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size=18]Ese día nos levantamos a las 8’00 h ya que dedicábamos el día a visitar el Palacio de Verano. Para llegar hasta allí utilizamos el metro es lo mejor para deslazarse por Beijing vale al cambio 0,60€ por trayecto pero con un trayecto llegas a todas partes. Para acceder al metro hay que pasar control de seguridad y hay mamparas que protegen las vías, el aire acondicionado está altísimo lo que facilita los traslados y te permite respirar y la indicaciones también son muy fáciles de interpretar ya que no puedes fiarte de nada de lo que te diga un chino. Cogimos la línea 1 en Tiananmending hasta Xidan (una estación por la que pasaríamos muchas veces) y allí transbordo a la 24 hasta Baigongmen. Así se entra al Palacio por la zona norte y acabas la visita en el maravilloso lago, que te lo encuentras de golpe y la sensación de la visita creo que es mejor.
El Palacio es una visita preciosa, en bajada por una colina artificial e distribuyen los templos circulares coloreados, estancias y residencias reales con pasadizos decorados profusamente.
[align=center]estanque Palacio de verano
El Palacio es una visita preciosa, en bajada por una colina artificial e distribuyen los templos circulares coloreados, estancias y residencias reales con pasadizos decorados profusamente.




Aquí constatamos una curiosidad más: los chinos llevan siempre cantimploras con agua caliente que pueden ir llenando en las fuentes públicas (algunas calientes) y usan esta agua para preparar comida liofilizada que venden en potes y que comen por todas partes. Ahora aquí en España se venden más preparados de este tipo, eso si, nosotros los comemos en casa, ellos lo comen por todas partes: en parques, bancos, calles, jardines, etc… te encuentras chinos sentados comiendo estos potes que probamos y aunque se pueden comer, donde esté una paella que se quite un pote chino.
También hemos constatado que la comida china no es apta para mi hija pequeña, es decir no comió en todo el viaje y eso que la pobre lo intentaba así que de vez en cuando tuvimos que ir a un Kentuky para que por lo menos comiera pollo puesto que no había manera de que le gustara nada de lo que comíamos (bastante comprensible). Tengo que decir que siempre hemos ido a comer a restaurantes locales chinos, no occidentales (nos gusta comer los platos locales) y ello no la ayudaba mucho a la pobre. Por cierto en los restaurantes ponen los platos y palillos envueltos y algunos son muy chulos y nos pasamos todo el viaje llevándonos palillos chinos de los restaurantes, pensando que no pasaba nada por llevárnoslos hasta que recapacitamos y en el fondo es como llevarse los tenedores y las cucharas en un restaurante de aquí. Aunque nadie nos dijo nada al final pedíamos permiso si eran chulos y nos volvimos a Barcelona con una considerable colección de palillos chinos que aún hoy usamos asiduamente. Además desde que aterrizamos en Beijing no habíamos visto ni un tenedor en ninguno de los restaurantes que fuimos (hasta Hong Kong no vimos tenedores) y si bien al principio nos costó en seguida le cogimos el tranquillo y en dos comidas nos convertimos en expertos que lo pillábamos todo a la velocidad del rayo.
Después de la visita, con un calor increíble debido a la humedad y respirando un aire insufrible, fuimos a visitar el Mercado de la Seda o Silk stret market (parada de metro Yuangali), que es uno de los sitios más visitados de Beijing donde se puede comprar cualquier copia y algunas están muy muy bien hechas. Por las copias buenas piden dinero pero se trata de regatear al máximo sin vergüenza. Yo compré un reloj por el que me pedían 80€ y acabé pagando 15€ o camisetas por la que pedían 20€ y acabamos comprando varias a 3€. El truco, consiste en rebajar dinero y cuando ya no se puede rebajar, añadir producto por el mismo precio. Es decir, si compraba unas bambas regateaba y cuando ya no bajaban más entonces dices, de acuerdo, pero por ese precio quiero dos (a mi me iba muy bien pues mis dos hijas querían de todo). En fin, es el mismo sistema que uso con los árabes.

Cuando compras en China hay que mirar los productos (hay productos muy cutres) pero todo el país es un mercado increíble. El último día de Beijing compramos una maleta porque ya no nos cabía el equipaje en las dos que llevábamos.
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