro plato fue horrible. No es que picara, es que aquello era una venganza. Se quedo casi todo sin tocar (73yuan a la basura).
Y ya de vuelta a las literas nos echamos otras cartas y a las 22h nos apagan la luz.