Nuestro último día de viaje madrugamos para seguir con la costumbre, hicimos el check-out y cogimos el coche por última vez para buscar un sitio para desayunar y visitar el Paseo de la Fama. Sólo íbamos a estar una mañana en Los Ángeles, porque teníamos que estar a la una para devolver el coche y luego ir al aeropuerto. Queríamos ver varios sitios en LA pero por falta de tiempo sólo podíamos elegir uno. Y no queríamos pasar por esta ciudad y no ver el famoso paseo, así que fue nuestra elección.

Aparcamos sin problemas en el inicio del Paseo de la Fama, y lo recorrimos caminando, lógicamente. Es verdad que si no sabes nada del Paseo de la Fama, lo imaginas como un lugar con mucho glamour. Pero cuando leí los comentarios de la gente que lo visita, refiriéndose a la zona como una calle llena de tiendas más bien cutres y ambiente decepcionante, me lo imaginé peor de lo que era. No es que sea una maravilla, pero a mí me gustó, quizás porque me gusta el cine y me flipé con las estrellas.


Por cierto que tardamos un par de horas en recorrerlo, y ni siquiera pudimos llegar a ver las famosas huellas de las manos, porque aparcamos justo en la punta opuesta de la calle!!
Tuvimos que coger de nuevo el coche porque el tiempo se nos echaba encima, y no queríamos arriesgarnos a perder el vuelo! El resto de lo que vimos de la ciudad, fue en coche. Pasamos por Beverly Hills, el teatro Kodak, Rodeo Road… Una visita exprés!
Tengo que decir que a mí Los Ángeles sí me gustó. Cierto es que no vimos casi nada, pero lo que vi, me causó buena impresión. Me gustó el ambiente distendido, el calor, la playa, oír tanto el español que hace que te sientas un poco como en casa… No sé, después de verlo tan rápido, ahora pienso que si vuelvo, le dedicaría uno o dos días.
Pero el viaje llegaba a su fin. Dejamos el coche sin problemas, facturamos las maletas directas a casa, cogimos el avión (con Iberia) y tras casi 11,30 horas, llegamos a Madrid, después de un viaje agotador y con cabreo incluido.
El vuelo fue un desastre. No tenían aire acondicionado, o lo tenían muy bajo. Fue una tortura hacer tantas horas de vuelo sin que corriera el aire y casi sin que pasaran con bebidas. Muchos de los pasajeros nos quejamos por lo del aire, pero nadie explicaba nada. Después de la cena apagaron las luces y tuvimos que tratar de dormir sí o sí, porque no funcionaban las luces de lectura ni el audio de las películas/música.
Si fuera sólo esto, pensaría que tuvimos mala suerte con el avión y ya está… pero el personal no se quedaba atrás. Después de la cena imagino que hicieron turnos para dormir, porque dejamos de verles a todos menos a una azafata que se quedó seguramente para la clase Business. Cada par de horas, pasaba una azafata despeinada, con su bolso, una bolsita de agua caliente y una cara de “me acabo de levantar” imposible de ocultar… Fue tanta la escasez de azafatas, que en responder al timbre una de las veces tardaron una hora y media! Verídico!
Tuve que levantarme un par de veces después de llamar al timbre insistentemente y que no me hicieran ni puñetero caso, para ir a buscar un par de vasos de agua hasta donde estaba la azafata. No sólo yo, todos los pasajeros estábamos igual. Pero bueno, después de un viaje tan perfecto, no iba esto a estropearme el día. Intenté dormir lo que pude y pasar el rato lo mejor posible.
Y llegamos a casa. ¡Al menos no nos perdieron las maletas!