Tras dar cuenta del copioso desayuno del hotel Mediterráneo, nos despedimos de Catania rumbo a Siracusa. La salida de la ciudad no tiene grandes complicaciones y en nada ya estamos en la preciosa Siracusa, una de las metas de nuestro viaje que no nos defraudó en absoluto.
Nada más llegar a la ciudad se tiene la sensación de que la luz es cegadora, blanquísima, envolvente, lo que se refuerza con la piedra local, de color muy claro, creando un ambiente muy especial, especialmente con un cielo azul casi irreal. La ciudad se divide en tres importantes zonas para ser visitada: Ortigia, que dejamos para el final, la Neápolis, menos interesante y la zona arqueológica, que sería nuestra primera visita del día.
Siracusa es una de las madres de Sicilia, donde la historia se respira en todos los rincones. Fue la ciudad más importante de la isla desde el siglo VIII a. C. y también la más rica e influyente, tanto que fue la tercera ciudad más rica del mundo heleno. Gobernada por diferentes tiranos, Gelón, Dionisio el Viejo y el Joven (que trajo a Platón nada más y nada menos), jugó con los cartagineses y los romanos, lo que le costó ser una ciudad más del Imperio romano. Para la historia nos han quedado las máquinas de guerra que creó Arquímedes para las batallas frente a los romanos (las célebres lupas gigantes que quemaban las velas de los barcos enemigos), que de poco le sirvieron en un día lluvioso...
Los indicadores nos conducen sin problemas hacia el Parque Arqueológico, que tiene dos entradas en las que se puede aparcar, aunque las taquillas están en la principal: decidimos entrar por la de via Rizzo, la secundaria, donde dejamos el coche en el arcén de la propia carretera, como hacía todo el mundo; un gorrilla reclama su propinilla de euro. Para acceder a la taquilla tuvimos que atravesar todo el parque arqueológico y, al llegar a ella, ya casi lo teníamos visto; consta de una calle principal a la que se asoman los principales monumentos. La taquilla está en un complejo destinado a los grupos organizados, con un paraíso del souvenir por el que te obligan a pasar si quieres comprar la entrada. El precio es un poquito caro (10 euros), aunque cualquier persona que ame medianamente la arqueología no debería dejar de pagarlos. Tras guardar la pertinente cola, con nuestra entrada en la mano, nos sorprendió que nadie en el recinto nos pidiese la entrada: muchos monumentos se ven desde una verja, en otros hay un supuesto control a la entrada de la verja, pero no había nadie; más tarde nos dimos cuenta de que la suelen pedir en el punto de acceso al Orecchio di Dioniso, pero no a nosotros. Al final regalamos las entradas a otros turistas, ya que a nosotros no nos sirvieron de nada y ellos tuvieron un buen ahorro.
Comenzamos la visita por una pequeña iglesia de San Nicolò dei Cordari (antiguo gremio de cordeleros), del siglo XI, románica, hoy desacralizada y dedicada a oficina de información y a centro de interpretación del parque. La arquitectura es más interesante que la información que ofrece.

Seguimos el recorrido por el Anfiteatro Romano, del siglo II d. C. y frente a la iglesia anterior. Las ruinas están relativamente bien conservadas, aunque no se puede acceder a ellas, sólo recorrer el perímetro por la parte superior. El deterioro fue causado porque los españoles se aprovecharon de sus bloques de mármol para construir los bastiones de la ciudad. En su momento fue uno de los más importantes de Sicilia, aunque hoy pasa casi desapercibido ante la grandiosidad del teatro griego.

Un poco más adelante nos encontramos con el Altar de Hierón II, que sólo podemos ver desde la verja del camino. Era el lugar donde se realizaban numerosos sacrificios de animales a los dioses en la época griega, principalmente Zeus, por el que se llegaban a inmolar centenares de bueyes. Hoy en día sólo queda la parte inferior tallada en la roca, unos pocos metros de los casi 200 que tenía.

El plato fuerte de la visita es el Teatro griego, el más grande de toda la isla, datado en el s. V a. C., donde todavía hoy se desarollan festivales que desvirtúan un poco la visión de conjunto debido a la maquinaria escénica. Nada más y nada menos que Eurípides y Esquilo estrenaron aquí sus obras ante espectadores tan célebres como Arquímedes, Platón, Píndaro y Safo...toda la cultura clásica reunida en un mismo lugar. Estamos pisando sobre uno de los pilares de nuestra cultura, es emocionante. Al igual que todos los teatros griegos, se construyó aprovechando el declive de una colina, que fue excavada; las gradas se dividen en 9 sectores donde aún pueden distinguirse inscripciones grabadas por distintas personalidades a las que se dedicaron. El panorama es grandioso, espectacular y el lugar es verdaderamente sobrecogedor.

Sobre el teatro se conservan distintas cuevas excavadas en la roca para extraer materiales de construcción, posteriormente ocupadas y habitadas con distintos fines. Los españoles colocaron aquí molinos de agua para aprovechar el agua llegada a través de un acueducto que desembocaba en la Fuente de la Ninfa.


Desde esta zona superior se llega al Orecchio de Dionisio (Oreja de Dionisio), apelativo que le dio el pintor Caravaggio en su visita a la ciudad. En realidad se trata de una latomía o cantera de extracción de piedra con una forma muy particular, por lo que tenía tal acústica que Dionisio, tirano de siracusa, podía escuchar desde lejos lo que hablaban y discutían los prisioneros que allí trabajaban. Hoy en día el peculiar efecto acústico es la diversión de todos los niños y no tan niños. El lugar es verdaderamente espectacular, más cercano a una catedral gótica que a una mera cantera. Se encuentra en un espacio ajardinado en el que hay otras muchas latomias, de menor tamaño y muchas tapiadas o inaccesibles, pero que forman un lugar muy agradable.


En la oficina de información del parque nos ofrecieron un descuento para visitar las Catacumbas de San Giovanni, las únicas que quedaban abiertas a esa hora y no nos arrepentimos en absoluto. La visita es guiada y se realiza cada hora. La nuestra era a la 1 y la última (6 euros). Se trata de las catacumbas más importantes después de las de Roma, de gran tamaño. Excavadas en la roca, forman un intrincado laberinto con pasillos y salas circulares, así como pequeños cubículos, todo ello con tumbas a varios niveles de las que se han extraido los restos humanos. Se remontan a los siglos IV y V, época de los primeros cristianos que reaprovecharon las conducciones de agua de los griegos. Entre los primeros mártires aquí fue enterrado San Marciano, cuya cripta tiene restos de pinturas murales de diversas épocas. La visita comienza, entre una pesturria insoportable a sobaqueras de nuestros compañeros holadeses de visita, en los restos de la iglesia y claustro de San Giovanni, de estilo gótico, para bajar primero a la cripta de San Marciano y posteriormente hacer un recorrido por diversas galerías y salas de las catacumbas con restos de inscripciones, pinturas, sarcófagos...


A la salida puedes comprar un bolso estampado con el mapa de las catacumbas, entre otras preciosidades. Estuvimos tentados pero francamente, no usamos bolso. Es increíble hasta dónde llega el mundo del souvenir.
A pocos pasos de allí se encuentra el Santuario della Madonna delle Lacrime, que se puede divisar desde casi toda la ciudad. Es un monumento megalómano en el más puro estilo kitsch, mezcla de un pabellón de deportes y carpa de circo, donde se venera a una escultura espantosa que lloró una vez, y eso que aún no había visto lo que le habían construido. Tiene dos plantas, museos, salas de exvotos, tienda, en un macrocomplejo devocional sólo equiparable al de la Virgen de la Bola de Luz. Con perdon, sólo apto para pardillos.


Nuestros pasos se dirigen ahora hacia Ortygia, la zona con más encanto de la ciudad y que es justo una isla separada del continente por tres pequeños puentes. El tráfico rodado está prohibido por lo que aparcamos en un gigantesco aparcamiento llamado Talete, en un extremo de la propia isla. El parking, aunque se supone que es de pago, está abierto y no hay máquina ni vigilante a quien pagar. La gente daba vueltas preguntándose como pagar pero parece que es gratis durante el día. Es una estupenda opción para dejar el coche ya que está en una zona de inmejorable acceso a la parte más monumental de Siracusa. El primer monumento que encuentras junto a los puentes de acceso, es el Templo de Apolo, del que quedan sólo algunas columnas y otros vestigios. Se cree que fue el primer temlo dórico de Sicilia.

El hambre aprieta, asi que buscamos cualquier sitio para comer. Al final nos decidimos por un bar que se encontraba en la Plaza de Arquímedes, con pinta familiar y asequible, pero que resultó una clavada en toda regla. Se trata de La Grotta d'Ortigia, en la que te recalientan una comida de poca calidad y donde una bola de helado te cuesta 6 euros. El sitio se paga, porque la Piazza Archimede es el centro neurálgico de Ortygia, donde se encuentra el decimonónico edificio del Banco de Sicilia, el Palazzo Lanza del siglo XV y una preciosa fuente.

Con el estómago medio lleno y el bolsillo medio vacío, emprendemos nuestro paseo por la preciosa Ortigia. Es, sin lugar a dudas, uno de los sitios más bonitos de toda la isla. En el paseo por las calles todas las casas tienen algo de extraordinario, algún detalle sutil o grandioso, muestra de la prosperidad de esta zona en la época barroca; encontramos las primeras ménsulas decorativas que nos acompañarán por toda la zona de la Val di Noto: personajes, decoraciones florales, animales, figuras grotescas...Nos dirigimos directamente al Duomo (visita gratuita), un edificio que mezcla varios estilos con total originalidad y es, por tanto, uno de los edificios más interesantes de Sicilia. Tras el terremoto de 1693, la fachada normanda se desmoronó y fue sustituida por el impresionante telón barroco lleno de detalles escultóricos sorpredentes en un trabajo de filigrana con la piedra. El interior es más sorprendente aún, ya que la iglesia se construyó sobre las ruinas de un templo dórico dedicado a Atenea en el siglo V a. C., cuyas impresionantes columnas dóricas pueden distinguirse en el interior, sobrio, y también en la fachada lateral. En la última restauración se despojó de los añadidos barrocos y el edificio ganó en autenticidad.

Duomo di Siracusa.


Interior del Duomo, Siracusa.
Toda la Piazza Duomo es impresionante, un compendio de grandiosos edificios barrocos de piedra blanca, perfectamente tallada, a cual más espectacular. A pesar del calor, en las pocas sombras se colocan terrazas muy agradables donde tomar un café disfrutando del espectáculo: Municipio, Santa Lucia, Palazzo Arcivescovile...

Piazza Duomo, Ortigia, Siraculsa.
A dos pasos llegamos a la Fonte Aretusa, con el espectáculo del precioso mar de fondo. Se trata de una curiosidad geológica, ya que es una fuente de agua dulce a pocos metros del mar. Patos y papiros hacen aún más agradable este lugar, que guarda una hermosa leyenda: La joven ninfa Aretusa se solía bañar en el río Alfeo, que empezó a sentirse atraído por su belleza; para escapar de él y conservar su virginidad, la ninfa pidió a Artemisa (diosa protectora de la virginidad) que la transformase en fuente, que apareció en la isla de Ortigia. Al conocer la noticia, Alfeo cruzó el mar para mezclar sus aguas con las de la ninfa...Como curiosidad, es el único lugar de Europa donde se da el papiro.
Se abre aquí el precioso Foro Emanuele II, con un acuario poco interesante, pero con vistas preciosas al mar, así como los paseos de Aretusa y Alfeo, con fachadas que se asoman al mar. La gente se estaba bañando en los pocos espacios de roca que quedan junto al paseo, que está sobreelevado y no tiene acceso, no sé cómo llegarían; el agua es cristalina ¡qué ganas de darse un remojón!


Recorremos el Paseo de Alfeo hasta llegar al Castello Maniace, que aparece de fondo en todas las vistas, aunque no es visitable por tratarse de una zona miliar. Decidimos rodear toda la isla y continuamos a través del Lungomare d'Ortigia, que nos ofrece preciosas vistas de toda la ciudad y el mar hasta llegar al Forte Vigliena, pequeña fortificación hoy convertida en una zona de baños gracias a las plataformas sobreelevadas construidas a su lado, ya que no hay playas en Ortigia. La zona es rocosa y la gente debe lanzarse al agua desde las escaleras, pero el agua es critalina. Se nota que toda esta zona es menos turística, desaparecen las tiendas de souvenirs y los restaurantes y se respira un poco de la vida local.



El sol aprieta y no hemos traído bañador, así que, para evitar tentaciones, nos adentramos de nuevo en la maraña de calles de Ortigia, cuajadas de palacios góticos y barrocos, iglesias, capillas, casas populares, pequeños jardines...Es un lugar para perderse y pasear sin prisa, fijándose en los mil y un detalles que la convierten en un lugar encantador.


Nos quedamos con ganas de más, nos hubiera gustado pasar una noche en Siracusa y disfrutarla iluminada, pero no puedo ser, así como dar una vuelta en barco a toda la isla de Ortiga, que era ofrecida por varias compañías. Nos teníamos que dirigir a Noto, donde íbamos a dormir. En el camino paramos en la playa de Fontane Bianche, donde nos damos un bañito con el sol desapareciendo en el horizonte.

Tras parar en un supermercado para comprar algunas provisiones que nos alivien el bolsillo, llegamos ya de noche a Noto. Nos alojamos en el Hotel Sofia(80 euros/noche), un cuatro estrellas muy nuevo que se encuentra en las afueras de Noto, aunque se llega al centro caminando en 10 minutos; se encuentra a varios niveles para salvar el desnivel de terreno y las habitaciones son grandes, limpias y cómodas, aunque algo desangeladas; da la sensación de ser un hospital, por lo aséptico que es todo. Damos cuenta de los víveres del super y nos vamos al centro, a disfrutar de Noto iluminada.
Fue una de las mayores sorpresas del viaje; todo el centro histórico está muy bien iluminado, destacando los detalles de cada edificio y parecen las fiestas del pueblo, aunque sólo se trata de la passeggiata, el paseo nocturno que hacen todos los italianos para disfrutar del fresco y tomarse un helado; casi no se puede caminar por las calles entre turistas y lugareños, todas las tiendas están abiertas a medianoche, hay terrazas con música en directo y el paseo es verdaderamente espectacular, los edificios tienen una magia especial por la noche.


Cansados, pero encantados por haber disfrutado de unos lugares tan bonitos en el día de hoy, nos dirigimos a nuestro hotel-hospital para reponer fuerzas para mañana, ya que tendremos que recorrer muchos lugares.