
La ciudad nos acogió con un calor de locos y sumado a que nosotros nos somos fans de las ruinas dejamos el parque arqueológico para los valientes.
Directamente fuimos a la zona de ORTIGLIA, donde teníamos nuestro alojamiento y el motivo de nuestra visita a la ciudad.
Creíamos que íbamos a tener algún problema para aparcar, ya que en el interior de la isla solo pueden entrar los vehículos de los vecinos, pero la verdad es que fue facilismo. Justo en la entrada de la isla hay calles donde se puede aparcar el coche en zona azul y sino en un lado hay un parking público de pago donde el coche se puede quedar allí sin ningún problema
La isla es preciosa con su catedral toda blanca y sus callecitas muy tranquilas. Es imposible perderse ya vayas por donde vayas siempre acabaras llegando al mar.
