Ultimo dia en Capadocia y para variar, madrugar.
La rutina habitual del desayuno en el hotel, con sus detallitos habituales, tortillita y alguna golosina mas en el desayuno, nos gestionaron el transporte al aeropuerto de Kayseri y nos guardaron el equipaje mientras nosotros nos ibamos a la aventura. Muy recomendable el hotel.
Para pasar el dia habiamos adquirido una excursion con una agencia del centro del pueblo para visitar las ciudades subterraneas de Derinkuyu, el valle de Ihlara, el monasterio de selime y alguna cosa mas que se me queda en el olvido, con entradas, transporte, comidas y guia angloparlante por cerca de 30€ por cabeza.
Al final merecio la pena dado el servicio que nos dieron y como pasamos el dia por ahí pululando.
Nos recogieron prontito a la puerta de la agencia en un minibus bastante moderno y cómodo en el que ya habia otras 6 personas de todos los pelajes, edades y nacionalidades.
La visita comenzó por alguno de los innumerables valles de la capadocia, camino de la ciudad subterranea de Derinkuyu, parando en un par de miradores, una racion de explicaciones del guia, alguna tienda de recuerdos y artesanias y finalmente llegamos a la ciudad, cuyo acceso es un mísero agujero en la tierra, una entradita al lado de las taquillas y por ella nos sumergimos en las entrañas de la tierra.
Para ambos, fue una visita espectacular, repleta de buenos momentos y lindas sensaciones. A mi me entro la risa tonta por verme en aquella especie de ciudad de pitufos, de esquinas redondeadas, rincones oscuros, pasillos estrechos, techos bajos y simbolos antiguos. Es algo único, con cierto parecido al Hipogeo de Matera pero a mucha mayor escala en cuanto a dimensiones que en cuanto a volumen, espacio hay poco. Son unas 14 plantas de las que visitamos 8 o 10, ocupando al final cerca de una horita.
Pese a que nosotros hablemos tan bien de esta excursion hay que indicar que no es apta para gente claustrofóbica ni para quien no esté en forma, detalle éste importante ya que pese a que lo avisan y comunican, dos valientes jubilados de nuestro grupo con su bastoncito y sus achaques tiraron para adelante y no veas que lio armaron cuando llegaron a un sitio por el que no podian pasar y como la visita es circular, entras por un lugar y sales por otro, unos tuneles que son cuando menos estrechos asi que os podeis imaginar que se montó un atasco espectacular entre los que querian bajar y los que querian subir y no podian.
De vuelta a la superficie, nos entretuvimos un ratito disfrutando del sol y la primavera turca deambulando entre las habituales tiendas de recuerdos hasta que tocó volver a la ruta.
Montamos de nuevo en el transporte de ganado para hacer el tramo de carretera más largo hasta el valle de Ihlara. Por el camino, paisajes de campos verdes y viejas montañas al fondo, incluyendo algún volcan y de repente, una profunda cicatriz que atraviesa la meseta turca, con una serpentina corriente de agua corriendo por el fondo.Un tajo profundo en la superficie de la tierra, con un notable contraste entre los campos y la plenitud de la primavera en las riberas del rio.
Era nuestro segundo destino del dia, el Cañon de Ihlara en el valle del mismo nombre. En un punto indeterminado del recorrido hicimos una parada para, a traves de un buen numero de escaleras, bajar al fondo del valle, junto al rio y comenzar a caminar.
La ruta era sencilla, llana y accesible, aderezada con restos paleocristianos en forma de antiguas iglesias, restos de cuando los cristianos eran habituales en esta zona y tuvieron que empezar a esconderse, mismo origen que el de las ciudades subterraneas. En este caso, la visita no era tan claustrofóbica y opresiva sino un ligero paseo a la vera del rio, arboleda, agua fresca de la montaña y aire puro, deporte, naturaleza y cultura, que mas se puede pedir? que los jubilados se queden en el autobus? pues asi fue...
El guia amenizó la excursión con sus comentarios y explicaciones de las tradiciones cristianas otomanas hasta llegar al pueblo donde teniamos concertada la comida, un pequeño restaurante a la orilla del rio a las afueras de otro diminuto pueblo turco. No parece que el turismo haya llegado a pudrirlo todo, todavia. Pudimos escoger entre carne o pescado y ademas cayeron algunas cosas tipicas turcas. Pese a lo que se podria esperar no tengo ninguna queja al respecto. Tras la comida, nos subimos de nuevo a la furgonetona camino del monasterio de Selime. Otro ratito de carretera mucho mas corto esta vez y llegamos al citado monasterio.
Es otro ejemplo de viviendas excavadas en la fina arena de la montaña. No queda mucho de lo que hubo pero la verdad es que lo poco que queda ya impresiona. Ademas mi espiritu silvestre me hizo aventurarme por parte de las ruinas que aunque no estaban cerradas, si estaban en muy mal estado, unas escaleras muy verticales y ya desdibujadas por el tiempo que ascendian a lo más alto del monasterio. Que conste que no era ningun area prohibida, habia una escalera de mano y luego quedaba a criterio de cada uno (escaso en mi caso) el seguir subiendo. Llegue a un punto en el que ya no me atreví a subir, lo cual es indicativo de la dificultad, no tanto para subir como para bajar. Cuando tocó encarar la pendiente de la bajada, tuve que decidirme a bajar arrastrando el culo, no habia otra manera.
Sobre el resto del monasterio, es una visita muy recomendable y con todo lo recorrido hasta el momento tampoco me parecio que sobraraa, quizás desmerece un poco respecto a las ciudades subterraneas pero aun así pasamos un buen rato de excursion.
De Selime el camino ya era de vuelta, tuvimos tiempo de parar en la habitual tienda de recuerdos donde no dejamos ni un real, somos asi de agradecidos.
Finalizamos la excursion con cierta prisa ya que a las 7 nos tenian que recoger para llevarnos al aeropuerto de Kayseri, gestionado amablemente por nuestro hotel que ademas habia custodiado nuestras maletas.
Nuestro avion salia a las 21:15 y el transporte supuestamente tardaba 45min asi que tiempo teniamos...
Llegamos justito, por los pelos, al embarque que cerraba a las 20:30. Mas o menos, llegamos 5 minutos antes. Menuda manera de sufrir viendo como los minutos corrian en el reloj y la furgoneta no corria tanto.
Parte importante de la culpa es de un |@#|#@~| ingles que se presento, caminando tranquilamente, 20 minutos mas tarde de la hora de salida del bus al aeropuerto porque se habia despistado al comprar algo de comida. Subio por el equipaje y arrancamos raudos, a todo lo que daba la furgoneta, que no era mucho que digamos. Por el camino nos paso de todo: control policial, semaforos en medio de lo que parecia una autopista, un paso a nivel que cierra delante nuestro esperando a que pase el tren, tráfico, etc... Yo me arrancaba los pocos pelos de la cabeza, una vez que me habia comido las uñas, los muñones y los puños de la camisa.
Cuando llegamos al aeropuerto casi me tiro en marcha de la furgonetilla. Pasamos los numerosos controles de los aeropuertos turcos (tienen uno para los coches a la entrada, otro para entrar al edificio aparte del de siempre y del de acceso al avion) nos equivocamos de mostrador de facturacion y finalmente y felizmente facturamos y a esperar. Como es costumbre, avion con retraso pero hay que reconocer que Anadolu es una compañía muy completa, ya que dan de cenar, té y algunos frutos secos.
Aterrizaje en el aeropuerto de Estambul Sabiha Gokçam y por ello tuvimos que coger el autobus al centro (tras un agradable charla con un farmaceutico intentando explicarle que medicamentos necesitabamos....). Una vez en la plaza Taksim en otro ejemplo de la amabilidad turca nos indicaron que ya no habia tranvia al hotel y que teniamos que tomar un taxi, un joven nos llamo al taxi, le indico la direccion y nos dijo cuanto nos tenia que cobrar aproximadamente. Todo amabilidad sin pedir nada a cambio, ya podian hacer algo asi otros paises que no nombrare pero ya contare en otra crónica.
Ya de madrugada finalmente llegamos al Erboy hotel, nuestro alojamiento en Estambul para las siguientes 3 noches. Recogimos la habitacion y a dormir que ya tocaba.