01/05/2026
Llegamos a Arona bien pronto. La estación de tren está en un extremo del pueblo, pero es tan pequeño que tardamos menos de 10 minutos en llegar al hotel. ¡Nos tocará una habitación con vistas al lago!
Arona es una de las ciudades principales del sur del lago. Muy bien comunicada con la costa oeste en tren, y en general con todos los destinos turísticos principales en ferry.
El lago es tan largo que para llegar al extremo norte, ¡tardaríamos 4 horas y media en ferry! De hecho, ¡el extremo norte es Suiza! Así que nos conformaremos con explorar menos de la mitad del lago.
Desde Arona se puede ver en la otra orilla, una fortaleza encima de un promontorio de roca. Es la Rocca di Angera, un castillo medieval visitable.
Tomamos un ferry y en cinco minutos hemos cruzado el lago.
La empresa de ferries se llama Gestione Navigazione Laghi.
Online (como mínimo 15 minutos antes de la salida)
En las taquillas, por el mismo precio.
Los ferries no acostumbran a ser puntuales (se van retrasando conforme avanza el día) o quizás hemos sufrido retrasos por ser puente del 1 de mayo, un festivo en prácticamente toda Europa, y haber muchísimo turismo.
Los ferries no tenían servicio de cafetería (o no lo tenían abierto), desconozco si tienen baño, pero son cómodos y silenciosos.
Aparte, hemos visto otra compañía de ferries que ofrece conexión entre Stresa y las islas, con el mismo precio.
Llegamos al muelle de Angera, y su castillo está en la cima de un montículo, así que ¡toca subir!
Es 1 kilómetro y medio de distancia, o veinte minutos largos. Por suerte no hace calor.
El castillo abre a las 10:00. Nosotros tenemos compradas las entradas online, pero también se venden en taquilla.
Hemos elegido la Rocca di Angera, la Isola Bella y la Isola Madre, cada una de las islas con un opulento palacio y un exuberante jardín.
El orígen del castillo remonta al siglo XI, siendo propiedad del arzobispado de Milán. En el siglo XIII pasó a ser de los Visconti, unos de los nobles más importantes del norte de Italia.
A mitad del siglo XV el conde de Arona, de apellido Borromeo, le compró el castillo a los Visconti.
Siendo también propietario del castillo de Arona, en la orilla opuesta, (actualmente destruido), con su fuerza defensiva dominaba buena parte del territorio y lo protegía de invasiones suizas.
Lo primero que se ve al entrar es el patio a dos niveles. Desde aquí se distribuyen las distintas alas, llamadas por sus constructores: Scaligera, Visconti y Borromei.
El ala Scaligera es actualmente una sala de exposiciones de arte contemporáneo que no visitamos.
Las alas Visconti y Borromei contienen salas históricas y un peculiar Museo de Muñecas y Juguetes.
Empezamos por el museo, cuya colección contiene objetos desde el siglo XVIII hasta la actualidad.
Las más de 1.400 muñecas, algunas de cera, algunas de porcelana, de madera o incluso de papel maché, son caldo de cultivo para las pesadillas más traumáticas.
Complementan la colección varios juguetes históricos como el juego de la oca, cartas, trenes, puzzles o animales de peluche, y un buen puñado de autómatas.
En cuanto a las salas históricas, destaca la Sala de la Gloria Borromea, en el que una gran pintura representa el orígen de la dinastía Borromeo, momento en el que Giovanni expulsa los godos de Roma y recibe el apodo de “buen romano”, de aquí deriva el apellido, “buon romei”, “Borromeo”.
La Sala de las Ceremonias alberga los restos de los frescos medievales del Palazzo Borromeo de Milán, actualmente destruido.
La Sala de la Justicia es de las más bien conservadas, los frescos del siglo XIV representan escenas históricas y también motivos astrológicos como los símbolos del zodiaco y demás ornamentación de estilo gótico.
Se puede subir a la torre principal y observar las murallas, el jardín y todo el frondoso paisaje.
El jardín es de dimensiones pequeñas y en primavera está espectacular
, nos envuelve la fragancia de todas las flores: rosas, jazmín, lirios… Además de plantas aromáticas y medicinales, como hubiera sido un jardín medieval de la época.Hemos visitado toda la Rocca en unas dos horas. Como el siguiente ferry sale a las 13:30, tenemos una horita para tomar un aperitivo en la orilla del lago.
En una agradable terraza encontramos el aperol spritz con picoteo más generoso del lago, y con un precio super aceptable.
En una hora y media de trayecto llegamos a la Isola Superiore, también llamada Isola dei Pescatori.
La Isola Superiore, diminuta, conteniendo un pueblecito muy pintoresco.
La Isola Madre, más al norte, propiedad de los Borromeo, con un palazzo y un jardín botánico.
La Isola Bella, la más famosa, también propiedad privada de la misma familia, también con un fastuoso palazzo y jardín.
Hoy visitamos la Superiore (o de los Pescadores). Son 100 metros de ancho por 350 metros de largo. Tres calles longitudinales están conectadas entre sí por callejuelas que se recorren en un minuto.
Cómo tan poco espacio puede contener tanta tienda, tanto restaurante y tanto turista, se escapa de mi entendimiento.
Llegamos un poco tarde para comer, pero por suerte los restaurantes a las 14:45 todavía tienen la cocina abierta. Dos estupendos platos de pasta acompañados con “vino della casa”.
Los precios de todo son bastante más caros en las islas que en cualquier pueblo de la costa.
La calle que da al muelle son casas con tradicionales fachadas, los negocios son mayormente restaurantes.
La calle de enmedio es demasiado estrecha para la cantidad de visitantes que pasean. Las tiendas ponen sus souvenirs al exterior. Pasta de todas las formas y colores imaginables…
Y en la calle superior hay nuevamente más restaurantes, con terrazas con formidables vistas.
En un extremo está la iglesia de la cual asoma el campanario visible desde el lago y le da a la isla esta silueta tan perfectamente pintoresca, de postal.
En el otro extremo hay una plaza con árboles que ofrecen una agradable sombra.
Para regresar, o bien tomamos un ferry a Arona, cuyos horarios no son muy convenientes, o bien tomamos uno hacia Baveno, una población un poco más al norte, y desde allí, un tren a Arona.
Nos decantamos por esta segunda opción. Hubiésemos querido explorar un poco Baveno, que parece el tradicional pueblo de costa encantador y enano, pero tenemos el tiempo justo para llegar a la estación de tren.
Al menos pasamos por delante de la iglesia y el baptisterio románico.
En Arona encontramos un restaurante que nos aceptan aún sin tener reserva, porque llegamos a las 19:30. Descubrimos la “pizza al tegamino”, es decir, cocida en una sartén, y nos encanta.
Al atardecer paseamos por la animada Piazza del Popolo, con una pequeña iglesia, muchos restaurantes con terraza al aire libre y el antiguo muelle.
Más allá se observa una colina, es la Rocca di Arona, donde todavía queda algún resto de lo que fue el castillo borromeo antes de ser bombardeado por Napoleón.
En el paseo junto al lago, que es prácticamente peatonal, quedan restos también de la muralla medieval que protegía a toda la población.
El sol se ha ocultado hace rato detrás de las montañas del oeste y el cielo oscurece en tonos rosados y azul pastel.
Ya de noche, vemos asomar la luna llena por la colina de la orilla opuesta, su reflejo en el lago crea unos destellos cautivadores.
Estamos mucho rato disfrutando de las vistas y luego vamos a dormir.